Parlamento tibetano en el exilio traslada su protesta a Nueva Delhi

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Nueva Delhi, 19 mar 2008.- Los diputados del Parlamento tibetano en el exilio indio trasladaron hoy su protesta a Nueva Delhi, donde clamaron contra la “represión” de la revuelta en el Tíbet por parte de China y pidieron una supervisión internacional sobre el terreno.
“Pedimos a la comunidad internacional que intervenga contra la presente represión china en el Tíbet. La ONU debe estar alerta. Es el momento de apoyar el movimiento no violento y la paz. Todas las agencias de la ONU deben hacer algo”, declaró a Efe el monje y parlamentario tibetano Acharya Yeshi Phuntsok.
Tras viajar a Nueva Delhi desde la ciudad norteña india que les sirve de sede en el exilio, Dharamsala, los 43 parlamentarios se sentaron a la sombra de una carpa en la céntrica Avenida del Parlamento, donde comenzaron un ayuno de ocho horas para llamar la atención sobre la situación en el Tíbet.
“La situación es muy urgente, así que hemos decidido iniciar una huelga de hambre para mostrar nuestro apoyo a nuestros compatriotas”, dijo a Efe el presidente del Parlamento, Karma Choephel, quien en rueda de prensa denunció que los tibetanos son en China “ciudadanos de segunda clase”.
El Tíbet sufre una revuelta que estalló el pasado 10 de marzo, cuando cientos de monjes budistas salieron a la calle para recordar el aniversario de la rebelión tibetana contra Pekín en 1959.
En los días siguientes se produjeron disturbios y manifestaciones que fueron sofocados por las fuerzas de seguridad y concluyeron con la muerte de trece personas, según China, aunque el Gobierno tibetano en el exilio sostiene que los muertos son en realidad un centenar.
Acompañado hoy por decenas de monjes budistas, Choephel clamó por una intervención internacional contra la “propaganda” y la “campaña de desinformación” de China, cuyas autoridades han llegado a acusar al Dalai Lama de “hipócrita” y de fomentar actos violentos.
“Las acusaciones contra el Dalai Lama son insinuaciones muy equivocadas y forman parte de la propaganda china para protegerse a sí mismos y desviar la atención de la realidad”, dijo a Efe Choephel.
En una rueda de prensa, el Dalai Lama había amenazado este martes con su renuncia si los tibetanos recurren a la violencia, pero esto no ha impedido que las protestas de la región se hayan extendido a las provincias chinas de Sichuan, Gansú y Qinghai, donde hay importantes comunidades tibetanas.
Preocupados por el destino de sus compatriotas, los diputados denunciaron la ausencia de testigos independientes en los disturbios y las restricciones que sufre la prensa para informar de la situación sobre el terreno.
“Ya no se trata de las demandas de autonomía o de independencia. Aquí la cuestión es si se están respetando los derechos humanos. Y nosotros estamos celebrando este acto aquí porque en China no podríamos”, dijo la vicepresidenta de la Cámara, Gyari Dolma.
Poco antes, Dolma se abrazó entre lágrimas al ex ministro indio George Fernandes y le agradeció su presencia en el acto, que contó con miembros de la oposición parlamentaria india, muy críticos con la “débil” respuesta del Gobierno de Nueva Delhi ante la política china en el Tíbet.
“Es una vergüenza que el Parlamento ni siquiera haya intentado aprobar una resolución condenando la guerra que se ha iniciado contra los tibetanos. Los marxistas y el Partido del Congreso (en el Gobierno) se han rendido a China sin hacer ningún esfuerzo”, denunció Fernandes.
Aunque la India reconoció al Tíbet como parte de China a comienzos de la década de 1950, más tarde se hizo cargo del Dalai Lama y su Gobierno, después de que el líder budista tuviera que huir de Lhasa tras la fracasada rebelión de 1959 contra el mandato chino.
Esa presencia del Dalai Lama en Dharamsala ha servido en ocasiones como arma arrojadiza en las relaciones bilaterales sino-indias, marcadas durante décadas por la desconfianza, los litigios fronterizos y la guerra mantenida en el año 1962.
En medio de las dos potencias asiáticas, los 43 diputados tibetanos de Dharamsala pidieron hoy “no ser olvidados” antes de desvelar su plan de choque para la nueva crisis tibetana: supervisión internacional, atención para los heridos, fin de las muertes y libertad de prensa.

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