Bin Laden cumple hoy 50 años y sin que se sepa si está muerto o vivo

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Nueva Delhi, 10 mar 2007.- Vivo o muerto, hoy es el día en el que se cumplen 50 años del nacimiento del hombre más buscado en lo que va de siglo: Osama Bin Laden, terrorista o héroe de la resistencia, y del que nadie sabe si malvive en Pakistán o malmurió.
¿Está vivo Bin Laden? “Creo que está vivo. Es mi héroe y lo está haciendo muy bien, donde quiera que esté”, dijo a Efe desde Peshawar (oeste de Pakistán) un comunicante que pidió el anonimato.
“Osama no es una mala persona. Pero sigue un camino equivocado, porque el Islam no nos enseña a luchar como extremistas o terroristas. Al contrario, nos enseña a vivir en paz. Yo no sé si está vivo o muerto, pero no creo que se encuentre en Pakistán”, dijo a Efe desde el Punjab (este) otro ciudadano asustado por la pregunta.
Mientras Bin Laden despierta sentimientos opuestos entre los ciudadanos de Pakistán y Afganistán, ninguno de los gobiernos quiere hablar de los cincuenta años del, quizá, el más amenazador y simbólico enemigo.
Pero lo único cierto es que sin la icónica figura del hoy cincuentenario, pocas de las actuales posiciones en el mapa geoestratégico mundial cobran sentido: desde la guerra de Somalia hasta la insurgencia talibán afgana, todos los conflictos de la zona aparecen transidos por el mensaje de Bin Laden.
Nacido en 1957 en una familia saudí multimillonaria, Osama pasará a la historia como el hombre que planeó y financió desde el extranjero el mayor atentado terrorista jamás registrado en suelo estadounidense, el 11 de septiembre de 2001 (11-S).
La actividad del fundamentalista, sin embargo, había comenzado a inicios de la década de 1980, en la que su militancia activa contra la invasión soviética de Afganistán le llevó a crear un registro de datos en el que apuntaba los nombres y datos de posibles luchadores, y que hoy es mundialmente conocido como “Al Qaeda”, la base.
Tras la retirada soviética de Afganistán, Bin Laden regresó a su país, aunque sus críticas hacia la monarquía saudí le obligaron a exiliarse en Sudán, de donde fue expulsado en el año 1996.
Las autoridades saudíes le habían retirado poco antes su nacionalidad, así que Bin Laden ya era un apátrida cuando se refugió en el país de los talibanes, que habían conquistado Kabul con el respaldo de los estadounidenses.
Desde Afganistán, dirigió la actividad de Al-Qaeda en 33 países.
Aparte del 11-S, Estados Unidos considera que Bin Laden es responsable de varios atentados cometidos a lo largo de la pasada década, pero ninguno de ellos tuvo el impacto del cometido contra las Torres Gemelas de Nueva York, con el que tristemente demostró que la globalización había llegado al terrorismo.
Los 19 terroristas que integraban la célula de este atentado cometieron el mayor ataque terrorista de la Historia, con cerca de tres mil muertos.
Estados Unidos congeló poco tiempo después los activos bancarios de Bin Laden, y, olvidando su apoyo a la milicia talibán, que llegó a ser reflejado en el cine en películas como “Rambo 3”, inició las operaciones de guerra contra Afganistán el 7 de octubre de 2001.
Tras la caída dos meses después de la localidad afgana de Mazar i Sharif, Bin Laden huyó con unos 200 leales y presuntamente se refugió en las montañas fronterizas entre Afganistán y Pakistán.
Desde entonces, muchos apuntan a que Bin Laden se esconde en áreas tribales del oeste de Pakistán, aunque se desconoce su paradero exacto y apenas ha dado señales de vida en un puñado de vídeos -el último datado en 2004- y cintas grabadas en las que ha amenazado con nuevos atentados o ha ofrecido treguas.
Vivo o muerto, Bin Laden tiene entre los insurgentes talibanes e iraquíes un poder de convocatoria que va más allá de la infrecuencia de sus intervenciones: cada palabra del líder escondido y de sus lugartenientes supone para cientos de militantes un mandato directo con consecuencias a miles de kilómetros de distancia.
En el pasado, algunas informaciones ya le dieron por muerto a causa de un tifus que pudo fulminarle en algún punto de ese país, aunque la falta de confirmación de los servicios secretos añadió escepticismo a la noticia de su muerte.
Habiendo cumplido hoy 50 años, una de las grandes preguntas que Occidente debe hacerse es si, en realidad, los 25 millones de dólares que Estados Unidos ofrece por su captura persiguen sólo una sombra.

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