024 Uno de esos días

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Mientras iba, hija, vistiéndote
esta mañana
para salir a la calle de paseo
he visto que tus pies ya no cabían
en tus zapatitos naranjas.

Sé que nunca podría detener tu infancia:
estás creciendo tan aprisa…

Pero al ver el modo en que la horma y la lengüeta
apresaban tus pies pequeños
me pareció como si esos zapatos
sí que estuvieran intentando
conservarte en ellos
y detener por un instante
tu marcha por la vida
y yo mismo he pensado en el día
en que abandoné mi casa,
y en cuánto daría
por volver a ser niño.

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021 La edad de las cosas

Estándar

Pasamos mi hijo y yo andando por la acera
junto a un hombre sentado en un banco
con un cartel que decía “El poeta en la calle”.

El hombre miró a mi hijo y sin decir nada, solo por señas,
comenzó a doblar un papel hasta formar un origami,
y se lo dio ante sus ojos asombrados

Luego me miró a mí y saqué unos céntimos
para pagar esos segundos de felicidad de mi pequeño,
así son estas cosas.

Mi hijo tomó el origami con ambas manos
protegiendo ese milagro recién acaecido ante sus ojos
como un frágil pollito.

“Acaba de nacer, papá”, decía el muchacho.

Así es como se lo trajo a casa,
mientras yo venía pensando en el día
en que, siendo yo todavía niño,
mi abuelo sacrificó un pavo, en plena Navidad,
en mi terraza.

Han pasado doce días
y el origami está en una estantería de su habitación,
cubierto de polvo.

A ver cuánto dura.

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