Memoria de Cáceres

Sé que te impacienta llegar a tu destino

Tú que te imaginas encumbrada a música

Convertidas tus lágrimas en soplos de luz

Para las noches en vela y la bruma del campo.

Tú que vendrás señalada por la retama y la jara

Casi sabrás ya que ese lejano resplandor

Del que algunos días decido hablarte

Árbol de cables en pleno verano seco

Fue la casa de tu padre, hoy ciudad entera de amor

Que te espera en su dominio plantado en la nada.

Correrás a su encuentro de camino a la tarde

Por pasos enjutos y romos encinares

Tierras sin principio ni fin ni quien las narre

Salvo tú que por entonces abrirás los ojos

Efímera y silenciosa lucidez de la medianoche

Como si todas las cosas estuvieran quietas.

Estos son los lugares que te aguardan siempre,

los escudos y las torres, las cigüeñas y las piedras.

La marca roja de una mano anónima,

Una punta de flecha, un arco egregio todavía

Cuya herradura cruzarás ya bañada de sol.

Vamos. Esa es tu historia.

Está dispuesta a aceptarte y tomarte como suya:

Te dará coordenadas desde su memoria más íntima

Eterna y elegante como la estación del año

Instante originario sobre el que gravitará tu libertad.

(Luego de florecer, se deshará como la arena todo

Y podrás decir entonces yo por fin he nacido).

Mar de Kabul (F. Wajidi)

Vuelan pájaros ciegos bajo los mantos celestes

Atraviesan hilos que se retuercen de deseo

Y lo llenan todo de luces

Inundan el imán de sol sobre el cemento

Flotan como espuma de olas y rompen sin voz

Aquí, tan lejos del océano

Su pleamar se cose a sí misma como la música

Que no se recita y así no se corrompe

Por el tiempo. Pasa sólo fuera de ellas

Como un demonio furioso

Y las deja intactas mientras lo arrebata todo

Los muros ocres como de humana arena

Los huesos caníbales del palacio del shá

Rotos carros de bomba y el avión de combate

Cuánto voló hasta dar caza al alma robada

Y hoy sujeta pero ya para siempre fuera de sí

Camina y canta la niña de la mano

De alguien perdido como un espectro sellado

Que se dejó guardadas las esquinas vencidas

En cajas en sótanos de pura memoria

Para dejar su juventud en el deseo de otros

Arma que apunta como la curiosidad tensa

Lánzalo a volar, en tu ceguera

Averigua por qué cuencas secas navegan los ojos

Si se detienen en alerta

Las mecánicas medusas de su vapor de verano

Y a que corazón sus manos se dirigen

Para estudiar el amor

Hace tanto calor que no se pasa y

Que los pájaros vuelan como si fueran peces

Y como no tiene edad la tentación dura siempre

Por estos secos ríos invisibles de Kabul

Nadan bailes eternos que se remansan de camino al bazar

Y se susurran como gotas de lluvia para los montes sedientos

Oasis en los márgenes escritos que te leen de reojo

En ese risco subterráneo donde te bañabas de noche

Crees que comienza el desierto, pero con la alucinación del mar

Navegan los ojos, y las manos se dirigen

Hacia tu lugar de molusco y mañana y siempre

Y que la marea sigue y que bajo su impulso celeste

Si yo pudiera levantar el mar, al fin y al cabo

El pájaro hace tiempo que voló como los peces

No queda más que viento silencioso

Porque el silencioso aire de la nada

Va contra mi pecho entrecortado y nada más

Es el nombre que toma el infinito

Y contra mi inseguridad tuya el tiempo forja

otras coordenadas de marina estrella

Sin dejar heridas bajo los mantos celestes

De silencio medusa y mar

Todos tan lejos de los demás océanos

Y mi tentación que pregunta si le dejarás hablarte

Y te volverás de repente vieja dispuesta a morir

Consumir tu momento de aire y tu halo enamorado

Tan lejos, al fin y al cabo, de todo lo demás.

El rickshaw

Babytai, 16 años
Trayecto Nizamuddin-Sadar Bazar

Me escondí junto a la estación.
Un cuarto de paredes consumidas
sábanas con agujeros de colillas
y un cuenco de agua sobre la mesa.

Afuera, el tremendo ruido.

Los trenes, la gente, el tráfico.
Alguien gemía en la habitación de al lado.
Pensé: en los hombres rudos y sus acompañantes.
Sus saris de colores chillones
y sus largos labios.
En la recepción repetían: shhh.
Y tocaban una campanilla.
Pero no preguntan a nadie.
No preguntaron mi nombre.
Ellas apretaban los labios
para llenarlos de carmín.
Y sonreían al coger el dinero.
Pensé: huir era esto.

Ahora van a casarme.

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