La sensualidad dorada de Klimt, recreada en el colorido universo de la India

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Adele Bloch

Versión de Adele Bloch Bauer

Nueva Delhi, 21 ene 2010.- Recargados escenarios, volutas de oro y modelos de piel cobriza han servido al fotógrafo indio Rohit Chawla para homenajear con su cámara el colorido erotismo del pintor simbolista Gustav Klimt, recreado esta semana en la capital india.
La muestra, bautizada como “Klimt. La secuela“, está marcada por la sensual relectura que Chawla ha hecho con su objetivo de una docena de obras del pintor austríaco, como “Las amigas”, la popular “El beso” o el “Retrato de Adele Bloch-Bauer I“.
“Klimt es un artista que creía en la belleza“, afirmó a Efe el fotógrafo frente a su versión de esta última obra, un deslumbrante retrato de motivos ornamentales dorados y amarillos que inspiró la exposición y que el propio Chawla considera su favorito.
Durante una visita a la Neue Galerie de Nueva York, “atraído por su café vienés”, el fotógrafo se dio de bruces con la imagen de Bloch-Bauer: “allí estaba, todo volutas de oro, cuadrados brillantes” reduplicándose en “permutaciones caleidoscópicas”.
“Así empezó mi viaje”, cuenta Chawla en su exposición.
Para cambiar el mundo imaginado de Klimt (1862-1918) por el objetivo de su cámara, Chawla recurrió a la ayuda del artista indio Manoranjan Mukherjee, quien durante seis meses creó a mano los accesorios, las bisuterías y los iconos del escenario.
“Literalmente pegó un tesoro de joyas imaginarias que acorazó a las modelos”, dice sobre Mukherjee el libreto de la muestra, cuyas obras han sido encargadas por la compañía tecnológica india Birdgroup para su calendario anual.
En este “humilde tributo fotográfico” a Klimt, Chawla se ha decantado por los retratos femeninos, para los cuales ha contado con la participación de actrices y modelos indias, como Chitrangada Singh, Ayesha Thapar o Blanca Dixit Peralta.
Su sensualidad pone cara a los barrocos vestidos, los motivos geométricos y la “lujuria bizantina” del universo de Klimt, uno de los mayores exponentes del modernismo y simbolismo pictóricos de la decadencia finisecular decimonónica y los inicios del siglo XX.
“Trabajar con modelos indias fue una decisión deliberada. Nueva Delhi está llena de modelos extranjeras y habría sido fácil trabajar con ellas. Pero no es el color de su piel lo que hace destacar a las mujeres de Klimt. Bastaba un aire”, dijo el fotógrafo.
Una entrada de exuberantes dalias deja paso a las fotografías, en una gran sala de la Galería de Artes Visuales de Nueva Delhi donde varias muchachas comentan los detalles de “El beso” y algunos extranjeros se pasean al son de las arias de “La Bohéme“.
Chawla ha retratado a su Judith surasiática, que sostiene -senos cubiertos- la cabeza de un Holofernes decapitado; también a las jóvenes descaradas que abrigan, ojos abiertos, a una durmiente virgen, y a la médica Hypeia mientras juguetea con su serpiente.
Junto a las fotos en la amplia sala, los organizadores han expuesto algunas de las joyas y elementos decorativos -hechos con plástico, lona y también con refulgentes cristales Swarovski- utilizados durante el proyecto, iniciado el pasado julio.
“¿Cómo se reconstruye el eclecticismo de Klimt? Mezclando carne sólida con ornamentos fantásticos”, ha concluido Chawla.
El fotógrafo llevará ahora a Viena su exposición -“tiene sentido que vaya a su propia casa”-, y según declaró a Efe, se plantea entablar un diálogo con galerías españolas para que esta llamativa recreación india de las musas de Klimt pise suelo español.
Luego, las coloridas espirales del pintor austríaco dejarán paso a un nuevo tributo, según reveló Chawla, esta vez dedicado al francés Paul Gauguin y sus ensoñaciones tahitianas

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