08 Pequeños poemas del Agúndez mayor (II)

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ÁRCO DE CÁPARRA
Es como si estos vanos
fueran puertas de salida para todos los caminos.

ACTO ÍNTIMO
Érase un joven poeta enamorado
que queriendo declararse a la mujer que amaba
escribió un poema lleno de sentimiento
y lo publicó en un libro.

EL CUBO DE AGUA
Esta sensación del ir viviendo
es como quien vierte un cubo con agua en una estación de montaña,
en un día de veinte grados bajo cero;
y de tanto frío el agua queda congelada en plena caída,
sólida y fija en el aire ante mis ojos inermes,
para los que nada más nacer
es ya parte del recuerdo.

UN HOMBRE ADMIRABLE
Era un hombre admirable
que prefirió morir siendo fiel a sus ideas.
A quien quería escucharle reconocía
que estaba equivocado.

ALT LIT
A lo largo de mi vida
he escrito poemas cortísimos
y también poemas larguísimos
que son igual de malos que los cortos
pero más largos.

THE BREAKFAST CLUB
De jóvenes siempre aspiramos
a ser tratados como adultos,
emulando esa forma de ver las cosas.
Pero ahora que voy viviendo
la madurez por dentro
y ando sintiendo y sintiendo
en lo poco que hablo con los jóvenes
creo que les costaría entenderme.

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07 Grandes poemas del Agúndez menor

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EL GIRASOL
Este es mi girasol
que se ha muerto
pero va a resucitar con el calor.
Mi planta resucita
no es como las personas.

LA CLASE
Si hay en clase catorce niños y quince niñas,
hay una suelta.
Hay una niña suelta en la clase
y no tendrá quien le dé la mano
para ir juntos de dos en dos de camino al aula.

LOS HEROES
Hay muchos héroes en esta camiseta.
Los héroes rescatan gatos
o ayudan a las señoras mayores a cruzar la calle.
Los héroes son bomberos.

LA OSCURIDAD
La habitación estaba oscura
y no te dabas cuenta
de que te miraba
con los ojos bien abiertos.

EL EXPERTO EN TODO
Los poemas pueden llevar rima o no llevarla.
Lo sé porque soy un experto en todo.

EL MANDO
Sé poner los dibujos animados y quitarlos.
Sé encender y apagar la televisión.
Sé todo lo que hay que saber del mando a distancia.

LAS CASAS DE LA CASA
En mi casa hay muchas casas.
Hay muchas arañas y otros bichitos
que tejen sus telarañas
así que tienen sus casas en mi casa.

EL CIGOÑINO
– PUES claro, eres de Cáceres.
Más que un niño, eres un cigoñino…

-Papá, pero si tengo ropa,
y en Cáceres hay gente,
¿no sabes cómo funciona el mundo o qué?

DIOS SANTO
A papá le ayudo con el inglés,
a mamá la ayudo con el español,
dios santo, con lo pequeño que soy
estoy enseñando a dos adultos.

LA MAMA BUENA
La mamá buena está ahí
cuando está ahí el niño bueno.
Si no está ahí el niño bueno,
la mamá buena tampoco.

MI PRIMERA METÁFORA
Voy a hacer un dibujo del otoño
y es un dibujo que haré con hojas,
porque las hojas son las manos de los árboles
y los palitos son sus brazos y sus piernas.

LA LENGUA SECRETA
-He inventado una lengua
para que nadie más me entienda.
Es una lengua secreta y nadie más la habla.
Se llama caligués
y es propia del país de Caliguera,
que solamente se habla en mi habitación.

-Pero entonces, si nadie más la habla,
para qué te sirve el caligués?
– No me has entendido,
el caligués sirve para muchas cosas,
pero es una lengua secreta.

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06 Pequeños poemas del Agúndez mayor

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a) REVOLUCIÓN EN LA INDIA
Mo.

b) EBOOK
Tener un hijo,
publicar un libro,
talar un árbol.

c) FANTASÍA
Si escribes sobre algo que no existe,
de repente existe

d) JARDINERÍA
Tras días de riego delicado,
tacto cuidadoso,
calculadas horas de sol
y protección del viento
va brotando tal vez la primera
de mis plantas.
Nacida del sosiego.
Como un poema.

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05 Una tía de Vallejo visita el mercado negro

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Hay días que está todo tan caro… tú verás.
Cebollas que ni que fueran perlas; como si con ellas
se pudieran sacar lindos collares
y llevártelas puestas… tú verás.

Hay carne y poco más… tienen fruta pasada
y verduras ya pochas y pescado malsano.
Será tal vez la huelga de bobos transportistas
o las largas sequías del último verano.

Luego los franceses van tirando camiones
porque es fruta barata y les fastidia la venta.
Y mientras aquí el dueño de la carnicería
te deja sin un duro sin casi darte cuenta.

Así que… Vaya… Vaya! Yo voy por aquí andando
como si no quisiera comprar ni una ensalada;
miro para ambos lados y meto en el vestido
dos peras, sin asomo de culpa en la mirada.

Hay días que está todo tan caro… tú verás

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04 Bosque de Soignes

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EL CAMINO serpentea y se desliza cuesta abajo
oculto pero seguro hacia su fin concreto.
Muchas ramas, tan tupidas hacia las copas de los árboles,
casi no dejan paso al punto de luz,
mientras otras se inclinan a mi ritmo.
Como arterias finas que tiemblan al menor viento
se lanzan hacia la linde,
despejadas de flor en pleno verano,
con todo el bosque ocupado en avanzar
su segura decadencia.

Han ocurrido cosas estos días;
La sonda New Horizons,
invisible a los ojos, acaba de sobrevolar
los áridos montes de Plutón
-su color terroso, su mar helado
al límite del sistema planetario.
Habrá sido el suyo un paso fugaz,
maravillado, apenas con el tiempo de sacar
Un par de fotos desde la ventanilla
y luego pensar mientras las ves
en el milagro de la vida,
en cómo por los bosques abrimos paso
a nuestro propio deseo
mientras amenaza la espesura.

Camino abajo, un largo tronco duerme atravesado
sobre un lecho de hojas secas.
Echado sobre él, podría casi certificar
que su madera ya quebrada irá pronto
deshaciéndose, en cada vez más austeros tonos,
rumor hueco de una vieja canción.

De dónde viene esta armonía,
el viento a su velocidad justa
que nos permite no ser arrancados
y estar en comunión con el temblor de estas ramas,
en la dicha de su memoria vacía.
Y a la vez, en qué le sirve al bosque mi punto de vista,
si salgo de mí mismo, como un animal
escarbando su semilla a punto de nacer.

Algún chapoteo se escucha ya no lejos, en el lago.
Sé que todo ha de estar bajo control:
los caminos anchos, pensados bien,
Las lindes valladas,
la justa señal para escapar de la duda.
Antes de llegar a los muchachos,
el camino corre junto a una cuenca seca,
abrupta y cortada,
por la que en invierno desaguará un torrente.

El bosque no espera:
árboles muertos de camino a Plutón,
erosión milenaria y sin piedad
que se responde a sí misma y también a los hombres.

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Steampunk (2008)

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DIRÍAS que la tarde cae saciada de verano
pero algunos arranques de viento
soplan ya sobre los campos.
Las plantas suenan como tuercas,
las espigas se agitan como alambres,
retumban los árboles como viejas factorías.
A lo lejos se quiebra el quejido de un burro
a las puertas de un seguro terror.
El pasto se agobia en la espera,
el aire tiene esa humedad que sabemos.
El coche está ahora demasiado a trasmano.
Ellos, en la ciudad,
desconocen las reglas mecánicas
que andaban rigiendo tu sudor y el mío:
la audacia del rayo, la inmensidad del trueno,
las adiposas gotas negras de petróleo
combustible futuro de una nueva floración.
Apenas el aire toma su solidez eléctrica
bajo los hilos rojos últimos del cielo.
Hacía sol, pero ya es tiempo de tormenta
Reaccionar ya no sería suficiente
Más allá del fin de nuestros cuerpos.
Por eso te traje hasta aquí.
Yo sé que en días cargados como este
la atmósfera se viene como un cuenco,
dispuesta a verter sobre nosotros
la sangre de un animal recién sacrificado.

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01. Silencio, sol, pájaros (~2007)

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SILENCIO, sol, pájaros, que nada os arrebate.
Pisan las palabras resbaladizas tierras:
con sonidos vamos dibujando nuestras redes
creando contornos de labial geometría.
La luz viaja atrapada en su velocidad
La luna va dejando de serlo en su redondel.
Abro la boca y levanto muros de aire,
soplos de posesión, mi herramienta del mundo.
A veces en la más bella forma,
las cosas las hago mías por un momento
pero las pierdo para siempre como son.
Arduo el precio en la labor de abrir grietas,
nuestras aristas de sol no son el sol.
Por eso al llamarlo el silencio se esconde
y cuando toco la flor, ella se marcha.
No podemos nombrar nada sin cambiarlo
y nuestra ambición va siguiendo rastros,
llenando el espacio de las sombras
pincel a cincel, sílaba a sílaba,
hasta la total destrucción del poema total.

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02. Tierra de nadie

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Tu cuerpo ensimismado, míralo,
suspendido sobre algunas palabras
como remiendos del campo
bajo la recia luz del sol primero.

Quietas, escondidas, las adivinas
como capullos queriendo ser la flor de jara.
Aguardan a que alargues tu lengua
y al poseerlas te dejes llevarte
por la larga almenara de colinas
que corta el horizonte y detiene el día.

Alguna vez fueron pronunciadas
pero ya nadie lo sabe. Ahora corren
serpenteando por los riscos agraces,
entre las parcas ramas de la encina
torrente tremendo de sonido
que culebrea bajo nuestros cuerpos,
ayer como el lomo de un gran saurio
hoy un fósil secreto pero tan inabarcable
como un gran amor
que de masivo todo lo diluye.

Casi puedes imaginar como
algo ahí debajo respira mientras duerme
bajo tus indecisas pisadas,
indomable hasta la lejanía
un sonido tan hermoso que tienes que hacerlo tuyo aun a riesgo de no recobrarte nunca;
largo como el más largo tobogán del alma.

Pero en realidad aguarda.
Sabe que te dejarás jincar
por las mandíbulas de valles donde cuelga la fruta;
al tenderte en la larga frente de los llanos;
al admirarte en la flor más linda
como si ya fuera parte de tu pelo.

Ahí, junto a los cerezos,
a pocos metros de donde ríe una muchacha,
guarda bien este momento
de mirarme al descubrir qué era la felicidad por fin.
Y si quisieras decirme algo,
verías que estás hecha de árbol,
ya entallada en esta tierra antes de nadie,
por la que hoy marchas callada,
suspirándola.

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Niñas de Cáceres

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SÉ que te impacienta llegar a tu destino
tú que te imaginas encumbrada a canción
convertidas tus lágrimas en soplos de luz
para las noches en vela y la bruma del campo.

Tú señalada por la retama y la jara
casi sabrás ya que el resplandor lejano
del que te hablo algunos días
alumbró a tu padre, hoy ciudad entera de amor
que en su dominio te aguarda.

De camino a la tarde correrás a su encuentro
en tus pasos enjutos y en largos encinares
sin principio ni fin ni quien los narre
y a tu llegada abrirías los ojos
como si las cosas te esperasen, quietas
en la lucidez de la nueva medianoche.

Estos son los lugares que te están esperando:
los escudos y las torres, las cigüeñas y las piedras.
La huella roja de una mano ya sin nombre,
una punta de flecha, un arco egregio todavía
cuya herradura cruzarás ya bañada de sol.

Vamos. Esa es tu historia.
Está dispuesta a aceptarte y tomarte como suya:
te dará coordenadas desde su memoria más íntima
eterna y elegante como la estación del año
instante originario sobre el que gravitará tu libertad.

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03. Recuerdo de infancia

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Robledillo de Gata (Cáceres)

Robledillo de Gata (Cáceres)

A José María Sánchez

MI CASA daba a la plaza y podías,
con solo asomarte, adelantar el flujo de las cosas:
las mujeronas sobrias arriba y abajo
los viejos abastonándose en las cuestas
los animales sueltos cerca de la fuente.
Mi padre de mañana se bajaba al campo
por los senderos más secretos
listo para encontrar el tomillo
interrogar a las parras, la higuera,
– Eh, niño, vente que me voy
Y yo parte ajena a todo,
como la planta, el manantial y la risa,
brotando a la calle como un pájaro,
apenas despierto y ya reventado de luz.
– Que no, que hoy me quedo…
…pero al final le seguía.

Ligados en el día los primeros brotes
ya habíais los muchachos ocupado los campos,
tú con tu padre,
en vuestras jornadas de sudor y empuje
pero con tiempo a veces de bajar al río,
tomarse unas moras en un pedrusco,
o venirse cantando a largos pasos.

Por toda la sierra, las huertas,
en qué orden hermoso fijaban la voluntad
de la flor, la tomatera, el olivo,
de qué modo la sencillez de ese trabajo
honraba su propio don luminoso
con lo mejor de esos frutos
-sabías bien que si fuera ya verano
los labradores os los traeríais de vuelta
a manos llenas,
la camiseta y la gorra viejas,
la cara algo manchada de barro
entrando en el pueblo a lomos de las resistentes mulas
como antiguos nobles.

Recuerdo vuestra justa inclinación,
la carga tenaz de los sacos de pienso
los delicados riegos, con precisión y tino,
Matemáticos, ingenieros, músicos;
me dejábais pasar junto a vosotros:
yo en mi propia ilusión de libertad
volando de emoción junto a las parras,
cálida la gloria del campo.

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