Familiares piden investigar 1.000 tumbas sin nombre en la Cachemira india

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Nueva Delhi, 2 abr 2008.- Familiares de desaparecidos en la Cachemira india denunciaron el hallazgo de 1.000 tumbas sin nombre en ese territorio, que la India se disputa con Pakistán, y exigieron una investigación internacional como la efectuada en las fosas comunes en los Balcanes.
La Asociación de Padres de Personas Desaparecidas (APDP), que ha denunciado el descubrimiento, aseguró además a Efe que se ha puesto en contacto con forenses argentinos para que colaboren en las tareas de exhumación.
“Hemos encontrado 18 cementerios con tumbas sin identificar. En tres de ellos hay más de 200 tumbas anónimas. Así que pedimos al Gobierno que permita una investigación internacional para saber quiénes descansan en ellas, como en Kosovo o Bosnia”, explicó por teléfono el líder de la APDP, Pervez Imroz.
La asociación inició el estudio de los cementerios en noviembre de 2006 y ha anunciado sus conclusiones estos días, aunque no han tenido eco en la prensa india (sí en la paquistaní) “porque existe un bloqueo del asunto”.
Cachemira, una región de mayoría musulmana en disputa desde la independencia y partición de la India y Pakistán en 1947, es una región con abundante presencia militar en ambos lados de la frontera y un activo movimiento de independencia en el lado indio.
Imroz calcula que desde el año 1989, cuando se agravó la situación en la región, entre 8.000 y 10.000 personas han sido arrestadas por las fuerzas de seguridad indias sin que se haya sabido nada sobre su paradero.
Las desapariciones se han reducido en los últimos años, pero su organización reclama una investigación internacional para averiguar lo ocurrido con los desaparecidos, ya que, aseguró, el Gobierno indio no ha adoptado ninguna medida.
Aunque el activista denuncia que las tropas se deshacen de los cuerpos cuando acaban con la vida de un civil, el Ejército indio siempre ha mantenido que mata sólo insurgentes extranjeros (en alusión a las incursiones de paquistaníes) o “militantes descarriados”.
“No tenemos nada que ver con los desaparecidos. ¿Qué sentido tendría matar inocentes? Solemos tener cuidado y ni siquiera consideramos enemigos a los insurgentes. Para nosotros, son sencillamente descarriados”, dijo a Efe el portavoz militar en Cachemira, el teniente coronel Anil Mathur.
“Era el 10 de junio de 1994 y mi hermano esperaba un autobús. En ese momento, las tropas del XXX Batallón lo arrestaron y se lo llevaron. Pero más tarde negaron que lo tuvieran en su poder. Visitamos campamentos y oficinas. Se esfumó”, relató a Efe por teléfono la cachemir Shahi.
“¿Conservo la esperanza? Sí… Sólo hasta cierto punto”, se dolió.
Desde 1989, al menos 65.000 personas han muerto en Cachemira víctimas de una revuelta que ha sido duramente respondida por el Ejército de la India, un país que controla el 45 por ciento del territorio, mayoritariamente en el centro y sur de la región histórica.
En Cachemira operan varios grupos insurgentes que mantienen posiciones desde integristas a independentistas y que son, según Mathur, los verdaderos responsables de las desapariciones, asesinatos y secuestros de inocentes.
Descreído con la versión militar y él mismo víctima de un intento de asesinato, Imroz explicó que las tumbas sin nombre fueron cavadas por los propios lugareños, quienes después han revelado que los cadáveres no eran de militantes extranjeros, sino de cachemires.
La APDP ha entrado en contacto con especialistas forenses argentinos para que participen en la tarea de poner nombre a las víctimas, pero éstos necesitan un permiso del Gobierno indio, dijo.
En la zona bajo control indio -la región de Jammu y Cachemira- está prevista la celebración a finales de este año de comicios legislativos, que, según una fuente del Gobierno regional, “seguirán su curso normal” pese al masivo despliegue militar.
Sea cual sea el resultado de esas elecciones, Cachemira seguirá siendo un laberinto partido entre la India, Pakistán -que controla el norte y el oeste- y China, presente en el área oriental cachemir del “Aksai Chin”, clave para el control del Tíbet.
Escenario de dos guerras y múltiples escaramuzas indo-paquistaníes, la región fue calificada por el ex presidente de EEUU Bill Clinton (que medió en la última de ellas, en 1999) como el lugar “más peligroso de la Tierra”, porque los tres países implicados en el conflicto disponen de armamento nuclear.

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