Arte indio: ¿dónde está Husain?

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“El arte es una inversión muy buena en la India. Compras ahora y en unos años el valor se multiplica”, me cuenta un galerista en la primera Feria internacional del Arte en la India. Los organizadores sacan pecho por la nómina de artistas, más de 200, y las 35 galerías punteras que están representadas en el Palacio de Ferias de Nueva Delhi, más conocido como Pragati Maidan.

La bienvenida la da un automóvil hecho con esqueletos de pega, ante el que los visitantes, poco acostumbrados al arte contemporáneo, se hacen fotos entre sonrisas. Luego callejean por los puestos de las galerías, donde los cuadros abstractos se entremezclan con retratos experimentales de Gandhi y otros motivos que demuestran la existencia de una “vía india” para el arte contemporáneo.

Los artistas deambulan en sandalias; los visitantes más elegantes dan pequeños grititos para garantizar su sensibilidad entre el gentío. Una feria, parece, de lo más homologable con occidente. “El mercado indio –recuerda en un comunicado la organización- ha crecido un 485 por ciento en la última década, lo que lo convierte en el cuarto más boyante del mundo”.

Y los hombres de negocios se lanzan a la compra de Souzas, de Mehtas, de Burmans, de los nuevos nombres que poco a poco van poblando las paredes más animadas de la India. De todos, salvo de uno: M.F. Husain, el más mediático de los pintores, que se ha convertido en el centro de la polémica… sin estar presente en la muestra.

“Hicimos llegar una advertencia (a las galerías) del riesgo real de incluir a Husain”, dijo al diario Hindustan Times Sunil Gautam, el director de la organización. “La exposición tiene un valor de millones de dólares y hay miles de visitantes”.

Pero, ¿es Husain un hombre peligroso? ¿atenta contra sus colegas de profesión, destruye sus obras? Lejos de la realidad: Husain, de 93 años y conocido como el “Picasso de la India”, vive entre Dubai y Londres y desea volver a su país, pero no puede.

Lo que teme la organización, de hecho, es que la exposición de cualquiera de sus pinturas atraiga la atención y la ira de la “policía moral” india, el nombre que reciben en la India los grupos conservadores que intentan mantener a rajatabla –para ellos y para los demás- la tradición y las normas de “decencia” en el país.

Para Husain, los problemas comenzaron en 1996, ya octogenario, coincidiendo con la publicación en una revista de varios retratos de diosas hindúes desnudas realizados en los setenta. El artículo, titulado “Un pintor de carne”, supuso la presentación de ocho denuncias contra el pintor por “promover el odio religioso”.

Aunque esas acusaciones fueron luego desestimadas por los tribunales, Husain recibió amenazas de muerte y su casa fue atacada por un grupo de radicales hindúes que destruyó varios de sus trabajos. El pintor abandonó la India y ya en el exilio, vio de lejos una nueva polémica, esta vez hace un par de años.

La pintura en cuestión, “Bharat Mata” (“Madre India“), representaba a una mujer desnuda superpuesta al mapa de la India y con los nombres de algunas regiones escritas en su cuerpo. Fue expuesta en una muestra sobre Cachemira, y automáticamente recibió las críticas de grupos hindúes como el VHP (Organización del Mundo Hindú).

El pintor se disculpó por su obra, prometió retirarla de las subastas y desde entonces aguarda su ocasión para volver a la India. “La única manera es quizá que los conservadores hindúes vuelvan al poder”, dijo recientemente, confiando en que ellos podrían controlar a sus propios militantes para evitar los ataques a este “hombre viejo”.

Pero Husain es de hecho apenas uno de los puntos de mira de las organizaciones más radicales de la India, como el RSS, el Shiv Sena o el VHP, en la parte hindú, y el SIMI y los clérigos fundamentalistas a la cabeza en la parte musulmana.


Sus actividades –y las de otros grupos de nervio rápido- van desde el saqueo de oficinas de periódicos por publicar artículos inconvenientes hasta la destrucción de salas de cine por proyectar películas consideradas ofensivas. Su lista incluye las “cheer-leaders” del críquet, los caricatur
istas atrevidos o los actores deslenguados.

Así, la tenista musulmana Sania Mirza ya no juega en India por las críticas contra su ropa deportiva; la escritora Taslima Nasreen tuvo que abandonar Calcuta por sus críticas a los musulmanes; a la actriz Khusboo le lanzaron tomates por romper una lanza a favor del sexo prematrimonial…

A esta intocable la desnudaron por manifestarse por sus derechos en AssamUn largo pliego, en fin, de ofensas contra la tradición que termina a menudo con las disculpas de los personajes, previa violencia o acción de los tribunales. “Entiendo a los organizadores de la muestra artística –se resigna Husain, con ánimo de conciliar o con síndrome de Estocolmo-. En la India hay 2.500 denuncias contra mí”.

Poco antes del inicio de la exposición, el Ministerio de Cultura emitió un comunicado negando “haber sido consultado sobre los artistas presentes en la exposición”. O sea, alabando la libertad de expresión aprovechando esta vez que la patata caliente era de otro: “Estaríamos contentos si todos los grandes artistas, incluidas las pinturas de Husain, estuvieran representadas”.

En esta ocasión, el pintor ha recibido el apoyo de la organización de artistas SAHMAT, que en solidaridad ha organizado una exhibición paralela donde están presentes 20 de sus obras, sin que por el momento los adalides de la policía moral hayan emitido veredicto.

Por si acaso, en la pomposa Feria India del Arte, donde una vanguardista caja de cucarachas divierte a los visitantes o donde el esbozo de una estación de tren señala el colorismo de la pintura india; en la primera Feria india del Arte, digo, hay muchos retratos de mujeres con sari, pero ni un solo desnudo.

Fotografías: M. F. Husain, su obra “Bharat Mata”, una intocable huye tras ser desnudada por manifestarse.

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