Mala gestión y falta de infraestructuras lastran el sector indio del agua
September 14, 2009
Nueva Delhi, 28 jul 2009.- El aumento de la demanda, sistemas de almacenamiento y distribución deficientes y la mala gestión de las lluvias harán del agua un recurso insostenible en la India para el año 2025 si el país no acomete reformas.
Hasta ahora, la India se ha mantenido fiel a una política de altos subsidios al consumo, pero la desatención a sus deficientes redes de distribución y almacenamiento llega al punto de que el 54 por ciento del suministro se pierde por escapes.
“El país considera el agua como una materia prima gratuita, más que como un activo económico (…). Lo más significativo es que el precio está infravalorado y para compensarlo, se reciben subsidios”, asegura la Oficina Comercial Española en Delhi en su último informe dedicado al agua.
El mercado del agua en el país asiático carece de indicadores fiables y presenta datos de medición defectuosos o inexistentes, aunque según la consultora EA Water, la disponibilidad del agua y el crecimiento de la población siguen tendencias opuestas.
La insuficiencia de fondos disponibles crea además problemas de mantenimiento para las vetustas instalaciones y de construcción de sistemas de almacenaje en el país, que cuenta apenas con infraestructuras para conservar 30 días de lluvia.
“El problema no son tanto los subsidios como la mala gestión. No se valoran los recursos y existe mucha corrupción. El agua no llega a los usuarios pese a los subsidios”, expuso a Efe el analista Dipen Sheth, vicepresidente de la consultora india Brics.
Los crecimientos demográfico e industrial y los todavía desconocidos efectos del cambio climático añaden presión a la política india del agua, un recurso cuya disponibilidad se reducirá un 86 por ciento para el año 2050, según cálculos de EA Water.
Y junto a esos problemas, los expertos citan como dificultad añadida la alta estacionalidad de las lluvias, concentradas en un 75 por ciento entre los meses de junio y septiembre, con la llegada del monzón del suroeste.
Por eso, cuando el fenómeno falla -como este año-, la situación adquiere tintes de tragedia para los cientos de millones de campesinos del país, donde dos tercios de las tierras cultivables están sin acceso a irrigaciones y dependen todavía de la lluvia.
La agricultura india, pendiente de modernización, creció a un ritmo medio del 3,7 por ciento entre 2003 y 2008, muy por debajo del resto de los sectores económicos, en parte por su dependencia de los factores estacionales.
Y este año la perspectiva es poco halagüeña: el monzón de 2009 está siendo débil en el norte de la India, con lluvias que en junio estuvieron un 43 por ciento por debajo de la media y una situación preocupante en 15 de las 36 divisiones meteorológicas del país.
“Estoy cruzando los dedos para ver qué pasa al final. Aún no hemos iniciado un plan de contingencia”, aseguró hace unos días el ministro indio de Agricultura, Sharad Pawar, en declaraciones a los medios del país sobre la amenaza de sequía.
El agua destinada a usos agrícolas representa el 70 por ciento del total, aunque las industrias textil, alimentaria, papelera o energética requieren un consumo cada vez mayor, lo que repercute en la calidad y la contaminación del elemento.
Actualmente, un 15 por ciento de los acuíferos están contaminados, aunque según la Oficina Comercial Española la tasa se elevará hasta el 66 por ciento en 2030; y hay quien achaca el monzón deficiente al hollín de los contaminantes fuegos de cocina.
“El 70 por ciento de la población india usa biomasa para cocinar, lo que genera una gran nube marrón de contaminación que impide la llegada de los vientos del monzón”, explicó a IANS el científico Syed Iqbal Hasnain, del Instituto de Energía y Recursos.
Con este escenario, distintos informes económicos predicen ya para la India una crisis de sostenibilidad, que ni las autoridades ni la industria privada del agua -fragmentada y desorganizada- afrontan por ahora con garantías.
Líderes mundiales se reúnen en Nueva Delhi para hablar sobre cambio climático
February 3, 2009
Nueva Delhi, 7 feb 2008.- Líderes mundiales se dieron cita hoy en el marco de la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible de Nueva Delhi, donde países ricos y pobres insistieron en la necesidad de llegar a un amplio consenso mundial sobre el cambio climático.
La conferencia contó con la presencia de cinco jefes de Estado y de Gobierno y varios ministros, de ahí que haya sido calificada como la primera gran cita desde la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático celebrada en Bali (Indonesia), en la que se logró un acuerdo final para reducir las emisiones de dióxido de carbono.
“El cambio climático es una gran preocupación y la India estará en primera línea de la lucha”, dijo en la inauguración el primer ministro indio, Manmohan Singh, para quien el calentamiento terrestre supone una “crisis humana colectiva” a la que hay que responder “reforzando la solidaridad”.
Tras la intervención de Singh, tomaron la palabra los máximos mandatarios de Islandia, Finlandia, Noruega, Dinamarca y las islas Maldivas, que pidieron concentrarse en lo que puede hacerse “aquí y ahora” para paliar los efectos del cambio climático.
Los países nórdicos insistieron en la cooperación y en la necesidad de llegar a un acuerdo y de predicar con el ejemplo con medidas como el reciclaje o el uso de tecnologías limpias.
“La cuestión moral no es entre los países ricos y pobres, sino entre la generación actual y las futuras”, dijo el primer ministro de Finlandia, Matti Vanhanen.
Pero su llamamiento cayó en saco roto, y pronto el debate se centró en cómo distribuir la responsabilidad respecto al cambio climático entre los países ricos y los pobres, aunque con un acuerdo de fondo en que es urgente actuar para paliar sus efectos.
“No tenemos mucho tiempo -dijo el presidente maldivo, Maumoon Abdul Gayoom-, especialmente en Maldivas. La subida del mar será catastrófica para nosotros, así que la comunidad internacional debe tomar medidas para mitigar los efectos del cambio climático, más que para adaptarse a él”.
Los representantes de los países pobres pidieron un “cambio en los hábitos de los países ricos”, mientras que los representantes de los países desarrollados, entre ellos la ministra española de Medio Ambiente, Cristina Narbona, animaron a todos los Estados a comprometerse “según sus posibilidades”.
“España ocupa un papel destacado en el campo de las energías renovables -dijo Narbona a los asistentes-. En energía eólica instalada somos el tercer país del mundo, y el sexto en el campo de la energía solar”.
Narbona, que llegó a Nueva Delhi este miércoles, participó junto a representantes de Francia, Bután, Ghana, Pakistán, India y Laos en un encuentro que sirvió para debatir los sacrificios que cada país debería asumir en la lucha contra el cambio climático.
La conferencia durará tres días y está organizada por el Instituto de Energía y Recursos, dirigido por el doctor Rajendra Pachauri, que también encabeza el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) de la ONU.
El encuentro busca discutir los peligros de las emisiones contaminantes, el aumento del nivel del mar y los efectos del cambio climático, que se han manifestado este año en las inundaciones de Ghana y en la cordillera del Himalaya, donde los glaciares se están derritiendo.
“El cambio climático ocurre porque el mundo no sigue un desarrollo sostenible. Necesitamos una política mundial”,dijo Pachauri en la inauguración.
Bangladesh afronta el cambio climático con dudas sobre su supervivencia
January 18, 2009
Nueva Delhi, 29 abr 2007.- Más de 15 millones de personas corren el riesgo de convertirse en “refugiados climáticos” en Bangladesh, donde, según el Programa Medioambiental de la ONU, una subida de 1’5 metros en el nivel del mar haría desaparecer el 16 por ciento de su territorio.
“Nosotros no tenemos desarrollo ni infraestructuras. Apenas emitimos gases nocivos para la atmósfera. Así que, mientras los países ricos contaminan y la tierra se calienta, nosotros somos las víctimas”, dijo a Efe desde Dacca un portavoz del Centro de Estudios Avanzados de Bangladesh (BCAS), Jandakar Mainudin.
En el país, configurado en torno al extenso delta de Sundarbans, formado por los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna, unos 60 de sus 140 millones de personas -la inmensa mayoría, pobres- viven a menos de 10 metros sobre el nivel del mar, lo que les hace especialmente vulnerables a cualquier cambio del medio.
“Hay muchas personas afectadas. Nuestra tierra es muy plana y en las costas la gente tendrá que huir hacia el norte. Aun así, tenemos la ventaja de que es un proceso que ocurrirá lentamente”, dijo a Efe el profesor de ecología A.Q.M. Mahbub, de la Universidad de Dacca.
Según un informe hecho público este mes, el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU prevé para el año 2100 un aumento del nivel del mar que amenazará las áreas costeras y las planicies del país, dominadas por el delta de Sundarbans (“selva hermosa”, en bengalí).
De los grandes ríos, Bangladesh obtiene la fértil fuente de su agricultura, dependiente de las lluvias del monzón, mientras que la acción del océano ha permitido la extracción de sal y el desarrollo de la actividad pesquera.
Y ahora, con el aumento de la temperatura media mundial y el deshielo de los glaciares del Himalaya y las áreas polares, la línea de costa del país, donde está la mayor playa del mundo (Cox’s Bazar, con unos 120 kilómetros de largo), sufre ya la presión de las aguas.
“Es como si el tiempo se hubiera vuelto loco: hay demasiadas lluvias o muy pocas. El mar entra en el delta y los ríos llevan cada vez menos agua. Algunas islas costeras ya han desaparecido”, relató por teléfono Mainudin.
Cuantificado en tres milímetros anuales por el Banco Mundial, el aumento del nivel del mar tiene relación con el calentamiento terrestre, pero también con la disminución del caudal de los principales ríos del país, ahogados por la construcción de presas y la erosión.
El Ganges, el Brahmaputra y el Meghna arrastran toneladas de sedimentos que modifican el terreno, y actúan como un poderoso agente contra el deterioro ambiental de las riberas, donde han construido precarias viviendas millones de personas en desafío al evidente riesgo que supone residir al nivel del agua.
Cada año, los aproximadamente 95 millones de campesinos de Bangladesh esperan con una mezcla de miedo y ansia el fin de la sequía y las inundaciones que llegan con el monzón, tan importantes para su sustento y la fertilidad de los cultivos como peligrosas para sus vidas.
“Nuestra cultura bendice las lluvias del monzón porque son muy importantes para los cultivos. Pero, debido al cambio climático, las inundaciones graves son cada vez más frecuentes. Basta comprobar las fechas de las últimas”, mantiene Mahbub.
Entre la catastrófica crecida de 1954 y la siguiente de efecto similar pasaron 20 años, según el profesor. Luego, el intervalo se redujo a 14 años (1988), más tarde a 10 (1998) y posteriormente a 6, en el año 2004, cuando tuvo lugar la última gran inundación, que causó 600 muertos y 4 millones de desplazados.
La constatación del cambio climático debe llevar, según el BCAS, a que los países ricos reduzcan sus emisiones de gases con efecto invernadero, pero también al desarrollo de proyectos piloto de ayuda, porque, dice Mainudin, “aparte de las grandes palabras hay que hacer algo aquí y ahora”.
Y mientras el cambio climático se cierne como una amenaza para el futuro de los bengalíes, millones de campesinos pobres aguardan en el delta de Sundarbans la llegada, como un reloj, del próximo monzón.



















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