Cómo luchar contra el calor cuando el termómetro roza los 50

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Nueva Delhi, 14 jun 2007.- Ponerse media sandía en la cabeza, sacar los paraguas a la calle o echarse agua fría en el turbante para aclimatar la melena son algunas de las medidas de urgencia a las que han recurrido los indios para luchar estos días contra las inclemencias de la canícula.
Con temperaturas que durante la semana han superado incluso los 50 grados centígrados en los puntos más calientes del país, los indios han tenido que realizar un ejercicio de estoicismo para soportar la ira del sol y los frecuentes cortes de energía que paralizan los ventiladores.
“Hemos tenido las mejores ventas de la historia, pero no sólo por la ola de calor, sino porque cada vez la gente tiene más dinero”, dijo a Efe Karamjeet Singh, un vendedor de aparatos de aire acondicionado en la capital.
La crisis energética que sufre la India no es un obstáculo para que las familias más pudientes recurran al uso masivo de aparatos para combatir el calor, hasta que llega un corte del suministro eléctrico y entonces todos, ricos y pobres, quedan igual de expuestos al verano.
En Nueva Delhi, donde los apartamentos más caros son las plantas bajas -más oscuras y protegidas-, la mayoría de los ciudadanos tienen que recurrir a las clásicos consejos de beber mucha agua, consumir alimentos fríos, quedarse en casa y evitar el sol y los grandes esfuerzos.
Pero entre aquellos que de todos modos tienen que trabajar o vivir a la intemperie, la canícula ha traído imágenes impagables, como un par de vendedores ambulantes usando media sandía como sombrero, un paisano dándose un chapuzón con su elefante o mujeres que sacan los paraguas a la calle contra la lluvia de luz.
El paraguas es un buen aliado de las amas de casa: protege la cabeza del sol, pero sirve también para ayudar a que la piel no se oscurezca, en un país donde los tonos pálidos son tan valorados que muchos mencionan su color claro en los anuncios matrimoniales como aliciente para una futura pareja.
“No tengo calor. Echo agua bien fría dentro del turbante antes de salir a la calle y así me refrigero”, comenta a Efe un melenudo estudiante de religión sij, cuyos devotos no pueden cortarse el pelo en toda su vida.
De hecho, la actividad de las calles de Nueva Delhi muestra bien a las claras que el ciudadano indio convive con tanta naturalidad con el calor que muchos ni siquiera renuncian a vestir bluyines apretados o pantalones de pana, eso sí, con una buena dosis de desodorante contra el sudor.
“A veces parece que la gente no suda, pero es porque muchos están a la intemperie todo el día; están acostumbrados”, dice a Efe un oficinista de la capital.
Pese a la impresión de que todo sigue su marcha, el más reciente latigazo de la canícula, con máximas de 45 grados centígrados en Nueva Delhi y de más de 50 en Rajastán, ha dejado cientos de personas ingresadas por desvanecimientos y virus y más de doscientos muertos, entre ellos siete presos de un penal capitalino que fallecieron por deshidratación.
Con un clima semiárido, en el aire de Nueva Delhi, conocido como “loo”, flotan cantidades ingentes de partículas de polvo que impiden bajadas significativas de la temperatura por la noche: por eso los perros, buscando evitar el asfalto ardiente, se acuestan sobre la carrocería de los automóviles.
Mientras cientos de niños desafían con sus chapuzones la contaminación del río Yamuna y los pobres comen casi exclusivamente un barato pan con cebolla para mantenerse frescos, los delhíes se encomiendan ya a la llegada del monzón, previsto en la capital para el próximo día 29.
Durante la estación lluviosa, que entra primero por el sur del país y avanza luego poco a poco hacia el norte, la India se llena de humedad -e inundaciones- y los paraguas continuarán en las calles, con el mismo calor, pero mojados.

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