10 Feria

Estándar

Para delante para detrás, la gente
yendo y viniendo entre todos estos ruidos.
Bajo las luces parpadeantes,
los niños con sus globos,
entre la marabunta familias enteras curioseando de atracción en atracción
y sus promesas,
las emociones desatadas pero controladas,
esas partes de ti que protegidas por barrotes de hierro van dejándose ir,
orbitando como asteroides alrededor de las grúas herrumbrosas,
siendo por un momento amas del cielo,
perdidas en el horror de ciertos monstruos de pacotilla
que son en realidad los hijos del feriante,
entrada tres euros, entrada cuatro euros,
entrada tropecientos mil euros.

Los niños van agitando globos, van agitando manos,
van comiendo nubes rosas, van agitándolo todo.
Familias enteras usando los coches chocones para ajustarse las cuentas
por cuatro euros la entrada.

Veo unas piernas de alguien volando a 70 metros de alto,
en una torre que cae como un péndulo o una flecha,
elevándose sobre la ciudad a tanta velocidad que no podrá ver nada.
Todos estos ruidos, las luces parpadeantes,
están abriendo alguna puerta de mi infancia.
Entre la marabunta
grupos de adolescentes que se miran de reojo,
los chicos a las chicas, las chicas a los chicos,
una se ríe con alguna broma tonta y le mete un culetazo al más espabilado.

Los niños van mordiendo manzanas de azúcar,
van comiendo buñuelos y patatas fritas,
van comiéndose la vida de los tiovivos.
A cuatro euros la entrada
empieza la carrera de camellos, los camellitos majaretas,
hay que acertar con la bola en el agujero, zas, la bola precisa
que alimentará la carrera de mi beduino,
la carrera de mi destino.
Bolas precisas, dirigidas, con la confianza
de dejarse ir entre los barrotes de hierro de nuestras rutinas,
tres puntos más por meter la bola en el círculo rojo,
cero puntos por fallar.

Todos estos ruidos, las luces parpadeantes
como señal de la carretera prometida de la felicidad,
-entrada cuatro euros-
Son una señal como esa gran noria
de la vida,
yo mismo deambulando entre las atracciones entrada la noche,
entre tanta gente y sin embargo algo solo,
yo mismo hoy tomando a mi niña por la cintura para sostenerla en el caballito,
yo mismo ayer capitán rozando como sin querer a la chica que te gusta en las jaulas del barco pirata,
yo mismo anteayer niño abriendo boletos de la tómbola, casi siempre sin premio,
sabes que en las ferias apenas se ven viejos
y la noria se para antes de otro viaje
por el que hoy también pagaré cuatro euros.

Se va elevando despacio, en sus giros infinitos,
a lo lejos las luces nocturnas de Cáceres,
e imagino que echa a rodar por los pastos y que algún día llegamos al mar
mientras de camino saludamos a los mirones en las cunetas de los pueblos,
nuestra rueda alucinada recorriendo los campos del mundo.

Detrás de todas estas refulgentes atracciones, de estas promesas frágiles,
de esta felicidad efímera a precios de fábrica,
familias enteras hacen sus vidas en la ruta,
desde la noria ahora mismo puedes ver todos esos camiones, caravanas,
en las que alguien querrá repantingarse a la hora del cierre.
Feriantes curtidos, empresarios, montadores,
muchachas lozanas conociendo el mundo de ciudad en ciudad,
niños que aprenden de los libros de su maestro itinerante
caravanas anuales como norias en perpetuo giro
la noria se para antes de otro viaje
y me he gastado un dineral
y quisiera salir rodando.

En su puestecillo un par de gordos churreros se afanan en amasar unas porras
y las van friendo en un gran barreño de aceite humeante,
se limpian el sudor de la frente con el antebrazo y se lo restriegan en la tripa,
puedo ver una cadena de oro en su pechera abierta y peluda,
puedo ver todo el sudor de la humanidad en el churro que voy a comprarle,
los hilos de grasa laboral que quedan en el vaso de chocolate cuando lo mojo.

Todos estos ruidos, las luces parpadeantes,
los muchachos que mean en un recoveco oscuro con un vaso de calimocho entre los dientes,
la música perrera de las casetas, las hamburguesas de carne de lata,
la marabunta de gente dispuesta a tener su día distinto, la estampida
de tanto dinero que acaba de volar de tu bolsillo.
El pasto destrozado por las caravanas,
las toneladas de basura depositadas en alguna trasera,
las fieras famélicas del perímetro del circo mirándote a escondidas
los policías que se pasean relamiéndose con las pistolas al cinto
entre el intenso olor a sudado chocolate con churros.

Creo que me marcho ya,
todos estos ruidos,
una pareja de adolescentes se aleja hacia el autobús,
ha sido una noche memorable,
noche de ferias, la noche de las risas y del culetazo
caminando despacio, ella agarrando un peluche
él cabeceando hacia su pelo,
los brazos ciñendo su talle,
intercambiando primeras alianzas,
entre todos estos ruidos su luz que te dice
silencio, no te vayas a casa todavía,
silencio, rueda más en la noria,
este es un día distinto,
es noche de ferias,
delante de ti está naciendo un amor.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *