015 El libro de recetas

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A los ratones que corretean por el desván,
sobre mi cocina,
les he puesto nombres de poetas.
Ellos van y vienen juguetones, estoy seguro,
y habrán haraganeado con su hocico
en mis tarros de especias aromáticas
Habrán remojado los bigotes; dejado secretas huellas
en las recetas que preparo con esfuerzo,
en el aroma a caldo de pollo que hay en casa.

Sé que me sería imposible acabar con ellos.
Vivieron aquí desde mucho tiempo antes que yo
y de hecho fui yo quien invadió su espacio;
pero sé también que por las noches salen de sus agujeros
y se divierten con mis verduras y legumbres,
porque más de un día me las encontré mordisqueadas.

A todos los ratones los tengo bautizados.
Algunos llevan nombres de poetas latinos,
tipo Furio Bibáculo el obeso,
pero la gran mayoría de los nombres están en mi mesilla
correteantes ratones con nombres y ademanes
de escritores; y fumigarlos, así de bautizados
yo no puedo.

Las más de las noches, los ratones danzando
andan mordisqueando mi libro de recetas,
dejando pistas tenues en los párrafos de los ingredientes
o un rastro de pis que guarrea los pasos de la preparación.
Cuando a medio día me pongo a pelar patatas o cortar tomates
y abro con sumo cuidado esa receta que busco,
me encuentro la página roída con la huella de un ratón.
“Es que es así, la receta”,
parece decirme el maldito roedor impertinente.

Y si tuvieras razón, Juan Ramón,
digo en plena ansiedad de su influencia,
igual termino fumigándote.
Igual termino fumigándolos a todos, pero sé que volverían
estos ratones que andan en mi libro de recetas.
Y además que la casa en que vivo es también suya.
Ellos, los pequeños habitantes del desván,
que aunque tenga pelos de ratón en la cocina,
si tengo ganas de cenar sopa de pollo,
bueno y qué.

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014 Plaza mayor III

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Qué pronto tomamos posesión de las cosas,
pero qué largo lleva asociarlas a recuerdos
y elásticamente estirarlas en el tiempo
desde donde fuimos hasta donde estamos,
y atarlas como hilos de cometas en las manos
mientras caminamos a otra parte.

Los torpes turistas ingenuos desconocen,
no caben mis posesiones en vuestras fotografías
porque no pesan nada,
porque las tengo colgadas en el tiempo
a remojo en las cuerdas donde tiendo mis propias ropas.

Todas esas fotos se imprimen de manera mentirosa
fijando las memorias nada más sacadas
y seguro que tú, hombre de gafas y gorra,
esperas ya de ellas que en tu futuro no visto
puedan revivir lo que ahora estás sintiendo,
tu enamoramiento advenedizo corriendo por dentro
de tu camiseta amarilla de tirantes
y esas calzonas de explorador primermundista
tendidas en tus piernas frente a toda mi infancia.

Pobre turista iluso,
Lo que vives ahora en esta plaza no se revive nunca.

Los recuerdos son películas proyectadas
en una sala oscura del alma.
Los míos andan ahí ahora mismo apurados,
vagando como fantasmas temblorosos
en las mazmorras imaginarias de la torre.
De vez en cuando suben
y se agarran a las imponentes almenas
y asustan medio en broma a un visitante.

Desde allí me miran sentado aquí pensando,
y también miran vuestro paso ante ellos.

Os ven como la espuma de las olas,
mar alterado de la humanidad
pasando por todos estos siglos,
esas torres plantadas como árboles por hombres de espada,
bañándose una tarde en tu memoria
y la siguiente en la mía,
y echándose al cielo azul, como un espejo,
eco de tanta sabiduría,
torres en silencio que saben que hacia ellas cada día
baja desde hace siglos un océano
que quisiera quedarse en la pleamar de la plaza
contemplándolas.

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013 Plaza mayor, lienzo de cosas

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Esta mañana mismamente
con el sol cayendo sobre las cuatro esquinas
baja de su carrito una niña y se pone andar,
funambulista en la cuerda de sus primeros pasos.

Viéndola yo me siento en paz;
admirando esa inocencia infantil
y sus pasos primeros
ajenos ella y yo a la torre imponente
con sus matacanes y saeteras
que van disparando racimos de pájaros
por el cielo y la mente.

Por ahí cerca está la nena tropezándose.
Tantea los baldosines con la prudencia de un sabio
en cuclillas con las enrojecidas manitas
y luego se lanza a perseguir palomas
bajo la sombra de los árboles parcos
sola en el rumor de una fuente de cosas
buscando su jardín.

Ah cuánta paz en esta plaza.
Mi gran conciencia ancha y limpia.
Qué bien te entiende esta pequeña
que quiere recorrerte andando.
Qué bien vas entendiendo, muchachina,
que acabas de salir de la casa tuya
y que es en esta plaza donde empieza el mundo.

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12 Plaza mayor I

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Bajando la calle Pintores,
Un día cualquiera, al final del verano,
creí ver el mar.

Cosa de la gente embarcada en el paseo,
o de la luz cegadora después del mediodía,
Era uno de esos momentos de calor
en los que el aire tiembla tanto
que crees ver vapor de agua sobre el pavimento
como si las almas abandonaran la tierra.
En fin, las alucinaciones propias
de un agosto en Cáceres.

Mi sudor iba calle abajo como un regato
y me pareció que, todavía lejana, sobre el suelo,
rompía la espuma brillante de una ola,
las campanas de la iglesia repicando
como bocinas de barcos de pescadores
las muchachas por las mesas de las terrazas
como atareadas y sinuosas sirenas
sobrevoladas por un par de cigüeñas marinas
en el cielo, como un espejo limpio y azul,
rumbo a la playa del ayuntamiento.

La alucinación no duró mucho,
eché mano de un botellín de agua
y enseguida la costa se desbarató
entre las piedras ocres y grises.

Lamento haber creado expectativas
pero es que esto fue todo.

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11 El redentor

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No basta con que te crean, yo necesito que te amen,
Tú eres el salvador de los hombres,
Ahí sentado ante el espejo,
mientras te visto con tu túnica de seda
veo el rostro de un hombre que da esperanza al resto,
representante de un conocimiento único,
heredero de una larga estirpe de sabios, de profetas.
Con tus brazos extendidos, tu barba luenga,
tu melena rizada y separada del rostro por una cinta morada,
no sé si eres un emisario de dios o un mariscal de hombres,
pero tú eres la reencarnación que tanta gente espera,
tu voz es un estruendo silencioso,
un bramido que pone en marcha mundos nuevos,
tu palabras sanan el dolor de espíritu.
Deja que te ciña esta corona,
ahí frente al balcón hay mucha gente mirando,
periodistas, devotos, policías que besan tu cruz
mientras vigilan que nadie les mira.
El mundo espera tu gesto milagroso,
la resurrección del pensamiento,
la vuelta al paraíso con solo sentirte.
Hoy vas a hacer estallar los contadores de audiencia,
hoy las amas de casa querrán amarte sin saber contarlo.
Hoy es el día en el que arreglarás el mundo.
Ahora deja que te lave los pies,
que te ponga estas ásperas sandalias,
deja que te acerque ese cayado,
tú eres nuestro pastor, tu toga es nuestro abrigo,
has venido aquí para salvarnos con tu amor infinito.
Yo necesito que ahí fuera toda esa gente te ame
cuando les hables de su memoria ante las cámaras,
cuando les reconfortes en televisión con su futuro,
Les toques y ellos, gimiendo,
decidirán no ducharse nunca más para guardarte consigo.
Ahora dame un beso en la frente y camina despacio,
tú eres la fuente de la dicha, el frutal cuyo fruto no termina
tu presencia es sentida y simplemente llena.
Quiero que salgas ahí fuera, al patio
donde millones de personas esperan tus palabras sabias,
el gesto adusto y solemne que les dejará calmar la sed,
reemprender la marcha, conciliar el sueño.
Es hora de redimirnos a todos y salvarnos.
Déjame abrir las puertas y sal ahí fuera, ahora,
extiende tus manos como Moisés ante el mar,
como San Pedro el pastor ante su grey,
rey de los pueblos por los siglos de los siglos,
y háblales
y cálales con tus palabras como la lluvia en verano.
Diles: “En nombre de Yahvé, benditos seáis todos,
quedáis bendecidos.
Yo soy Micael, vengo de Raticulín,
13 millones de naves espaciales se aproximan al mundo”

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10 Feria

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Para delante para detrás, la gente
yendo y viniendo entre todos estos ruidos.
Bajo las luces parpadeantes,
los niños con sus globos,
entre la marabunta familias enteras curioseando de atracción en atracción
y sus promesas,
las emociones desatadas pero controladas,
esas partes de ti que protegidas por barrotes de hierro van dejándose ir,
orbitando como asteroides alrededor de las grúas herrumbrosas,
siendo por un momento amas del cielo,
perdidas en el horror de ciertos monstruos de pacotilla
que son en realidad los hijos del feriante,
entrada tres euros, entrada cuatro euros,
entrada tropecientos mil euros.

Los niños van agitando globos, van agitando manos,
van comiendo nubes rosas, van agitándolo todo.
Familias enteras usando los coches chocones para ajustarse las cuentas
por cuatro euros la entrada.

Veo unas piernas de alguien volando a 70 metros de alto,
en una torre que cae como un péndulo o una flecha,
elevándose sobre la ciudad a tanta velocidad que no podrá ver nada.
Todos estos ruidos, las luces parpadeantes,
están abriendo alguna puerta de mi infancia.
Entre la marabunta
grupos de adolescentes que se miran de reojo,
los chicos a las chicas, las chicas a los chicos,
una se ríe con alguna broma tonta y le mete un culetazo al más espabilado.

Los niños van mordiendo manzanas de azúcar,
van comiendo buñuelos y patatas fritas,
van comiéndose la vida de los tiovivos.
A cuatro euros la entrada
empieza la carrera de camellos, los camellitos majaretas,
hay que acertar con la bola en el agujero, zas, la bola precisa
que alimentará la carrera de mi beduino,
la carrera de mi destino.
Bolas precisas, dirigidas, con la confianza
de dejarse ir entre los barrotes de hierro de nuestras rutinas,
tres puntos más por meter la bola en el círculo rojo,
cero puntos por fallar.

Todos estos ruidos, las luces parpadeantes
como señal de la carretera prometida de la felicidad,
-entrada cuatro euros-
Son una señal como esa gran noria
de la vida,
yo mismo deambulando entre las atracciones entrada la noche,
entre tanta gente y sin embargo algo solo,
yo mismo hoy tomando a mi niña por la cintura para sostenerla en el caballito,
yo mismo ayer capitán rozando como sin querer a la chica que te gusta en las jaulas del barco pirata,
yo mismo anteayer niño abriendo boletos de la tómbola, casi siempre sin premio,
sabes que en las ferias apenas se ven viejos
y la noria se para antes de otro viaje
por el que hoy también pagaré cuatro euros.

Se va elevando despacio, en sus giros infinitos,
a lo lejos las luces nocturnas de Cáceres,
e imagino que echa a rodar por los pastos y que algún día llegamos al mar
mientras de camino saludamos a los mirones en las cunetas de los pueblos,
nuestra rueda alucinada recorriendo los campos del mundo.

Detrás de todas estas refulgentes atracciones, de estas promesas frágiles,
de esta felicidad efímera a precios de fábrica,
familias enteras hacen sus vidas en la ruta,
desde la noria ahora mismo puedes ver todos esos camiones, caravanas,
en las que alguien querrá repantingarse a la hora del cierre.
Feriantes curtidos, empresarios, montadores,
muchachas lozanas conociendo el mundo de ciudad en ciudad,
niños que aprenden de los libros de su maestro itinerante
caravanas anuales como norias en perpetuo giro
la noria se para antes de otro viaje
y me he gastado un dineral
y quisiera salir rodando.

En su puestecillo un par de gordos churreros se afanan en amasar unas porras
y las van friendo en un gran barreño de aceite humeante,
se limpian el sudor de la frente con el antebrazo y se lo restriegan en la tripa,
puedo ver una cadena de oro en su pechera abierta y peluda,
puedo ver todo el sudor de la humanidad en el churro que voy a comprarle,
los hilos de grasa laboral que quedan en el vaso de chocolate cuando lo mojo.

Todos estos ruidos, las luces parpadeantes,
los muchachos que mean en un recoveco oscuro con un vaso de calimocho entre los dientes,
la música perrera de las casetas, las hamburguesas de carne de lata,
la marabunta de gente dispuesta a tener su día distinto, la estampida
de tanto dinero que acaba de volar de tu bolsillo.
El pasto destrozado por las caravanas,
las toneladas de basura depositadas en alguna trasera,
las fieras famélicas del perímetro del circo mirándote a escondidas
los policías que se pasean relamiéndose con las pistolas al cinto
entre el intenso olor a sudado chocolate con churros.

Creo que me marcho ya,
todos estos ruidos,
una pareja de adolescentes se aleja hacia el autobús,
ha sido una noche memorable,
noche de ferias, la noche de las risas y del culetazo
caminando despacio, ella agarrando un peluche
él cabeceando hacia su pelo,
los brazos ciñendo su talle,
intercambiando primeras alianzas,
entre todos estos ruidos su luz que te dice
silencio, no te vayas a casa todavía,
silencio, rueda más en la noria,
este es un día distinto,
es noche de ferias,
delante de ti está naciendo un amor.

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09 Bunhill fields

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Este es un momento original:
empieza a llover en Londres.

La tumba de William Blake está en el cementerio de los disidentes
de las lápidas sin nombre
de la gente que conviene olvidar.
Para llegar hay que atravesar una calle llena de supermercados y tabernas,
pintas y fregonas.
Entre las tumbas inglesas de este curioso cementerio,
lisas, mágicas,
hay palomas y corretean las ardillas a ras de hierba.
Junto a una lápida sobre la que hay una calavera esculpida,
una mujer madura un poco narizona
les da migas de pan mientras les cuenta algo.

Bunyan, Defoe, Blake. Yo mismo y mis amigos.
Calculo que hay unos pocos cientos de lápidas,
el cartel de la puerta dice que hay más de 120.000 cuerpos enterrados.

Como llovía
hemos tenido que comprar unos paraguas chinos
de líneas estridentes y corazones de colores.
Estábamos ahí sentados, en el banco junto a la tumba de Blake,
como esperando que se levantara él mismo a saludar,
a decirnos, qué valientes sois, vaya unos paraguas que habéis comprado.

Ahí es cuando la mujer de las palomas se ha ido,
con sus katiuskas marrones, su probable soledad
que consiste en alimentar palomas en un día lluvioso y laborable de Londres,
justo antes de la hora del cierre en un parque-cementerio,
Se nos ha ocurrido que podría ser el fantasma de la mujer de Blake,
de Catalina Sofía, que murió cuatro o cinco años después que él,
y está enterrada por ahí bajo la tumba.
Hay gente que ha dejado unas monedas en la lápida,
nosotros vamos a dejar unas flores.

Un par de adolescentes nos han dicho cómo llegar a los supermercados Waitrose,
donde uno puede comprarse ramos de flores en oferta,
ramos por cero coma algo pounds.
Hemos cogido las más baratas y feas, tres ramos de gladiolos
al 90% de descuento,
que tendrían que habernos felicitado por comprarlos.
Y al ir a pagarlos y con la cajera diciendo que estaba a punto de irse de vacaciones,
allí estaba otra vez Catalina Sofía,
justo delante de nosotros, pagando su compra,
y luego se ha marchado cargada de bolsas del Waitrose,
tambaleándose un poco a causa del peso, bajo la lluvia,

Allí estaba el fantasma, gente anónima de Londres,
120.000 cuerpos por kilómetro cuadrado enterrados en algún momento del día,
y se ha ido.

Nosotros hemos vuelto al cementerio de los disidentes,
y hemos puesto tres ramos de flores en la tumba del poeta.
Luego nos hemos hecho una fotografía con las flores ya en tierra,
ramos que parecían verdes manos tétricas saliendo del suelo,
llevándose a Blake..
Somos unos valientes, este es el camino del exceso,
gentes venidas de alguna parte dos siglos después que te dejan flores pochas,
se resguardan de la lluvia con paraguas chinos,
fantasean con tu mujer y sus reencarnaciones posibles.

Me voy dando cuenta de que así contada la cosa
suena casi tan turbia como de hecho lo ha sido.
Había creído que a alguien como Blake le habría gustado esta visita,
que quizá nos hubiera lanzado una maldición irónica,
vaya unos paraguas, vaya unos gladiolos, sois unos valientes.
Ahora creo más bien que en realidad le importa todo un bledo
y que las flores o se las ha llevado alguien para regalarlas en casa
o las habrá tirado un jardinero a la basura a la hora del cierre,
o Catalina Sofia.

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08 Pequeños poemas del Agúndez mayor (II)

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ÁRCO DE CÁPARRA
Es como si estos vanos
fueran puertas de salida para todos los caminos.

ACTO ÍNTIMO
Érase un joven poeta enamorado
que queriendo declararse a la mujer que amaba
escribió un poema lleno de sentimiento
y lo publicó en un libro.

EL CUBO DE AGUA
Esta sensación del ir viviendo
es como quien vierte un cubo con agua en una estación de montaña,
en un día de veinte grados bajo cero;
y de tanto frío el agua queda congelada en plena caída,
sólida y fija en el aire ante mis ojos inermes,
para los que nada más nacer
es ya parte del recuerdo.

UN HOMBRE ADMIRABLE
Era un hombre admirable
que prefirió morir siendo fiel a sus ideas.
A quien quería escucharle reconocía
que estaba equivocado.

ALT LIT
A lo largo de mi vida
he escrito poemas cortísimos
y también poemas larguísimos
que son igual de malos que los cortos
pero más largos.

THE BREAKFAST CLUB
De jóvenes siempre aspiramos
a ser tratados como adultos,
emulando esa forma de ver las cosas.
Pero ahora que voy viviendo
la madurez por dentro
y ando sintiendo y sintiendo
en lo poco que hablo con los jóvenes
creo que les costaría entenderme.

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07 Grandes poemas del Agúndez menor

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EL GIRASOL
Este es mi girasol
que se ha muerto
pero va a resucitar con el calor.
Mi planta resucita
no es como las personas.

LA CLASE
Si hay en clase catorce niños y quince niñas,
hay una suelta.
Hay una niña suelta en la clase
y no tendrá quien le dé la mano
para ir juntos de dos en dos de camino al aula.

LOS HEROES
Hay muchos héroes en esta camiseta.
Los héroes rescatan gatos
o ayudan a las señoras mayores a cruzar la calle.
Los héroes son bomberos.

LA OSCURIDAD
La habitación estaba oscura
y no te dabas cuenta
de que te miraba
con los ojos bien abiertos.

EL EXPERTO EN TODO
Los poemas pueden llevar rima o no llevarla.
Lo sé porque soy un experto en todo.

EL MANDO
Sé poner los dibujos animados y quitarlos.
Sé encender y apagar la televisión.
Sé todo lo que hay que saber del mando a distancia.

LAS CASAS DE LA CASA
En mi casa hay muchas casas.
Hay muchas arañas y otros bichitos
que tejen sus telarañas
así que tienen sus casas en mi casa.

EL CIGOÑINO
– PUES claro, eres de Cáceres.
Más que un niño, eres un cigoñino…

-Papá, pero si tengo ropa,
y en Cáceres hay gente,
¿no sabes cómo funciona el mundo o qué?

DIOS SANTO
A papá le ayudo con el inglés,
a mamá la ayudo con el español,
dios santo, con lo pequeño que soy
estoy enseñando a dos adultos.

LA MAMA BUENA
La mamá buena está ahí
cuando está ahí el niño bueno.
Si no está ahí el niño bueno,
la mamá buena tampoco.

MI PRIMERA METÁFORA
Voy a hacer un dibujo del otoño
y es un dibujo que haré con hojas,
porque las hojas son las manos de los árboles
y los palitos son sus brazos y sus piernas.

LA LENGUA SECRETA
-He inventado una lengua
para que nadie más me entienda.
Es una lengua secreta y nadie más la habla.
Se llama caligués
y es propia del país de Caliguera,
que solamente se habla en mi habitación.

-Pero entonces, si nadie más la habla,
para qué te sirve el caligués?
– No me has entendido,
el caligués sirve para muchas cosas,
pero es una lengua secreta.

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06 Pequeños poemas del Agúndez mayor

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a) REVOLUCIÓN EN LA INDIA
Mo.

b) EBOOK
Tener un hijo,
publicar un libro,
talar un árbol.

c) FANTASÍA
Si escribes sobre algo que no existe,
de repente existe

d) JARDINERÍA
Tras días de riego delicado,
tacto cuidadoso,
calculadas horas de sol
y protección del viento
va brotando tal vez la primera
de mis plantas.
Nacida del sosiego.
Como un poema.

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