Familiares piden investigar 1.000 tumbas sin nombre en la Cachemira india
February 3, 2009
Nueva Delhi, 2 abr 2008.- Familiares de desaparecidos en la Cachemira india denunciaron el hallazgo de 1.000 tumbas sin nombre en ese territorio, que la India se disputa con Pakistán, y exigieron una investigación internacional como la efectuada en las fosas comunes en los Balcanes.
La Asociación de Padres de Personas Desaparecidas (APDP), que ha denunciado el descubrimiento, aseguró además a Efe que se ha puesto en contacto con forenses argentinos para que colaboren en las tareas de exhumación.
“Hemos encontrado 18 cementerios con tumbas sin identificar. En tres de ellos hay más de 200 tumbas anónimas. Así que pedimos al Gobierno que permita una investigación internacional para saber quiénes descansan en ellas, como en Kosovo o Bosnia”, explicó por teléfono el líder de la APDP, Pervez Imroz.
La asociación inició el estudio de los cementerios en noviembre de 2006 y ha anunciado sus conclusiones estos días, aunque no han tenido eco en la prensa india (sí en la paquistaní) “porque existe un bloqueo del asunto”.
Cachemira, una región de mayoría musulmana en disputa desde la independencia y partición de la India y Pakistán en 1947, es una región con abundante presencia militar en ambos lados de la frontera y un activo movimiento de independencia en el lado indio.
Imroz calcula que desde el año 1989, cuando se agravó la situación en la región, entre 8.000 y 10.000 personas han sido arrestadas por las fuerzas de seguridad indias sin que se haya sabido nada sobre su paradero.
Las desapariciones se han reducido en los últimos años, pero su organización reclama una investigación internacional para averiguar lo ocurrido con los desaparecidos, ya que, aseguró, el Gobierno indio no ha adoptado ninguna medida.
Aunque el activista denuncia que las tropas se deshacen de los cuerpos cuando acaban con la vida de un civil, el Ejército indio siempre ha mantenido que mata sólo insurgentes extranjeros (en alusión a las incursiones de paquistaníes) o “militantes descarriados”.
“No tenemos nada que ver con los desaparecidos. ¿Qué sentido tendría matar inocentes? Solemos tener cuidado y ni siquiera consideramos enemigos a los insurgentes. Para nosotros, son sencillamente descarriados”, dijo a Efe el portavoz militar en Cachemira, el teniente coronel Anil Mathur.
“Era el 10 de junio de 1994 y mi hermano esperaba un autobús. En ese momento, las tropas del XXX Batallón lo arrestaron y se lo llevaron. Pero más tarde negaron que lo tuvieran en su poder. Visitamos campamentos y oficinas. Se esfumó”, relató a Efe por teléfono la cachemir Shahi.
“¿Conservo la esperanza? Sí… Sólo hasta cierto punto”, se dolió.
Desde 1989, al menos 65.000 personas han muerto en Cachemira víctimas de una revuelta que ha sido duramente respondida por el Ejército de la India, un país que controla el 45 por ciento del territorio, mayoritariamente en el centro y sur de la región histórica.
En Cachemira operan varios grupos insurgentes que mantienen posiciones desde integristas a independentistas y que son, según Mathur, los verdaderos responsables de las desapariciones, asesinatos y secuestros de inocentes.
Descreído con la versión militar y él mismo víctima de un intento de asesinato, Imroz explicó que las tumbas sin nombre fueron cavadas por los propios lugareños, quienes después han revelado que los cadáveres no eran de militantes extranjeros, sino de cachemires.
La APDP ha entrado en contacto con especialistas forenses argentinos para que participen en la tarea de poner nombre a las víctimas, pero éstos necesitan un permiso del Gobierno indio, dijo.
En la zona bajo control indio -la región de Jammu y Cachemira- está prevista la celebración a finales de este año de comicios legislativos, que, según una fuente del Gobierno regional, “seguirán su curso normal” pese al masivo despliegue militar.
Sea cual sea el resultado de esas elecciones, Cachemira seguirá siendo un laberinto partido entre la India, Pakistán -que controla el norte y el oeste- y China, presente en el área oriental cachemir del “Aksai Chin”, clave para el control del Tíbet.
Escenario de dos guerras y múltiples escaramuzas indo-paquistaníes, la región fue calificada por el ex presidente de EEUU Bill Clinton (que medió en la última de ellas, en 1999) como el lugar “más peligroso de la Tierra”, porque los tres países implicados en el conflicto disponen de armamento nuclear.
El glaciar de Siachen, el campo de batalla más alto de la tierra
December 14, 2008
Nueva Delhi, 14 nov 2006.- Las disputas entre las dos potencias rivales del sur de Asia, Pakistán y la India, incluyen la desmilitarización de un glaciar en Cachemira que alberga la guarnición militar a mayor altitud del mundo, diezmada en los últimos años a causa del frío y los despeñamientos.
Mientras Pakistán defiende la retirada de las tropas como siguiente paso al alto el fuego firmado en 2003, la India, que controla el glaciar, apuesta por hacer oficial la línea fronteriza de hecho entre ambos países.
Según dijo a EFE un experto del Centro de Investigaciones Políticas, el profesor Brahma Chellaney, el control del glaciar es importante para la India, porque “deja a Pakistán sin posibilidad de amenazar la región del Ladakh“.
El Ejército indio también se ha mostrado muy renuente en los últimos días a retirarse de Siachen, como afirmó al diario “Hindustan Times” el teniente general Vijay Oberoi.
“Ningún ejército entrega territorio así como así. El dominio de esas posiciones en Siachen dota a nuestras tropas de una ventaja estratégica sobre los paquistaníes, situados unos 1.000 metros por debajo de nosotros”, dijo.
Sobre capas de nieve que llegan a los 15 metros, ambos países han mantenido durante décadas enfrentamientos esporádicos en altitudes de 6.700 metros y a temperaturas que alcanzan los 60 grados bajo cero.
Siachen domina un triángulo situado en la región de Cachemira, en disputa entre la India, Pakistán y China, y es el segundo mayor glaciar del mundo si se excluyen los polos.
El origen del conflicto se remonta a un alto el fuego firmado en 1949, con el que, sin embargo, no se logró un acuerdo en torno a la demarcación fronteriza sobre el glaciar, cuya importancia estratégica reside en que domina toda la zona de Ladakh, en manos de la India.
El control indio de Siachen impide también el contacto fronterizo entre las porciones de Cachemira dominadas por Pakistán y China.
El glaciar se encuentra en poder militar de la India desde 1984, cuando su Ejército lanzó la operación “Op Meghdoot” para contrarrestar la decisión de Pakistán de autorizar expediciones a Siachen con el fin de afianzar sus reclamaciones territoriales.
Para los indios, la operación incluyó heroicidades como la que llevó a un destacamento a escalar un muro de hielo de casi 500 metros para tomar un puesto paquistaní situado a una altura de 6.700 metros.
El punto, denominado “Bana Post” en honor al soldado que llegó primero a la cima, es el situado a mayor altitud de la docena de destacamentos indios en el glaciar, que en un 80 por ciento “se encuentran por encima de los 4.900 metros”, según afirmó el oficial Om Prakash a una delegación de periodistas que visitó el lugar recientemente.
Los soldados de Siachen tienen en el frío a su mayor enemigo, como dijo el coronel Sunil Prabhu al diario local “Hindustan Times”, porque “científicamente no es posible sobrevivir a más de 5.500 metros de altura” y para llegar a las posiciones más avanzadas, “los soldados deben escalar durante 28 días”.
Según datos de los periódicos indios, unos 600 soldados han muerto desde el año 1984, la mayoría a causa del frío o despeñados.
Comerciantes de Nathu La pagan los recelos entre la India y China
December 14, 2008
Nueva Delhi, 1 nov 2006.- El comercio nunca ha sido fácil entre la India y China, como lo demuestra el magro balance de los tres primeros meses transcurridos tras la apertura a los negocios del paso de Nathu-La, hilo de unión del Tíbet con la pequeña región india oriental de Sikkim, en las faldas del Himalaya.
Después de un cierre que duró 45 años, las autoridades abrieron la frontera el 6 de julio pasado por un período de tres meses, antes del cierre estacional de invierno, tras arduas negociaciones, con grandes expectativas y muy discutible resultado.
El flujo de inversiones ha sido minúsculo en ese tiempo: según informó el Gobierno de Sikkim, la India ha exportado a China bienes por 15.000 euros, mientras el valor de las importaciones alcanzó los 19.000.
Es muy poco si se tienen en cuenta las previsiones de 36 millones de euros para 2007 que hizo el Grupo de Estudios del Comercio en Nathu-La antes de la publicación de los términos del acuerdo de apertura.
Y una cantidad insignificante para dos países que intercambiaron bienes y servicios por un valor de 14.713 millones de euros en 2005, un 37,5 por ciento más que el año anterior, en su mayoría por vía marítima.
En Nathu-La, poco después de la apertura del paso en las montañas, el vicepresidente de la región autónoma del Tíbet, Hao Peng, ya declaró a la prensa que la India había aplicado demasiados condicionantes al intercambio de productos.
“Espero que las autoridades indias adopten una postura más igualitaria con respecto al comercio con China, en lugar de imponer tantas restricciones”, dijo.
Pero en la India, las cosas se ven de otra manera, como dijo a EFE el ministro de Comercio e Industria de la región de Sikkim, R.B. Subba, para quien la apertura de Nathu-La es fruto de un “acuerdo fronterizo, no de libre comercio”.
“Nosotros podemos exportar 29 productos e importamos 15, y quizá esto sea una causa para que la cantidad de intercambios sea tan baja. Pero ya hemos enviado una petición a al Gobierno de la India para que amplíe la lista”, explicó.
La realidad es que los comerciantes locales están desanimados por las dificultades que implica el negociar al otro lado de la frontera, con una lista prefijada de productos permitidos y la limitación de la estancia a sólo un día.
El resultado de tanto obstáculo es que, como declaró a la prensa india el secretario de la Asociación de Comerciantes de Sikkim, Anil Kumar Gupta, un mercader tiene que levantarse “cada día a las tres de la mañana para vender en China y regresar el mismo día”.
Y, en tres meses, apenas 696 pequeños vendedores indios y 1.253 chinos han tenido arrestos suficientes para levantarse tan temprano y salir a vender productos agropecuarios, como los derivados del yak, verduras o frutas, y manufacturas sencillas.
Los mercaderes afrontan además una condición peculiar, que limita las transacciones individuales a un máximo de 435 euros diarios, lo cual, según Gupta, “impide desarrollar actividades a gran escala”.
El ministro Subba comparte las críticas: “El Gobierno de Sikkim apoya el libre comercio transfronterizo, porque es el único modo de que crezcan los intercambios comerciales entre China y la India, así que esperamos con ansia una revisión del acuerdo”.
Hasta entonces, el ministro prefiere tomarse las cosas por el lado positivo, y, como reconoció a EFE, considera que el acuerdo es un primer “símbolo de paz y un signo de la amistad entre dos gigantes”.
Porque, con sus limitaciones, abrir el paso fue el fruto de tres años de negociaciones entre dos países que tienen serias diferencias respecto al dibujo de su línea fronteriza, tanto en Sikkim como en Cachemira, hasta el punto de haber librado una guerra.
Por eso, para Subba, el pequeño y limitado flujo comercial en Nathu-La es una señal esperanzadora de aceptación mutua entre los dos países más poblados del mundo.
Los suicidios en la India no entienden de castas
December 14, 2008
Nueva Delhi, 27 oct 2006.- Agricultores arruinados, soldados bajo presión, ancianos cansados de vivir o escolares marcados por la competitividad son algunas de las caras del suicidio en India, un problema creciente que nadie sabe muy bien cómo afrontar.
Los 1.021 agricultores que se han suicidado en el centro de la India desde julio de 2005 son botón de muestra de un fenómeno que ha convertido también la región de Tamil Nadu, en el sur, en el lugar del planeta con mayor índice de suicidio adolescente.
Los diarios indios no tienen normalmente recato en tratar este asunto, tabú en otras culturas, y suelen informar de los suicidios de adolescentes en las páginas de sucesos dando toda clase de detalles.
En Tamil Nadu, por ejemplo, la tasa de suicidios entre los jóvenes es de 103 por cada 100.000 habitantes, nueve veces más que la media mundial, y más del 50 por ciento de las muertes de mujeres jóvenes se deben a esta causa.
Allí y en el estado vecino de Kerala se producen la mitad de las 100.000 muertes auto inducidas anuales registradas en la India, que han aumentado un 60 por ciento en apenas una década.
Kerala, según las estadísticas, es el estado más culto y alfabetizado de toda la India.
Según dijo a Efe el sociólogo Nandu Ram, “en Tamil Nadu y otras regiones del sur hay un culto al líder que conduce a la gente a matarse, como ocurrió tras la muerte de M.G. Ramachandran“, un actor y primer ministro de la región que murió en 1984 y arrastró a más de 100 personas al suicidio.
Mientras, los estudiantes son proclives a crisis de autoestima debido a problemas familiares, la violencia doméstica, amores fracasados o enfermedades mentales, también les afecta el sistema educativo indio, que apuesta fuertemente por la competitividad de cara a la inserción laboral.
“Muchos chicos no son capaces de afrontar las exigencias de sus padres o del colegio y eso les genera complejos y les hace pensar que no existe otra salida”, aseguró el sociólogo.
En el caso de los agricultores, el suicidio se ha convertido en una respuesta a un campo sin futuro, sobre todo en Vidarbha, donde las deudas generadas por la caída de los precios del algodón y la sequía son las causas más citadas por los analistas locales.
La mayoría de los campesinos son analfabetos en la India, de ahí que para muchos sea más complicado lograr préstamos bancarios que acudir a usureros ilegales, aunque ello suponga el pago de unos intereses que pueden alcanzar el 60 por ciento y son cobrados a veces con métodos coercitivos.
El Gobierno indio aprobó una serie de medidas para mejorar la situación los campesinos, pero las tasas de suicidios han aumentado porque las ayudas, de acuerdo con la versión de los sindicatos, no llegan.
Según el portavoz de la organización agrícola Vidarbha Jan Andolan Samiti (VJAS), Kishor Tivari, los suicidios tienen una traza común: ocurren entre pequeños campesinos endeudados que se enfrentan a alguna enfermedad familiar, una hija en edad casadera o un hijo desempleado, además de una caída de los precios o la producción.
Ahora, el VJAS contempla la organización de “gandhigiris“, una suerte de huelgas que siguen los principios “gandhianos” de la verdad, la tolerancia, la no violencia y la unidad, con el fin de alcanzar un “precio justo“, de unos 45 euros por quintal de algodón.
Por su parte, el Ejército indio, menos dado a “gandhigiris” que los campesinos, ha anunciado la contratación de psicólogos contra la plaga de suicidios entre sus filas, estimados en unas 500 desde 2002 y concentrados sobre todo en la región en disputa de Cachemira.
De todos modos, la controversia en torno al suicidio es la misma: determinar cuál es el valor de la vida en un país que tiene 1.100 millones de habitantes y ha comenzado apenas a desarrollarse.
Y es que en la India, algo tan individual como el suicidio se ha convertido en un problema de masas y no entiende de castas.



















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