Adicción

Estándar

Adicción (est.2001)

Quizá no se halle nadie preparado
para parpadear y saborearte
por el placer de no mirar.
Yo tiemblo a tientas,
en cada parpadeo,
casi agonizando,
sucumbiendo
por minuto
veces
20.
Saboreo tu presencia hasta agotarte; hasta que tengas que dejar que salga el sol.

Dímelo bajo

Estándar

Ventana abierta
a los susurros:
el hallazgo
a menudo
escondido
en aquello
enunciado
en voz baja,
con incisos
de pecho,
respirables suspiros de palabra.
Así que anudemos,
amor,
nuestros desnudos:
ansia de darte
el ansia
con nombres
diferentes, gozando
de vivir el roce
juntos
entre pasado
y futuro,
en este punto
de fricción
más allá
dámelo dímelo bajo.

 

Soneto a Cáceres

Estándar

11011929_10153849708134488_8251561843648493432_n

 

 

 

 

 

 

CÁCERES CHICA! (circa 1997)

Cáceres rica tan llena de años:
Cáceres sola, pausada, desnuda;
Sutil muchacha tu muralla escuda
Tus ojos ocultos y besos extraños.

Cáceres alta, elevada hacia antaño:
Cáceres suave, tu boca tan muda;
Cáceres ríes por dentro y saluda
tu alma de flor al agua del caño.

Gozan mis sueños los cuentos que cuentan
nobles blasones tus pechos inventan
besos y escudos, amores y espadas.

Joyas las piedras para tu figura,
dame las rosas de tu parte oscura,
tú chica linda de torres mochadas.

D. Agundez

Deseo

Estándar

DESEO (circa 1997)

No verás con tu mente tan rugosa
la pasión de la verdad y la vida
que descansa en el alma, enloquecida
y en la razón se pierde, dolorosa;

ni verá el tiempo, hidra luminosa,
la palabra de ansia amanecida,
que un día viajó en balsa perdida,
de tu boca hacia mi boca golosa.

Dices que el amor es desordenado
Dices que nuestro aliento acalorado
con la mente cuadrada no se mide,

y dices que hay amor enamorado,
que el deseo se toma y es tomado,
hagamos el amor; mi amor lo pide.

D. Agundez

Invocación

Estándar

INVOCACIÓN (circa 2001)

Un aliento de sal mal elegido,
bautizo dado en aguas estancadas,
un puñado de arenas encaladas,
un astro que abra un cuerpo retorcido.

Que se unan el temor de no haber sido,
Plantas mágicas, pócimas sagradas;
que se duerma la sangre, y que calladas
calen todo las lluvias tu sentido.

Que despierten las bestias de su lecho
Y traídas las tripas de la piedra
que germinen sus huesos en pecho:

cada vez que haya un muerto en cada guerra,
ahí tendréis al hombre: dicho y hecho,
sentenciado su paso por la tierra.

D. Agundez