Memoria de Cáceres
November 21, 2009
Sé que te impacienta llegar a tu destino
Tú que te imaginas encumbrada a música
Convertidas tus lágrimas en soplos de luz
Para las noches en vela y la bruma del campo.
Tú que vendrás señalada por la retama y la jara
Casi sabrás ya que ese lejano resplandor
Del que algunos días decido hablarte
Árbol de cables en pleno verano seco
Fue la casa de tu padre, hoy ciudad entera de amor
Que te espera en su dominio plantado en la nada.
Correrás a su encuentro de camino a la tarde
Por pasos enjutos y romos encinares
Tierras sin principio ni fin ni quien las narre
Salvo tú que por entonces abrirás los ojos
Efímera y silenciosa lucidez de la medianoche
Como si todas las cosas estuvieran quietas.
Estos son los lugares que te aguardan siempre,
los escudos y las torres, las cigüeñas y las piedras.
La marca roja de una mano anónima,
Una punta de flecha, un arco egregio todavía
Cuya herradura cruzarás ya bañada de sol.
Vamos. Esa es tu historia.
Está dispuesta a aceptarte y tomarte como suya:
Te dará coordenadas desde su memoria más íntima
Eterna y elegante como la estación del año
Instante originario sobre el que gravitará tu libertad.
(Luego de florecer, se deshará como la arena todo
Y podrás decir entonces yo por fin he nacido).
Mar de Kabul (F. Wajidi)
August 14, 2009
Vuelan pájaros ciegos bajo los mantos celestes
Atraviesan hilos que se retuercen de deseo
Y lo llenan todo de luces
Inundan el imán de sol sobre el cemento
Flotan como espuma de olas y rompen sin voz
Aquí, tan lejos del océano
Su pleamar se cose a sí misma como la música
Que no se recita y así no se corrompe
Por el tiempo. Pasa sólo fuera de ellas
Como un demonio furioso
Y las deja intactas mientras lo arrebata todo
Los muros ocres como de humana arena
Los huesos caníbales del palacio del shá
Rotos carros de bomba y el avión de combate
Cuánto voló hasta dar caza al alma robada
Y hoy sujeta pero ya para siempre fuera de sí
Camina y canta la niña de la mano
De alguien perdido como un espectro sellado
Que se dejó guardadas las esquinas vencidas
En cajas en sótanos de pura memoria
Para dejar su juventud en el deseo de otros
Arma que apunta como la curiosidad tensa
Lánzalo a volar, en tu ceguera
Averigua por qué cuencas secas navegan los ojos
Si se detienen en alerta
Las mecánicas medusas de su vapor de verano
Y a que corazón sus manos se dirigen
Para estudiar el amor
Hace tanto calor que no se pasa y
Que los pájaros vuelan como si fueran peces
Y como no tiene edad la tentación dura siempre
Por estos secos ríos invisibles de Kabul
Nadan bailes eternos que se remansan de camino al bazar
Y se susurran como gotas de lluvia para los montes sedientos
Oasis en los márgenes escritos que te leen de reojo
En ese risco subterráneo donde te bañabas de noche
Crees que comienza el desierto, pero con la alucinación del mar
Navegan los ojos, y las manos se dirigen
Hacia tu lugar de molusco y mañana y siempre
Y que la marea sigue y que bajo su impulso celeste
Si yo pudiera levantar el mar, al fin y al cabo
El pájaro hace tiempo que voló como los peces
No queda más que viento silencioso
Porque el silencioso aire de la nada
Va contra mi pecho entrecortado y nada más
Es el nombre que toma el infinito
Y contra mi inseguridad tuya el tiempo forja
otras coordenadas de marina estrella
Sin dejar heridas bajo los mantos celestes
De silencio medusa y mar
Todos tan lejos de los demás océanos
Y mi tentación que pregunta si le dejarás hablarte
Y te volverás de repente vieja dispuesta a morir
Consumir tu momento de aire y tu halo enamorado
Tan lejos, al fin y al cabo, de todo lo demás.
El rickshaw
September 18, 2008
Babytai, 16 años
Trayecto Nizamuddin-Sadar Bazar
Me escondí junto a la estación.
Un cuarto de paredes consumidas
sábanas con agujeros de colillas
y un cuenco de agua sobre la mesa.
Afuera, el tremendo ruido.
Los trenes, la gente, el tráfico.
Alguien gemía en la habitación de al lado.
Pensé: en los hombres rudos y sus acompañantes.
Sus saris de colores chillones
y sus largos labios.
En la recepción repetían: shhh.
Y tocaban una campanilla.
Pero no preguntan a nadie.
No preguntaron mi nombre.
Ellas apretaban los labios
para llenarlos de carmín.
Y sonreían al coger el dinero.
Pensé: huir era esto.
…
Ahora van a casarme.



















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