La India se propone revivir el esplendor perdido de la Universidad de Nalanda

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Ochocientos años después de que un rey turco sometiera la mítica universidad de Nalanda a sangre y fuego, un nuevo centro de estudios se elevará junto a sus ruinas, en el norte de la India, con vistas a recuperar ese perdido esplendor.
El grupo de “mentores” del centro, presidido por el Nobel de Economía Amartya Sen, se reunió esta semana en Delhi para fijar la base del proyecto, planteado a 10 kilómetros de la antigua universidad budista, en lo que es hoy el paupérrimo estado indio de Bihar.
“Nalanda va a mostrar que la India tiene los componentes necesarios para construir otra universidad, en un momento en el que otros países del mundo han tomado la delantera en el sector”, dijo a Efe Sen, de 77 años, que se encuentra de visita en Nueva Delhi.
Con el apoyo previo a la iniciativa de dieciséis países asiáticos, la ley de creación de la universidad de Nalanda fue aprobada durante la pasada sesión parlamentaria y el Gobierno nombró al grupo de mentores encargado de dar forma al proyecto.
El centro estará en un terreno de 180 hectáreas cedidas por el Gobierno regional de Bihar y aspira a crear sinergias para, salvando el lapso temporal, parecerse al antiguo centro budista de estudios, del que llegaron a depender 200 pueblos antes de su destrucción.
“Será construido a diez kilómetros de la universidad histórica. Anunciaremos de aquí a tres ó cuatro meses un concurso global de diseño para definir la arquitectura”, expuso esta semana en rueda de prensa la vicerrectora de la nueva Nalanda, Gopa Sabharwal.
Creada en el siglo V, la universidad de Nalanda llegó a acoger a 10.000 estudiantes y se convirtió en el principal centro de conocimiento del mundo en su tiempo, hasta el punto de que precedió en 600 años a la primera universidad europea, Bolonia.
Su tamaño era tal que, se cuenta, la biblioteca ardió durante tres meses antes de quedar hecha cenizas, durante la razia en el año 1193 de las hordas turcas del caudillo Bakhtiyar Khilji, que destruyeron el complejo y asesinaron a miles de monjes.
Hoy quedan sus ruinas, aún admirables, situadas a unos cien kilómetros de la capital de Bihar, Patna, y no lejos de los lugares santos por los que predicó Siddharta Gautama “Buda”, actualmente centros de peregrinación para millones de sus seguidores.
Sobre la nueva Nalanda planean todavía dudas respecto a los fondos necesarios para desarrollarla: el Gobierno indio estimó los costes en unos 290 millones de dólares, pero las autoridades están aún elaborando un informe detallado, confió a Efe la vicerrectora.
Sin dar aún fechas por seguras, Sabharwal estimó que para 2013 podrían comenzar las clases en siete materias: estudios budistas, historia, relaciones internacionales, negocios, idiomas, ecología y tecnologías de la información.
“Será un lugar en el que los seres humanos pueden reunirse y contribuir al desarrollo de otros”, declaró en la rueda de prensa el ministro de Exteriores de Singapur, George Yeo, quien también forma parte del grupo de mentores.
Místicas aparte, la realidad es que Nalanda será una gota de agua en la masiva ampliación que necesita el sector universitario indio -apuesta estratégica del líder de la independencia, Jawaharlal Nehru- para dar cabida a su pujante población joven.
En la actualidad hay en el país 350 universidades, la mayoría de ellas de escasa calidad, pero la Comisión Nacional de Conocimiento avisó en un informe hace tres años que la necesidad, para lograr un nivel adecuado, será al menos de 1.500 centros en 2015.
El objetivo oficial es más modesto: en diez años, la India quiere llegar a tener 42 millones de estudiantes universitarios -en la actualidad hay 17 millones, sobre una población de 1.200 millones-, para lo cual necesitaría tener en marcha unas 800 universidades.
Lo que esperan los promotores de Nalanda, dicen, es que se convierta en un polo de desarrollo para las depauperadas comunidades de la zona y contribuya a revertir la tendencia de los indios pudientes de irse a estudiar fuera del país.
Y, naturalmente, también sueñan con restaurar en lo posible el legado perdido de la vieja Nalanda.
“No buscamos admiración. Como dijo Adam Smith de forma adorable, ‘no busques la admiración, sino las cosas que invitan a sentirla'”, declaró a Efe Sen.

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