019 El Luma vs Javi

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Sentados algunos amigos en la calle Sanguino Michel,
mi amigo Javier se lamentaba
de haber perdido el amor de una doncella
tras semanas de justa con El Luma.
El Luma, gran jugador de fútbol
guapo y seductor adolescente
en una capital de provincia antes del siglo XXI.

Se las habían tenido tiesas los dos
durante varias semanas con aquella chica,
los dos apareciendo a la vez de manera inadvertida,
mirándose de reojo mientras presumían
de raras hazañas prebélicas,
ya ves tú, en Cáceres y siendo adolescente,
o midiendo el volumen de las carcajadas de la chica
con cada una de las bromas improvisadas,
los dos gallos recién emplumados
luciendo la cresta de su esperanza propia.

Pero se la había llevado el Luma,
El Luma había sido más pillo
y ahora estaría haciendo sabe dios qué con esa chica,
justo después de ese dramático
momento en el que se deshace un triángulo,
con apenas un gesto involuntario de la muchacha
y una media sonrisa de El Luma levantándose triunfante
sobre la armadura mellada de mi amigo.

El Luma, decía mi amigo en bucle,
una vez consumada la derrota,
Al Luma le voy a dar su merecido,
Al Luma que llegó más tarde.
El Luma seguro que juega de suplente,
El Luma con todas esas historias inventadas,
todos esos chistes que habrá copiado de un libro.
El Luma,
Qué diablos será ese nombre, el Luma,
Al Luma no se le conocen amigos,
Ninguno sabe dónde vive.
Qué estarás haciendo con ella,
Tú Luma mentiroso
con tu agenda de malas intenciones.
Tú y yo tendremos que vernos las caras
Luma,
déjate en el próximo partido.

Tantos años después seguimos recordando aquella escena de protesta,
más bien riéndonos juntos con Javier el caballero despreciado
de tantos ajustes de cuentas adolescentes
que luego se arreglaban luego con el fútbol y a volar.
Eran esas quejas de la sexualidad nueva,
desconocido mundo de mujeres,
nosotros lanzando esas sondas al fondo del océano
midiendo la verdadera dimensión en esa pared acuática
y calando el descosido interior de los males de amores.

Qué triunfador, el jugador de fútbol,
qué habría hecho el Luma avieso
con la inocencia de aquella pobre doncella
inocente muchacha que se dejaba besar pero no besaba,
qué bobos éramos la inmensa mayoría.

Un listo, el Luma,
el Luma que me han dicho que se ha hecho policía municipal,
el Luma de quien mis amigos y yo casi no hemos vuelto a saber nada.

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018 Hipopotomonstrosesquipedaliofobia

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En mi lista de poemas que te traigo para hoy,
dijo el gamusino con indolencia,
destaca el siguiente:

Hipopotomonstrosesquipedaliofobia

¿Hipoqué?, pregunté.

Hipopotomonstrosesquipedaliofobia,
Es una de mis palabras favoritas. Es un poema.
Es de hecho mi poema favorito de hoy, dijo el gamusino.
La hipopotomonstrosesquipedaliofobia
se define como el miedo persistente a las palabras largas.
Diagnosticarle a alguien hipopotomonstrosesquipedaliofobia
es como sacar por la ventana de un décimo piso
boca abajo y agarrado por las perneras
a alguien con mal de altura
y decirle, “parece que hace viento, Pepe”.

No puedo emplear la hipopotomonstrosesquipedaliofobia, protesté,
¡Nadie entendería nada!

¡Precisamente! ¡Precisamente!
De eso se trata justamente, dijo el gamusino,
Hipopotomonstrosesquipedaliofobia, miedo
Ciclopentanoperhidrofenantreno, materia
Octangolonoplasentaiconósico, la respuesta al misterio de la vida.
¿No me has invocado diciendo que querías un buen poema?
Pues tú llénalo de hipopotomonstrosesquipedaliofobia
Hipopotomonstrosesquipedaliofobia por todas partes,
Llénalo todo así de gongoritos
hasta conseguir que nadie entienda nada
y te coronen.

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017 ELIJO EL EYJAFJALLAJÖKULL

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Aprovecho que estás durmiendo,
dijo el gamusino,
para revelarte la verdad de los hombres.

‘Los hombres, cuando mueren,
pasan por una hilera de ventanillas dispuestas al final del túnel,
y allí reciben en custodia una palabra
solo una, que han de tener a punto
para poder arrancarla lentamente
cuando alguien quiere usarla en el mundo de los vivos.

‘Resulta espectacular y solemne ver a tantos muertos,
tantos huesos cubiertos de telarañas,
correteando dentro de ruedas de hámsters,
tirando de hilos y poleas,
arrancando palabras a violentas pedaladas,
para mantener vivas vuestras conversaciones,
vuestros gritos de ira en las calles,
vuestos canales de televisión emitiendo las 24 horas,
vuestras declaraciones de amor.

‘Ah,
si supierais que tanto cadáver habla en vuestra boca
no diríais que sois tan especiales.

‘Yo que soy un gamusino centenario
voy conociendo bien las elecciones de los nuevos fallecidos.
Van llegando y sabes bien qué palabras quisieran apropiarse
una vez vencida la primera confusión de estar muerto.
Los hombres ebrios de poder buscan sobre todo preposiciones y verbos,
para organizar el mundo.
“De”, la palabra “de” fue para un hombre poderoso
que ha estado presente en todas vuestras ensoñaciones.
Las chicas jóvenes prefieren los adjetivos luminosos, las metáforas,
los hipocondríacos se quedan las patentes de medicamentos,
los muertos en las guerras piden nombres de flores.

‘Pero no son tan importantes esas elecciones.
Lo que quiero decir es que debes llevarte a la tumba una palabra.
Tenerla lista en el quicio de tus labios amoratados
para cuando en ventanilla te pregunten si tienes alguna preferencia
y no quedar decepcionado si es negada
o sufrir un término impuesto.

‘Solo recibirás esa palabra elegida si está todavía libre,
así que no tengo muy buenas noticias,
porque antes o después todos sois nuestros clientes
y hay ya mucha humanidad acumulada.
Amor, arte, felicidad, manutención,
todas son pedidas de manera recurrente,
pese a que todas fueron concedidas en el principio de los tiempos:
Arte la sigue gestionando un troglodita pintor.
Felicidad la obtuvo la primera mujer que habitó una casa.
Amor la mueven conjuntamente una pareja de amantes adolescentes.
Manutención, un contable recolector que conocía el valor de las cosas.

“Mío” ha causado más de una pelea en más de una linde.
“Sexo”, bueno, ya sabes.

‘Venís últimamente pidiendo anglicismos
y muchos recibís las palabras que nadie más había querido,
como güisqui, que ha sido otorgada,
a un hombre tan borracho que seguía torciendo la grafía
y le daba igual.

‘Como ves, casi todas las grandes palabras están ya asignadas,
pero el progreso del mundo está lleno de palabras nuevas,
y esas son las únicas que no mueven los muertos.
Son tu oportunidad,
y te dejo que pienses qué palabra elegirías.

Yo, por mi parte, que ya he visto de todo,
si hubiera de quedarme con un momento impresionante,
sería el de la primera palabra concedida: dios, claro.

Dios tiene un custodio sorprendente
pues es la palabra que se reservó el diablo
recién expulsado del paraíso.
Cuando alguien nombra a dios, el diablo pedalea.

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016. Horizonte de sucesos

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Hay una física para las cosas muy grandes.
Hay una física para las cosas muy pequeñas.

Un agujero negro es una gran esfera invisible
que lo engulle todo.

Bailando en su horizonte de sucesos hay kilotones de materia universal,
bailando hasta el final de la noche
y resbalando hacia dentro para siempre.

Es un lugar fascinante, el abismo.

Entre la física de las cosas muy grandes
y la física de las cosas muy pequeñas
hay una flor a punto de nacer.

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015 El libro de recetas

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A los ratones que corretean por el desván,
sobre mi cocina,
les he puesto nombres de poetas.
Ellos van y vienen juguetones, estoy seguro,
y habrán haraganeado con su hocico
en mis tarros de especias aromáticas
Habrán remojado los bigotes; dejado secretas huellas
en las recetas que preparo con esfuerzo,
en el aroma a caldo de pollo que hay en casa.

Sé que me sería imposible acabar con ellos.
Vivieron aquí desde mucho tiempo antes que yo
y de hecho fui yo quien invadió su espacio;
pero sé también que por las noches salen de sus agujeros
y se divierten con mis verduras y legumbres,
porque más de un día me las encontré mordisqueadas.

A todos los ratones los tengo bautizados.
Algunos llevan nombres de poetas latinos,
tipo Furio Bibáculo el obeso,
pero la gran mayoría de los nombres están en mi mesilla
correteantes ratones con nombres y ademanes
de escritores; y fumigarlos, así de bautizados
yo no puedo.

Las más de las noches, los ratones danzando
andan mordisqueando mi libro de recetas,
dejando pistas tenues en los párrafos de los ingredientes
o un rastro de pis que guarrea los pasos de la preparación.
Cuando a medio día me pongo a pelar patatas o cortar tomates
y abro con sumo cuidado esa receta que busco,
me encuentro la página roída con la huella de un ratón.
“Es que es así, la receta”,
parece decirme el maldito roedor impertinente.

Y si tuvieras razón, Juan Ramón,
digo en plena ansiedad de su influencia,
igual termino fumigándote.
Igual termino fumigándolos a todos, pero sé que volverían
estos ratones que andan en mi libro de recetas.
Y además que la casa en que vivo es también suya.
Ellos, los pequeños habitantes del desván,
que aunque tenga pelos de ratón en la cocina,
si tengo ganas de cenar sopa de pollo,
bueno y qué.

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014 Plaza mayor III

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Qué pronto tomamos posesión de las cosas,
pero qué largo lleva asociarlas a recuerdos
y elásticamente estirarlas en el tiempo
desde donde fuimos hasta donde estamos,
y atarlas como hilos de cometas en las manos
mientras caminamos a otra parte.

Los torpes turistas ingenuos desconocen,
no caben mis posesiones en vuestras fotografías
porque no pesan nada,
porque las tengo colgadas en el tiempo
a remojo en las cuerdas donde tiendo mis propias ropas.

Todas esas fotos se imprimen de manera mentirosa
fijando las memorias nada más sacadas
y seguro que tú, hombre de gafas y gorra,
esperas ya de ellas que en tu futuro no visto
puedan revivir lo que ahora estás sintiendo,
tu enamoramiento advenedizo corriendo por dentro
de tu camiseta amarilla de tirantes
y esas calzonas de explorador primermundista
tendidas en tus piernas frente a toda mi infancia.

Pobre turista iluso,
Lo que vives ahora en esta plaza no se revive nunca.

Los recuerdos son películas proyectadas
en una sala oscura del alma.
Los míos andan ahí ahora mismo apurados,
vagando como fantasmas temblorosos
en las mazmorras imaginarias de la torre.
De vez en cuando suben
y se agarran a las imponentes almenas
y asustan medio en broma a un visitante.

Desde allí me miran sentado aquí pensando,
y también miran vuestro paso ante ellos.

Os ven como la espuma de las olas,
mar alterado de la humanidad
pasando por todos estos siglos,
esas torres plantadas como árboles por hombres de espada,
bañándose una tarde en tu memoria
y la siguiente en la mía,
y echándose al cielo azul, como un espejo,
eco de tanta sabiduría,
torres en silencio que saben que hacia ellas cada día
baja desde hace siglos un océano
que quisiera quedarse en la pleamar de la plaza
contemplándolas.

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013 Plaza mayor, lienzo de cosas

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Esta mañana mismamente
con el sol cayendo sobre las cuatro esquinas
baja de su carrito una niña y se pone andar,
funambulista en la cuerda de sus primeros pasos.

Viéndola yo me siento en paz;
admirando esa inocencia infantil
y sus pasos primeros
ajenos ella y yo a la torre imponente
con sus matacanes y saeteras
que van disparando racimos de pájaros
por el cielo y la mente.

Por ahí cerca está la nena tropezándose.
Tantea los baldosines con la prudencia de un sabio
en cuclillas con las enrojecidas manitas
y luego se lanza a perseguir palomas
bajo la sombra de los árboles parcos
sola en el rumor de una fuente de cosas
buscando su jardín.

Ah cuánta paz en esta plaza.
Mi gran conciencia ancha y limpia.
Qué bien te entiende esta pequeña
que quiere recorrerte andando.
Qué bien vas entendiendo, muchachina,
que acabas de salir de la casa tuya
y que es en esta plaza donde empieza el mundo.

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12 Plaza mayor I

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Bajando la calle Pintores,
Un día cualquiera, al final del verano,
creí ver el mar.

Cosa de la gente embarcada en el paseo,
o de la luz cegadora después del mediodía,
Era uno de esos momentos de calor
en los que el aire tiembla tanto
que crees ver vapor de agua sobre el pavimento
como si las almas abandonaran la tierra.
En fin, las alucinaciones propias
de un agosto en Cáceres.

Mi sudor iba calle abajo como un regato
y me pareció que, todavía lejana, sobre el suelo,
rompía la espuma brillante de una ola,
las campanas de la iglesia repicando
como bocinas de barcos de pescadores
las muchachas por las mesas de las terrazas
como atareadas y sinuosas sirenas
sobrevoladas por un par de cigüeñas marinas
en el cielo, como un espejo limpio y azul,
rumbo a la playa del ayuntamiento.

La alucinación no duró mucho,
eché mano de un botellín de agua
y enseguida la costa se desbarató
entre las piedras ocres y grises.

Lamento haber creado expectativas
pero es que esto fue todo.

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11 El redentor

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No basta con que te crean, yo necesito que te amen,
Tú eres el salvador de los hombres,
Ahí sentado ante el espejo,
mientras te visto con tu túnica de seda
veo el rostro de un hombre que da esperanza al resto,
representante de un conocimiento único,
heredero de una larga estirpe de sabios, de profetas.
Con tus brazos extendidos, tu barba luenga,
tu melena rizada y separada del rostro por una cinta morada,
no sé si eres un emisario de dios o un mariscal de hombres,
pero tú eres la reencarnación que tanta gente espera,
tu voz es un estruendo silencioso,
un bramido que pone en marcha mundos nuevos,
tu palabras sanan el dolor de espíritu.
Deja que te ciña esta corona,
ahí frente al balcón hay mucha gente mirando,
periodistas, devotos, policías que besan tu cruz
mientras vigilan que nadie les mira.
El mundo espera tu gesto milagroso,
la resurrección del pensamiento,
la vuelta al paraíso con solo sentirte.
Hoy vas a hacer estallar los contadores de audiencia,
hoy las amas de casa querrán amarte sin saber contarlo.
Hoy es el día en el que arreglarás el mundo.
Ahora deja que te lave los pies,
que te ponga estas ásperas sandalias,
deja que te acerque ese cayado,
tú eres nuestro pastor, tu toga es nuestro abrigo,
has venido aquí para salvarnos con tu amor infinito.
Yo necesito que ahí fuera toda esa gente te ame
cuando les hables de su memoria ante las cámaras,
cuando les reconfortes en televisión con su futuro,
Les toques y ellos, gimiendo,
decidirán no ducharse nunca más para guardarte consigo.
Ahora dame un beso en la frente y camina despacio,
tú eres la fuente de la dicha, el frutal cuyo fruto no termina
tu presencia es sentida y simplemente llena.
Quiero que salgas ahí fuera, al patio
donde millones de personas esperan tus palabras sabias,
el gesto adusto y solemne que les dejará calmar la sed,
reemprender la marcha, conciliar el sueño.
Es hora de redimirnos a todos y salvarnos.
Déjame abrir las puertas y sal ahí fuera, ahora,
extiende tus manos como Moisés ante el mar,
como San Pedro el pastor ante su grey,
rey de los pueblos por los siglos de los siglos,
y háblales
y cálales con tus palabras como la lluvia en verano.
Diles: “En nombre de Yahvé, benditos seáis todos,
quedáis bendecidos.
Yo soy Micael, vengo de Raticulín,
13 millones de naves espaciales se aproximan al mundo”

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10 Feria

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Para delante para detrás, la gente
yendo y viniendo entre todos estos ruidos.
Bajo las luces parpadeantes,
los niños con sus globos,
entre la marabunta familias enteras curioseando de atracción en atracción
y sus promesas,
las emociones desatadas pero controladas,
esas partes de ti que protegidas por barrotes de hierro van dejándose ir,
orbitando como asteroides alrededor de las grúas herrumbrosas,
siendo por un momento amas del cielo,
perdidas en el horror de ciertos monstruos de pacotilla
que son en realidad los hijos del feriante,
entrada tres euros, entrada cuatro euros,
entrada tropecientos mil euros.

Los niños van agitando globos, van agitando manos,
van comiendo nubes rosas, van agitándolo todo.
Familias enteras usando los coches chocones para ajustarse las cuentas
por cuatro euros la entrada.

Veo unas piernas de alguien volando a 70 metros de alto,
en una torre que cae como un péndulo o una flecha,
elevándose sobre la ciudad a tanta velocidad que no podrá ver nada.
Todos estos ruidos, las luces parpadeantes,
están abriendo alguna puerta de mi infancia.
Entre la marabunta
grupos de adolescentes que se miran de reojo,
los chicos a las chicas, las chicas a los chicos,
una se ríe con alguna broma tonta y le mete un culetazo al más espabilado.

Los niños van mordiendo manzanas de azúcar,
van comiendo buñuelos y patatas fritas,
van comiéndose la vida de los tiovivos.
A cuatro euros la entrada
empieza la carrera de camellos, los camellitos majaretas,
hay que acertar con la bola en el agujero, zas, la bola precisa
que alimentará la carrera de mi beduino,
la carrera de mi destino.
Bolas precisas, dirigidas, con la confianza
de dejarse ir entre los barrotes de hierro de nuestras rutinas,
tres puntos más por meter la bola en el círculo rojo,
cero puntos por fallar.

Todos estos ruidos, las luces parpadeantes
como señal de la carretera prometida de la felicidad,
-entrada cuatro euros-
Son una señal como esa gran noria
de la vida,
yo mismo deambulando entre las atracciones entrada la noche,
entre tanta gente y sin embargo algo solo,
yo mismo hoy tomando a mi niña por la cintura para sostenerla en el caballito,
yo mismo ayer capitán rozando como sin querer a la chica que te gusta en las jaulas del barco pirata,
yo mismo anteayer niño abriendo boletos de la tómbola, casi siempre sin premio,
sabes que en las ferias apenas se ven viejos
y la noria se para antes de otro viaje
por el que hoy también pagaré cuatro euros.

Se va elevando despacio, en sus giros infinitos,
a lo lejos las luces nocturnas de Cáceres,
e imagino que echa a rodar por los pastos y que algún día llegamos al mar
mientras de camino saludamos a los mirones en las cunetas de los pueblos,
nuestra rueda alucinada recorriendo los campos del mundo.

Detrás de todas estas refulgentes atracciones, de estas promesas frágiles,
de esta felicidad efímera a precios de fábrica,
familias enteras hacen sus vidas en la ruta,
desde la noria ahora mismo puedes ver todos esos camiones, caravanas,
en las que alguien querrá repantingarse a la hora del cierre.
Feriantes curtidos, empresarios, montadores,
muchachas lozanas conociendo el mundo de ciudad en ciudad,
niños que aprenden de los libros de su maestro itinerante
caravanas anuales como norias en perpetuo giro
la noria se para antes de otro viaje
y me he gastado un dineral
y quisiera salir rodando.

En su puestecillo un par de gordos churreros se afanan en amasar unas porras
y las van friendo en un gran barreño de aceite humeante,
se limpian el sudor de la frente con el antebrazo y se lo restriegan en la tripa,
puedo ver una cadena de oro en su pechera abierta y peluda,
puedo ver todo el sudor de la humanidad en el churro que voy a comprarle,
los hilos de grasa laboral que quedan en el vaso de chocolate cuando lo mojo.

Todos estos ruidos, las luces parpadeantes,
los muchachos que mean en un recoveco oscuro con un vaso de calimocho entre los dientes,
la música perrera de las casetas, las hamburguesas de carne de lata,
la marabunta de gente dispuesta a tener su día distinto, la estampida
de tanto dinero que acaba de volar de tu bolsillo.
El pasto destrozado por las caravanas,
las toneladas de basura depositadas en alguna trasera,
las fieras famélicas del perímetro del circo mirándote a escondidas
los policías que se pasean relamiéndose con las pistolas al cinto
entre el intenso olor a sudado chocolate con churros.

Creo que me marcho ya,
todos estos ruidos,
una pareja de adolescentes se aleja hacia el autobús,
ha sido una noche memorable,
noche de ferias, la noche de las risas y del culetazo
caminando despacio, ella agarrando un peluche
él cabeceando hacia su pelo,
los brazos ciñendo su talle,
intercambiando primeras alianzas,
entre todos estos ruidos su luz que te dice
silencio, no te vayas a casa todavía,
silencio, rueda más en la noria,
este es un día distinto,
es noche de ferias,
delante de ti está naciendo un amor.

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