014 Plaza mayor III

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Qué pronto tomamos posesión de las cosas,
pero qué largo lleva asociarlas a recuerdos
y elásticamente estirarlas en el tiempo
desde donde fuimos hasta donde estamos,
y atarlas como hilos de cometas en las manos
mientras caminamos a otra parte.

Los torpes turistas ingenuos desconocen,
no caben mis posesiones en vuestras fotografías
porque no pesan nada,
porque las tengo colgadas en el tiempo
a remojo en las cuerdas donde tiendo mis propias ropas.

Todas esas fotos se imprimen de manera mentirosa
fijando las memorias nada más sacadas
y seguro que tú, hombre de gafas y gorra,
esperas ya de ellas que en tu futuro no visto
puedan revivir lo que ahora estás sintiendo,
tu enamoramiento advenedizo corriendo por dentro
de tu camiseta amarilla de tirantes
y esas calzonas de explorador primermundista
tendidas en tus piernas frente a toda mi infancia.

Pobre turista iluso,
Lo que vives ahora en esta plaza no se revive nunca.

Los recuerdos son películas proyectadas
en una sala oscura del alma.
Los míos andan ahí ahora mismo apurados,
vagando como fantasmas temblorosos
en las mazmorras imaginarias de la torre.
De vez en cuando suben
y se agarran a las imponentes almenas
y asustan medio en broma a un visitante.

Desde allí me miran sentado aquí pensando,
y también miran vuestro paso ante ellos.

Os ven como la espuma de las olas,
mar alterado de la humanidad
pasando por todos estos siglos,
esas torres plantadas como árboles por hombres de espada,
bañándose una tarde en tu memoria
y la siguiente en la mía,
y echándose al cielo azul, como un espejo,
eco de tanta sabiduría,
torres en silencio que saben que hacia ellas cada día
baja desde hace siglos un océano
que quisiera quedarse en la pleamar de la plaza
contemplándolas.

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013 Plaza mayor, lienzo de cosas

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Esta mañana mismamente
con el sol cayendo sobre las cuatro esquinas
baja de su carrito una niña y se pone andar,
funambulista en la cuerda de sus primeros pasos.

Viéndola yo me siento en paz;
admirando esa inocencia infantil
y sus pasos primeros
ajenos ella y yo a la torre imponente
con sus matacanes y saeteras
que van disparando racimos de pájaros
por el cielo y la mente.

Por ahí cerca está la nena tropezándose.
Tantea los baldosines con la prudencia de un sabio
en cuclillas con las enrojecidas manitas
y luego se lanza a perseguir palomas
bajo la sombra de los árboles parcos
sola en el rumor de una fuente de cosas
buscando su jardín.

Ah cuánta paz en esta plaza.
Mi gran conciencia ancha y limpia.
Qué bien te entiende esta pequeña
que quiere recorrerte andando.
Qué bien vas entendiendo, muchachina,
que acabas de salir de la casa tuya
y que es en esta plaza donde empieza el mundo.

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02. Tierra de nadie

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Tu cuerpo ensimismado, míralo,
suspendido sobre algunas palabras
como remiendos del campo
bajo la recia luz del sol primero.

Quietas, escondidas, las adivinas
como capullos queriendo ser la flor de jara.
Aguardan a que alargues tu lengua
y al poseerlas te dejes llevarte
por la larga almenara de colinas
que corta el horizonte y detiene el día.

Alguna vez fueron pronunciadas
pero ya nadie lo sabe. Ahora corren
serpenteando por los riscos agraces,
entre las parcas ramas de la encina
torrente tremendo de sonido
que culebrea bajo nuestros cuerpos,
ayer como el lomo de un gran saurio
hoy un fósil secreto pero tan inabarcable
como un gran amor
que de masivo todo lo diluye.

Casi puedes imaginar como
algo ahí debajo respira mientras duerme
bajo tus indecisas pisadas,
indomable hasta la lejanía
un sonido tan hermoso que tienes que hacerlo tuyo aun a riesgo de no recobrarte nunca;
largo como el más largo tobogán del alma.

Pero en realidad aguarda.
Sabe que te dejarás jincar
por las mandíbulas de valles donde cuelga la fruta;
al tenderte en la larga frente de los llanos;
al admirarte en la flor más linda
como si ya fuera parte de tu pelo.

Ahí, junto a los cerezos,
a pocos metros de donde ríe una muchacha,
guarda bien este momento
de mirarme al descubrir qué era la felicidad por fin.
Y si quisieras decirme algo,
verías que estás hecha de árbol,
ya entallada en esta tierra antes de nadie,
por la que hoy marchas callada,
suspirándola.

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Algunas noches, en La Mosca

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SENTADO en los barruecos de la sierra
frente a la ciudad, la otra noche,
Volví a preguntarme si podía amarte
sin rumbo definido, como un secreto
rumor que cayera luego a plomo
sobre la tierra y se plantara en ella
muda ensoñación de oscuridad,
jamás reconocida como prueba.

Tu recuerdo me seguía incandescente.
se imantaba por las curvas de la ruta
su memoria estelar, rápida como un cometa,
henchida de luz y dimensiones.
No más amor que el prometido, quería darte,
sólo hallarte entreteniéndome de lejos,
tejiendo nombres, así de refilón.

Sentado en los barruecos, bajo el mirador
un perro ladraba aterrado de verse a la vez
solo y dentro de la noche estrellada.
La ciudad iba rumbo a su silencio nocturno
Y tu recuerdo iba rumbo adonde yo estaba,
Rastro del sol para tu mancha de luna
o envés de la mano que quisiera ser haz
hasta abrirse el uno en total cohabitación-.

A veces, como esta medianoche
subo por el collar eléctrico hasta el mirador
Y desde allí, si me aúpo a una piedra
Puedo divisar todavía los jirones de tu huida
y preguntarme si aún podría amarte.
Quiero decir, tú te marchaste
y yo ya no tengo opción.

Algunas noches tu imagen se viene
como un enjambre de insectos colorados
que curioseasen el campo en su luz última.
Entonces puedo seguir su hilo e ir tirando de él
a empujoncitos, como tomando
pequeños pedazos de viento y nube,
y dibujarte así me satisface mucho.

Pero otras veces tu silueta aparece borrosa
y antes de llegar a mí se pierde entre los árboles
como un famélico fantasma
pero real porque yo siento el latigazo
como el tallo sembrado que pierde su flor.

Luego bajo a casa silbando esa canción vieja.
Caminos nunca santos que irrumpen en tu sueño,
gato cuántico que se deja bajar por el canalón
y te deshoja la pregunta que me hice la otra noche,
y si llegas a mí con la corriente cierta, te gusto y no te gusto,
áureo molino girador, cometa rebosante de luz,
cuando me vino al caso de nuevo la memoria tuya.

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Soneto a Cáceres

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CÁCERES CHICA! (circa 1997)

Cáceres rica tan llena de años:
Cáceres sola, pausada, desnuda;
Sutil muchacha tu muralla escuda
Tus ojos ocultos y besos extraños.

Cáceres alta, elevada hacia antaño:
Cáceres suave, tu boca tan muda;
Cáceres ríes por dentro y saluda
tu alma de flor al agua del caño.

Gozan mis sueños los cuentos que cuentan
nobles blasones tus pechos inventan
besos y escudos, amores y espadas.

Joyas las piedras para tu figura,
dame las rosas de tu parte oscura,
tú chica linda de torres mochadas.

D. Agundez

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Suerte para Cáceres 2016

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Se trata del palacio de Darul Aman, a unos 10 kilómetros del centro de Kabul. Fue construido por el gran rey afgano Amanulá en la década de 1920, pero, tras varios incendios y décadas de guerra a tumba abierta, su interior está completamente destruido. Sus únicos habitantes son un pájaro majestuoso, una camada de cachorros recién nacidos y unos cuantos soldados que holgazanean en camastros a la sombra.

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