El plusmarquista mundial de las cartas al director

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Nueva Delhi, 11 oct.- Cualquier editor de periódico soñaría con tener lectores como el matrimonio Agrawal, una pareja india que, a base de paciencia y tinta, atesora la plusmarca mundial de cartas al director, recogida en el libro Guinness de los récords.
Los Agrawal viven al final de una callejuela con encanto en los recovecos del barrio histórico de Delhi, donde él, el empresario Subhash Chandra Agrawal, dedica tres horas diarias a la prolija tarea de escribir reacciones a los temas candentes del día.
Subhash ha enviado tantas misivas que ha perdido la cuenta, según cuenta a Efe en su salón, junto a un patio interior descubierto, y ostenta personalmente la plusmarca mundial absoluta de cartas dirigidas al director, como atestigua el Guinness.
“He escrito de todo. Menciona cualquier tema y seguro que existe una sugerencia mía. Yo soy muy observador, y esta pasión por la observación me ha causado hasta un problema mental porque no puedo dormir bien. Mi cabeza está siempre en marcha”, reconoce.
En los últimos años, Agrawal se ha convertido en uno de los miembros más famosos de la comunidad de activistas que se dedican, con la ley de Derecho a la Información (RTI), de 2005, a sonsacar informes a la burocracia y al Gobierno, tradicionalmente opacos.
“El RTI ha dado a los ciudadanos de la India una segunda libertad. Todo está bajo responsabilidad. Antes no había respuesta de las autoridades públicas. La práctica en India es ‘no responder’ o ‘cómo responder sin hacerlo”, comenta Agrawal.
Salvo en unas pocas excepciones, como la seguridad, la burocracia india está obligada a responder a las peticiones de información de cualquier ciudadano, con un formulario que apenas requiere unos minutos de dedicación y cuesta 0,2 dólares, cuenta el empresario.
Agrawal ha escrito unas 800 peticiones -la Comisión Central de Información ha recibido hasta ahora unas 65.000-, un tercio de ellas sobre el aparato judicial, y algunas tan famosas como la que llevó a desclasificar los ingresos declarados de todos los ministros.
“Aquí sufrimos varios males del sistema democrático -dice entre archivos y fajos de papeles-. En India la mayoría de los partidos están basados en liderazgos personales. Es como si la política fuera un negocio, una propiedad familiar”.
Como Agrawal, los activistas indios del RTI han desenmascarado en estos años casos de malas prácticas, de corrupción o de evasión fiscal, y a la vez han arrojado algo de luz sobre los “pasillos” de la burocracia india, una de las más inaccesibles y lentas del mundo.
Y martillo de los malos burócratas, el sexagenario activista, que se define como un “ejército de un solo hombre”, amenaza con no parar en su tarea, apoyado por la notoriedad conseguida en “43 años de experiencia” gracias a sus misivas.
“La vida no termina. Uno no deja de recibir nuevas ideas y pistas”.
Su aventura epistolar comenzó en 1967, cuando era aún estudiante, tras una trifulca con un conductor de autobús que se negó entre insultos a emitirle un billete para poder quedarse con el importe del trayecto, de 0,4 céntimos de dólar.
Agrawal anotó el número de la matrícula y escribió a los medios su primera carta, con la que logró una disculpa personal de la compañía de autobuses y llegó al convencimiento de que los medios pueden ser “muy eficaces” para transmitir “quejas”.
A fuerza de elaborar misivas, el activista llegó a sufrir molestos calambres en las manos, lo que le llevó a decidirse a comprar una máquina de escribir, pese a que nunca aprendió mecanografía, y, ya en la era digital, dio el salto definitivo al ordenador.
“Todavía no sé teclear con los diez dedos. Lo hago solo con uno. Pero quizá esté en mi poder el récord mundial de rapidez en el tecleo con un solo dedo”, asegura a Efe con humor Agrawal, repeinado para la ocasión y vestido con una camisa inmaculada.
Las miles de cartas escritas no sólo han creado un nicho de seguidores del activista, sino que además han generado en India inopinadas corrientes de opinión, respuestas provenientes incluso del Gobierno indio y reacciones epistolares de otros lectores.
Como la de su esposa, Madhu, quien, en desacuerdo con una carta de su marido sobre el “daño moral” que causaba al hindú una teleserie, envió su propia respuesta a los medios y ya no paró hasta ser el lector, según el Guinness, con más cartas enviadas en un año.
“A veces tenemos nuestras diferencias, pero generalmente coincidimos”, sostiene Madhu, quien reconoce que a ella su marido jamás le escribió cartas de amor.

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