Los últimos zoroastrianos se conjuran para evitar su desaparición

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Nueva Delhi, 05 jun 2008.- Desesperados por la constante caída de su población, los zoroastrianos o parsis de la India han iniciado un plan de choque que va desde promover la fertilidad y predicar el matrimonio hasta, incluso, cambiar la definición de su linaje.
De los en torno a 100.000 zoroastrianos -que siguen el culto monoteísta impulsado por su profeta Zoroastro (o Zaratustra)- que quedan en el mundo, 69.691 viven en la India -a la que llegaron desde Persia hace un milenio-, según el último censo (2001).
El dato reflejó una tendencia imparable hacia la desaparición de esta comunidad -que en 1951, cuando se efectuó el primer censo de la India independiente, llegó a tener casi 112.000 miembros- y ha llevado a sus dirigentes a pedir ayuda a la Comisión Nacional de Minorías (NCM).
“Queremos ayudarles a controlar los números decrecientes”, dijo a la agencia india IANS el presidente de la NCM, Mohammad Shafi Qureshi.
La NCM intenta promover matrimonios tempranos y un espíritu familiar compartido entre los parsis, afectados de una propensión a la soltería, la emigración, una fertilidad decadente y la separación geográfica de las comunidades.
Desde enero hasta agosto de 2007, en todo el país hubo sólo 99 nacimientos en la comunidad, que tiene un índice del 4,7 por ciento de menores de seis años y una tasa de mortalidad que casi triplica la de natalidad.
De continuar el declive demográfico, los zoroastrianos podrían llegar incluso a perder el estatus de comunidad en la India y pasar a ser considerados “tribu”, lo que ha llevado a muchos plantearse si deben cambiarse los estrictos fundamentos de pertenencia a su religión.
Para los parsis, el linaje se transmite mediante línea paterna, y las mujeres que se casan con hombres ajenos a la comunidad pierden automáticamente su estatus en el seno de los zoroastrianos.
Los sectores más liberales piden redefinir la condición de “parsi”, para flexibilizar así las conversiones y considerar miembros de la comunidad a los niños nacidos de matrimonios mixtos.
Esa solución, sin embargo, choca con los clérigos puristas, que llegaron a emitir una resolución en 2003 invalidando esos matrimonios, pese a que el 35 por ciento de los parsis se casan con miembros externos a la comunidad.
Pero además, el problema parsi es de éxito: son la comunidad más alfabetizada de la India (97,9 por ciento), se mantienen ajenos a problemas como el feticidio femenino y además tienen altas remuneraciones en entornos urbanos.
Ese escenario social ayuda a explicar el declive de la fertilidad, los altos índices de matrimonios tardíos, la soltería o los divorcios que afectan a la comunidad, según una reciente encuesta encargada por la Comisión Nacional de Minorías.
“Nuestro número está cayendo muy rápido, y la tendencia debe ser revertida”, dijo a IANS la ex vicerrectora de la Universidad de Bombay Mehroo Dhunjisha Bengalee, a quien se ha encomendado dirigir una panel que ofrezca soluciones a los parsis.
“El panel quiere reunir a los líderes de la comunidad para salvar a los zoroastrianos de su extinción”, explicó.
“Hay una tendencia a esperar un buen partido para casarse y una urgencia por encontrar trabajos rápidos, en lugar de fortalecer los lazos familiares para vivir juntos y seguir el modo de vida zoroastriano, tejido en los buenos pensamientos”, añadió.
Los zoroastrianos llegaron a la India desde Persia hace unos 1.000 años, huyendo de persecuciones religiosas, y se establecieron en las regiones costeras de Gujarat y Maharashtra, cuya capital es Bombay.
En esta ciudad, la minoría parsi estableció el eje de su inmensa huella: fundaron el primer partido político del país, la bolsa, una planta siderúrgica, la universidad, los estudios de cine, medios de comunicación o grupos empresariales como Tata, Wadia o Godrej.
La capital financiera india es todavía el feudo de los zoroastrianos, y allí el Consejo Parsi ha propuesto un paquete de medidas, como ayudas para la cría del tercer hijo, una propuesta anómala en un país con un grave problema de superpoblación.
Y también en Bombay ha abierto sus puertas la primera clínica parsi de fertilidad, que, tan exclusiva como los zoroastrianos, sólo admite fieles entre sus clientes y busca apuntalar los restos de “la religión profética más antigua del mundo”.

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