El “Red Light Despatch”, un periódico por y para las prostitutas indias

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Nueva Delhi, 2 ago 2007.- Desafiando la marginación del barrio rojo de Bombay, un grupo de antiguas prostitutas se reúne cada semana en un burdel para discutir las historias que poblarán las páginas del periódico que les sirve de voz, el “Red Light Despatch”.
El rotativo nació hace seis meses en el barrio de Kamathiputra, uno de los centros de la vida nocturna de la capital financiera de la India, con el objeto de “proporcionar una plataforma de expresión a las prostitutas”, dijo a Efe su editor, el antiguo periodista Anurag Chaturvedi.
“El Red Light es la voz de los sin voz y las mujeres sin identidad, porque nadie discute sobre los sueños, las agonías o las nostalgias de las prostitutas; así que buscamos articular su memoria y nostalgia, frustradas por la violencia y la pobreza”, dijo Chaturvedi.
Apenas un modesto folletín de ocho páginas sin fotos y en blanco y negro, el “Red Light” es editado sin embargo en inglés, hindi y bengalí, y ya ha trascendido las fronteras del abigarrado barrio de Kamathiputra.
“Llegamos a Calcuta, Delhi, Bombay y la región de Bihar. Como nadie recoge su forma de vida, estaba claro que las prostitutas necesitaban algún tipo de plataforma. Así que pensamos, ¿por qué no hacer un periódico por y para ellas?”, reveló Chaturvedi.
En el “Red Light” hay espacio para testimonios e historias personales, poemas, asuntos de salud y derechos humanos, pero también para elaborados textos como el escrito por la premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi, aparecido en un reciente número.
Pese a sus firmas de calidad, la mayor aportación del modesto periódico radica en realidad en su capacidad para mostrar las mil historias del mundo de las prostitutas, a quienes el Gobierno indio, según Chaturvedi, ni siquiera reconoce la ciudadanía.
Fieles a esa idea, las “periodistas” del periódico se reúnen cada semana en un burdel con moquetas rojas de Kamathiputra, una amalgama de viejos edificios en las que las prostitutas -y sus proxenetas-, vestidas con “saris” o con ajustadas ropas occidentales, callejean para ganarse cada día el sustento.
“Recogemos las historias de las mujeres, y venimos y las contamos aquí”, dijo una antigua prostituta, “Rita”, en declaraciones a una cadena de televisión.
Con la ayuda de la ONG Apne Aap, que lucha por los derechos de la mujer, las prostitutas, reunidas en su pequeña redacción de Kamathiputra, luchan con las teclas -ellas no saben leer, cuentan con ayuda- con un ánimo común: evitar que otras mujeres caigan en la misma trampa en la que ellas cayeron.
“Hay que crear conciencia entre las mujeres, entre quienes caen sin querer en las redes de quienes las sacan de sus pueblos con promesas de trabajo, y luego las arrojan a este comercio”, dijo a Efe la coordinadora del grupo, Rupa Metgudd, también procedente de ese mundo.
En la India, con más de dos millones de trabajadoras del sexo, la prostitución está en un limbo legal y, aunque es una actividad tabú, existe incluso una tribu, los Bedia, en la que la práctica del sexo por dinero es aceptada como la labor natural de la mujer.
En la mayoría de los casos, sin embargo, la calle no es más que un último recurso o un “secuestro” de facto que sufren las jóvenes pobres que llegan a las grandes ciudades y caen engañadas en las garras del hampa o sucumben a la tentación de obtener dinero fácil.
“Me di cuenta demasiado tarde de que había sido vendida a un burdel, sin retorno posible. (…)Pero era el único modo de alimentar a mi familia”, escribe en una de las ediciones una prostituta llamada “Sita”, ayudada por una redactora de la revista.
En Kamathiputra, las prostitutas han hecho del “Red Light Despacht” y sus mil ejemplares de tirada por número un faro de concienciación y otro espejo ante el que quitarse el maquillaje.
“Me duele cuando mi hija pequeña rehúsa hablar conmigo por vergüenza (…) ¿Por qué siempre me avergonzaré de lo que hago, cuando la sociedad no se avergonzará jamás de lo que hizo conmigo?”, concluye “Sita”.

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Un comentario en “El “Red Light Despatch”, un periódico por y para las prostitutas indias

  1. Buenos días,

    AIVI (ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE LAS VÍCTIMAS DEL INCESTO) es una asociación internacional sin fines de lucro, animada por un grupo de supervivientes de incesto franceses, canadienses y belgas.

    Ha sido creada por Isabelle AUBRY, superviviente del incesto, en el 2000. Hay más de un año, nuestra presidente, escribió un libro « la primera vez, tenía seis años », en quien cuenta la tragedia que había súbito durante su infancia.

    Este libro va a parecer en la primavera en España. Es para esto, que desea establecer con ustedes una colaboración con el fin de ayudar a las víctimas del incesto españolas y sus prójimos y a todo ciudadano del mundo quién desea apoyar la causa que defendemos. Para nuestra colaboración, gustaríamos que nuestro sitio tenga un vínculo sobre su página.

    El incesto no tiene fronteras, tampoco AIVI. Por todas partes del mundo donde esta plaga existe, somos legítimos para actuar. Nuestra voluntad es de agrupar, ayudar y ser el portavoz de los supervivientes del incesto quienes han vivido o siguen viviendo bajo el peso del silencio. Hemos sido o somos desgraciadamente muy numerosos en este caso en el planeta, pero de manera sorprendente estamos tan solos y tan aislados. ¡Gracias al internet, y a nuestra voluntad de actuar, tenemos los medios de POR FIN DARNOS LA PALABRA!

    Nuestro sitio está en curso de traducción en español (http://aivi.org). Luego, usted puede entrar en contacto con nosotros a la dirección siguiente: contacto@aivi.org. Quedamos a vuestras disposiciones para todas informaciones complementarias.

    Cordialmente.
    Amélia,
    Asistente de prácticas.

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