27. Canchal de los ojos

Estándar

Viendo que hoy solo parte de tu cráneo emerge de la tierra,
imagino cómo el viento debió
erosionarte la piel y convertirla
en hueso o llámala roca rodeada de espigas,
con tu caja torácica apresada
en toneladas de tierra compacta
y tus pulmones agonizantes,
y las alas pesadas
como si estuvieran cubiertas de petróleo,
y los cartílagos de tu nariz
ventilando arena,
y las córneas alanceadas,
ya siendo presa inmóvil,
por algún guerrero que las pondría luego
como advertencia en el camino al pueblo.

Debiste de ser una bestia temible.
Aún te presentas a mí
con toda la resistencia de tu tiempo geológico.
con todo lo que habrás tenido que pasar
obligado a contener, en tu interior, el aliento
milenio tras milenio.

Quizá si pudieras soltar todo ese aire acumulado
podríamos, segundos antes de volar despedidos por tu ímpetu,
respirar los aires del origen del mundo.

Pero esta noche sigues preso todavía
y nosotros mismos, al llegar,
hemos encendido unas velas
y las hemos puesto en las muertas cuencas de tus ojos.

Ahora nos miras bajo el cielo raso y cubierto de estrellas
Quieto en medio del campo,
y tus nuevos ojos ígneos
parecen querer hablar de tu propio nacimiento,
del edénico día en que sufriste este castigo.

Brillante calavera.
En qué horizontes del pasado
habrás depositado tus ojos esta noche.

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