Día internacional de la pobreza: cifras y causas de la endémica pobreza india
November 5, 2009
Nueva Delhi, 16 oct 2009.- En vísperas del Día Internacional por la Erradicación de la Pobreza, la India sigue siendo hogar para un tercio de los más pobres del mundo, víctimas de la alta presión demográfica, la dependencia agrícola, el analfabetismo y el rígido sistema de castas que aún constriñen el futuro del país.
Según el Banco Mundial, el 41,6 por ciento de los indios vivía en 2005 con menos de 1,25 dólares diarios (0,84 euros), la línea internacional de la pobreza, que el Gobierno indio reduce a 12 rupias (un cuarto de dólar ó 0,17 euros).
La India inició la liberalización de su economía a principios de la década de 1990 con un 36 por ciento de pobres “oficiales” y redujo ese porcentaje al 28,6 en 2000 y al 27,5 en 2005, un ritmo que convierte en quimera el cumplimiento del “objetivo del milenio” de la ONU de 2000 que pretendía reducir la pobreza a la mitad para 2015.
“La verdadera razón de la pobreza está en que las políticas públicas no están orientadas a una buena gobernación ni están formuladas apropiadamente. No se genera trabajo, no hay atención sanitaria, ni educación”, explicó a Efe el sociólogo Dipankar Gupta.
En el siglo XIX, la India llegó a poseer el 16 por ciento de la riqueza mundial, pero el país no logró conectarse a la revolución industrial.
Tampoco ayudó a la reducción de la pobreza la política de los años posteriores a la independencia (1947), que sujetó a la industria privada con un complejo sistema de licencias y abocó al país a un crecimiento menor que el de los “tigres asiáticos“.
Pese al fuerte crecimiento del PIB y las últimas dos décadas de liberalización, la mayoría de los indios siguen atados al campo, un sector de magro crecimiento y peso económico decreciente.
La agricultura ocupa a dos tercios de la población, pero sólo genera el 17,8 por ciento del PIB. Según el Banco Mundial, precisa reformas y no es “ni económica ni ambientalmente sostenible“.
“La agricultura nunca podrá crecer al mismo ritmo que los demás sectores. La solución para nuestro crecimiento pasa por mover a los trabajadores desde los sectores agrícolas hacia los demás”, aseguró a Efe el ex presidente del Consejo Económico de la India Suresh Tendulkar.
En las zonas rurales, donde viven el 75 por ciento de los pobres, sigue además vigente el sistema de castas, una estructura que aboca a los peor situados en él a ocuparse en las tareas que nadie más quiere y bajo condiciones ímprobas.
Sin embargo, los analistas indios confían en que el desarrollo manufacturero y de los servicios llevarán aparejada una progresiva migración a las ciudades y, de rebote, la pérdida de significado de este jerárquico sistema, para algunos causa última de la pobreza del país.
“El sistema de castas se ha colapsado. Los terratenientes ya no ocupan la posición que tenían y ya no pueden movilizar como antes a la población. La casta no desaparecerá, pero continuará sólo como un fenómeno de identidad y amor propio”, predijo Gupta.
Por prometedor que sea su futuro, la India sigue sufriendo graves carencias en el plano del desarrollo humano: el 15,5 por ciento de los indios no vive más de 40 años, una de cada tres personas no saben leer y el 47 por ciento de los niños están malnutridos.
Un informe de ActionAid difundido hoy con ocasión del Día Mundial de la Alimentación revela que el país ha añadido 30 millones de personas a sus filas de hambrientos desde mediados de la década de 1990.
“El lado oscuro del crecimiento económico indio ha sido que los grupos sociales excluidos han sido más marginalizados”, constató el director de ActionAid India, Babu Matthew, según la agencia IANS.
Y todo ello pese a la aprobación de leyes y programas para combatir la pobreza cuya “implementación sigue siendo un reto masivo en ausencia de reconocimiento de los derechos de los pobres”, según el responsable de Derecho a la Alimentación de esta ONG, Amar Joyti Nayak.
En opinión de Gupta, los esfuerzos del Estado desde la independencia -subsidios alimentarios, control de precios, mejoras de técnicas agrícolas, medidas educativas- sí repercutieron en el fin de las grandes hambrunas, pero es hora de dar el siguiente paso.
“El Estado -concluyó- debe ejercer su liderazgo para fomentar un cambio de modelo, invertir en salud, en educación. No habrá cambios si las elites indias se preocupan sólo de sí mismas. Los pobres no lucharán si ven que puedan perder la subvención de combustible“.
Mala gestión y falta de infraestructuras lastran el sector indio del agua
September 14, 2009
Nueva Delhi, 28 jul 2009.- El aumento de la demanda, sistemas de almacenamiento y distribución deficientes y la mala gestión de las lluvias harán del agua un recurso insostenible en la India para el año 2025 si el país no acomete reformas.
Hasta ahora, la India se ha mantenido fiel a una política de altos subsidios al consumo, pero la desatención a sus deficientes redes de distribución y almacenamiento llega al punto de que el 54 por ciento del suministro se pierde por escapes.
“El país considera el agua como una materia prima gratuita, más que como un activo económico (…). Lo más significativo es que el precio está infravalorado y para compensarlo, se reciben subsidios”, asegura la Oficina Comercial Española en Delhi en su último informe dedicado al agua.
El mercado del agua en el país asiático carece de indicadores fiables y presenta datos de medición defectuosos o inexistentes, aunque según la consultora EA Water, la disponibilidad del agua y el crecimiento de la población siguen tendencias opuestas.
La insuficiencia de fondos disponibles crea además problemas de mantenimiento para las vetustas instalaciones y de construcción de sistemas de almacenaje en el país, que cuenta apenas con infraestructuras para conservar 30 días de lluvia.
“El problema no son tanto los subsidios como la mala gestión. No se valoran los recursos y existe mucha corrupción. El agua no llega a los usuarios pese a los subsidios”, expuso a Efe el analista Dipen Sheth, vicepresidente de la consultora india Brics.
Los crecimientos demográfico e industrial y los todavía desconocidos efectos del cambio climático añaden presión a la política india del agua, un recurso cuya disponibilidad se reducirá un 86 por ciento para el año 2050, según cálculos de EA Water.
Y junto a esos problemas, los expertos citan como dificultad añadida la alta estacionalidad de las lluvias, concentradas en un 75 por ciento entre los meses de junio y septiembre, con la llegada del monzón del suroeste.
Por eso, cuando el fenómeno falla -como este año-, la situación adquiere tintes de tragedia para los cientos de millones de campesinos del país, donde dos tercios de las tierras cultivables están sin acceso a irrigaciones y dependen todavía de la lluvia.
La agricultura india, pendiente de modernización, creció a un ritmo medio del 3,7 por ciento entre 2003 y 2008, muy por debajo del resto de los sectores económicos, en parte por su dependencia de los factores estacionales.
Y este año la perspectiva es poco halagüeña: el monzón de 2009 está siendo débil en el norte de la India, con lluvias que en junio estuvieron un 43 por ciento por debajo de la media y una situación preocupante en 15 de las 36 divisiones meteorológicas del país.
“Estoy cruzando los dedos para ver qué pasa al final. Aún no hemos iniciado un plan de contingencia”, aseguró hace unos días el ministro indio de Agricultura, Sharad Pawar, en declaraciones a los medios del país sobre la amenaza de sequía.
El agua destinada a usos agrícolas representa el 70 por ciento del total, aunque las industrias textil, alimentaria, papelera o energética requieren un consumo cada vez mayor, lo que repercute en la calidad y la contaminación del elemento.
Actualmente, un 15 por ciento de los acuíferos están contaminados, aunque según la Oficina Comercial Española la tasa se elevará hasta el 66 por ciento en 2030; y hay quien achaca el monzón deficiente al hollín de los contaminantes fuegos de cocina.
“El 70 por ciento de la población india usa biomasa para cocinar, lo que genera una gran nube marrón de contaminación que impide la llegada de los vientos del monzón”, explicó a IANS el científico Syed Iqbal Hasnain, del Instituto de Energía y Recursos.
Con este escenario, distintos informes económicos predicen ya para la India una crisis de sostenibilidad, que ni las autoridades ni la industria privada del agua -fragmentada y desorganizada- afrontan por ahora con garantías.
Montek Singh Ahluwalia
March 12, 2009
La Comisión de Planificación india es una de las huellas de la economía socialista que guió a la India durante décadas desde la independencia. Con las reformas de 1991, sin embargo, no perdió pujanza: sigue marcando las líneas de asignación presupuestaria de la India en sus “Planes Quinquenales”, controla la ejecución de los programas y vela por las relaciones intersectoriales de la economía. De su importancia da idea el hecho de que esté presidida por el primer ministro, Manmohan Singh. Aunque lo es a título nominal: el hombre fuerte de la Comisión ha sido siempre el vicepresidente, como ya ocurrió con Nehru y el mítico Mahabalanobis. Hoy, ese puesto está ocupado por Montek Singh Ahluwalia, a quien se proyecta como el próximo ministro indio de Finanzas si el Partido del Congreso gana las elecciones. Singh Ahluwalia habla en su amplio despacho del bloque administrativo Yojana Bhawan, en el corazón de Nueva Delhi.
Tras décadas de desconfianza, ¿ha cambiado su relación con el sector privado?
Interactuamos todo el tiempo, por ejemplo en el sector de las infraestructuras, que es una de las mayores iniciativas del Gobierno: intentar la asociación público-privada. Con una inversión necesaria de 500.000 millones de dólares. La India afronta muchos desafíos, pero hay una cosa clara: si queremos crecer rápido, hay que mejorar masivamente las infraestructuras. Y hay otro gran desafío, que es proporcionar educación para formar trabajadores cualificados.
Según los expertos, la India se enfrenta a un serio problema de formación.
Este problema ha emergido ahora, en el sentido de que cuando crecíamos al 4 por ciento, teníamos un excedente de trabajadores cualificados; con un 6 por ciento, estaríamos bien; pero con un crecimiento del 8 que aspira a ser del 9, tenemos un serio problema de déficit de trabajadores cualificados.
Y a no ser que podamos tomar medidas internas para poder reformar el sistema educativo y de formación, no podremos alcanzar nuestros objetivos. Hay mucha expansión de este sistema ya planificada, pero necesitamos hacer más. Muchas de nuestras universidades producen gente que de algún modo, recurren a un training académico, y eso es correcto para unirse al servicio civil, pero no está orientado para el desarrollo de capacidades específicas para el mundo del trabajo.
Estos problemas pueden ser resueltos, dando a esta gente programas y cursos de tres ó seis meses, que les permitirían desarrollar capacidades “de mercado”. Pero de otro modo, eso es verdad: es un programa que requerirá de tres o cuatro años…
Pero ¿cuál sería la cantidad de trabajadores necesarios?
Es que dependen de cada sector, y no tengo una cifra. Pero ciertamente vemos que, en los últimos dos años, son necesarios operadores de maquinaria, personas capaces de operar máquinas con ordenadores, expertos informáticos… Nuestra necesidad está subiendo de manera pronunciada y es más difícil retener a tu fuerza laboral. Eso, los empleadores nos lo dicen. Pero, por otra parte, ha bajado el número de personas que se iban al extranjero. Y muchos de los que están fuera vuelven. Ninguno de nuestros trabajos se paga tan bien como en los Estados Unidos, pero la gente está dispuesta a aceptar salarios mucho menores si está trabajando en casa.
La amenaza de recesión también planea sobre el cuadro de desarrollo…
Somos menos dependientes de la economía global que algunos otros países. Pero no independientes: y muchos de los beneficios que hemos tenido en los últimos pocos años son resultado de una mayor integración. Así que si el mundo baja, nosotros también. Eso es evidente incluso ahora. En los últimos dos años crecimos más de lo que indicaba el potencial. Este año pensamos que podemos crecer a una tasa del ocho, y hay quien piensa que iremos incluso por debajo. Sea cual sea, será una alta tasa de crecimiento, y mucho dependerá de cómo reacciona la economía mundial. Somos menos dependientes respecto a USA, pero más dependientes en un dibujo global. Mientras las perspectivas para USA tienen una pinta muy desalentadora.
¿Tendrán algún efecto sobre las reformas las próximas elecciones indias?
Hasta las elecciones, ninguna nueva reforma puede esperarse, pero se ha realizado mucha implementación. Cosas que ya han empezado, pero que había que completar antes de las elecciones. Todas las áreas de infraestructuras, por ejemplo, en las que tenemos iniciativas en marcha y debemos probar que las asociaciones público-privadas pueden funcionar. Hay muchos proyectos en el sistema y hay que asegurarse de que esos proyectos son llevados a cabo.
Y además hay otras áreas, como el fomento de la educación: anunciamos un nuevo número de universidades e instituciones la semana pasada. Entre ellas habrá algunas Universidades de clase mundial, IIT, IIM, pero ahora hay que determinar el lugar y convencer a las autoridades regionales para que pongan la tierra necesaria. Cuanto más concretas sean estas decisiones, más podrán mostrar su interés en apoyarlas. El Gobierno de la India ya dijo que quiere tener 30 universidades, pero ahora hemos indicado además dónde deben estar. La asignación podría retrasarse dos años o podría hacerse en dos meses. Así que nuestro objetivo es ponerlo en un calendario ajustado para que se haga.
Se diría que el término de moda de esta legislatura ha sido “inclusión”.
Es una historia muy larga y tenemos todo un Plan Quinquenal dedicado a ello. Pero, extensamente, necesitamos un gran impulso de la agricultura, que no ha ido bien en años recientes. Así que si podemos convertir la evolución de la agricultura en una historia mejor, parte del camino estaría hecho.
Necesitamos una base más fuerte de desarrollo cualificado y extender la educación, porque esto abre oportunidades y puede marcar la diferencia. Necesitamos además un crecimiento mucho mejor del sector de las manufacturas para que revierta en el empleo. En los últimos años, el sector servicios creció mucho más que las manufacturas. Y los servicios de alta formación tienden a requerir una educación más especializada.
Pero resultará difícil el paso de la agricultura a los servicios, así de repente.
Si quieres transformar a la gente de las áreas rurales hacia empleos no agrícolas, con capacidades limitadas en dos, tres o seis meses, entonces es la simple manufactura lo que les puedes enseñar. Así que necesitamos que el crecimiento de las manufacturas sea más rápido.
Creo que las manufacturas no crecieron tanto como debían porque nuestras infraestructuras no eran buenas y había falta de competitividad. Algunos dirán además que esto se debía a nuestras leyes laborales, que son un poco demasiado rígidas y de flexibilidad limitada. Para echar empleados, necesitas el consentimiento del Gobierno regional, y lo que ha ocurrido con el tiempo es que la ley se ha ejecutado con más flexibilidad.
O sea, que hay irregularidades en la aplicación de la legislación laboral.
La gente encuentra formas de hacerlo [despedir empleados], pero lo que habría que hacer de la ley una norma más fácil y transparente. La izquierda, en particular, se resiste a ello. Para ser sincero, si continuamos en una senda de alto crecimiento, y la competencia para trabajos cualificados continúa creciendo, será fácil que aumente la flexibilidad.
Si sólo preguntamos a los sindicatos “quiero cambiar la ley del trabajo”, habrá muchas protestas. Necesitamos concentrarnos en construir infraestructuras y esto mejorará, en algún grado, el crecimiento de las manufacturas; el próximo paso será entonces la flexibilidad laboral. Pero para entonces, el trabajo habrá visto el efecto de la india en transformación, tan fuertemente que las distintas regiones seguirán diferentes políticas: los estados más progresivos introducirán flexibilidad laboral y la gente verá que el empleo se expande; será una expansión de las buenas prácticas.
El antiguo ministro de Finanzas, Palaniappan Chidambaram, dijo que la India podría crecer al 11 por ciento si toda la población participa del crecimiento. ¿Comparte esta perspectiva?
Hacemos mucho trabajo con números, y francamente, cuando proyectamos los límites de lo que es posible, va más allá del análisis numérico y riguroso. Lo que dice Chidambaram es: “somos un país pobre, China es un país pobre. Tenemos mucho que hacer y ellos también. Ellos están creciendo al 11 por ciento, ¿por qué no nosotros?”. Creo que una de las cosas más positivas de la India es que la gente ha visto las prestaciones de China como una base para competir. Durante mucho tiempo, la India no crecía rápido. Ahora, la India es el segundo país que más crece, todavía detrás de China con cierta diferencia… ¿Por qué ellos son capaces? Una razón es el medio político, totalmente diferente; pero no creo que nadie en la India quiera cambiar el medio político. Al mismo tiempo, la democracia no se puede convertir en la excusa para unas pobres prestaciones. Los autoritarios obtienen licencias, mueven a la población, pero la democracia tiene también sus ventajas.
La perspectiva que va asentándose en Estados Unidos parece ser una estrategia de usar a la India como contrapeso de China.
Hay demasiado interés en presentar a la India como contrapeso, pero la perspectiva de India es: mira, somos ambos países pobres, y deberíamos transformarnos. Creo que el mundo será mucho mejor si la India y China son países prósperos y, sencillamente, lo hacemos tan bien como ellos. La emergencia de China ha tenido un efecto muy positivo en India. La gente se pregunta por qué no puede Bombay ser como Shangai. Tenemos hombres de negocios en China, ellos invierten en la India, compramos más el uno del otro, muchos más indios han visitado China y han visto lo que está pasando allí… Cuando un indio visita Europa, el aprendizaje es un poco como, sí, en 200 años seremos así. Pero en China, quien la visita piensa: hace 20 años, estos tíos eran tan pobres como nosotros. Hay más moraleja, y esto es un factor importante. Asia es una parte del mundo que crece rápidamente y que se ve a sí misma como parte de una historia de éxito, en el sentido de que el desarrollo está teniendo lugar, que las cosas están cambiando. Cada país ha tenido que resolver sus propios problemas y unos pueden aprender de otros.
Pero la India debería aplicarse el cuento en cuanto al comercio regional. El SAARC sigue en pañales, desde el punto de vista económico.
Lo tenemos muy claro con la apertura del comercio; hemos estado bajando barreras comerciales, y siempre hemos mantenido que hay que mantener un clima más libre en la región. Hay diferencias entre la región SAARC y otras regiones, porque la India es un poco demasiado grande y nuestros vecinos son todos comparativamente pequeños, lo que generalmente lleva a algunas preocupaciones. Y la lección que hay que aprender de ello es que la India debe concederles más beneficios de forma unilateral para la integración, y eso tendrá un efecto positivo: y eso es lo que estamos haciendo. Hemos dado más beneficios a Sri Lanka y Bangladesh y Nepal de lo que les pedimos. Con Pakistán es distinto, porque dependemos más de las relaciones políticas. Pero la idea respecto a Pakistán es también la de tener un comercio más libre. No discriminamos las importaciones de Pakistán como lo hace Pakistán; India no tiene un estatus de nación más favorecida en Pakistán, las tarifas que imponen sobre nosotros son más altas que las impuestas sobre otros países.
Y otro gran frente de batalla económica es la Ronda de Doha. La India está negociando con fiereza…
Globalmente, apoyamos fuertemente las negociaciones multilaterales y creemos que hay que reducir barreras. Nuestro desaliento con la Ronda de Doha es que esta fue vendida como si el punto dominante fuera la agricultura y con la expectativa de que Estados Unidos y la Unión Europea iban a reducir los subsidios. Pero en realidad los subsidios en materia de exportaciones no son los que distorsionan la agricultura, sino los masivos subsidios domésticos. Viendo cómo los precios mundiales han ido hacia arriba, tanto Europa como Estados Unidos deberían estudiar la reducción de sus subsidios nacionales sustancialmente. Pero por ahora los pasos dados han sido desalentadores. Europeos y americanos, durante mucho tiempo, dieron la señal durante mucho tiempo de que esta vez iban en serio con respecto a la agricultura, pero cuando llegó el momento, todo el mundo dijo que la política era muy difícil. Y reconozco que hay dificultades… Nosotros hemos estado genuinamente a favor de bajar barreras, hemos hecho ofertas a los europeos y americanos en el apartado de manufacturas. Con la esperanza de que entre ambos, europeos y americanos, alguna solución de estos problemas tenga lugar, para seguir adelante.
Según la Comisión de Planificación, ¿qué sectores necesitan una reforma más imperiosa?
En el apartado de las manufacturas, ya está todo bien liberalizado…siempre se puede hacer algo más en algunos puntos, como los límites de inversión extranjera, que podemos intentar eliminar. Hemos hecho un poco, pero si preguntas a un observador extranjero… Estoy de acuerdo en que debemos reducir estos límites…
Uno mira el crecimiento anual y la cosa parece estar despegando. ¿Lo ve como un momento histórico?
Absolutamente. En el año 1975, el club de Roma lanzó un informe en el que, con la más profunda consideración, aseguró que la India estaba muerta: que los indios no serían capaces de alimentarse a sí mismos. Y que no había siquiera que intentar ayudar a la India. Si estás en un bote superpoblado, decían, o todo el mundo se hunde, o tiras a la gente con menos posibilidades de sobrevivir. Así que dijeron que no había por qué intentar ayudar a la India, porque era un país condenado. Hoy en día somos supuestamente el helado del mes, la deseada por los inversores. Es un cambio cualitativo enorme, muy bonito. Nunca sabes qué es “histórico”, pero creo que hay una transformación muy profunda. Los indios jóvenes tienen un nuevo sentido de la confianza en sí mismos. Esto es inevitable… Lleva tiempo salir de la mentalidad colonial. Pero ahora, cuando hay un problema, los jóvenes culpan a su propio Gobierno de él, y esto es bueno. Preguntan “por qué no puedes hacerlo mejor”.
¿Tendrá algo que ver la globalización?
Para la India, la globalización vale la pena, en el sentido de que los indios ven que les brinda oportunidades tremendas. Y además somos lo suficientemente grandes como para que no seamos barridos culturalmente. Si eres un país pobre y pequeño, piensas que culturalmente puedes perder. Si la India crece y se desarrolla, culturalmente no seremos engullidos sino globalizados. El otro día vi una noticia que decía: Armani ha diseñado un “sherwani” (vestido formal indio tradicional) para el mercado indio. Esto es muy diferente de lo que pasó en Japón: Coco Chanel no diseñó ningún kimono. Nuestros diseñadores irán e “indianizarán” los trajes europeos, los europeos diseñarán cosas para el mercado indio y en general, la gente lo apreciará.
Y para los próximos años, ¿cuál será el mayor desafío?
Uf, muchos. Cambio climático… Nombre uno y acertará. Todos los países tienen los mismos objetivos de futuro. Si sobrevivimos al objetivo de mantener el crecimiento rápido durante los próximos cuatro o cinco años, estaremos en mejores condiciones de afrontar el futuro. Una media del nueve por ciento durante los próximos cinco años, pero con un sentido definido de una mayor inclusión.
De nuevo la palabra inclusión.
Es que a largo plazo, debemos mantener el crecimiento que tenemos, y sobre todo, crear la sensación y la convicción de que es inclusivo. Y esto es un gran desafío. Porque si no es inclusivo, la aceptabilidad social y la legitimación de estas políticas no ocurrirán. De otro lado, si creamos una sensación de inclusión -y esto no significa que los problemas de todo el mundo serán resueltos, siempre habrá gente con problemas profundos-, si la gente percibe que los cambios económicos están asociados con la movilidad social, será importante. porque la gente no quiere necesariamente que su propia vida mejore si se convence de que la vida de sus hijos será mejor. Un hombre de 45 años no quiere una inflación alta, quiere salarios altos, pero si es de clase media-baja, sabe que no será rico. Pero si sabe que su hijo puede llegar a serlo, eso ya es una motivación. Creo que debemos juzgarnos a nosotros mismos por cuánta movilidad social somos capaces de proveer.
Dar pie a una especie de sueño indio.
Lo es. Realmente es un viejo sueño indio, pero quizá nos estamos dando cuenta ahora. O que siempre lo dijimos, pero nunca lo tuvimos.
Los suicidios en la India no entienden de castas
December 14, 2008
Nueva Delhi, 27 oct 2006.- Agricultores arruinados, soldados bajo presión, ancianos cansados de vivir o escolares marcados por la competitividad son algunas de las caras del suicidio en India, un problema creciente que nadie sabe muy bien cómo afrontar.
Los 1.021 agricultores que se han suicidado en el centro de la India desde julio de 2005 son botón de muestra de un fenómeno que ha convertido también la región de Tamil Nadu, en el sur, en el lugar del planeta con mayor índice de suicidio adolescente.
Los diarios indios no tienen normalmente recato en tratar este asunto, tabú en otras culturas, y suelen informar de los suicidios de adolescentes en las páginas de sucesos dando toda clase de detalles.
En Tamil Nadu, por ejemplo, la tasa de suicidios entre los jóvenes es de 103 por cada 100.000 habitantes, nueve veces más que la media mundial, y más del 50 por ciento de las muertes de mujeres jóvenes se deben a esta causa.
Allí y en el estado vecino de Kerala se producen la mitad de las 100.000 muertes auto inducidas anuales registradas en la India, que han aumentado un 60 por ciento en apenas una década.
Kerala, según las estadísticas, es el estado más culto y alfabetizado de toda la India.
Según dijo a Efe el sociólogo Nandu Ram, “en Tamil Nadu y otras regiones del sur hay un culto al líder que conduce a la gente a matarse, como ocurrió tras la muerte de M.G. Ramachandran“, un actor y primer ministro de la región que murió en 1984 y arrastró a más de 100 personas al suicidio.
Mientras, los estudiantes son proclives a crisis de autoestima debido a problemas familiares, la violencia doméstica, amores fracasados o enfermedades mentales, también les afecta el sistema educativo indio, que apuesta fuertemente por la competitividad de cara a la inserción laboral.
“Muchos chicos no son capaces de afrontar las exigencias de sus padres o del colegio y eso les genera complejos y les hace pensar que no existe otra salida”, aseguró el sociólogo.
En el caso de los agricultores, el suicidio se ha convertido en una respuesta a un campo sin futuro, sobre todo en Vidarbha, donde las deudas generadas por la caída de los precios del algodón y la sequía son las causas más citadas por los analistas locales.
La mayoría de los campesinos son analfabetos en la India, de ahí que para muchos sea más complicado lograr préstamos bancarios que acudir a usureros ilegales, aunque ello suponga el pago de unos intereses que pueden alcanzar el 60 por ciento y son cobrados a veces con métodos coercitivos.
El Gobierno indio aprobó una serie de medidas para mejorar la situación los campesinos, pero las tasas de suicidios han aumentado porque las ayudas, de acuerdo con la versión de los sindicatos, no llegan.
Según el portavoz de la organización agrícola Vidarbha Jan Andolan Samiti (VJAS), Kishor Tivari, los suicidios tienen una traza común: ocurren entre pequeños campesinos endeudados que se enfrentan a alguna enfermedad familiar, una hija en edad casadera o un hijo desempleado, además de una caída de los precios o la producción.
Ahora, el VJAS contempla la organización de “gandhigiris“, una suerte de huelgas que siguen los principios “gandhianos” de la verdad, la tolerancia, la no violencia y la unidad, con el fin de alcanzar un “precio justo“, de unos 45 euros por quintal de algodón.
Por su parte, el Ejército indio, menos dado a “gandhigiris” que los campesinos, ha anunciado la contratación de psicólogos contra la plaga de suicidios entre sus filas, estimados en unas 500 desde 2002 y concentrados sobre todo en la región en disputa de Cachemira.
De todos modos, la controversia en torno al suicidio es la misma: determinar cuál es el valor de la vida en un país que tiene 1.100 millones de habitantes y ha comenzado apenas a desarrollarse.
Y es que en la India, algo tan individual como el suicidio se ha convertido en un problema de masas y no entiende de castas.






















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