Los suicidios en la India no entienden de castas

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Nueva Delhi, 27 oct 2006.- Agricultores arruinados, soldados bajo presión, ancianos cansados de vivir o escolares marcados por la competitividad son algunas de las caras del suicidio en India, un problema creciente que nadie sabe muy bien cómo afrontar.
Los 1.021 agricultores que se han suicidado en el centro de la India desde julio de 2005 son botón de muestra de un fenómeno que ha convertido también la región de Tamil Nadu, en el sur, en el lugar del planeta con mayor índice de suicidio adolescente.
Los diarios indios no tienen normalmente recato en tratar este asunto, tabú en otras culturas, y suelen informar de los suicidios de adolescentes en las páginas de sucesos dando toda clase de detalles.
En Tamil Nadu, por ejemplo, la tasa de suicidios entre los jóvenes es de 103 por cada 100.000 habitantes, nueve veces más que la media mundial, y más del 50 por ciento de las muertes de mujeres jóvenes se deben a esta causa.
Allí y en el estado vecino de Kerala se producen la mitad de las 100.000 muertes auto inducidas anuales registradas en la India, que han aumentado un 60 por ciento en apenas una década.
Kerala, según las estadísticas, es el estado más culto y alfabetizado de toda la India.
Según dijo a Efe el sociólogo Nandu Ram, “en Tamil Nadu y otras regiones del sur hay un culto al líder que conduce a la gente a matarse, como ocurrió tras la muerte de M.G. Ramachandran“, un actor y primer ministro de la región que murió en 1984 y arrastró a más de 100 personas al suicidio.
Mientras, los estudiantes son proclives a crisis de autoestima debido a problemas familiares, la violencia doméstica, amores fracasados o enfermedades mentales, también les afecta el sistema educativo indio, que apuesta fuertemente por la competitividad de cara a la inserción laboral.
“Muchos chicos no son capaces de afrontar las exigencias de sus padres o del colegio y eso les genera complejos y les hace pensar que no existe otra salida”, aseguró el sociólogo.
En el caso de los agricultores, el suicidio se ha convertido en una respuesta a un campo sin futuro, sobre todo en Vidarbha, donde las deudas generadas por la caída de los precios del algodón y la sequía son las causas más citadas por los analistas locales.
La mayoría de los campesinos son analfabetos en la India, de ahí que para muchos sea más complicado lograr préstamos bancarios que acudir a usureros ilegales, aunque ello suponga el pago de unos intereses que pueden alcanzar el 60 por ciento y son cobrados a veces con métodos coercitivos.
El Gobierno indio aprobó una serie de medidas para mejorar la situación los campesinos, pero las tasas de suicidios han aumentado porque las ayudas, de acuerdo con la versión de los sindicatos, no llegan.
Según el portavoz de la organización agrícola Vidarbha Jan Andolan Samiti (VJAS), Kishor Tivari, los suicidios tienen una traza común: ocurren entre pequeños campesinos endeudados que se enfrentan a alguna enfermedad familiar, una hija en edad casadera o un hijo desempleado, además de una caída de los precios o la producción.
Ahora, el VJAS contempla la organización de “gandhigiris“, una suerte de huelgas que siguen los principios “gandhianos” de la verdad, la tolerancia, la no violencia y la unidad, con el fin de alcanzar un “precio justo“, de unos 45 euros por quintal de algodón.
Por su parte, el Ejército indio, menos dado a “gandhigiris” que los campesinos, ha anunciado la contratación de psicólogos contra la plaga de suicidios entre sus filas, estimados en unas 500 desde 2002 y concentrados sobre todo en la región en disputa de Cachemira.
De todos modos, la controversia en torno al suicidio es la misma: determinar cuál es el valor de la vida en un país que tiene 1.100 millones de habitantes y ha comenzado apenas a desarrollarse.
Y es que en la India, algo tan individual como el suicidio se ha convertido en un problema de masas y no entiende de castas.

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