La fiesta taurina de Goa busca salir de la clandestinidad

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Nueva Delhi, 4 mar 2009.- Con las elecciones indias en puertas, ecologistas y políticos del pequeño estado indio de Goa (oeste) batallan por la legalización de la “lucha de toros”, un tradicional espectáculo taurino prohibido pero de amplio seguimiento en la antigua colonia portuguesa.
“Ya he iniciado los trámites en el Parlamento para legalizarlo de nuevo. Y si gano en las elecciones, continuaré con el proceso”, aseguró por teléfono a Efe el diputado saliente de Goa-Sur, Francisco Sardinha, del gubernamental Partido del Congreso.
La versión de la corrida en Goa -llamada “dhirio”- es un combate entre dos toros de sencilla organización que despierta pasiones en un amplio sector de la sociedad goana, pero que fue prohibido en 1998 por una ley contra el maltrato de los animales.
Los organizadores embarran la cola de los toros para garantizar su agresividad y los animales luchan a cornada limpia hasta que uno de ellos, normalmente herido, cede ante el empuje del adversario.
Y ahora, la iniciativa de Sardinha por devolver cobertura legal a los combates ha levantado ampollas entre las asociaciones protectoras de animales, que fueron precisamente quienes batallaron ante el Tribunal Supremo para obtener la ilegalización.
“Los animales sufren. Normalmente les dan una dieta poco saludable y los atiborran de alcohol antes del combate. Luego suelen quedar heridos por las cornadas”, aseguró a Efe por teléfono la activista Anuradha Sawhney, de la protectora de animales PETA.
Hasta 1998, cuando el Supremo prohibió la práctica, el “dhirio” era el pasatiempo de fin de semana para miles de familias, que acudían para relajarse y apostar buenas sumas de dinero a favor de su toro favorito (lo cual es también ilegal).
Y sin embargo, la prohibición del Tribunal no supuso la desaparición de las corridas, que siguen siendo organizadas en la clandestinidad -hay vídeos que lo atestiguan en Internet- y con apenas media hora de antelación para esquivar a la Policía.
Para los agentes, mal equipados, es difícil actuar contra dos toros incontrolados y acabar con estos espectáculos cuyos organizadores aparecen y desaparecen, espoleados además porque la multa prevista es de apenas 50 rupias (1 dólar, 0,79 euros).
“¡Por Dios Santo, sigue siendo muy popular y es lógico: cuando dos búfalos pelean de forma natural, la gente se para a verlo. Si un combate es organizado, el éxito es seguro!”, defendió Sardinha, quien sin embargo dijo mantenerse al margen de los encuentros clandestinos.
“Todos los animales luchan en la naturaleza y el más fuerte sobrevive. ¿Prohibimos el boxeo, el fútbol, porque hay crueldad? Si la gente toma la leche que la vaca genera para su cría, ¿es violencia?”, se preguntó el diputado.
PETA y otras asociaciones como People For Animals (PFA) opinan que sí, y ya han hecho llegar una misiva a la líder del Partido del Congreso, Sonia Gandhi, para que detenga los intentos de su diputado Sardinha por rescatar esta lucha tradicional.
“La ley de Sardinha viola la Constitución, que recoge el deber ciudadano de tener compasión por las criaturas vivientes. Y además, las luchas contravienen la Ley de Prevención de Crueldad Animal. Es un posicionamiento puramente electoralista”, denunció Sawhney.
Goa, una antigua colonia portuguesa con una fuerte presencia de cristianos, está menos apegada que otras regiones indias al carácter sacro que la vaca tiene para los hindúes, y los defensores del “dhirio” se remiten para defenderlo a que la tradición tiene “siglos de antigüedad”.
La polémica por el “dhirio” corre además en paralelo a la de otras fiestas taurinas que se celebran en la India, como el “jallikattu”, un festival del sur del país durante el que los aficionados deben atrapar con sus manos a un bravo astado y que también está bajo escrutinio del Tribunal Supremo.
“Ponga esto: los aficionados al ‘dhirio’ y los criadores son quienes más quieren a los toros”, reclamó a Efe Sardinha.
En Goa, las espadas están en lo más alto y tendrá que ser Sonia Gandhi quien decida si hace caso a los activistas o a su diputado y, con ello, si los goanos pueden disfrutar de sus toros por las buenas o seguir como hasta ahora: por las bravas.

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