El noreste indio, un enconado conflicto que causó millar de muertos en 2007

Estándar

Nueva Delhi, 25 abr 2008.- Aunque el mundo conoce Cachemira como el principal conflicto que amenaza a la India, es en el nordeste de su territorio donde se está produciendo una verdadera sangría por la acción de una treintena de grupos separatistas, que el año pasado causó la muerte de 1.091 personas.
Los pequeños estados del noreste de la India, un rincón subdesarrollado y apenas conectado por un brazo de tierra con el resto del país, han visto cómo sus grupos armados optaban por el terrorismo contra población civil, muchas veces inmigrantes de otras regiones indias en busca de trabajo.
“La situación ha mejorado en Cachemira. Ahora el noreste es el principal reto. Hay grupos como el Frente Unido de Liberación de Assam (ULFA) que atacan a la gente de diferente etnia”, dijo a Efe una fuente del Ministerio indio del Interior.
Los conflictos del noreste se han situado como los más sangrientos, por delante de la rebelión de los maoístas (837 muertos) y de Cachemira, donde murieron 740 personas entre civiles, insurgentes y miembros de las fuerzas de seguridad, según dos informes Interior publicados esta semana.
Casi 1.500 acciones violentas registradas en 2007 en el noreste acabaron con la vida de 498 civiles, 79 agentes de seguridad y 514 insurgentes, lo que en total supone un incremento del 39 por ciento respecto al año anterior.
El estado de Assam, el mayor y más importante de los territorios, donde tiene su feudo el ULFA, que en los últimos meses ha perpetrado una ola de ataques contra civiles inmigrantes que se ha cobrado la vida de 287 personas.
“Hay más muertos porque los grupos se enfrentan unos a otros y además atacan objetivos civiles con más frecuencia. Y además, ponen bombas en lugares donde se concentra la población”, dijo a Efe el coordinador del departamento de Estudios de Paz y Conflicto de la Universidad de Guwahati, Nani Gopal Mahanta.
En Assam se registraron más de 100 explosiones el año pasado, muchas de ellas en abarrotados mercados, además de ataques contra miembros de las minorías de procedencia no asamesa, como los inmigrantes de habla hindi de las planicies del Ganges.
Aunque el ULFA, que lucha por la independencia desde el año 1979, es el culpable señalado por la Policía en gran parte de los casos, en el noreste operan unos 30 grupos desparramados por las regiones de Assam, Arunachal, Manipur, Nagaland, Meghalaya y Tripura.
Sus demandas van desde la independencia y meras reclamaciones de derechos tribales.
La cuestión del encaje de los pueblos del noreste -una amalgama de distintas tribus, etnias y religiones, con una importante presencia cristiana- ha sido constante desde la independencia de la India.
Las guerrillas han aprovechado las largas y porosas fronteras de jungla que la India comparte con Bangladesh (4.095 kilómetros) y Myanmar (1.600 kilómetros) para proveerse de armas u hostigar a las tropas desde refugios seguros.
El Ejército indio se encuentra desplegado en varias de las regiones con carácter permanente y tanto los enfrentamientos de baja intensidad contra los insurgentes como las denuncias de torturas son constantes.
La región de Assam es la cuarta de la India por número de detenidos muertos bajo custodia policial, con 14 fallecidos el año pasado, lo que demuestra que hay “serios” problemas en materia de derechos humanos, según Mahanta.
Pero además, la efervescencia de la actividad armada ha agravado la crisis económica de estas regiones, que se encuentran unidas al resto de la India por un brazo conocido como el “Cuello de Pollo” y sufren un éxodo empresarial constante.
“La seguridad es el asunto más importante para los inversores, además de las malas infraestructuras del noreste”, dijo recientemente el viceministro indio de Comercio, Jairam Ramesh.
“Cualquier inversor desea un ambiente seguro, sin tener que preocuparse de explosiones de bombas y cosas por el estilo”, añadió.
Lejos de los pujantes centros del desarrollo indio, el noreste se encuentra encerrado en una “lógica de conflicto”, con grupos armados que se enfrentan a civiles, al Gobierno, al Ejército y hasta luchan entre sí.
“La configuración política definitiva de la región está aún pendiente. Hacen falta reformas para dar más protagonismo a la gente”, corrobora Mahanta.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *