Los “señores de la guerra” afganos hacen carrera en el Parlamento

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Kabul, 20 sep.- Amnistiados en virtud de una ley que ellos mismos aprobaron, los llamados “señores de la guerra” afganos han logrado reciclarse para la democracia y casi con seguridad volverán a dominar el Parlamento, según coinciden analistas y activistas.
El escrutinio de los votos emitidos en las legislativas del pasado sábado continúa hoy, pero se da por sentado que los ex muyahidines afganos que han vuelto a concurrir obtendrán el escaño deseado en la Cámara Baja y mantendrán intacta su influencia en la política afgana.
Entre los poco más de 2.500 candidatos para los 249 escaños de la Wolesi Jirga figuraban el 90 por ciento de los diputados salientes.
La Comisión Electoral descalificó sólo las candidaturas de 36 aspirantes por “vínculos con grupos armados ilegales”.
“La gente a la que nuestra ley permite presentarse lo hace de acuerdo con ella, y nosotros no podemos hacer nada que vaya en contra de esa ley”, expuso a Efe al respecto el jefe de la Comisión Electoral, Fazal Manawi.
Se presentaron a los comicios notorios “señores de la guerra” como Abdul Rasul Sayyaf, el mulá Ezat, Sayed Hussain Anwari, Amanullah Guzar o Mohammad Mohaqiq, considerados responsables de las muertes de cientos de civiles durante las décadas de conflicto.
Otros muchos candidatos ex muyahidines carecen de su dimensión internacional, pero gozan de gran poder en la escala local afgana.
Afganistán “es la tierra de la yihad (guerra santa), y los yihadíes son la gente que rescató al país de la ocupación de la URSS. Tienen derecho a presentarse a las elecciones y su existencia es buena para el pueblo”, aseguró a Efe Mohaqiq.
Tras la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán en 1989 y la caída del régimen comunista de Mohamed Nayibulá en 1992, los muyahidines se enzarzaron en una sangrienta guerra civil recordada con horror por la población afgana, con combates que duraron años protagonizados por múltiples facciones en plenas calles de Kabul.
“En aquella época era un ‘todos contra todos’: pastunes contra hazaras, hazaras contra tayikos. Los combates eran diarios. Todavía pueden conseguirse vídeos de algunos ‘señores de la guerra’ matando a gente”, afirmó a Efe un estudiante de la capital.
Los muyahidines fueron barridos de Kabul por los talibanes en 1996, pero la caída de ese régimen en 2001 a raíz de la invasión estadounidense dejó a los primeros como los únicos actores políticos de cierto peso para acompañar la transición afgana a la democracia.
La mayoría de ellos vieron su oportunidad de regresar al poder de la mano de las tropas internacionales y se embarcaron en un proyecto político, el sistema democrático, ajeno a la tradición histórica y la conservadora sociedad afgana.
Algunos ostentan cargos en el Gobierno y otros se acomodaron en el Parlamento, donde aprobaron en 2007 una controvertida Ley de Reconciliación que amnistía a los que cometieron crímenes durante las guerras afganas y que el presidente Hamid Karzai firmó este año, pese a que se había comprometido a no hacerlo por las críticas de organizaciones de derechos humanos.
“La posición de los ‘señores de la guerra’ tiene relación con el Estado de Derecho: si éste es débil, aquellos son fuertes y viceversa”, dijo a Efe Ghulam Farooq, de la Asociación de Derechos Humanos de Afganistán (AHRO).
“Como el Estado de Derecho está en declive y hay una inseguridad generalizada -abundó-, la posición de los ‘señores de la guerra’ es más fuerte que nunca, y esto tendrá un efecto directo en el resultado de las elecciones”.
De la lucha contra la impunidad da cuenta la antigua diputada Malalai Joya, expulsada del Parlamento la pasada legislatura por su activismo contra los “señores de la guerra”, hasta el punto de que algunos de ellos llegaron a intentar atacarla en plena sesión.
“En estas elecciones, la mayoría de las caras eran conocidas y están desacreditadas. El próximo Parlamento será aún más mafioso y menos democrático y más ‘señores de la guerra’ y capos de la droga se abrirán paso”, lamentó a Efe Joya, que vive perseguida y oculta.
“Tienen las manos manchadas de sangre y en estos años se han hecho más poderosos. Los verdaderos demócratas se cuentan con los dedos de una mano”, aseveró la ex diputada.

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