Se cumplen 25 años del “Julio negro”, la peor matanza étnica de Sri Lanka

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Nueva Delhi, 25 jul 2008.- Los tamiles de todo el mundo conmemoran estos días con obras de teatro, exposiciones y vigilias los 25 años desde las peores matanzas étnicas registradas en Sri Lanka, semilla de la actual guerra que sufre la isla del Índico.
“Los 25 años merecían un repaso de las historias de lo que ocurrió luego. Hay fotografías de desplazados, de mujeres que lo perdieron todo”, cuenta a Efe por teléfono la fotógrafa Anoma Rajakaruna, que presentó en Colombo la muestra “Vida tras 25 años”.
La poderosa diáspora tamil del mundo puede asistir estos días a obras de teatro en Toronto (Canadá), presentaciones de libros en Australia y la India o vigilias y manifestaciones en los Estados Unidos, con el objetivo común de conmemorar las matanzas de 1983.
“Algunos se preguntan por qué estos eventos son recordados ritualmente año tras año cada julio. Yo creo que la única razón es asegurarnos de que algo así no vuelva a suceder”, dice a Efe por teléfono el ministro de Integración Nacional, Dew Gunasekara.
Cingaleses (mayoritarios) y tamiles se habían enzarzado en choques étnicos esporádicos desde la década de 1970, pero la violencia estalló definitivamente en julio de 1983, el “Julio Negro”, con la llegada a Colombo de los cadáveres de 15 soldados emboscados por la guerrilla tamil (LTTE).
“Los soldados fueron traídos a la vez y la gente reaccionó con ira en el entierro. Además, el Gobierno tardó seis días en pedir calma; ese silencio animó a los violentos”, comenta desde Colombo Gunasekara.
La noche del 24 de julio de 1983, poco después del sepelio, hordas de cingaleses enfurecidos asaltaron, violaron y asesinaron a cuantos tamiles encontraron a su paso en la capital ceilanesa.
“Todavía recuerdo cómo pararon el automóvil. Dentro había cuatro: una niña, un niño y sus padres. Unas preguntas con alegría, para no cometer errores. Y entonces pasaron a la acción. Rociar con gasolina y todo eso”, escribe el poeta cingalés Basil Fernando.
Según los cronistas, las turbas preguntaban a los motoristas por su etnia, y los mataban si estos resultaban ser tamiles; ardieron autobuses cargados de pasajeros y una muchedumbre entró en un penal capitalino y acuchilló a 53 presos políticos de esa etnia.
“Amaneció un día de 1983 que cambió el paisaje y la rutina familiar. Ardió cada edificio tamil de la ciudad, incluida la farmacia del tío Joe. Pasaron días, semanas, meses: él desapareció sin dejar rastro”, recuerda la fotógrafa Rajakaruna.
Los pogromos de Colombo se extendieron más tarde por todo el país con un balance escalofriante: murieron más de 1.000 tamiles y se calcula que se quedaron sin vivienda 700.000 personas, de las cuales 400.000 dejaron Sri Lanka y se repartieron por todo el mundo.
Pese al silencio gubernamental, el “Julio Negro” también dio pie a frecuentes actos de hermandad entre miembros de ambas comunidades, y está documentada la ayuda que muchos cingaleses prestaron durante los pogromos a los tamiles.
Pero la violencia ahogó la cooperación entre los dos grupos étnicos y dio preeminencia al grupo extremista Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE), que se financió con dinero de la diáspora y se hizo con el poder en el tercio norte de la isla.
La guerra, según Gunasekara, marcó la división de facto de Sri Lanka y ha causado desde entonces la muerte de casi 100.000 personas, con daños “incalculables” para la confianza mutua entre los budistas cingaleses y los tamiles, de religión hindú.
El LTTE lucha todavía por la independencia del “Tamil Eelam”, las áreas con más presencia tamil -el norte y el este- y donde se concentran los frentes de batalla, aunque en los últimos meses el Ejército ha logrado avances significativos.
“¿Qué significó el ‘Julio negro’? El comienzo de la era de las pistolas, las desapariciones, los niños soldado, la destrucción de la democracia. Y el conflicto todavía continúa”, concluye el ministro.
Pese a la dramática situación bélica del país y el sufrimiento de cientos de miles de habitantes, durante la exposición de Rajakaruna ha habido un pequeño motivo de alegría: la vuelta del tío Joe, veinticinco años después de su desaparición.
El tío Joe de la farmacia, ya con 77 años, contó a Rajakaruna que alguien le habló de la exposición y entonces pidió que le llevaran a verla; que lo perdió todo pero salió adelante; que su hijo tamil se casó, felizmente, con una chica cingalesa.

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