Polémica por labor policial en el caso de los 17 niños violados y asesinados

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Nueva Delhi, 31 dic 2006.- Los dos acusados por la violación y asesinato de un mínimo de 17 niños de la ciudad de Noida, próxima a Nueva Delhi, continúan bajo custodia de las autoridades, mientras crece la polémica sobre la posible negligencia policial en la investigación del caso.
A pesar de que en un primer momento el peso de la acusación recayó sobre un empleado del hogar de 30 años, Satinder, que confesó los asesinatos, a última hora de ayer la Policía informó de que el principal cerebro de los crímenes era presuntamente el empleador de Satinder, el empresario Mohinder Singh Pandher.
La Policía ha descartado también la relación del caso con el tráfico de órganos, una hipótesis manejada en un primer momento, y se centra ahora en el móvil sexual, que llevó presuntamente a los acusados a violar y asesinar a los pequeños.
“Mohinder estaba separado, y solía llamar a chicas de compañía. Cuando no conseguía ninguna, pedía a Satinder que atrajera algún niño y lo invitara a la casa, donde el dueño abusaba de ellos”, declaró citado por la agencia PTI el superintendente de Policía R.K. Rathore.
El empleado, calificado por la Policía como “mentalmente enfermo“, violaba a los niños después de su jefe, tras haberlos atraído, según confesó, “con chocolatinas”, y más tarde los estrangulaba, descuartizaba y arrojaba los restos en bolsas al desagüe de las traseras de la casa.
Entre golpes y gritos de una turba que amenazaba con lincharlos, ambos pasaron ayer a disposición judicial acusados formalmente de asesinato, ocultación de pruebas y conspiración, lo que en la India puede acarrear la pena de muerte.
Mientras, decenas de padres y madres continúan hoy por tercer día frente a la casa donde aparecieron los restos, situada en un área repleta de humildes trabajadores, a la espera de que las labores de exhumación de la Policía aporten más pistas sobre la suerte de sus hijos desaparecidos, unos 38 pequeños en los últimos dos años.
Tras descubrir ayer una nueva bolsa con restos en un desagüe, no se descarta que aumente la cantidad de víctimas, que el periódico “The Times of India” cuantificó hoy en 22, asegurando que podría elevarse incluso a 30.
A medida que avanzaban ayer las tareas de excavación, crecía la ira entre los varios cientos de personas reunidas en torno a la vivienda, en el popular barrio de Nithari, hasta el punto de que la Policía tuvo que cargar contra la multitud, que trató de destruir la casa donde vivían los acusados.
Sin embargo, la tensión en torno a la casa dio paso a la desolación cuando Satinder, durante el interrogatorio policial celebrado ante los padres de los niños, identificó mediante fotografías a diez de los pequeños.
Algunos de los afectados no se habían atrevido a denunciar las desapariciones porque la mayoría de los habitantes de Nithari son inmigrantes que tenían miedo de la Policía, pero la población se muestra en todo casos muy crítica con la actuación de las fuerzas de seguridad.
“Trabajo en una fábrica y no gano dinero suficiente para sobornar a la Policía. Sólo quiere nuestro dinero”, dijo a PTI Pappu Lal, padre de un niño de ocho años desaparecido en abril.
Pappu había denunciado a los acusados en varias ocasiones, pero la Policía se negó a actuar hasta que el obrero encontró en compañía de otros padres, restos de ropa infantil tras la casa de Mohinder.
Pese a que los lugareños habían denunciado con anterioridad que las desapariciones ocurrían en un radio de 100 metros, la condición humilde de los afectados es para muchos la razón de la lentitud policial en investigar los casos, Aunque las fuerzas de seguridad se apresuraron a negar las críticas, más tarde fueron suspendidos de empleo seis policías del área de Nithani, mientras el Partido del Congreso reclamó hoy ayudas de 17.000 euros y empleos públicos para las familias afectadas, informó la cadena de televisión NDTV.
El caso del “Carnicero de Noida” tiene estos días una amplia cobertura en los medios del país, que hoy recogieron el caso de varios niños que deben estar vivos a no haber aceptado la chocolatina que les ofrecía un desconocido.

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