Memoria de Cáceres
November 21, 2009 · imprimir
Sé que te impacienta llegar a tu destino
Tú que te imaginas encumbrada a música
Convertidas tus lágrimas en soplos de luz
Para las noches en vela y la bruma del campo.
Tú que vendrás señalada por la retama y la jara
Casi sabrás ya que ese lejano resplandor
Del que algunos días decido hablarte
Árbol de cables en pleno verano seco
Fue la casa de tu padre, hoy ciudad entera de amor
Que te espera en su dominio plantado en la nada.
Correrás a su encuentro de camino a la tarde
Por pasos enjutos y romos encinares
Tierras sin principio ni fin ni quien las narre
Salvo tú que por entonces abrirás los ojos
Efímera y silenciosa lucidez de la medianoche
Como si todas las cosas estuvieran quietas.
Estos son los lugares que te aguardan siempre,
los escudos y las torres, las cigüeñas y las piedras.
La marca roja de una mano anónima,
Una punta de flecha, un arco egregio todavía
Cuya herradura cruzarás ya bañada de sol.
Vamos. Esa es tu historia.
Está dispuesta a aceptarte y tomarte como suya:
Te dará coordenadas desde su memoria más íntima
Eterna y elegante como la estación del año
Instante originario sobre el que gravitará tu libertad.
(Luego de florecer, se deshará como la arena todo
Y podrás decir entonces yo por fin he nacido).
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