La nueva India afronta su particular burbuja inmobiliaria

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Nueva Delhi, 22 oct 2006.- El enorme crecimiento del PIB indio ha venido acompañado de incrementos del 100 por ciento anual en el precio de la vivienda de algunas áreas de la capital, Nueva Delhi, donde se levantan campos de golf junto a las chabolas.
Basta hojear apenas los suplementos de vivienda de los principales diarios para darse cuenta de que la India vive una particular fiebre inmobiliaria que, en el caso de la capital, ha hecho de los apartamentos un bien inalcanzable para la mayoría en un país cuyo PIB, más que crecer, galopa a un 10 por ciento anual.
Un ejemplo de la escalada de los precios es la céntrica arteria urbana de Panchseel Road, en la que los alquileres eran en el primer semestre de este año un 110 por ciento más caros que en 2005.
Estos días, el rotativo local “The Times of India” afirmaba con ironía que para poseer una casa en las calles del centro, valoradas en algunos casos en 23 millones de euros, hace falta ser ministro, cuestión que no quiso comentar a Efe la responsable de Desarrollo de Delhi, D.D. Neemodhar.
Y, en efecto, uno de los barrios más selectos para vivir, Aurangzeb Road, está repleto de grandes dignatarios que pagan una renta de alquiler de unos 8.000 euros al mes en un país donde tomar un té cuesta diez céntimos.
Según declaró a Efe el promotor Yograj Agrawal, la presión urbanística de la capital proviene de su “escasez de suelo”, que ha provocado que muchos inversores hayan dirigido sus intereses hacia los “mercados emergentes de las ciudades adyacentes a Nueva Delhi”.
Lo mismo ratifica el consultor M. Arvind, quien dijo a Efe que la alta densidad demográfica en Delhi ha hecho que muchas zonas residenciales se transformen en comerciales, con lo que no hay suelo para vivir.
“Cada tres meses los precios aumentan sensiblemente y la demanda continuará creciendo, sobre todo porque la mitad de los clientes de la alta propiedad sólo quieren las viviendas como inversión de futuro”, aseguró Arvind.
De acuerdo con el consultor, que rechazó llamarlo especulación, se trata de una inversión muy acertada mientras la economía siga creciendo tan aprisa, sobre todo porque, dijo, “invertir en vivienda es ahora un 60 por ciento más rentable que cualquier otra cosa”.
Así que, como ya sucede en las grandes ciudades europeas, muchos naturales de Delhi se han visto empujados a vivir en poblaciones cercanas y acudir cada día a trabajar a la capital.
Pero esas nuevas ciudades, lejos de ser meros dormitorios, son la mejor muestra de la pujanza india: en Gurgaon, por ejemplo, sólo durante el último año han sido alquilados 450.000 metros cuadrados de suelo para usos empresariales, a precios un 44 por ciento más caros que el año anterior.
Allí es fácil ver hileras de empresas y centros comerciales como un síntoma de lo que en la India se conoce como “la segunda revolución“, una apertura al capitalismo que, desde 1993, ha generado unos “ghettos inversos” de barrios residenciales aislados de la pobreza.
En la ciudad, próxima a Nueva Delhi, se levantarán 20 hoteles de lujo con 10.000 habitaciones antes del año 2010, coincidiendo con la celebración en la India de los Juegos de la Commonwealth.
Muchas parejas jóvenes miran hacia ese momento como el año fetiche que, según Agarwal y Arvind, marcará el fin del “boom” de la vivienda.
Pero hasta que llegue esa fecha, muchos temen que los precios de las nuevas casas de Gurgaon, con este fervor urbanístico que se refleja en sus lujosos centros comerciales, sus campos de golf y una incipiente clase media, continúen creciendo al ritmo del 180 por ciento de este año.
Y luego, como destacó Arvind, “cuando Gurgaon tenga precios inalcanzables, seguirá habiendo mucho terreno en el resto de la India para hacer casas”.

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