Miles de animales sacrificados para aplacar a los dioses hindúes

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Nueva Delhi, 18 oct 2006.- Miles de cabras, patos, búfalos y palomas son sacrificados estos días en la India por devotos fieles en ceremonias organizadas para aplacar a los dioses hindúes, según denunciaron a Efe activistas del ecologismo.
Este año, sólo en la región de Orissa, en el este del país, fueron sacrificados durante las fiestas hindúes de la “Durga Puja” unos 10.000 animales, afirmó la ONG “People for Animals” (PFA).
“El problema es que la gente todavía cree que sacrificar animales les conducirá a una vida mejor en la que se cumplirán sus deseos”, declaró a Efe Jiban Das, delegado para Orissa de PFA.
En áreas tribales existe la costumbre de consagrar sobre todo cabras, patos y palomas, pero también algunos búfalos.
Jiban Das concentra ahora sus esfuerzos en que la venidera fiesta de “Diwali“, una especie de Navidad hindú, no se convierta en otra “masacre” como la que su organización denuncia en el estado nororiental de Assam, en el templo de Kamakhya, también durante la “Durga Puja“.
La versión de la PFA, que cuantifica los sacrificios de Kamakhya en unos 20 búfalos, 3.000 cabras y miles de palomas, contrasta con la posición de las autoridades del templo, para quienes dichas cantidades son una “exageración”.
“Sabemos que 20 búfalos y algunas cabras fueron sacrificadas este año, pero, ¿cómo puede alguien sacrificar en un templo 3.000 cabras en tres días?. Es imposible”, ha declarado el secretario del templo, Nabakanta Sarma.
Con fecha de 1960, la ley india de Prevención de la Crueldad Animal no prohibía el sacrificio de animales en lugares religiosos, lo que ha llevado recientemente a algunas regiones, entre las que se cuenta Orissa, a desarrollar normativas más restrictivas.
Aunque Das afirma que los políticos de Orissa están comprometidos con la prohibición de este ceremonial, ello no impidió que el consejero de Desarrollo Urbano, K. V. Singhdeo, celebrara hace tiempo un sacrificio dentro del palacio de su propiedad.
El presidente de la región, Naveen Patnaik, se apresuró a condenar el hecho, pero lo cierto, según la prensa local, es que ningún partido se atreve a censurarlo, pues teme perder votos en un país tradicionalmente muy devoto.
En enero pasado, por ejemplo, las autoridades restringieron las visitas a Khairguda, una localidad en la que tiene lugar cada año el sacrificio de 20.000 animales para aplacar la ira de los dioses.
La celebración se mantuvo, pero ni los habitantes de los pueblos vecinos ni los activistas que protestaban cerca del lugar pudieron ver a la “Dehuri“, la joven que representa la encarnación de los dioses y bebe la sangre de los animales sacrificados mientras baila al son de los tambores.
El problema, como reconoce a Efe la activista Sangeeta Goswami, que ha denunciado estas ceremonias del templo de Kamakhya, reside en que los sacrificios están tan extendidos que cuando Amitabh Bachchan, el actor más popular de Bollywood, enfermó en diciembre, se sacrificaron dos búfalos en el templo para lograr que sanara.
El caso Bachchan desencadenó la ira de las entidades ecologistas porque el actor es un destacado miembro de PETA, otra asociación protectora de animales, pero nada pudo impedir que sus fans pusieran en práctica una tradición con más de 3.000 años de antigüedad.
Con todo, la consagración de animales es una anécdota si se compara con otra práctica más cruenta, consistente en el sacrificio de niños, como ocurrió la semana pasada en Benarés, cuando un brujo secuestró y degolló a un pequeño que jugaba junto al Ganges para ofrecérselo a los dioses como “sacrificio”.

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