El viraje democrático del viejo talibán

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Kabul, 16 ago 2009.- El singular candidato “Rocketi”, antiguo comandante talibán reconvertido a la causa de la democracia afgana, destaca entre la cuarentena de rivales de Hamid Karzai en las próximas elecciones a la Presidencia y apela a los insurgentes a “dejar el desierto” y seguir su ejemplo.
Bautizado “Rocketi” por su manejo de los proyectiles en sus tiempos de “muyahidín” contra la ocupación soviética, Abdul Salam gesticula con seriedad ante cientos de hombres barbados -la mayoría, pastunes- que han viajado desde el sur y el este de Afganistán para escucharle.
“Rocketi” ocupó un alto cargo del Ejército talibán durante los años de Gobierno integrista, aunque en la caída del régimen entregó sus armas y se convirtió a la causa democrática tras un paso de nueve meses por la cárcel, ya con las tropas extranjeras en el país.
“No llevo la cuenta de cuántos cohetes habré lanzado en mi vida -ironiza “Rocketi” en una entrevista con Efe, poco después de un mitin capitalino-. Pero en Afganistán ya es tiempo de paz. Toca negociar con los talibanes”.
Tras luchar contra los soviéticos, enrolarse en los talibanes y acudir luego al Parlamento afgano, “Rocketi” mide estos días sus posibilidades como candidato a la Presidencia de Afganistán en las elecciones del próximo día 20 de agosto.
Y el auditorio, compuesto por cientos de hombres con turbantes, de luengas barbas, y seis mujeres en “burka”, lanza gritos de “Alá es grande” como apoyo a las promesas del ex comandante talibán: justicia islámica, paz, tolerancia cero con la corrupción, seguridad y trabajo.
“Rocketi” escucha sentado las encendidas intervenciones de líderes tribales, los poemas de interludio, una carta abierta de un niño y versos cantados sin acompañamiento instrumental, según una tradición musical empleada todavía por los propios talibanes.
Sus seguidores encarnan la parte de Afganistán que se niega a adoptar influencias extranjeras y se aferra a las tradiciones de los pastunes -la etnia más numerosa del país-, basadas en la lealtad a la tribu y una lectura del Islam muy conservadora.
Y por eso se suceden durante el acto los gritos en favor de este antiguo talibán que, como dice un estudiante en el estrado, “ni acepta las costumbres de los extranjeros ni se cambia de ropa sólo porque haya (norte)americanos en Afganistán”.
“Son los extranjeros quienes no dejan que progresemos. Países como Rusia, Irán y Pakistán no permiten el desarrollo afgano. Debemos fortalecer nuestras fuerzas de seguridad para que las tropas extranjeras se marchen de aquí”, se justifica ante Efe el candidato.
Aunque a juicio de los analistas las posibilidades de “Rocketi” son casi nulas -según una reciente encuesta, es uno de los candidatos más impopulares-, su importancia radica en el ejemplo que puede suponer para los talibanes que aún combaten en el país.
El propio presidente afgano y principal favorito en los comicios, Hamid Karzai, ha hecho, como promesa estrella, aunque sin éxito, una oferta de negociación para los talibanes moderados que dejen las armas y entren en el proceso democrático.
“Si Karzai negocia será su mayor éxito. Así terminará la guerra”, dice a Efe entre el público el antiguo “muyahidín” Mohammed Nader, venido desde la provincia norteña de Kunduz, quien por lo demás considera que el gobierno no ha dado satisfacción a los “yihadistas”.
La conversión democrática de “Rocketi”, sin embargo, ha sentado mal a sus antiguos aliados integristas, que en esta campaña han atacado dos veces sus actos y han matado a uno de sus colaboradores, tras instar a la población a boicotear las elecciones.
“Son actos erróneos -lamenta malhumorado el ex comandante insurgente mientras se mesa la barba-. Los talibanes de Afganistán deben respetar el proceso democrático y votar a sus candidatos. El pueblo de Afganistán quiere la paz y la estabilidad”.
“Rocketi” dice haberse gastado en la campaña hasta el último céntimo que obtuvo por la venta de su casa, unos 82.000 dólares, pero asegura que merecerá la pena si el desembolso sirve para que Afganistán vuelva a la senda del desarrollo.
Y sus seguidores, entre rezos, claman por el “éxito del valiente ‘Rocketi'”, ese polémico y antiguo comandante talibán de Jalalabad que se emplea ahora en que los “insurgentes dejen el desierto” y comiencen a marchar en la misma dirección que los demás afganos.

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La Conferencia Nacional se impone en los comicios de Cachemira

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Nueva Delhi, 28 dic (EFE).- La nacionalista Conferencia Nacional de Cachemira se ha hecho con la victoria en los comicios regionales, cuyos resultados fueron conocidos hoy, aunque se quedó lejos de la mayoría absoluta y necesitará el apoyo de otras fuerzas.
“No tenemos dudas de que seremos el mayor partido, pero tenemos que ver lo cerca que nos quedamos de la barrera mágica de la mayoría absoluta”, declaró esta semana en entrevista a Efe el candidato y presidente del partido, Omar Abdullah.
Abdullah acertó en su predicción: la Conferencia Nacional ha obtenido 28 escaños, seguido del nacionalista Partido Democrático Popular, con 21, el panindio Partido del Congreso (17) y los radicales hindúes del Bharatiya Janata Party, que dan un salto hasta los 11 escaños.
Con la mayoría absoluta situada en 45 escaños, la única posibilidad para el partido vencedor, que mantiene su resultado de 2002, es pactar con alguna de las otras fuerzas, entre las cuales el Partido del Congreso parece la mejor situada.
“Hablaremos formalmente con ellos mañana para formar una alianza y mañana llegaremos al poder en la región”, dijo ya hoy a la prensa Abdullah tras conocer los resultados.
La pasada legislatura, en manos de una alianza compuesta por el Congreso y el Partido Democrático Popular, terminó de forma turbulenta este verano por la crisis del templo de Amarnath, que desembocó en disturbios protagonizados por hindúes y musulmanes.
El Gobierno decidió conceder tierras a un organismo encargado de las peregrinaciones al templo hindú, lo que desató protestas entre los musulmanes, una posterior revocación de la decisión, y subsiguientes manifestaciones entre los hindúes de Jammu.
Esta polarización es la razón que los analistas citan para explicar el espectacular resultado alcanzado por los radicales hindúes del Bharatiya Janata Party, que pasan a tener 11 diputados, frente al único escaño ganado en el año 2002.
Su ascenso -exclusivamente en el área hindú- pone de manifiesto la existencia de un “voto comunal” (en función de la religión) y las diferencias que existen entre el valle de Cachemira, musulmán y bastión del independentismo, y las sureñas zonas hindúes, de Jammu.
“Tenemos razones para estar contentos con los resultados de Jammu y Cachemira. Lo hemos hecho muy bien en Jammu y hemos tenido nuestro mejor resultado. Desempeñaremos un rol de oposición nacional en la Asamblea”, dijo el dirigente Arun Jaitley a la agencia india PTI.
Los comicios de 2008 han sido los menos violentos de las últimas dos décadas en esta región del norte de la India cuya soberanía también reivindica Pakistán, y contaron además con una participación del 61,5 por ciento, casi 20 puntos más que en 2002.
Los separatistas de la Conferencia Hurriyat habían instado al boicot de las elecciones, pero el seguimiento de su llamada quedó limitado a la capital cachemir, Srinagar, donde sólo un 20 por ciento del electorado ejerció su voto.
Aunque Hurriyat ha reconocido que los resultados deben servir para reflexionar, sus líderes denunciaron al mismo tiempo irregularidades: casos, principalmente, de votantes falsos y de votos forzados por las fuerzas de seguridad en las áreas rurales.
La India estima en 800 los insurgentes que continúan activos en la región, escenario de varias guerras y objeto de disputa y reparto con Pakistán tras la independencia y partición del subcontinente, en el año 1947.
Sin embargo, en el territorio cachemir hay desplegados cientos de miles de soldados y las autoridades recurren con contundencia a frecuentes toques de queda para controlar las llamadas a la huelga y las protestas de los independentistas.
En una línea moderada, la Conferencia Nacional defiende una mayor autonomía para la región “en las dos partes de la frontera”.
“La India y Pakistán serían sólo responsables de tres o cuatro cosas: moneda, comunicaciones, defensa y relaciones exteriores. Se dice que las fronteras no pueden ser rediseñadas, pero al menos podemos convertirlas en irrelevantes”, dijo a Efe Abdullah.
Los propios partidos nacionalistas habían desligado los comicios de la lucha por la independencia, y se habían centrado en las propuestas de desarrollo -mejores carreteras, más escuelas- tras dos décadas de conflicto en esta región de diez millones de habitantes.

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Los hoteles-barco del lago Dal luchan por recuperar el turismo perdido

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Srinagar (India), 26 dic 2008.- Dicen de ella que es el paraíso en la tierra, y sin embargo los languidecientes hoteles-barco del turístico lago Dal, en el corazón de la Cachemira india, son la mejor estampa de los veinte años de conflicto en la región.
Situado en Srinagar -la capital cachemir en los meses cálidos-, en pleno lago Dal hay 900 casas barco a las que se llega en una embarcación conocida como “shikara”, una especie de góndola que navega por las tranquilas aguas -demasiado en paz.
“Siendo optimistas, la tasa de ocupación actual rondará el 20 por ciento. Parecía que este año la campaña sería muy buena. La verdad es que las protestas de los últimos meses nos han afectado”, cuenta a Efe uno de los propietarios, Altaf Dongola.
Su casa barco, en el interior del lago, está decorada con gusto pero anda vacía de clientes, debido según Dongola a la inestabilidad que ha sufrido en los últimos meses la capital cachemir, uno de los lugares donde es más potente el independentismo.
Tras una primera mitad de año esperanzadora, el verano cachemir fue escenario de disturbios entre hindúes y musulmanes, a cuenta de una cesión gubernamental de terrenos a la organización encargada de gestionar las peregrinaciones del templo hindú de Amarnath.
Los choques, que causaron 40 muertos, dieron paso a la precampaña electoral, boicoteada por los separatistas de la Conferencia Hurriyat y marcada por huelgas y toques de queda de las fuerzas de seguridad, que se cuentan por cientos de miles.
“Esperábamos recibir un gran número de turistas y así fue hasta junio, pero los disturbios y las elecciones han reducido las llegadas virtualmente a cero”, reconoció por teléfono el director del turismo regional, Faruq Shah.
Según sus datos, el conjunto de la región ha registrado 1,1 millones de llegadas este año, lo que casi duplica las 600.000 del año anterior, aunque sólo 50.000 de ellas proceden del extranjero.
“La gente escucha noticias del conflicto cachemir y siente miedo de venir. Pero aquí está ahora todo muy tranquilo, nada que ver con la peor fase de la insurgencia, en la década de 1990”, cuenta Dongola.
Partida entre la India y Pakistán, Cachemira lleva veinte años siendo pasto de la actividad insurgente y los excesos de las fuerzas de seguridad indias, demasiado expeditivas en las áreas rurales, según distintas fuentes.
“La violencia era tanta que el sector turístico no pudo resistirlo. En ese período muchos amigos, y yo entre ellos, tuvimos que marcharnos a Nueva Delhi porque aquí en Srinagar no había ni un puesto de trabajo”, cuenta un guía turístico junto al lago.
Aunque la India sostiene que quedan activos sólo 800 insurgentes en toda la región, Srinagar mantiene un aire marcial por la masiva presencia de soldados y paramilitares, una sensación sólo rota por la tranquilidad de las casas barco del lago.
“Aquí el Ejército nunca ha entrado, entre otras cosas porque tampoco hacía falta. La gente viene a relajarse con la visión de las montañas y con el aire limpio que le falta en la ciudad”, se anima en su curiosa góndola Dongola.
De un llamativo color amarillo y cómodos asientos acolchados, la lenta “shikara” es el único medio de acceso a estos atractivos hoteles, cuyos dueños se esfuerzan por atraer un turismo que se resiste a volver.
Durante la campaña electoral recién terminada, los líderes de los principales partidos se han comprometido a trabajar duro para mejorar las infraestructuras turísticas y reducir la violencia, dos de las reivindicaciones de los hosteleros.
Un tercer factor escapa sin embargo a su voluntad: la reducción de la tensión entre la India y Pakistán tras los atentados de noviembre en Bombay, atribuidos por la primera al grupo separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, que opera desde suelo paquistaní.
Cachemira es el eje sobre el que han pivotado las relaciones entre las dos potencias nucleares desde la independencia y partición del subcontinente, en el año 1947.
Su suelo ha sido víctima de varias guerras desde entonces y la mayoría de sus gentes, nostálgicas de su “paraíso” perdido, luchan todavía hoy por revertir la definición que Bill Clinton dio del territorio en 1999: “el lugar -dijo- más peligroso de la tierra”.

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El conflicto político sigue atenazando la economía de Cachemira

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Srinagar (India), 25 dic 2008.- Los constantes llamamientos a la huelga, las revueltas de verano y la tensión entre la India y Pakistán han destruido las expectativas de este año de los comerciantes de Cachemira, que dicen perder 14 millones de dólares por cada día de toque de queda.
“En los últimos 17 años habíamos tenido muchos problemas, que se han reproducido entre julio y diciembre. En estos seis meses hemos sufrido 100 días de toques de queda o cierres por huelgas”, dijo a Efe el presidente de la Cámara de Comercio cachemir, Mubin Shah.
El pasado verano, esta región norteña de la India sufrió disturbios protagonizados por hindúes y musulmanes, tras la decisión del Ejecutivo cachemir de ceder unos terrenos forestales a la organización hindú que gestiona la peregrinación de Amarnath.
Los disturbios, que causaron 40 muertos, provocaron un bloqueo económico en la región que los comerciantes intentaron romper con una marcha de protesta hacia Muzaffarabad (Pakistán), aunque la Policía les impidió cruzar la frontera y siete personas murieron por disparos.
“Sólo el bloqueo económico de la carretera hacia Jammu, que conecta el valle de Cachemira con el resto de la India, nos hizo perder unos 100 millones de dólares”, dijo Shah.
Pero además, el fin de las protestas dio paso inmediato a la precampaña de los comicios regionales en el valle, que afectó a la actividad económica por las protestas de los separatistas y los corrientes toques de queda, con el consiguiente cierre de las tiendas y una caída del turismo.
“Esperábamos recibir un gran número de turistas y así fue hasta junio, pero los disturbios y las elecciones han reducido las llegadas virtualmente a cero”, reconoció por teléfono el director de Turismo regional, Faruq Shah.
Según el director, la región ha registrado este año 1,1 millones de llegadas turísticas, lo que casi duplica las 600.000 del año anterior, aunque sólo 50.000 de ellas proceden del extranjero.
La caída del turismo desde junio, sin embargo, tiene efectos demoledores para la economía local, que tiene en los servicios turísticos una de sus tres actividades principales.
Las otras -la artesanía y la agricultura- se enfrentan a problemas de almacenamiento, un deficiente sistema de transporte y la falta de industrias de procesamiento, debido en parte a la ocupación de fábricas por el Ejército en las últimas décadas.
“Tome el ejemplo del cultivo de manzanas. Es muy importante, porque ocupa al menos a 300.000 personas, de ellas muchos pequeños campesinos. Y sin embargo, no podemos darle salida al producto”, se quejó el presidente de la Cámara de Comercio.
Escenario de cíclicos brotes de violencia y de varias guerras desde la independencia y partición del subcontinente, el territorio cachemir está dividido y en disputa entre la India -que posee la parte más rica-, Pakistán y China.
La India y Pakistán, embarcados desde 1999 en un lento proceso de deshielo, anunciaron en octubre la apertura de dos pasos comerciales en la Línea de Control, una medida bien recibida por los empresarios que sin embargo ha dado pocos frutos.
“Queríamos derivar hacia Pakistán el 10 por ciento de la producción. Pero no tenemos un sistema adecuado: ni bancos que operen a ambos lados, ni viajes que nos permitan encontrar agentes en la parte paquistaní”, relató Shah.
A estas insuficiencias se añade ahora la creciente tensión entre ambos países a raíz de los atentados de noviembre de Bombay, que la India atribuye a la organización separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, establecida en Pakistán.
Según Shah, la disputa entre los dos países ha paralizado el “pequeño pero creciente” comercio entre ambos lados de la Línea de Control, hasta el punto de que la semana pasada sólo cruzaron la frontera tres camionetas.
Y la nueva tensión entre la India y Pakistán aleja también el objetivo deseado por los comerciantes cachemires: un área de libre comercio, “como en la Unión Europea”, que haga de la frontera un lugar irrelevante.
“Después de lo de Bombay, nuestra única perspectiva es la crisis económica”, concluye Shah.

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Terminan las elecciones regionales de Cachemira con menos violencia

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Srinagar (India), 24 dic (EFE).- La Cachemira india cerró hoy su cita electoral con una alta participación, en un ambiente marcado por una menor violencia, una masiva presencia policial y una llamada al boicot de los separatistas que afectó a la capital regional, Srinagar, aunque menos que en anteriores comicios.
La séptima y última fase de las elecciones, que tuvo lugar hoy en 21 circunscripciones, llamaba al voto de 1.638.000 cachemires de Srinagar y de las áreas sureñas de mayoría hindú que rodean la capital de invierno, Jammu, donde la participación fue alta.
Allí, según datos de la Comisión Electoral india, un 68 por ciento de los electores acudieron a las urnas, mientras que un 20 por ciento lo hizo en Srinagar, donde en las anteriores elecciones -también boicoteadas- apenas había votado un 5 por ciento.
“Con estos datos, la participación en el total de las siete fases ha sido de un 61,5 por ciento, frente al 43 por ciento del año 2002”, dijo en rueda de prensa el jefe de la Comisión, B.R. Sharma.
La ligera niebla con la que se despertó Srinagar dio paso a un día soleado, aunque la mayoría de los votantes decidió quedarse en casa en un ambiente enrarecido por la férrea presencia de miles de efectivos de las fuerzas de seguridad.
Los independentistas de la Conferencia Hurriyat, potentes en la ciudad, habían llamado al boicot electoral y habían convocado para hoy una marcha de protesta que debía partir de la céntrica Plaza Roja, aunque el dispositivo policial paró el intento separatista.
“Será difícil manifestarse en la Plaza Roja. Todos los accesos están cerrados. Han puesto controles, lo han bloqueado todo. Está muy claro que el Gobierno no quiere que la marcha tenga lugar”, había dicho a Efe en la víspera el presidente de Hurriyat Umar Faruq.
En previsión de incidentes, las autoridades habían decretado ya este martes un toque de queda en la ciudad, por lo que las calles amanecieron desiertas de viandantes y con un tráfico rodado muy restringido y sometido a controles.
Al menos catorce personas resultaron heridas en disturbios registrados en algunos barrios de las áreas civiles de Srinagar, donde algunos grupos separatistas se enfrentaron a los paramilitares, que custodiaban fuertemente las urnas.
“No he votado. Tenemos a 700.000 soldados en nuestra región. ¿A esto lo llaman elecciones? Ni Pakistán ni la India tienen interés en solucionar el conflicto cachemir. Y quien sufre es la gente”, declaró a Efe un tendero afectado por el toque de queda.
Aunque la campaña ha estado marcada por las promesas de desarrollo de los principales candidatos, en los últimos días también han adquirido importancia las tensiones entre la India y Pakistán, tras los atentados de Bombay de fines de noviembre.
La India atribuye esos atentados al grupo separatista cachemir Lashkar-e-Toiba, que opera desde Pakistán, el país con el que se disputa -y reparte- el territorio de Cachemira desde la independencia y partición del subcontinente, en 1947.
“He votado porque quiero paz. No quiero guerra. Llevamos 20 años de guerra que sólo han servido para hundirnos y dejarnos sin trabajo”, comenta un viejo guía turístico frente al hermoso Lago Dal, la principal atracción de la ciudad.
Cachemira lleva sumida casi dos décadas en conflicto, y aunque en los últimos años la situación había mejorado, una disputa por la propiedad de unas tierras de peregrinación motivó en verano una ola de protestas de hindúes y musulmanes que dejó 40 muertos.
Esa renovada tensión hizo temer que estas elecciones marcarían una vuelta a la violencia, pero según la Comisión Electoral ha sucedido justo lo contrario: cinco civiles han muerto en estos comicios, frente a los 63 que perdieron la vida en el año 2002.
“Estas elecciones han sorprendido a muchos por la alta participación y la ausencia de violencia. No hay temor de represalias por votar. Y además la gente quiere una solución para sus problemas del día a día”, dijo en entrevista a Efe el candidato de la nacionalista Conferencia Nacional, Omar Abdullah.
De acuerdo con Hurriyat, sin embargo, la alta participación es fruto de un fraude en las áreas rurales cachemires, donde, dijo Faruq, el Ejército indio tiene un gran poder y empuja a los ciudadanos a las urnas.
La Comisión Electoral india, que ha desmentido tajantemente esa posibilidad, prevé contar los votos el próximo día 28; los aguardan tanto la Conferencia Nacional como los otros favoritos, el Partido del Congreso y el Partido Democrático Popular.

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Cachemira india comienza la votación para la Asamblea, con boicot separatista

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Nueva Delhi, 17 nov 2008.- Tras unos meses de convulsión política y social y con la llamada al boicot de los grupos separatistas, la Cachemira india celebró hoy la primera jornada de votación de las elecciones a su Asamblea, que se desarrollarán en siete fases hasta el próximo 24 de diciembre.
Las colegios cerraron sus puertas a las 16.00 horas locales (10.30 GMT) en las diez circunscripciones previstas de las 87 totales, repartidas entre el valle de Cachemira (de mayoría musulmana), la zona meridional de Jammu (hindú) y la región oriental de Ladakh (budista).
Pese a la nieve y el frío -en algunos distritos se votó bajo cero-, pequeños grupos de electores acudieron a votar a los colegios, en medio de un amplio despliegue de las fuerzas indias de seguridad, que tuvieron que lidiar con algunos incidentes.
“Apenas ha habido incidentes menores, todos muy localizados. Así que podemos decir que esta primera fase ha transcurrido de forma feliz”, dijo a Efe por teléfono el jefe de la Comisión Electoral de Cachemira, B. R. Sharma.
Hoy estaban convocados a las urnas casi 600.000 votantes, de los 6,54 millones de todo el estado.
Si bien en los distritos de mayoría hindú o budista la población acudió a votar, en el valle de Cachemira se dejó sentir la llamada al boicot de los grupos separatistas musulmanes, con la Conferencia Hurriyat al frente.
Las imágenes difundidas por la cadena delhí NDTV mostraron desiertas tomas de la capital de invierno cachemir, Srinagar, donde las tiendas mantuvieron cerradas sus puertas y apenas unos soldados patrullaban las calles.
En la zona musulmana que votaba hoy, se produjo un encontronazo entre militantes de distintas formaciones en la circunscripción de Sonawari que obligó a cerrar las urnas, mientras que en la ciudad de Bandipora la Policía se enfrentó a varios manifestantes que protestaban contra los comicios, según las agencias indias.
A falta de datos definitivos, Sharma calculó que entre el 45 y el 50 por ciento de los electores emitieron hoy su voto.
“Nosotros pensamos que la participación ha sido menor. Pero no hay observadores internacionales. No hay manera de saber si lo que dice el Gobierno es cierto”, rebatió el portavoz de la Conferencia Hurriyat, Mirwaiz Omar Faruq, contactado por Efe telefónicamente.
“Nuestro líder (Pervez Imroz) fue detenido delante de los medios. No participaba en las protestas. Habíamos enviado a 50 voluntarios para observar el proceso electoral”, dijo a Efe por su parte un portavoz de la Asociación de Padres de Personas Desaparecidas tras su arresto por fuerzas de seguridad.
Los principales líderes independentistas de Cachemira están actualmente bajo arresto domiciliario.
“Llevamos una semana bajo arresto. Pero al menos la gente está demostrando que rechaza las elecciones. Cachemira necesita un acuerdo entre todos -la India, Pakistán y nosotros- antes de cualquier proceso electoral”, declaró Faruq.
Aunque las elecciones estaban previstas para el pasado octubre, la situación de seguridad llevó a la Comisión Electoral a posponerlas hasta ahora y parcelarlas en siete jornadas de votación.
El recuento de los votos comenzará el 28 de diciembre, con previsiones de anuncio de resultados el día 31.
Cachemira quedó bajo mando del gobernador (una especie de delegado del Gobierno de Delhi) en julio pasado, tras la ruptura del Ejecutivo que formaban el Partido del Congreso de Sonia Gandhi y el cachemir Partido Democrático Popular (PDP).
La formación de Gandhi, el PDP, la Conferencia Nacional y el radical hindú Bharatiya Janata Party son los principales contendientes en estos comicios a la Asamblea, de 87 miembros.
La ruptura del Ejecutivo cachemir tuvo como trasfondo las protestas de hindúes y musulmanes por la cesión de unos terrenos a la organización del templo hindú de Amarnath, para que acogiera a los cientos de miles de peregrinos que acuden en agosto.
El Gobierno revocó la cesión tras las protestas de la comunidad musulmana, pero sólo logró con ello soliviantar los ánimos hindúes.
Unas 40 personas perdieron la vida en los meses de protestas de ambas comunidades, que aislaron económicamente a Cachemira y dieron aliento a renovadas demandas de los separatistas.
Los disturbios de este año no han hecho sino constatar la virulenta historia del enclave cachemir, el único de mayoría musulmana de la India, que este país se disputa con Pakistán desde la independencia y partición del subcontinente, en 1947.

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India y Pakistán abren históricas rutas comerciales en la región de Cachemira

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Nueva Delhi, 21 oct (EFE).- La India y Pakistán dieron hoy un paso adelante en sus relaciones con la apertura de dos rutas comerciales en la conflictiva región de Cachemira, en disputa desde la independencia de ambos países en 1947.
Tras más de seis décadas cerrada al comercio, trece camiones indios adornados con guirnaldas y cargados con alfombras, manzanas, nueces, almendras, setas negras y artículos de papel maché cruzaron la Línea de Control que separa ambos países y divide Cachemira en dos.
Solo dos pasos han sido autorizados: la carretera que une las ciudades de Muzaffarabad (Pakistán) y Srinagar (India), conocida como “ruta del Jhelum”, y la conexión entre Rawlakote (Pakistán) y Punch (India).
En la parte india, el gobernador regional, N.N. Vohra, dio salida a la columna de mercancías, en un acto presenciado por cientos de personas ataviadas con sus mejores galas y festejado con tambores, según informó la agencia india IANS.
“El comercio será bueno para todos. Será una buena contribución para las relaciones entre los dos países. Ahora falta saber a cuánto ascenderá el negocio”, dijo a Efe por teléfono el presidente de la Cámara de Comercio de la Cachemira india, Mubin Shah.
La apertura de las rutas fue acordada por el presidente pakistaní, Asif Alí Zardari, y por el primer ministro indio, Manmohan Singh, durante su reunión del mes pasado en Nueva York, tras haber sido recomendada por una comisión bilateral de alto nivel.
Pero el comercio está limitado a 21 productos locales y sometido a permisos.
Además, los camiones de cada país sólo podrán penetrar 20 kilómetros en el territorio del otro, donde depositarán la carga en vehículos locales que la llevarán a su destino final.
Los dos pasos ya habían sido abiertos a la circulación de personas en el año 2005.
Con la decisión de abrir ahora esas rutas al comercio, ambos países responden a la demanda de los partidos nacionalistas cachemires, que habían insistido en la medida durante los disturbios registrados este verano en la parte india.
“Bienvenida sea la apertura de la ruta. Es un significativo primer paso. Pero lo que deseamos es un acuerdo que afronte de verdad el problema cachemir”, dijo a Efe por teléfono el portavoz de la formación independentista Hurriyat, Abdul Ghani Butt.
Entre julio y agosto de este año, unas 40 personas perdieron la vida en la parte india en enfrentamientos derivados de la polémica por la posible cesión de tierras públicas a un comité encargado de las peregrinaciones al templo hindú de Amarnath.
Los disturbios entre hindúes y musulmanes causaron un bloqueo económico en la región, que los comerciantes intentaron romper con una marcha de protesta hacia Muzaffarabad, aunque la Policía les impidió cruzar la frontera y siete personas murieron a causa de los disparos.
Escenario de cíclicos brote de violencia y de varias guerras desde la independencia y partición del subcontinente, el territorio cachemir está dividido entre la India (con un 45 por ciento), Pakistán (un 35 por ciento) y China (un 20 por ciento).
La India y Pakistán, ambos con poder nuclear, se han embarcado en un lento proceso de deshielo desde que en 1999 el conflicto de Kargil indujera al ex presidente de EEUU, Bill Clinton, a calificar Cachemira como el “lugar más peligroso de la tierra”.
Pero actualmente son todavía frecuentes los tiroteos entre ambos Ejércitos en la frontera y también los enfrentamientos con insurgentes armados de la docena de grupos independentistas que operan en la parte india.
En su territorio, la India afronta las reivindicaciones de los cachemires -la única mayoría musulmana del país-, que tendrán ocasión de manifestarse con las elecciones regionales previstas, en siete fases, para noviembre y diciembre.
Aunque las autoridades confían en que esas elecciones se desarrollen sin incidentes, los comicios han sido ya boicoteados por la separatista Conferencia Hurriyat, según confirmó hoy su portavoz.
“Las elecciones no son la respuesta. No estamos contra la democracia, pero queremos un reflejo real de las aspiraciones del pueblo. Por eso Hurriyat no irá a las elecciones”, dijo Butt.

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El noreste indio, un enconado conflicto que causó millar de muertos en 2007

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Nueva Delhi, 25 abr 2008.- Aunque el mundo conoce Cachemira como el principal conflicto que amenaza a la India, es en el nordeste de su territorio donde se está produciendo una verdadera sangría por la acción de una treintena de grupos separatistas, que el año pasado causó la muerte de 1.091 personas.
Los pequeños estados del noreste de la India, un rincón subdesarrollado y apenas conectado por un brazo de tierra con el resto del país, han visto cómo sus grupos armados optaban por el terrorismo contra población civil, muchas veces inmigrantes de otras regiones indias en busca de trabajo.
“La situación ha mejorado en Cachemira. Ahora el noreste es el principal reto. Hay grupos como el Frente Unido de Liberación de Assam (ULFA) que atacan a la gente de diferente etnia”, dijo a Efe una fuente del Ministerio indio del Interior.
Los conflictos del noreste se han situado como los más sangrientos, por delante de la rebelión de los maoístas (837 muertos) y de Cachemira, donde murieron 740 personas entre civiles, insurgentes y miembros de las fuerzas de seguridad, según dos informes Interior publicados esta semana.
Casi 1.500 acciones violentas registradas en 2007 en el noreste acabaron con la vida de 498 civiles, 79 agentes de seguridad y 514 insurgentes, lo que en total supone un incremento del 39 por ciento respecto al año anterior.
El estado de Assam, el mayor y más importante de los territorios, donde tiene su feudo el ULFA, que en los últimos meses ha perpetrado una ola de ataques contra civiles inmigrantes que se ha cobrado la vida de 287 personas.
“Hay más muertos porque los grupos se enfrentan unos a otros y además atacan objetivos civiles con más frecuencia. Y además, ponen bombas en lugares donde se concentra la población”, dijo a Efe el coordinador del departamento de Estudios de Paz y Conflicto de la Universidad de Guwahati, Nani Gopal Mahanta.
En Assam se registraron más de 100 explosiones el año pasado, muchas de ellas en abarrotados mercados, además de ataques contra miembros de las minorías de procedencia no asamesa, como los inmigrantes de habla hindi de las planicies del Ganges.
Aunque el ULFA, que lucha por la independencia desde el año 1979, es el culpable señalado por la Policía en gran parte de los casos, en el noreste operan unos 30 grupos desparramados por las regiones de Assam, Arunachal, Manipur, Nagaland, Meghalaya y Tripura.
Sus demandas van desde la independencia y meras reclamaciones de derechos tribales.
La cuestión del encaje de los pueblos del noreste -una amalgama de distintas tribus, etnias y religiones, con una importante presencia cristiana- ha sido constante desde la independencia de la India.
Las guerrillas han aprovechado las largas y porosas fronteras de jungla que la India comparte con Bangladesh (4.095 kilómetros) y Myanmar (1.600 kilómetros) para proveerse de armas u hostigar a las tropas desde refugios seguros.
El Ejército indio se encuentra desplegado en varias de las regiones con carácter permanente y tanto los enfrentamientos de baja intensidad contra los insurgentes como las denuncias de torturas son constantes.
La región de Assam es la cuarta de la India por número de detenidos muertos bajo custodia policial, con 14 fallecidos el año pasado, lo que demuestra que hay “serios” problemas en materia de derechos humanos, según Mahanta.
Pero además, la efervescencia de la actividad armada ha agravado la crisis económica de estas regiones, que se encuentran unidas al resto de la India por un brazo conocido como el “Cuello de Pollo” y sufren un éxodo empresarial constante.
“La seguridad es el asunto más importante para los inversores, además de las malas infraestructuras del noreste”, dijo recientemente el viceministro indio de Comercio, Jairam Ramesh.
“Cualquier inversor desea un ambiente seguro, sin tener que preocuparse de explosiones de bombas y cosas por el estilo”, añadió.
Lejos de los pujantes centros del desarrollo indio, el noreste se encuentra encerrado en una “lógica de conflicto”, con grupos armados que se enfrentan a civiles, al Gobierno, al Ejército y hasta luchan entre sí.
“La configuración política definitiva de la región está aún pendiente. Hacen falta reformas para dar más protagonismo a la gente”, corrobora Mahanta.

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El glaciar de Siachen, el campo de batalla más alto de la tierra

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Nueva Delhi, 14 nov 2006.- Las disputas entre las dos potencias rivales del sur de Asia, Pakistán y la India, incluyen la desmilitarización de un glaciar en Cachemira que alberga la guarnición militar a mayor altitud del mundo, diezmada en los últimos años a causa del frío y los despeñamientos.
Mientras Pakistán defiende la retirada de las tropas como siguiente paso al alto el fuego firmado en 2003, la India, que controla el glaciar, apuesta por hacer oficial la línea fronteriza de hecho entre ambos países.
Según dijo a EFE un experto del Centro de Investigaciones Políticas, el profesor Brahma Chellaney, el control del glaciar es importante para la India, porque “deja a Pakistán sin posibilidad de amenazar la región del Ladakh“.
El Ejército indio también se ha mostrado muy renuente en los últimos días a retirarse de Siachen, como afirmó al diario “Hindustan Times” el teniente general Vijay Oberoi.
“Ningún ejército entrega territorio así como así. El dominio de esas posiciones en Siachen dota a nuestras tropas de una ventaja estratégica sobre los paquistaníes, situados unos 1.000 metros por debajo de nosotros”, dijo.
Sobre capas de nieve que llegan a los 15 metros, ambos países han mantenido durante décadas enfrentamientos esporádicos en altitudes de 6.700 metros y a temperaturas que alcanzan los 60 grados bajo cero.
Siachen domina un triángulo situado en la región de Cachemira, en disputa entre la India, Pakistán y China, y es el segundo mayor glaciar del mundo si se excluyen los polos.
El origen del conflicto se remonta a un alto el fuego firmado en 1949, con el que, sin embargo, no se logró un acuerdo en torno a la demarcación fronteriza sobre el glaciar, cuya importancia estratégica reside en que domina toda la zona de Ladakh, en manos de la India.
El control indio de Siachen impide también el contacto fronterizo entre las porciones de Cachemira dominadas por Pakistán y China.
El glaciar se encuentra en poder militar de la India desde 1984, cuando su Ejército lanzó la operación “Op Meghdoot” para contrarrestar la decisión de Pakistán de autorizar expediciones a Siachen con el fin de afianzar sus reclamaciones territoriales.
Para los indios, la operación incluyó heroicidades como la que llevó a un destacamento a escalar un muro de hielo de casi 500 metros para tomar un puesto paquistaní situado a una altura de 6.700 metros.
El punto, denominado “Bana Post” en honor al soldado que llegó primero a la cima, es el situado a mayor altitud de la docena de destacamentos indios en el glaciar, que en un 80 por ciento “se encuentran por encima de los 4.900 metros”, según afirmó el oficial Om Prakash a una delegación de periodistas que visitó el lugar recientemente.
Los soldados de Siachen tienen en el frío a su mayor enemigo, como dijo el coronel Sunil Prabhu al diario local “Hindustan Times”, porque “científicamente no es posible sobrevivir a más de 5.500 metros de altura” y para llegar a las posiciones más avanzadas, “los soldados deben escalar durante 28 días”.
Según datos de los periódicos indios, unos 600 soldados han muerto desde el año 1984, la mayoría a causa del frío o despeñados.

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Comerciantes de Nathu La pagan los recelos entre la India y China

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Nueva Delhi, 1 nov 2006.- El comercio nunca ha sido fácil entre la India y China, como lo demuestra el magro balance de los tres primeros meses transcurridos tras la apertura a los negocios del paso de Nathu-La, hilo de unión del Tíbet con la pequeña región india oriental de Sikkim, en las faldas del Himalaya.
Después de un cierre que duró 45 años, las autoridades abrieron la frontera el 6 de julio pasado por un período de tres meses, antes del cierre estacional de invierno, tras arduas negociaciones, con grandes expectativas y muy discutible resultado.
El flujo de inversiones ha sido minúsculo en ese tiempo: según informó el Gobierno de Sikkim, la India ha exportado a China bienes por 15.000 euros, mientras el valor de las importaciones alcanzó los 19.000.
Es muy poco si se tienen en cuenta las previsiones de 36 millones de euros para 2007 que hizo el Grupo de Estudios del Comercio en Nathu-La antes de la publicación de los términos del acuerdo de apertura.
Y una cantidad insignificante para dos países que intercambiaron bienes y servicios por un valor de 14.713 millones de euros en 2005, un 37,5 por ciento más que el año anterior, en su mayoría por vía marítima.
En Nathu-La, poco después de la apertura del paso en las montañas, el vicepresidente de la región autónoma del Tíbet, Hao Peng, ya declaró a la prensa que la India había aplicado demasiados condicionantes al intercambio de productos.
“Espero que las autoridades indias adopten una postura más igualitaria con respecto al comercio con China, en lugar de imponer tantas restricciones”, dijo.
Pero en la India, las cosas se ven de otra manera, como dijo a EFE el ministro de Comercio e Industria de la región de Sikkim, R.B. Subba, para quien la apertura de Nathu-La es fruto de un “acuerdo fronterizo, no de libre comercio”.
“Nosotros podemos exportar 29 productos e importamos 15, y quizá esto sea una causa para que la cantidad de intercambios sea tan baja. Pero ya hemos enviado una petición a al Gobierno de la India para que amplíe la lista”, explicó.
La realidad es que los comerciantes locales están desanimados por las dificultades que implica el negociar al otro lado de la frontera, con una lista prefijada de productos permitidos y la limitación de la estancia a sólo un día.
El resultado de tanto obstáculo es que, como declaró a la prensa india el secretario de la Asociación de Comerciantes de Sikkim, Anil Kumar Gupta, un mercader tiene que levantarse “cada día a las tres de la mañana para vender en China y regresar el mismo día”.
Y, en tres meses, apenas 696 pequeños vendedores indios y 1.253 chinos han tenido arrestos suficientes para levantarse tan temprano y salir a vender productos agropecuarios, como los derivados del yak, verduras o frutas, y manufacturas sencillas.
Los mercaderes afrontan además una condición peculiar, que limita las transacciones individuales a un máximo de 435 euros diarios, lo cual, según Gupta, “impide desarrollar actividades a gran escala”.
El ministro Subba comparte las críticas: “El Gobierno de Sikkim apoya el libre comercio transfronterizo, porque es el único modo de que crezcan los intercambios comerciales entre China y la India, así que esperamos con ansia una revisión del acuerdo”.
Hasta entonces, el ministro prefiere tomarse las cosas por el lado positivo, y, como reconoció a EFE, considera que el acuerdo es un primer “símbolo de paz y un signo de la amistad entre dos gigantes”.
Porque, con sus limitaciones, abrir el paso fue el fruto de tres años de negociaciones entre dos países que tienen serias diferencias respecto al dibujo de su línea fronteriza, tanto en Sikkim como en Cachemira, hasta el punto de haber librado una guerra.
Por eso, para Subba, el pequeño y limitado flujo comercial en Nathu-La es una señal esperanzadora de aceptación mutua entre los dos países más poblados del mundo.

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