Avance talibán y ansias de desarrollo de la población marcan la campaña

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Kabul, 14 ago 2009.- Unos 17 millones de afganos están registrados para votar en las segundas elecciones presidenciales desde la caída talibán en Afganistán, marcadas por el avance de los insurgentes talibanes, así como las ansias de reconstrucción y desarrollo de la población.
“Este es uno de los ejercicios electorales más dificultosos que he visto”, dijo hace unos días a los medios el representante especial de la ONU en Afganistán, Kai Eide.
Las autoridades han previsto el envío de casi 3.200 burros para que transporten las urnas a los lugares más inaccesibles de este país de orografía complicada, pero, anécdotas aparte, la preocupación principal es la situación de seguridad.
“Es el factor talibán. No podemos esperar una alta participación en algunas áreas y provincias. En más de 10 distritos será difícil celebrar las elecciones”, precisó a Efe el portavoz de la Fundación afgana para unas Elecciones Libres y Justas (FEFA), Jandar Spinghar.
En las últimas semanas, las tropas internacionales han lanzado varias operaciones en el tradicional feudo talibán de Helmand (sur) en un intento de garantizar la seguridad antes de los comicios presidenciales, que los insurgentes han decidido boicotear.
Y en Kabul, son muchos los ciudadanos que se lamentan de que la situación ha empeorado, algo que reconoció el propio jefe de las tropas extranjeras, Stanley McChrystal, quien admitió en una reciente entrevista al diario “Wall Street Journal” que los talibanes “han tomado ventaja”.
Los insurgentes tienen una fuerte presencia en gran parte del sur y este de Afganistán, las áreas donde es mayoritaria la etnia pashtún, de la que proceden tradicionalmente los talibanes, pero también el presidente, Hamid Karzai, quien aspira a reeditar mandato.
Karzai se presenta con el antiguo “señor de la guerra” tayiko Mohammed Fahim como candidato a vicepresidente, una decisión que los analistas atribuyen a un intento de dividir lealtades en la antigua Alianza del Norte y atraerse el voto de la etnia tayika, la segunda más populosa de Afganistán.
En esa cantera de voto basa sus esperanzas el que las encuestas señalan como más potente rival de Karzai, Abdullah Abdullah, un ex ministro de Exteriores que colaboró estrechamente con el guerrillero asesinado Ahmed Shah Mehsud, de la Alianza del Norte, en su resistencia contra los talibanes previa al 11-S.
Tanto ellos como otro de los 41 candidatos en liza, el ex ministro de Finanzas Ashraf Ghaní, concurren a los comicios como independientes y fuera del paraguas de los partidos políticos, que apenas han cuajado en la frágil y primeriza democracia afgana.
“Los tayikos votan a los tayikos. Los pashtunes a los pashtunes. Cada cual al suyo, este es el gran problema de Afganistán”, comentó a Efe un estudiante kabulí en el transcurso de un mitin de Ghaní.
Lealtades aparte, la difícil orografía y la falta de datos plausibles hacen casi imposible aventurar un pronóstico exacto, más allá de la ventaja que todos los analistas conceden a Karzai, visto desde hace meses por distintos tertulianos como el “vencedor inevitable”.
La dos encuestas más recientes, realizadas en julio de forma separada por el Instituto Republicano Internacional y el centro de análisis estadounidense Glevum, atribuyen, respectivamente, a Karzai el 44 y el 45 por ciento de los votos decididos, 18 y 20 puntos por encima de Abdullah, pero ese resultado obligaría a celebrar una segunda vuelta entre ambos.
Con la lucha antitalibán en manos de las tropas internacionales y el Ejército afgano, todos los candidatos se centran en el desarrollo, la reconstrucción del país y la creación de riqueza, mientras celebran mítines bajo extremas condiciones de seguridad.
“No están desarrollando estrategias. Sólo hay tácticas”, dijo a Efe una fuente de seguridad occidental sobre los candidatos en los comicios, que se celebran junto a las elecciones para los consejos provinciales.
Mientras Kabul se inunda de paneles electorales y grandes imágenes de sus candidatos, las tropas internacionales intentan que las 29.000 urnas para la votación sean emplazadas antes del 20 de agosto, incluso en las áreas bajo control talibán.
Tras esa fecha, un recuento que se promete lento: resultados iniciales para el 3 de septiembre, definitivos el 17 de ese mes, y la segunda vuelta, de ser necesaria, para la primera semana de octubre.

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