El porno prolifera en el corazón subterráneo de Nueva Delhi

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Nueva Delhi, 30 nov 2006.- La prohibición de la pornografía en la India no ha conseguido esconder la apertura sexual creciente de las clases urbanas, ávidas de un erotismo que ha encontrado su mayor icono en las muñecas hinchables de los mercados ilegales de Nueva Delhi.
Pese a la imagen de la India como cuna del “Kamasutra“, en realidad la sociedad india es, según dice a Efe el más famoso sexólogo del país, el doctor Prakash Kothari, “conservadora”, y la revolución sexual está apenas aterrizando entre los jóvenes de las grandes metrópolis.
“Como demuestra la tradición -afirma el doctor-, la India fue un país sexualmente abierto antes de ser invadida (por musulmanes) en el siglo XIII y luego ha pasado mucho tiempo en el que el sexo se ha vivido como un tabú”.
Aunque Kothari subraya la progresiva apertura sexual en las zonas urbanas, en el país existe un comité censor encargado de eliminar de las películas cualquier escena considerada “ofensiva”, lo que incluye el sexo y la desnudez.
En el 2002, sin embargo, se desató una fuerte polémica cuando el jefe del comité en ese momento, Vijay Anand, propuso la legalización del “porno” en cines específicamente habilitados.
“Todo el mundo accede al ‘porno‘ de una manera clandestina, así que la mejor manera de luchar contra la proliferación de películas X es proyectarlas en cines expresamente autorizados”, afirmó Anand poco antes de tener que presentar su dimisión.
Para Kothari, la prohibición de la pornografía “es necesaria cuando no existe una adecuada educación sexual”, pero el doctor reconoce que la llegada de las nuevas tecnologías han hecho de la censura algo “inútil”.
De hecho, los indios consumen “porno” masivamente, según una encuesta hecha pública por la revista “India Today“, cuyas conclusiones muestran que un 78 por ciento de los jóvenes de la ciudad de Ludhiana, en el norteño Punjab, reconocen el uso de material pornográfico.
Ludhiana, donde el 63 por ciento de los varones admiten haber tenido sexo con prostitutas, es la capital de la pornografía y el lenocinio, pero la mejor descripción del “porno” indio se encuentra en el corazón de Nueva Delhi, en la céntrica plaza de Connaught Place.
En Connaught Place existe un mercado subterráneo llamado “Palika Bazar“, en el que los puestos de ropa y textiles conviven con los aparatos electrónicos de última moda, películas “top-manta” y el siseo en voz baja de los mercaderes de pornografía.
Cualquier turista que pasee por “Palika Bazar” notará enseguida que muchos indios le susurran “Kya chahiye? Kya chalega, porn, porn, porn“, que quiere decir, en la peculiar mezcla de hindi e inglés conocida como “hinglish“, “¿Qué quieres? Ven conmigo, porno, porno, porno”.
Pese a que sus productos están prohibidos por ley, las tiendas de pornografía, en teoría clandestinas, muestran sin disimulo su mercancía, sus películas y también el último grito en la India, los juguetes sexuales procedentes de China.
Los juguetes incluyen desde vibradores y consoladores hasta muñecas hinchables, que, según declaró un vendedor al periódico “The Times of India“, son los artículos más solicitados, con una venta media que ronda por tienda las 15 unidades al mes.
Lejos de condenar los artículos sexuales, el doctor Kothari aplaude su uso, apoyándose en las enseñanzas del “Kamasutra”, donde se les considera un buen complemento para el placer.
“Los condones promueven la infidelidad -asegura-, mientras la masturbación y el uso de estos artilugios son un método eficaz para controlar los dos grandes problemas de la India, que son el sida y el crecimiento desaforado de la población”.
Según el doctor, lo más importante es la educación sexual, en un país donde existe una “desinformación rampante” y donde un hombre dio aviso a la Policía al notar que su vecina estaba sola en la casa “con un varón”.

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