Sonia Gandhi
February 21, 2009
Nacida en Lusiana, Italia, el 9 de noviembre de 1946, Edvige Antonia Albina Maino –más conocida como Sonia Gandhi- es la presidenta del Partido indio del Congreso y la viuda del ex primer ministro indio Rajiv Gandhi. Es además la presidenta de la coalición Alianza Progresista Unida, que gobierna el país.
De su influencia en la política india da idea el hecho de que fue nombrada la tercera mujer más poderosa del mundo por la revista Forbes en el año 2004, y la sexta en el año 2007. La revista Time la situó entre las 100 personas más influyentes del mundo en los años 2007 y 2008.
Por una cuestión de incompatibilidades tuvo que abandonar su membresía en el parlamento, pero en el año 2007 logró retornar tras vencer en unas elecciones parciales en su distrito Rae Bareilly, por un margen de 400.000 votos.
Orígenes. En 1964, Sonia acudió a estudiar inglés en la escuela de idiomas Bell Educational Trust en la ciudad de Cambridge. Durante su estancia en este curso conoció a Rajiv Gandhi, quien estudiaba en el Trinity College de la famosa universidad de la ciudad. Sonia y Rajiv se casaron en 1968, tras lo cual Sonia se mudó a la casa de su suegra y por entonces primera ministra india, Indira Gandhi.
La pareja tuvo dos hijos, Raúl Gandhi (1970) y Priyanka Gandhi (1972). A pesar de influir en la familia Nehru, Sonia y Rajiv evitaron toda implicación en la política. Rajiv trabajó como piloto de aerolíneas mientras Sonia cuidaba de la familia. Cuando Indira perdió el poder en 1977 tras el estado de excepción, la familia Rajiv salió al extranjero por un corto período. Cuando Rajiv entró en política, en 1982, tras la muerte de su hermano Sanjay en un accidente de aviación, Sonia continuó centrada en su familia y evitó todo contacto con el público. Obtuvo la ciudadanía india en 1983, tras 14 años de matrimonio.
Carrera política. La implicación de Sonia Gandhi en la vida pública comenzó con el asesinato de su suegra y la elección de su marido como primer ministro. Como cónyuge del mandatario, participó como anfitriona en actos oficiales y le acompañó en varias visitas oficiales al extranjero. En 1984, hizo campaña activa contra su cuñada, Maneka Gandhi, quien se presentó en el mismo distrito que Rajiv, Amethi. Al final de los cinco años de Rajiv Gandhi en el poder, se destapó el escándalo Bofors. Octavio Quattrocchi, un empresario italiano supuestamente implicado, tenía acceso a la residencia oficial en virtud de su amistad con Sonia Gandhi.
Presidenta del Congreso. Tras la muerte de su marido y su rechazo a ser presidenta del partido, el Congreso optó por P. V. Narasimha Rao, quien se convirtió en el líder de la formación y primer ministro. En los años siguientes, el partido se deterioró hasta el punto de que perdió las elecciones de 1996. Varios líderes veteranos, como Madhavrao Scindia, Rajes Pilot, Mamata Banerjee, G.K. Moopanar, P. Chidambaram o Jayanthi Natarajan se rebelaron contra el presidente del partido en el momento, Sitaram Kesri, y abandonaron la formación.
En un esfuerzo por revivir el partido, Sonia Gandhi se unió a la formación en la sesión plenaria de Calcuta en 1997, y se convirtió en líder en 1998. El proceso sólo duró 62 días. Acudió a las elecciones por dos distritos a la vez (una práctica común), Bellary y Amethi, y ganó los dos. En el año 2004, fue elegida por su distrito actual, Rae Bareilly, en el norte del país.
Líder de la oposición. Sonia Gandhi se convirtió en la líder de la oposición en el año 1999. A pesar de que su partido no tenía una mayoría, reivindicó ante el presidente que tenía apoyo suficiente para formar el Gobierno. Pero se quedó corta de la cifra mágica de 272, así que el partido radical hindú Bharatiya Janata Party se aupó al poder liderado por Atal Behari Vajpayee y Sonia quedó como jefa de la oposición. En 2003, presentó una moción de censura. Sonia tiene el récord de haber servido diez años consecutivos como presidenta del Congreso.
2004 y después. En las elecciones generales de 2004, Gandhi lanzó una campaña nacional centrada en el eslógan aam aadmi (hombre común), que contrastaba con la “India brillante” propugnada por la alianza del BJP en el poder. Contrarrestó el eslogan de sus rivales diciendo “¿Para quién brilla la India?”. En las elecciones, ganó por un amplio margen en Rae Bareilly. Su victoria hizo prever que se convertiría en primera ministra. El 16 de mayo fue elegida por unanimidad para liderar una coalición gubernamental de 15 partidos con apoyo de los comunistas, que fue denominada la Alianza Progresiva Unida.
Tras el resultado electoral, el derrotado BJP protestó de nuevo por su “origen extranjero” y la líder Sushma Swaraj amenazó con afeitarse y “dormir en el suelo”, entre otras cosas, si Gandhi se convertía en primera ministra. La oposición también aseguró que había razones legales que le impedían ser primera ministra e incluso formar parte del Parlamento. Apuntaban, en particular, al apartado 5 de la Ley de Ciudadanía de 1955, que según ellos implicaba reciprocidad. Los casos fueron desestimados por el Tribunal Supremo.
Pocos días después de las elecciones, Sonia Gandhi renunció al liderazgo del grupo parlamentario de la Cámara Baja y rechazó así la posibilidad de ser primera ministra. Sus seguidores y algunos medios indios compararon esto con la vieja tradición india de la renuncia, mientras que sus oponentes lo calificaron como una treta. Si hubiera aceptado el puesto, habría sido la primera vez que un católico romano ocupaba el cargo.
También hubo informaciones sugiriendo que si Sonia Gandhi ocupaba el puesto de primera ministra, en caso de guerra o excepción el general del Ejército podía usar su derecho de rechazar sus órdenes, por no ser una persona de origen indio. Sin embargo, según la sección 7 de la Ley Parlamentaria india de 1953, más tarde quedó claro que esas informaciones eran falsas. El origen indio no habría causado diferencias en el desempeño de sus poderes bajo la Constitución india.
Durante su presidencia, el Partido del Congreso tuvo un balance mixto de derrotas y victorias en las distintas elecciones regionales.
Presidenta de la Alianza Progresiva Unida. El 18 de mayo, Gandhi recomendó a Manmohan Singh como candidato para el puesto de primer ministro. El 23 de marzo de 2006, Gandhi anunció su dimisión como diputada y como presidenta del consejo nacional por incompatibilidad de cargos. Pero fue reelegida en su distrito de Rae Bareilly en mayo de 2006 por un margen de más de 400.000 votos.
Gandhi es una de las impulsoras de un plan de empleo rural y de la ley de derecho a la Información. En octubre de 2007 intervino ante Naciones Unidas en el aniversario del nacimiento del Mahatma Gandhi, que es seguido como el Día de la No violencia.
Críticas. El hecho de no ser india ha levantado varias polvaredas. Aunque Sonia Gandhi es de hecho la quinta persona nacida en el extranjero que lidera el Partido del Congreso, es la primera que lo hace tras la independencia del país, obtenida en el año 1947.
A comienzos de su etapa en el poder, también hubo críticas procedentes del Partido del Congreso. En mayo de 1999, tres líderes del partido (Sharad Pawar, Purno A. Sangra y Tariq Anwar) se opusieron a su derecho a intentar se primera ministra por su origen extranjero. En respuesta, ofreció renunciar al liderazgo del partido, lo que causó una ola de apoyo y la expulsión de los rebeldes, que formaron el Partido del Congreso Nacionalista.
Organizaciones fundamentalistas hindúes han alegado recientemente que Gandhi tiene relación con la organización integrista católica Opus Dei y los servicios secretos rusos. La reivindicación carece de evidencia y no se considera suficientemente creíble como para ser publicada por los medios. Las acusaciones parecen ser una reacción de las organizaciones hindúes ante la posibilidad de que ellas mismas planearan los atentados con bomba de Malegaon.
Vida personal. Su hijo Rahul fue elegido al Parlamento por el distrito de Amethi en el año 2004. Priyanka no se ha presentado, pero ha trabajado como gestora de campaña del partido. Ha habido especulaciones considerables sobre su futuro en el partido. Sonia y sus hijos tienen malas relaciones con Maneka Gandhi, la viuda del hermano de Rajiv, y de su hijo Varun, ambos miembros del opositor BJP.
Dos reyes en Lanka
February 13, 2009
El poema histórico “Mahavamsa”, un recuento de ocho siglos sobre los reyes de Sri Lanka, recoge el combate legendario que el rey cingalés Dutugamunu sostuvo contra un rey tamil usurpador, Elara, que se había apoderado del norte tras invadir la isla desde la India con sus tropas. En plena batalla, Dutugamunu se plantó ante su enemigo y los dos se enfrentaron a lomos de sus elefantes, hasta que el cingalés hirió mortalmente con un dardo a Elara, más viejo y menos ágil.
“El agua del tanque se tintó de rojo con la sangre de los muertos”, clama el poema sobre la batalla. De aquella historia han pasado más de 2.100 años, pero Dutugamunu es hoy uno de los personajes más queridos por los elementos nacionalistas de la mayoría cingalesa, que domina el estado en la isla del Índico. En Sri Lanka sigue corriendo sangre. Y no es un secreto que su presidente, Mahinda Rajapaksa, sueña con emular al mítico Dutugamunu, en vista de la ofensiva militar que ha puesto de rodillas en el norte a la guerrilla tamil.
“Si no hubiera civiles ahí dentro, no tardaríamos ni un día en destruirla”, responde al otro lado del hilo telefónico el portavoz del Ejército de Sri Lanka, Udaya Nanayakkara. En el último año y medio, las tropas han conquistado un territorio mayor que la provincia de Sevilla –unos 14.800 kilómetros cuadrados- y han arrinconado a los Tigres tamiles (LTTE) en una esquina selvática en el noreste de Sri Lanka.
Pero su ofensiva exitosa –apoyada en una abrumadora superioridad armamentística y un Ejército 15 veces más numeroso que la guerrilla- se enfrenta ahora a la barrera humanitaria que las organizaciones de ayuda y varias potencias recuerdan al Gobierno: dice la ONU que en los últimos bastiones guerrilleros hay unos 250.000 civiles atrapados e indefensos ante los bombardeos de la aviación gubernamental, los combates incesantes y las supuestas presiones –y disparos- de la guerrilla para que no huyan de las últimas áreas bajo su control.
“No nos podemos dar un plazo, porque tenemos que minimizar el daño causado a los civiles”, comenta Nanayakkara. Esa es también la versión oficial del Gobierno ceilanés, aunque hasta ahora el factor civil no ha detenido anteriores avances. Y las versiones independientes son muy poco amables: el portavoz de la ONU en el país, Gordon Weiss, acusó la semana pasada al Ejército de una masacre con 52 muertos civiles. Razón por la que los halcones del Gobierno piden la evacuación de los cooperantes extranjeros: los testigos corren riesgos porque suponen un riesgo.
“Tenemos unos 20 trabajadores en el terreno, pero no puedo precisar dónde se encuentran. Algunos están con los pacientes, otros han sido desplazados. Estamos preocupados por la higiene, los refugios, las medicinas. Desde finales de enero no ha sido posible llevar ayuda humanitaria a las áreas de guerra”, cuenta la portavoz de la Cruz Roja, Sarasi Wijeratne. Su organización es la única autorizada por los contendientes para operar.
La antipatía de ambos bandos por las versiones independientes cristaliza en las difíciles condiciones de trabajo que afronta la Cruz Roja en sus tareas de asistencia a los civiles o la prohibición de que los reporteros accedan a los campos de batalla. En el ambiente pesan también las amenazas y asesinatos contra periodistas, como el sonado caso del editor Lasantha Wickramatunga. Crítico con el Gobierno y sabedor del peligro que corría, Wickramatunga, tiroteado de camino al trabajo el 8 de enero, dejó preparado un demoledor artículo para que fuera publicado a su muerte:
Otros caminaron –dejó escrito en referencia al presidente, Mahinda Rajapakasa- en la sombra de la muerte que tu presidencia ha supuesto para la libertad por la que una vez luchaste duramente. Nunca podrás olvidar que mi muerte sucedió ante tus ojos. Tan angustiado como sé que estarás, también sé que no tendrás más elección que la de perdonar a mis asesinos”.
“No es más que otro asesinato”, dijo luego a la BBC el secretario de Defensa, Gotabhaya Rajapaksa (hermano de sangre del presidente). Él mismo, considerado uno de los más duros defensores de la solución final contra la guerrilla, fue objeto de un intento de asesinato por parte del LTTE. Como también lo fue el actual jefe del Estado mayor ceilanés, Sarath Fonseka, que dirige las operaciones del Ejército.
La ofensiva de Fonseka y el clan Rajapaksa ha tenido hasta ahora un éxito indiscutible: el LTTE ha pasado de controlar amplias franjas costeras del este y el norte –donde los tamiles tienen mayor presencia- a quedar arrinconado en un espacio de 140 kilómetros cuadrados en las áreas selváticas de Mullaitivu, el feudo histórico al que siempre se ha replegado cuando las cosas contra el Ejército se ponían feas.
Pero la situación pinta mal para la guerrilla, peor que otras veces: según el Ejército, el LTTE apenas cuenta con 600 guerrilleros “en disposición de lucha directa”, que se encuentran rodeados por unos 50.000 soldados que cubren todos los flancos. Hasta se especula con la posible huida vía marítima de su líder supremo, Velupillai Prabhakaran, mientras sus antiguos escondites caen uno tras otro en manos de las tropas.
Los Tigres tamiles son conscientes de su obvia inferioridad militar, así que su estrategia hasta el momento se ha basado en resistirse lo más posible al avance de las tropas y replegarse llevándose consigo a los civiles cuando sus posiciones eran insostenibles. Siguiendo esta técnica –limitando sus bajas, dicen-, han perdido hasta ahora sus feudos principales: su capital de facto, Kilinochchi, el estratégico Paso del Elefante y la ciudad de Mullaitivu.
La estrategia cuenta con el apoyo de una de sus alas más experimentadas: la división de propaganda, experta en comunicación y contra-información desde portales como Tamilnet, en inglés, o Puthinam, en tamil, con los que intenta atraer la atención de la diáspora y de la comunidad internacional para lograr un alto el fuego o una mediación. Estos días, los medios tamiles se recrean en ataques contra hospitales, disparos contra civiles y, en resumen, la palabra “genocidio”.
En esta hermosa isla que cuelga de la India en los mapas y en los despachos, la acusación levanta viejos fantasmas en la memoria de la comunidad tamil. Componen el 18 por ciento de la población, es decir, unos dos millones de personas (no hay censos fiables) pero han visto cómo desde la independencia el estado era levantado por la mayoría cingalesa siguiendo criterios exclusivistas y hasta discriminatorios. Un ejemplo muy citado es la declaración del cingalés como única lengua oficial.
Por eso la guerrilla apuntala sus mensajes con referencias a la discriminación, al genocidio. Y sin embargo, aparte de que no existe comprobación independiente de sus reivindicaciones, una posible mediación de la comunidad internacional o un alto el fuego se antojan difíciles. Principalmente porque el Gobierno de Sri Lanka siente demasiado cercana la victoria militar como para aceptar una zanahoria diferente, pero también porque la India, la principal potencia regional, se frota las manos con la posibilidad de obtener la cabeza de Prabhakaran, el responsable del asesinato del ex primer ministro Rajiv Gandhi.
Pero la presión sobre el Gobierno aumenta. La India, que proporciona un callado suministro armamentístico a la isla, no puede permitirse apoyar demasiado abiertamente a Rajapaksa porque con ello se ganaría la furia de su propia población tamil, 66 millones de personas que comparten cultura y costumbres con sus “hermanos” del norte de Sri Lanka. Y Estados Unidos, la Unión Europea Japón y Noruega han pedido una tregua momentánea para permitir la huida de los civiles atrapados. Rajapaksa recibió incluso una llamada del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, quien le pidió parar los combates unas horas. “Gracias por su interés, señor, pero no es posible”, respondió Rajapaksa.
En el cálculo gubernamental, los ataúdes de soldados que llegan cada mes a Colombo, la crisis humanitaria o la posible regañina internacional son un precio que vale la pena pagar: por primera vez en varias décadas, Rajapaksa ha conseguido convencer a la población de que es posible barrer militarmente a la guerrilla, que a sus 25 años de existencia es una de las organizaciones más sangrientas del mundo y ha mantenido al país partido en dos con su violento desafío.
Desde el inicio de la guerra en 1983 han muerto casi 100.000 personas, según contaba por teléfono el ministro de Minorías, Dev Gunasekara, entre brotes esporádicos de violencia étnica, en acciones militares o en atentados de la división de suicidas de la guerrilla, los Tigres Negros, que se fotografían con su líder supremo antes de acudir a la muerte cierta y arrastrar con ellos a quien se ponga por delante.
Los guerrilleros tamiles gustan de cultivar la mística de la revolución: su símbolo es un tigre rugiente y van uniformados como si ellos mismos lo fueran. Con el uniforme, reciben una pastilla de cianuro que deben ingerir en caso de ser capturados.Cuentan -o contaban- con una fuerza aérea (un par de avionetas de fabricación checa) y una Armada.Hasta esta ofensiva del Ejército, habían montado un mini estado de facto con hospitales, policía, tribunales y aduanas propias.
Y a la vez, mantenían la disciplina entre sus filas con mano de hierro y alimentaban la fidelidad con una llamativa atención por la mercadotecnia (hasta venden canciones patrióticas por internet), gracias en parte a los fondos reunidos con aportaciones de la poderosa diáspora tamil en el extranjero, donde desarrollaron una poderosa red clientelar con conexiones que van desde París a Toronto y que fue golpeada con fuerza a partir del 11-S en Nueva York.
El propio Prabhakaran ha mostrado desde siempre un desprecio ofensivo contra los derechos humanos. Militante desde el origen de la guerrilla, ha cometido él mismo varios asesinatos, ha ordenado otros, como el mencionado de Rajiv Gandhi- y es buscado por la Interpol por múltiples cargos. De su sequedad da idea la orden de expulsión de 80.000 musulmanes residentes en las áreas tamiles, a quienes dio un plazo (cumplido) de 24 horas. Se marcharon con lo puesto.
En su despiadada carrera para obtener la independencia de la minoría tamil y erigirse en voz única de la etnia en Sri Lanka, Prabhakaran no ha dudado en eliminar a sus adversarios políticos –cercanos o lejanos-, usar niños soldado, y en recurrir a los atentados suicidas o los tiros en la nuca para terminar con cualquier disidencia o amenaza.
Así que Capturar al líder tamil traería el mejor titular para coronar la ofensiva militar de Rajapaksa. Sería un golpe definitivo, la derrota total y simbólica que un violento Dutugamunu asesta a un Elara despojado de su antigua justicia. Pero cuando el rey cingalés le clave el dardo final a la guerrilla, llegará el verdadero desafío: hacer que los tamiles se sientan cómodos en Sri Lanka.
Y no es fácil. Para el día después, el Gobierno prepara ya varios campos de detención para acoger a los refugiados tamiles, similares a otros en los que languidecen los musulmanes. En el ámbito tamil, el LTTE ha dominado la vida política hasta tal punto que su desarticulación militar dejará probablemente un vacío peligroso para la comunidad, que quedará desorganizada. Para los tamiles, el desafío estribará en construir un movimiento político alejado de la violencia.
Dicho de otro modo: dependerán de su propia capacidad para adaptarse al día después, pero también de las hasta ahora inexistentes compasión y la magnanimidad de Rajapaksa, cuando deje de correr la sangre.
Por si al presidente le faltara voluntad, la historia ofrece pistas: pese a su derrota, el invasor rey Elara pasó a la historia como un rey justo y respetado, que logró garantizar la convivencia entre sus súbditos con independencia de su etnia. Tras vencerlo en el campo de batalla, el propio Dutugamunu se arrepintió de su acción y ordenó cremar al rey caído con honores. La pena fue tanta que ordenó construir un túmulo. “Nunca conoció la alegría, recordando la destrucción tanto de sus enemigos como de sus propios soldados”, dice el “Mahavamsa”. Veamos.
Calcuta enloquece con la llegada de Diego Armando Maradona
February 4, 2009
Nueva Delhi, 6 dic 2008.- Miles de linternas y velas dieron esta madrugada en la ciudad india de Calcuta (este) la bienvenida al astro del fútbol Diego Armando Maradona, que se paseó por las calles de la ciudad ante más de 50.000 personas en un ambiente de carnaval.
El seleccionador argentino aterrizó a la 01.25 hora local (19.55 GMT de ayer) en el aeropuerto internacional Netaji Subhas Chandra Bose de Calcuta acompañado de su novia Verónica, en un viaje de dos días.
“Le hemos invitado porque es una leyenda viva del fútbol. Viene para inaugurar una escuela de fútbol y un complejo deportivo que llevará su nombre”, dijo a Efe el diputado Samik Lahiri, que ha gestionado su viaje.
Más de 50.000 personas -algunas de ellas, voluntarios- se congregaron ya de noche en las calles de la capital bengalí y muchas más siguieron la llegada del ex futbolista desde sus casas, que fue retransmitida en directo por los canales locales de televisión.
Nada más aterrizar, Maradona recibió un ramo de flores por parte del ministro de Deportes, Subhas Chakraborty, y se subió en un “minibús” especial de grandes ventanas para que los aficionados al fútbol pudieran tener al menos una visión fugaz de su ídolo.
Entre el público había personas vestidas con la zamarra argentina, mientras que otros llevaban pósters y carteles con frases de bienvenida en inglés, hindi, bengalí y español.
Los seguidores llegaron a correr junto al autobús “armados” con banderas de la India y de Argentina, mientras que hubo quien se marcó unos bailes al son de la música latina entre sonoros gritos de “Diego, Diego” dedicados a la leyenda del fútbol.
Maradona tiene previsto pasar dos días en la ciudad para poner la piedra inaugural de una academia futbolística, visitar el centro de las Misioneras de la Caridad y asistir a una cena solidaria.
Tocado por la emotividad de la agradecida afición calcutí, Maradona llegó a levantarse de su asiento para saludar a los congregados, que intentaban arrimarse al astro más de tres décadas después de la visita de otro gran genio, Pelé.
Los medios indios han caído rendidos ya ante el “glamour maradoniano” y han saludado la llegada del “príncipe del fútbol”, que ha logrado reunir en las calles a niños, jóvenes, aficionados y hasta futboleras amas de casa enfundadas en sus tradicionales saris.
Aunque sin el esplendor de antaño, Calcuta sigue siendo la capital futbolística de la India, un país donde el críquet monopoliza la atención deportiva de la afición.
“He estado esperando más de una hora. Soy una gran fanática de Maradona”, dijo a IANS la ama de casa Ratna Sen, que había viajado 25 kilómetros para ser testigo de la llegada de Maradona.
“Maradona es nuestro dios. Hasta ahora, sólo habíamos escuchado hablar de él. Sólo con verle en persona ya estamos bendecidos”, dijo a la agencia india PTI otro aficionado, adaptando al entrenador argentino la tradición hindú del “darshan” (bendición por contacto visual).
Varios distritos de la región, Bengala Occidental, han organizado pequeñas excursiones hacia Calcuta, por donde circulan hasta balones albicelestes, los colores de la selección argentina, y figuritas de cerámica que representan al futbolista.
“Maradona es un fenómeno. Esta es una gran ocasión. Es la pura pasión por el fútbol la que ha atraído a tanta gente a las carreteras”, dijo el ex futbolista indio Prasun Banerjee, entre la multitud.
Más de 5.000 policías, incluida la Fuerza de Acción Rápida y los comandos, estaban desplegados a lo largo de la ruta del convoy de Maradona, en previsión de cualquier incidente inesperado.
Que se sepa, su única intervención tuvo lugar en las cercanías del aeropuerto, donde el personal de seguridad tuvo que actuar contra dos jóvenes que se subían a las farolas para colgar banderas argentinas.
La Conferencia Nacional se impone en los comicios de Cachemira
February 4, 2009
Nueva Delhi, 28 dic (EFE).- La nacionalista Conferencia Nacional de Cachemira se ha hecho con la victoria en los comicios regionales, cuyos resultados fueron conocidos hoy, aunque se quedó lejos de la mayoría absoluta y necesitará el apoyo de otras fuerzas.
“No tenemos dudas de que seremos el mayor partido, pero tenemos que ver lo cerca que nos quedamos de la barrera mágica de la mayoría absoluta”, declaró esta semana en entrevista a Efe el candidato y presidente del partido, Omar Abdullah.
Abdullah acertó en su predicción: la Conferencia Nacional ha obtenido 28 escaños, seguido del nacionalista Partido Democrático Popular, con 21, el panindio Partido del Congreso (17) y los radicales hindúes del Bharatiya Janata Party, que dan un salto hasta los 11 escaños.
Con la mayoría absoluta situada en 45 escaños, la única posibilidad para el partido vencedor, que mantiene su resultado de 2002, es pactar con alguna de las otras fuerzas, entre las cuales el Partido del Congreso parece la mejor situada.
“Hablaremos formalmente con ellos mañana para formar una alianza y mañana llegaremos al poder en la región”, dijo ya hoy a la prensa Abdullah tras conocer los resultados.
La pasada legislatura, en manos de una alianza compuesta por el Congreso y el Partido Democrático Popular, terminó de forma turbulenta este verano por la crisis del templo de Amarnath, que desembocó en disturbios protagonizados por hindúes y musulmanes.
El Gobierno decidió conceder tierras a un organismo encargado de las peregrinaciones al templo hindú, lo que desató protestas entre los musulmanes, una posterior revocación de la decisión, y subsiguientes manifestaciones entre los hindúes de Jammu.
Esta polarización es la razón que los analistas citan para explicar el espectacular resultado alcanzado por los radicales hindúes del Bharatiya Janata Party, que pasan a tener 11 diputados, frente al único escaño ganado en el año 2002.
Su ascenso -exclusivamente en el área hindú- pone de manifiesto la existencia de un “voto comunal” (en función de la religión) y las diferencias que existen entre el valle de Cachemira, musulmán y bastión del independentismo, y las sureñas zonas hindúes, de Jammu.
“Tenemos razones para estar contentos con los resultados de Jammu y Cachemira. Lo hemos hecho muy bien en Jammu y hemos tenido nuestro mejor resultado. Desempeñaremos un rol de oposición nacional en la Asamblea”, dijo el dirigente Arun Jaitley a la agencia india PTI.
Los comicios de 2008 han sido los menos violentos de las últimas dos décadas en esta región del norte de la India cuya soberanía también reivindica Pakistán, y contaron además con una participación del 61,5 por ciento, casi 20 puntos más que en 2002.
Los separatistas de la Conferencia Hurriyat habían instado al boicot de las elecciones, pero el seguimiento de su llamada quedó limitado a la capital cachemir, Srinagar, donde sólo un 20 por ciento del electorado ejerció su voto.
Aunque Hurriyat ha reconocido que los resultados deben servir para reflexionar, sus líderes denunciaron al mismo tiempo irregularidades: casos, principalmente, de votantes falsos y de votos forzados por las fuerzas de seguridad en las áreas rurales.
La India estima en 800 los insurgentes que continúan activos en la región, escenario de varias guerras y objeto de disputa y reparto con Pakistán tras la independencia y partición del subcontinente, en el año 1947.
Sin embargo, en el territorio cachemir hay desplegados cientos de miles de soldados y las autoridades recurren con contundencia a frecuentes toques de queda para controlar las llamadas a la huelga y las protestas de los independentistas.
En una línea moderada, la Conferencia Nacional defiende una mayor autonomía para la región “en las dos partes de la frontera”.
“La India y Pakistán serían sólo responsables de tres o cuatro cosas: moneda, comunicaciones, defensa y relaciones exteriores. Se dice que las fronteras no pueden ser rediseñadas, pero al menos podemos convertirlas en irrelevantes”, dijo a Efe Abdullah.
Los propios partidos nacionalistas habían desligado los comicios de la lucha por la independencia, y se habían centrado en las propuestas de desarrollo -mejores carreteras, más escuelas- tras dos décadas de conflicto en esta región de diez millones de habitantes.
Cachemira, la vida bajo el toque de queda
February 4, 2009
Srinagar (India), 27 dic 2008.- Volver a casa antes del anochecer, evitar el contacto con los paramilitares y hacer acopio de productos de primera necesidad son algunas de las normas informales empleadas por los cachemires para hacer frente a los constantes toques de queda.
“Si a las seis y media no estoy en casa, mi familia vive un auténtico drama. Su primer pensamiento es que haya tenido algún problema con los soldados, así que se ponen a llamar como locos”, cuenta a Efe Altaf, un economista de Srinagar.
En el corazón de Cachemira, la capital de verano es escenario corriente de los toques de queda, decretados por las autoridades para hacer frente a los llamamientos a la huelga -”hartaal”- de los separatistas de la Conferencia Hurriyat.
En días de protestas o de restricción de movimientos, las tiendas, bancos o escuelas echan el candado y los ciudadanos no se alejan de casa, así que la ciudad ofrece un aspecto desolador, sólo alterado por la masiva presencia de miles de paramilitares.
“Hay que devolver a los soldados a los cuarteles. La insurgencia ha bajado mucho y, sin embargo, el número de soldados sigue siendo el mismo. No hay equilibrio”, se queja en entrevista a Efe la presidenta del Partido Democrático Popular, Mehbooba Mufti.
Según datos de la Cámara de Comercio, el valle de Cachemira ha vivido en los últimos seis meses cien días de toques de queda oficiales u oficiosos, lo que supone unas pérdidas diarias de 14 millones de dólares.
El centro de Srinagar suele ser además escenario de manifestaciones convocadas por la separatista Conferencia Hurriyat, que pidió a sus seguidores el boicot de las elecciones regionales recién concluidas.
“Es que en Cachemira -explica un dependiente- hay cientos de miles de soldados. Es fácil de entender: sales a la calle y lo primero que ves es un rifle. No es muy agradable”.
Sin embargo, los cachemires han terminado por acostumbrarse a los toques de queda, como lo demuestran los diarios partidos de críquet que disputan los niños, indiferentes a la presencia de los soldados que descansan a sólo unos metros.
Desde el año 1989, decenas de miles de personas han muerto o desaparecido víctimas de la violencia insurgente o de los expeditivos métodos empleados por las fuerzas de seguridad.
“Sirva este mes como ejemplo -relata Mufti-. Ha habido un caso de violación, una chica de 16 años a manos de un soldado. Y en otro pueblo un hombre trató de defender a su hija de los paramilitares, y a los dos días apareció muerto. ¿Cómo aceptarlo?”.
La cultura popular cachemir está llena de historias siniestras respecto a cuerpos como el Séptimo Batallón o las Fuerzas Especiales, acusados de múltiples violaciones de los derechos humanos por parte de los activistas de Srinagar.
En su defensa, sin embargo, las autoridades indias mencionan la necesidad de combatir a los distintos grupos insurgentes que operan en suelo cachemir y que en su desafío violento contra el Estado no han dudado en atacar a la población civil.
Escenario de varias guerras, Cachemira es un territorio que se disputan y reparten tres potencias nucleares -la India, Pakistán y China- a raíz de la independencia y partición del subcontinente indio, en el año 1947.
Y además, su suelo ha sido pasto de una violenta rebelión insurgente desde el año 1989, tras un proceso electoral fraudulento que llevó a los separatistas a empuñar las armas contra la India, con el apoyo tácito de Pakistán.
En los últimos años, la violencia insurgente ha decrecido -quedan, según la India, 800 rebeldes-, pero los cachemires siguen usando la protesta callejera como vía para reivindicar la independencia y mostrar su enfado por la falta de oportunidades.
“Aquí, todos dicen luchar en nuestro nombre, pero nadie se preocupa por nosotros. Llevamos veinte años pagando el desinterés de unos y de otros, y todavía esperan que votemos”, se lamenta un camarero en un hotel, tras asegurarse de que nadie más le escucha.
Hoy no hay toque de queda, así que podrá volver a casa.
Los hoteles-barco del lago Dal luchan por recuperar el turismo perdido
February 4, 2009
Srinagar (India), 26 dic 2008.- Dicen de ella que es el paraíso en la tierra, y sin embargo los languidecientes hoteles-barco del turístico lago Dal, en el corazón de la Cachemira india, son la mejor estampa de los veinte años de conflicto en la región.
Situado en Srinagar -la capital cachemir en los meses cálidos-, en pleno lago Dal hay 900 casas barco a las que se llega en una embarcación conocida como “shikara”, una especie de góndola que navega por las tranquilas aguas -demasiado en paz.
“Siendo optimistas, la tasa de ocupación actual rondará el 20 por ciento. Parecía que este año la campaña sería muy buena. La verdad es que las protestas de los últimos meses nos han afectado”, cuenta a Efe uno de los propietarios, Altaf Dongola.
Su casa barco, en el interior del lago, está decorada con gusto pero anda vacía de clientes, debido según Dongola a la inestabilidad que ha sufrido en los últimos meses la capital cachemir, uno de los lugares donde es más potente el independentismo.
Tras una primera mitad de año esperanzadora, el verano cachemir fue escenario de disturbios entre hindúes y musulmanes, a cuenta de una cesión gubernamental de terrenos a la organización encargada de gestionar las peregrinaciones del templo hindú de Amarnath.
Los choques, que causaron 40 muertos, dieron paso a la precampaña electoral, boicoteada por los separatistas de la Conferencia Hurriyat y marcada por huelgas y toques de queda de las fuerzas de seguridad, que se cuentan por cientos de miles.
“Esperábamos recibir un gran número de turistas y así fue hasta junio, pero los disturbios y las elecciones han reducido las llegadas virtualmente a cero”, reconoció por teléfono el director del turismo regional, Faruq Shah.
Según sus datos, el conjunto de la región ha registrado 1,1 millones de llegadas este año, lo que casi duplica las 600.000 del año anterior, aunque sólo 50.000 de ellas proceden del extranjero.
“La gente escucha noticias del conflicto cachemir y siente miedo de venir. Pero aquí está ahora todo muy tranquilo, nada que ver con la peor fase de la insurgencia, en la década de 1990″, cuenta Dongola.
Partida entre la India y Pakistán, Cachemira lleva veinte años siendo pasto de la actividad insurgente y los excesos de las fuerzas de seguridad indias, demasiado expeditivas en las áreas rurales, según distintas fuentes.
“La violencia era tanta que el sector turístico no pudo resistirlo. En ese período muchos amigos, y yo entre ellos, tuvimos que marcharnos a Nueva Delhi porque aquí en Srinagar no había ni un puesto de trabajo”, cuenta un guía turístico junto al lago.
Aunque la India sostiene que quedan activos sólo 800 insurgentes en toda la región, Srinagar mantiene un aire marcial por la masiva presencia de soldados y paramilitares, una sensación sólo rota por la tranquilidad de las casas barco del lago.
“Aquí el Ejército nunca ha entrado, entre otras cosas porque tampoco hacía falta. La gente viene a relajarse con la visión de las montañas y con el aire limpio que le falta en la ciudad”, se anima en su curiosa góndola Dongola.
De un llamativo color amarillo y cómodos asientos acolchados, la lenta “shikara” es el único medio de acceso a estos atractivos hoteles, cuyos dueños se esfuerzan por atraer un turismo que se resiste a volver.
Durante la campaña electoral recién terminada, los líderes de los principales partidos se han comprometido a trabajar duro para mejorar las infraestructuras turísticas y reducir la violencia, dos de las reivindicaciones de los hosteleros.
Un tercer factor escapa sin embargo a su voluntad: la reducción de la tensión entre la India y Pakistán tras los atentados de noviembre en Bombay, atribuidos por la primera al grupo separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, que opera desde suelo paquistaní.
Cachemira es el eje sobre el que han pivotado las relaciones entre las dos potencias nucleares desde la independencia y partición del subcontinente, en el año 1947.
Su suelo ha sido víctima de varias guerras desde entonces y la mayoría de sus gentes, nostálgicas de su “paraíso” perdido, luchan todavía hoy por revertir la definición que Bill Clinton dio del territorio en 1999: “el lugar -dijo- más peligroso de la tierra”.
El conflicto político sigue atenazando la economía de Cachemira
February 4, 2009
Srinagar (India), 25 dic 2008.- Los constantes llamamientos a la huelga, las revueltas de verano y la tensión entre la India y Pakistán han destruido las expectativas de este año de los comerciantes de Cachemira, que dicen perder 14 millones de dólares por cada día de toque de queda.
“En los últimos 17 años habíamos tenido muchos problemas, que se han reproducido entre julio y diciembre. En estos seis meses hemos sufrido 100 días de toques de queda o cierres por huelgas”, dijo a Efe el presidente de la Cámara de Comercio cachemir, Mubin Shah.
El pasado verano, esta región norteña de la India sufrió disturbios protagonizados por hindúes y musulmanes, tras la decisión del Ejecutivo cachemir de ceder unos terrenos forestales a la organización hindú que gestiona la peregrinación de Amarnath.
Los disturbios, que causaron 40 muertos, provocaron un bloqueo económico en la región que los comerciantes intentaron romper con una marcha de protesta hacia Muzaffarabad (Pakistán), aunque la Policía les impidió cruzar la frontera y siete personas murieron por disparos.
“Sólo el bloqueo económico de la carretera hacia Jammu, que conecta el valle de Cachemira con el resto de la India, nos hizo perder unos 100 millones de dólares”, dijo Shah.
Pero además, el fin de las protestas dio paso inmediato a la precampaña de los comicios regionales en el valle, que afectó a la actividad económica por las protestas de los separatistas y los corrientes toques de queda, con el consiguiente cierre de las tiendas y una caída del turismo.
“Esperábamos recibir un gran número de turistas y así fue hasta junio, pero los disturbios y las elecciones han reducido las llegadas virtualmente a cero”, reconoció por teléfono el director de Turismo regional, Faruq Shah.
Según el director, la región ha registrado este año 1,1 millones de llegadas turísticas, lo que casi duplica las 600.000 del año anterior, aunque sólo 50.000 de ellas proceden del extranjero.
La caída del turismo desde junio, sin embargo, tiene efectos demoledores para la economía local, que tiene en los servicios turísticos una de sus tres actividades principales.
Las otras -la artesanía y la agricultura- se enfrentan a problemas de almacenamiento, un deficiente sistema de transporte y la falta de industrias de procesamiento, debido en parte a la ocupación de fábricas por el Ejército en las últimas décadas.
“Tome el ejemplo del cultivo de manzanas. Es muy importante, porque ocupa al menos a 300.000 personas, de ellas muchos pequeños campesinos. Y sin embargo, no podemos darle salida al producto”, se quejó el presidente de la Cámara de Comercio.
Escenario de cíclicos brotes de violencia y de varias guerras desde la independencia y partición del subcontinente, el territorio cachemir está dividido y en disputa entre la India -que posee la parte más rica-, Pakistán y China.
La India y Pakistán, embarcados desde 1999 en un lento proceso de deshielo, anunciaron en octubre la apertura de dos pasos comerciales en la Línea de Control, una medida bien recibida por los empresarios que sin embargo ha dado pocos frutos.
“Queríamos derivar hacia Pakistán el 10 por ciento de la producción. Pero no tenemos un sistema adecuado: ni bancos que operen a ambos lados, ni viajes que nos permitan encontrar agentes en la parte paquistaní”, relató Shah.
A estas insuficiencias se añade ahora la creciente tensión entre ambos países a raíz de los atentados de noviembre de Bombay, que la India atribuye a la organización separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, establecida en Pakistán.
Según Shah, la disputa entre los dos países ha paralizado el “pequeño pero creciente” comercio entre ambos lados de la Línea de Control, hasta el punto de que la semana pasada sólo cruzaron la frontera tres camionetas.
Y la nueva tensión entre la India y Pakistán aleja también el objetivo deseado por los comerciantes cachemires: un área de libre comercio, “como en la Unión Europea”, que haga de la frontera un lugar irrelevante.
“Después de lo de Bombay, nuestra única perspectiva es la crisis económica”, concluye Shah.
Terminan las elecciones regionales de Cachemira con menos violencia
February 4, 2009
Srinagar (India), 24 dic (EFE).- La Cachemira india cerró hoy su cita electoral con una alta participación, en un ambiente marcado por una menor violencia, una masiva presencia policial y una llamada al boicot de los separatistas que afectó a la capital regional, Srinagar, aunque menos que en anteriores comicios.
La séptima y última fase de las elecciones, que tuvo lugar hoy en 21 circunscripciones, llamaba al voto de 1.638.000 cachemires de Srinagar y de las áreas sureñas de mayoría hindú que rodean la capital de invierno, Jammu, donde la participación fue alta.
Allí, según datos de la Comisión Electoral india, un 68 por ciento de los electores acudieron a las urnas, mientras que un 20 por ciento lo hizo en Srinagar, donde en las anteriores elecciones -también boicoteadas- apenas había votado un 5 por ciento.
“Con estos datos, la participación en el total de las siete fases ha sido de un 61,5 por ciento, frente al 43 por ciento del año 2002″, dijo en rueda de prensa el jefe de la Comisión, B.R. Sharma.
La ligera niebla con la que se despertó Srinagar dio paso a un día soleado, aunque la mayoría de los votantes decidió quedarse en casa en un ambiente enrarecido por la férrea presencia de miles de efectivos de las fuerzas de seguridad.
Los independentistas de la Conferencia Hurriyat, potentes en la ciudad, habían llamado al boicot electoral y habían convocado para hoy una marcha de protesta que debía partir de la céntrica Plaza Roja, aunque el dispositivo policial paró el intento separatista.
“Será difícil manifestarse en la Plaza Roja. Todos los accesos están cerrados. Han puesto controles, lo han bloqueado todo. Está muy claro que el Gobierno no quiere que la marcha tenga lugar”, había dicho a Efe en la víspera el presidente de Hurriyat Umar Faruq.
En previsión de incidentes, las autoridades habían decretado ya este martes un toque de queda en la ciudad, por lo que las calles amanecieron desiertas de viandantes y con un tráfico rodado muy restringido y sometido a controles.
Al menos catorce personas resultaron heridas en disturbios registrados en algunos barrios de las áreas civiles de Srinagar, donde algunos grupos separatistas se enfrentaron a los paramilitares, que custodiaban fuertemente las urnas.
“No he votado. Tenemos a 700.000 soldados en nuestra región. ¿A esto lo llaman elecciones? Ni Pakistán ni la India tienen interés en solucionar el conflicto cachemir. Y quien sufre es la gente”, declaró a Efe un tendero afectado por el toque de queda.
Aunque la campaña ha estado marcada por las promesas de desarrollo de los principales candidatos, en los últimos días también han adquirido importancia las tensiones entre la India y Pakistán, tras los atentados de Bombay de fines de noviembre.
La India atribuye esos atentados al grupo separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, que opera desde Pakistán, el país con el que se disputa -y reparte- el territorio de Cachemira desde la independencia y partición del subcontinente, en 1947.
“He votado porque quiero paz. No quiero guerra. Llevamos 20 años de guerra que sólo han servido para hundirnos y dejarnos sin trabajo”, comenta un viejo guía turístico frente al hermoso Lago Dal, la principal atracción de la ciudad.
Cachemira lleva sumida casi dos décadas en conflicto, y aunque en los últimos años la situación había mejorado, una disputa por la propiedad de unas tierras de peregrinación motivó en verano una ola de protestas de hindúes y musulmanes que dejó 40 muertos.
Esa renovada tensión hizo temer que estas elecciones marcarían una vuelta a la violencia, pero según la Comisión Electoral ha sucedido justo lo contrario: cinco civiles han muerto en estos comicios, frente a los 63 que perdieron la vida en el año 2002.
“Estas elecciones han sorprendido a muchos por la alta participación y la ausencia de violencia. No hay temor de represalias por votar. Y además la gente quiere una solución para sus problemas del día a día”, dijo en entrevista a Efe el candidato de la nacionalista Conferencia Nacional, Omar Abdullah.
De acuerdo con Hurriyat, sin embargo, la alta participación es fruto de un fraude en las áreas rurales cachemires, donde, dijo Faruq, el Ejército indio tiene un gran poder y empuja a los ciudadanos a las urnas.
La Comisión Electoral india, que ha desmentido tajantemente esa posibilidad, prevé contar los votos el próximo día 28; los aguardan tanto la Conferencia Nacional como los otros favoritos, el Partido del Congreso y el Partido Democrático Popular.
La Cachemira india completa mañana proceso para renovar la Asamblea regional
February 4, 2009
Srinagar (India), 23 dic 2008.- Con el habitual boicot de los separatistas musulmanes, la Cachemira india acude mañana a las urnas para renovar su Asamblea regional, tras un largo proceso electoral que ha coincidido con una nueva crisis entre la India y Pakistán.
A la última de las siete fases en que fueron divididas las elecciones están llamados más de 1.600.000 votantes en 21 circunscripciones, entre ellas los once de la capital invernal, Jammu, y las ocho de la conflictiva capital veraniega, Srinagar.
Los líderes políticos se han mostrado satisfechos por el ambiente “pacífico” de la campaña, “la mejor en más de 20 años”, aunque en los últimos días se han registrado choques entre manifestantes y las fuerzas de seguridad, y un candidato radical hindú ha sido asesinado en Jammu.
“Esta campaña ha sido una sorpresa para la mayoría de la gente por dos razones: la casi total ausencia de violencia insurgente y la alta participación de los votantes en las elecciones”, dijo a Efe el líder de la formación Conferencia Nacional, Omar Abdullah.
Aunque hasta ahora ha tenido poco éxito la llamada al boicot de la agrupación separatista Hurriyat, sus líderes han convocado para mañana una manifestación en el centro de Srinagar, que suele ser escenario de duros enfrentamientos y está en alerta máxima.
En previsión de problemas, las autoridades declararon ya hoy un toque de queda en la ciudad, por lo que las vías estaban casi desiertas de viandantes -sólo los ciudadanos con permisos pueden caminar- y el tráfico rodado quedó muy restringido.
En la carretera, la Policía practica controles de identidad a cada pocos metros, mientras miles de soldados y paramilitares vigilan armados con fusiles cada rincón y los comerciantes se han apresurado a echar, de nuevo, el cerrojo en sus establecimientos.
“No podemos continuar así. Entre julio y diciembre hemos tenido que cerrar 100 días por los toques de queda y las manifestaciones de los radicales”, se quejó a Efe el presidente de la Cámara de Comercio cachemir, Mubeen Shah.
Así, la céntrica y comercial plaza de Lal Chowk -el tradicional punto de encuentro de los separatistas- tenía hoy como únicos habitantes a los miembros de las fuerzas de seguridad, parapetados con sus armas junto a varios vehículos blindados.
“El toque de queda estará vigente hasta mañana en toda la ciudad. Se trata de prevenir que los insurgentes causen problemas”, confirmó a Efe un soldado en las inmediaciones.
En Srinagar, la tarea de las fuerzas de seguridad consistirá en asegurar el acceso al voto de la población y neutralizar la llamada al “Lal chalo” -”vamos a la Lal (Chowk)”- de los seguidores del Hurriyat, cuyos líderes están bajo arresto domiciliario.
Fuera de la ciudad, las autoridades han ordenado el despliegue extraordinario de 21.000 miembros de las fuerzas de seguridad en el distrito de Samba (dos circunscripciones) y en Jammu, donde tres supuestos terroristas han sido detenidos, según informó hoy la Policía.
Los detenidos son tres paquistaníes -uno de ellos soldado de su Ejército- que pertenecen supuestamente a la organización integrista Jaish-e-Mohammad (JeM) y planeaban un ataque suicida en Jammu durante la votación, aseguró el director general de la Policía, Kuldip Khoda.
Pese a las incidencias, el jefe de la Comisión Electoral regional, B. R. Sharma, dijo a Efe que el nivel de violencia está siendo “muy bajo” y desmintió que hayan existido presiones en el ejercicio del voto, tal y como aseguran agrupaciones locales de derechos humanos.
El porcentaje de participación popular en las seis primeras fases ha sido de un 63,7 por ciento, según Sharma, superior en más de 20 puntos al índice alcanzado en las elecciones de 2002, también boicoteadas por los separatistas.
El proceso electoral en Cachemira ha estado marcado por la tensión entre la India y Pakistán tras el atentado de fines de noviembre en Bombay, del que el Gobierno indio acusa al grupo Lashkar-e-Toiba, que lucha por la anexión a Pakistán de la Cachemira india.
La deriva de la nueva crisis bilateral afecta de un modo especial a la región, ya que los dos países se disputan y reparten su territorio desde la partición e independencia del subcontinente indio, en el año 1947. Por Cachemira, la India y Pakistán se han enfrentado ya en dos guerras.
Gobierno indio anuncia plan de choque para relanzar la economía
February 4, 2009
Nueva Delhi, 7 dic 2008.- En alerta por los cada vez más evidentes efectos de la crisis internacional sobre su economía, el Gobierno indio presentó hoy un paquete de medidas que recoge una inversión extra de 4.000 millones de dólares en los próximos meses.
Según el plan, el gasto total será de 60.000 millones de dólares en el resto del año fiscal, con énfasis en áreas como la exportación, la propiedad inmobiliaria, las infraestructuras y el sector textil, que tendrán medidas especiales.
Además, el Gobierno anunció un recorte “inmediato” del 4 por ciento -salvo en productos petrolíferos- en el impuesto del valor añadido (VAT) para ayudar al sector corporativo, según un comunicado de la oficina del primer ministro, Manmohan Singh.
“El Gobierno estaba preocupado por el impacto de la crisis financiera global sobre la crisis financiera en la economía india y ha tomados varias medidas”, señala el comunicado de presentación del paquete de estímulo.
El anuncio ha llegado sólo un día después de que el Banco Central de la India redujera dos tipos de interés con el fin de inyectar masa monetaria e incitar a los bancos comerciales a prestar más dinero a las empresas.
Las medidas han sido decididas por el propio primer ministro -y reputado economista- Manmohan Singh, en consultas con los principales responsables económicos del país, afirmó una fuente oficial a la agencia india IANS.
La coalición gubernamental pedirá permiso al Parlamento para gastar 4.000 millones de dólares adicionales en la cantidad prevista para los próximos cuatro meses, lo que supondrá un gasto de 60.000 millones de dólares.
“La economía seguirá necesitando estímulos en el período 2009-2010 y esto puede asegurarse con un incremento sustancial en el gasto planificado para los presupuestos del próximo año”, agrega el comunicado.
Las medidas para relanzar las exportaciones incluyen un subsidio del 2 por ciento en sectores de empleo intensivo, como el textil o la artesanía, y paquetes de ayuda con distintos programas de incentivos, créditos de exportación y devoluciones impositivas.
En el apartado de la propiedad, el Gobierno ha pedido a los bancos públicos que ofrezcan incentivos de crédito para la adquisición de viviendas, con la posibilidad de aprobar medidas adicionales.
“La vivienda es una muy importante fuente potencial de empleo y demanda para sectores claves, y hay una gran necesidad de inmuebles especialmente para los colectivos de ingresos medios y bajos”, indica el comunicado.
Las pequeñas y medianas empresas podrán solicitar préstamos de hasta 200.000 dólares -el doble que hasta ahora- en el Plan gubernamental de Garantía de Crédito, para satisfacer sus necesidades financieras.
En materia de infraestructuras, el Ejecutivo ha autorizado a la compañía gubernamental del ramo (IIFCL) a emitir bonos por un valor de 2.000 millones de dólares para apoyar la financiación de proyectos públicos en el sector.
“Los fondos serán usados por IIFCL para refinanciar préstamos bancarios a largo plazo para proyectos de infraestructuras, sobre todo en carreteras e instalaciones portuarias”, según la nota.
El plan del Gobierno también busca ayudar al sector automotriz, al permitir que los departamentos gubernamentales pueden reemplazar sus vehículos, eso sí, respetando el presupuesto asignado, pero con una mayor relajación en los plazos.
“El Gobierno -añade el comunicado- vigila la situación económica y no dudará en tomar medidas adicionales para controlar las tendencias de recesión y mantener la senda de la actividad económica”.
La India ha crecido en los últimos años por encima del 9 por ciento, aunque la crisis económica global ha hecho mella en sus expectativas para el presente año fiscal, hasta el punto de que las autoridades han fijado previsiones que rondan el 7 por ciento.
“El camino de la economía india es incierto”, dijo este sábado el gobernador del Banco Central, G. Subbarao, quien alertó de que la economía sufrirá un “doloroso ajuste”.
La desaceleración económica será uno de los exámenes que deberá superar frente a la ciudadanía el presente Gobierno, encabezado por el Partido del Congreso, que afronta ya los últimos coletazos de la legislatura y convocará elecciones legislativas en el año entrante.



















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