La India a la busca de un modelo de patentes y genéricos

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Nueva Delhi, 9 may 2007.- La decisión brasileña de recurrir a un genérico contra el sida fabricado en la India ha reafirmado el liderazgo del país asiático en la producción de estos medicamentos, y ha abierto un nuevo frente de debate sobre las leyes de patentes.
Un medicamento genérico es, sencillamente, un producto sin marca que contiene los mismos componentes que el patentado, con un precio menor que este último porque no incluye los costes de investigación, seguridad ni mercadotecnia.
Y, el pasado día 4, esa diferencia de precio llevó a Brasil a suspender la patente de un medicamento contra el sida de la multinacional Merck y a anunciar la importación de un genérico fabricado en la India casi cuatro veces más barato que el original.
El medicamento es “Efiravenz”, ofrecido por Merck -que posee la patente- a 1,69 centavos de dólar la unidad, frente a los 0,45 del genérico fabricado por tres laboratorios indios amparándose en una laxa ley de patentes vigente desde el año 1970.
Aquella norma redujo el período de vigencia de las patentes a una horquilla de 5 a 7 años y estableció restricciones para su registro en el sector farmacéutico, lo cual permitió a las compañías indias copiar las fórmulas de los medicamentos mediante procesos de ingeniería inversa.
La India se convirtió así en líder mundial en producción de genéricos y sus compañías se dedicaron a la exportación de medicinas a los países menos desarrollados, receptivos ante la posibilidad de sufragar tratamientos a menor coste.
Pero, según Médicos Sin Fronteras, el papel de la India como “farmacia de los necesitados” está en peligro tras la aprobación en el año 2005 de condiciones más generosas con las patentes, para armonizar la legislación de la propiedad intelectual de acuerdo con la Organización Mundial del Comercio.
“Cuando las patentes están garantizadas, los genéricos se vuelven ilegales. Estamos preocupados porque la India es la única fuente de medicamentos baratos y esa ley introduce en el país el sistema de patentes”, dijo a Efe una portavoz de la organización, Leena Menghaney.
La polémica entre patentes y genéricos radica así, por una parte, en que si se concede la patente de un medicamento a una empresa la producción de versiones más baratas se convierte en ilegal, con el consiguiente drama para los enfermos de los países pobres.
“Las patentes tienen dos problemas -dice Menghaney-. En primer lugar, el precio de los medicamentos es alto debido a que la patente esconde un régimen de monopolio. Y, además, los medicamentos patentados no están disponibles en los países pobres, porque las compañías no venden donde nadie puede comprar”.
Pero, por otra parte, las compañías farmacéuticas aseguran que la vigencia del beneficio económico asociado a las patentes es el incentivo que les permite continuar investigando para obtener mejores tratamientos y nuevos fármacos para enfermedades sin cura.
“Para que los pacientes tengan acceso a los medicamentos adecuados, el primer paso es llevar al mercado productos nuevos e innovadores”, defendió la firma farmacéutica suiza Novartis en un comunicado.
“La mejor forma de fomentar la innovación es alentar el respeto a la propiedad intelectual”, añade el documento.
El duelo entre patentes y genéricos se configura así como el dilema entre privilegiar los beneficios económicos como forma de llegar a nuevos medicamentos, o dar preferencia a la necesaria protección de la salud a precios asequibles.
“Las medicinas no son bienes de lujo, sino esenciales. Ni los ciudadanos deben estar en manos de las compañías ni los países pobres disponen de tratamientos, así que hay que equilibrar la balanza”, concluye Menghaney.
En la propia India las espadas están en lo más alto: un tribunal de Madrás (sur) sentenciará, posiblemente en junio, un caso planteado por Novartis que, con el fin de lograr la patente para un medicamento contra la leucemia, defiende la derogación de algunos aspectos de la ley de 1970.
Mientras las ONG han recurrido a una intensa campaña mediática y a la movilización, preocupadas por las consecuencias del caso, Novartis, que según su portavoz es “optimista” ante el fallo, ha fiado su suerte al abogado Shanthi Bhushan, ex ministro indio de Justicia.
El resultado de ese caso no sólo supondrá un desempate de la tensión entre el derecho a la propiedad intelectual y el acceso razonable a los medicamentos, sino que podría prolongar la vigencia de la “farmacia de los pobres” o su atenuación.

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