La India vuelve a censar sus castas pese a estar abolidas

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Nueva Delhi, 9 sep.- El Gobierno indio se rindió a la evidencia del imperio del rígido sistema de castas en la India actual y, pese a su abolición en 1950, aceptó hoy hacer un censo de población basado en ellas.
Los funcionarios indios irán casa por casa para realizar un nuevo cómputo de las castas en el gigante asiático, que se hizo por última vez en 1931, antes de la independencia.
“El Gabinete de la Unión (…) ha decidido lo siguiente: la casta de todas las personas, según su propio testimonio, va a ser escrutada”, según un comunicado oficial.
El proceso tendrá lugar entre los meses de junio y septiembre de 2011, después de que se complete la recogida de datos para el censo decenal de población actualmente en marcha.
“Tras considerar varias opciones basadas en la respuesta de los partidos políticos, el Gabinete ha decidido realizar una enumeración de las castas casa por casa”, dijo a los medios indios el ministro de Interior, Palaniappan Chidambaram.
El Gobierno reconoció que tendrá que buscar una “fórmula legal apropiada” para recopilar los datos sobre la casta, un sistema tradicional que, aunque formalmente abolido por la Constitución, sigue siendo fundamental para entender la política y a la sociedad indias.
Paradójicamente, la propia Carta Magna elimina las castas pero las toma como base para proporcionar reservas de empleos públicos y puestos educativos para la población “intocable” -el escalón más bajo del sistema- y tribal, que dio categoría de “tribus y castas catalogadas”.
Aunque extremadamente rígido en los ámbitos rurales, el sistema de castas ha mostrado flexibilidad para adaptarse a la lógica igualitaria de la democracia, utilizado como clave para determinar la posición socioeconómica de los ciudadanos.
“Parecía que la casta como sistema social se moría, hasta que comenzó la manipulación política. No se puede abolir la casta promoviéndola”, afirmó hoy a Efe el sociólogo indio Yogesh Atal.
La India ha llevado a cabo desde su independencia en 1947 diferentes recuentos parciales y estudios de la casta, pero esos datos han sido usados por los grupos políticos que beben de una casta u otra para garantizarse votos en las elecciones.
En 1990, el Gobierno desempolvó un informe que recomendaba ampliar las reservas para puestos públicos a “otras castas atrasadas” (OBC, según sus siglas en inglés), lo que desató una fuerte polémica y devolvió la casta a la arena política.
El nuevo censo de casta ha sido de hecho demandado con insistencia por varios partidos regionalistas del norte de la India que tienen en las OBC su principal banco de apoyos, como el Samajwadi Party, el Rashtriya Janata Dal y el Janata-Dal Unido.
“Es que la clave está en las OBC. En realidad, no sabemos cuántos son. Puede que el censo arroje luz, y que resulte que las reservas laborales afectan en realidad a la mayoría de la población”, dijo a Efe la profesora especialista en castas Vidhu Verma.
El Gobierno ha necesitado dos notas del Ministerio de Interior, un debate del Consejo de ministros y otras tres reuniones de un grupo especial de ministros antes de dar su visto bueno, sin mucho entusiasmo, a este nuevo recuento.
“Puede ser un desastre. Los datos no pueden ser verificados. No se sabe si los ciudadanos mencionarán su casta o su linaje, y además hay que tener en cuenta que el sistema de castas es mucho más flexible de lo que se piensa”, añadió Atal.
La primera mención histórica de las castas aparece en el libro sagrado hindú Rig Veda, que mencionó cuatro grandes grupos: los sacerdotes o brahmanes, los guerreros (“shatrias”), los comerciantes y la masa de la población agrícola (“sudras”). Fuera del sistema quedan los “dalits” o intocables.
Aunque esta clasificación se usa “grosso modo” todavía hoy, la India moderna está en realidad cuajada por una amalgama de miles de pequeños grupos endógamos (“jatis”) e incluso gremios, con diferentes niveles de poder según su distribución en el mapa indio.
Donde la influencia del sistema decrece, según coinciden los estudiosos, es en la ciudad: allí, el creciente poder adquisitivo parece estar sustituyendo a la lealtad de casta.
“A las clases medias no les preocupa la casta de este o aquel trabajador. La gente sigue casándose en su casta, pero poco más”, expuso Atal.
Quedan, sin embargo, algunos tics: muchos trabajadores de la ciudad siguen mencionando su pertenencia a tal o cual casta para negarse a realizar determinados trabajos atribuidos a los intocables, como las tareas de limpieza o la recogida de basuras.

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