Seis años después de matanzas de Gujarat, víctimas siguen pidiendo justicia

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Ahmedabad (India), 28 feb (EFE).- En el sexto aniversario de las matanzas religiosas que causaron más de 1.000 muertos, nada se para en la región india occidental de Gujarat, un pujante motor económico e industrial en el que sin embargo hay quien reclama justicia.
Ante la lentitud de los tribunales, las asociaciones de víctimas -en su mayoría, musulmanas- se reunieron hoy en un centro de convenciones de la ciudad más importante de Gujarat, Ahmedabad, y decidieron impulsar una larga marcha hasta Nueva Delhi dentro de tres meses.
“Las clases medias de Ahmedabad quieren olvidar lo sucedido, creen que no es correcto levantar el pasado. Pero las víctimas están lejos de haber recibido justicia y ahora se están organizando”, dice a Efe el activista Prasad Chacko, de Ayuda en Acción.
Chacko calcula en 5.000 las familias que tuvieron que abandonar sus casas durante los disturbios de Gujarat, que comenzaron hace hoy seis años tras el incendio de un tren de peregrinos hindúes a manos, según los extremistas de esa religión, de los musulmanes.
Durante los dos meses siguientes, musulmanes e hindúes se enfrentaron en ataques y contraataques que ocasionaron unos 1.000 muertos, según algunos cálculos, y, sobre todo, una cicatriz aún abierta en la convivencia religiosa, hasta el punto de que ambas comunidades viven hoy en barrios separados.
“Mi casa fue destruida”, cuenta a Efe el profesor universitario J.S. Bandukwala (musulmán), que tuvo que esconderse en el servicio de una familia amiga (hindú) después de que una turba de integristas rodeara su vivienda para quemarla y matarle.
“Con el tiempo he perdonado. Pero no es justo que Dhimant Bhatt, la persona que encabezó la acción -y lo reconoció públicamente- siga en la calle sin ningún proceso judicial iniciado contra él”, añadió.
Las víctimas y las asociaciones de ayuda son muy críticas con la gestión que de la crisis hizo el Gobierno regional, entonces y hoy encabezado por el conservador Narendra Modi, quien calificó el incendio del tren como un “violento acto de terrorismo planificado por parte de una comunidad contra otra”.
Esta y otra cita, “cada acción tiene una reacción igual y opuesta”, pudieron espolear a los grupos de agresores de organizaciones integristas como el Bajrang Dal y el Vishwa Hindu Parishad (VHP), afines al partido de Modi (BJP).
“No estamos arrepentidos”, dijo a Efe un secretario general del VHP, Amrit Sharma. “No fue planificado; fue una erupción repentina que no podemos someter a la razón desde un despacho”.
En su sede de Ahmedabad, los activistas del VHP comparten con Sharma el uniforme color caqui pero son mucho menos habladores y se esfuman a la primera pregunta.
“No tenemos nada de información, las fotografías están prohibidas, no sabemos hablar ni inglés ni hindi”, contesta en hindi un presunto encargado de prensa.
Los radicales hindúes desconfían de la prensa desde el pasado mes de septiembre, cuando un trabajo de investigación de la revista semanal Tehelka -con cámaras ocultas- puso al descubierto la participación de varios militantes en las matanzas de 2002.
“Cuando hay hombres hambrientos, comerán una fruta u otra, ¿no? (Hubo) muchas chicas asesinadas, así que algunos hombres se sirvieron del fruto… Mi mujer está aquí pero déjame decirte que la fruta estaba allí y comí una vez: la hija del chatarrero, Naseemo. Esa gordita sabrosa. Luego la reduje a pulpa”, confesó en una de las grabaciones el militante Suresh Richard.
La prensa ha tomado el relevo de las investigaciones ante las continuas sombras y sospechas de corrupción de las fuerzas de seguridad, cuya profesionalidad ha sido puesta en duda porque, al fin y al cabo, obedecían órdenes del Gobierno regional.
“Las investigaciones fueron llevadas a cabo de forma que los posibles culpables fueran liberados. La mayoría de los casos en el Supremo no prosperarán, así que las víctimas deben organizarse de otro modo”, concluye Chacko.
Una muestra de la fragilidad de parte de la labor policial es la investigación del barrio de Naroda Patiya (hoy de sonriente mayoría hindú), donde un centenar de personas murieron en los disturbios y donde la Policía, según los archivos, sólo ha recuperado una espada.
En otros casos, las pruebas recogidas fueron insuficientes, los culpables se pusieron a cubierto durante meses o las familias de las víctimas, sencillamente, carecían de medios para afrontar el coste de un proceso judicial.
En Ahmedabad, un mudo testigo de la lucha es el cuartel general que utilizó el gujarati más famoso de la historia, “Mahatma” Gandhi, para lanzar su movimiento por la independencia india.
“Mi vida está dedicada a probar que la cooperación entre hindúes y musulmanes es la condición inevitable para la libertad de la India”, dejó dicho.
Seis décadas más tarde, algunos no lo han entendido y otros sí: “Nosotros estamos preparados para perdonar si ellos expresan arrepentimiento. Tienen que dejarnos perdonar, porque la convivencia es el único camino”, concluye el profesor Bandukwala.

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