Chandra Bhan Prasad

Estándar

chandrabhanprasad2Unos 165 millones de Indios conservan todavía el milenario estatus de “dalits” o intocables, fuera del rígido y jerarquizado sistema hindú de castas. Durante siglos, se han ocupado en las tareas que nadie más quiere y han sufrido una bárbara discriminación por parte del resto de la sociedad. Todavía hoy, tienen prohibida la entrada en algunos templos rurales, no pueden sacar agua del mismo pozo que emplea el resto de la población y, en algunas zonas apartadas, tienen que avisar de su presencia para que su sombra impura no roce a los brahmanes. Una de sus voces más significativas es la de Chandra Bhan Prasad, el primer “dalit” con una columna de opinión en un periódico. Prasad ha llevado a cabo un estudio, apoyado por la Universidad de Pensilvania, para detectar si se está produciendo un cambio en las pautas de comportamiento de los “dalits” en las últimas décadas. Y, según cuenta, ese cambio llega por la vía menos pensada: el liberalismo económico, el capitalismo.

– Dice usted que hay indicios de un cambio en la situación de los “dalits”. ¿Por qué ha tardado tanto en llegar? La India adquirió su independencia hace seis décadas…

Nosotros queríamos estudiar los cambios tras la reformas económicas de 1991. Así que los años 90 son nuestra referencia, comenzando por el año 91 y terminando, más o menos, en el 2007. Creo que la causa del cambio es la masiva expansión económica. Los dalits empezaron a ocupar los puestos más bajos de los trabajos industriales: mecánicos, técnicos… Pero empezaron a enviar dinero a sus casas en el pueblo; y también los mensajes: “por favor, papá, mamá, hermana, dejad de trabajar en las tierras del terrateniente. Y haced otra cosa, porque os envío dinero“. Digamos, 1.000 rupias al mes (unos 20 euros). Eso creó una especie crisis de trabajo en el campo, porque cada pueblo está perdiendo brazos de trabajo hacia posiciones no agrícolas.

Cuando hay una crisis alimentaria, hay quien culpa de ello a los dalits. Dicen que ya no cultivan la tierra como antes, y que por eso hay menos grano. Y los dalits decimos que sí, qué pasa: no queremos cultivar la tierra ni sufrir discriminación.

– En ese punto, el hecho de que los dalits no tengan tierras influye en el proceso.

La gente con tierra no tiene razones para ir a la ciudad a menos que haya alguna oportunidad más lucrativa. En India, también en Europa hace mucho, cada familia busca tener ganado, y el ganado requiere trabajo de cada miembro de la familia, en particular los niños, que cuidan pequeños animales como cerdos, cabras, pollos, ovejas, y eso les impide avanzar en su educación. Muchos dalits no tienen tierra y han dejado de tener animales. No hay nada que les ate al campo. Así que si consiguen un ticket a Delhi, o a Bombay, se van.

Con las inundaciones de Bihar [una región del norte], cuando llegaban los equipos de ayuda para rescatar a la gente de los tejados, la mitad decía: primero el ganado y luego nosotros; entonces se les respondía que no era posible. Y lo que replicaban ellos era que querían un servicio a domicilio: “pues entonces no queremos salir de aquí, estamos bien. Traednos agua y comida”, decían. Tenían miedo de perder su ganado.

Las castas altas tienen tierra, vacas, búfalos… Así que no se enfrentan a ninguna angustia. No hay ninguna razón que les impela a venir a un barrio chabolista y trabajar en alguna fábrica, a menos que les nombren gestores o trabajadores de cuello blanco.

Algunos dalits están empezando a comprar tierra, y eso es muy peligroso. Porque cuando compras tierras, te quedarás pegado a ellas.

chandrabhan_prasad– Pero esa angustia de la que habla…¿cuál es la situación exacta de un dalit en un pueblo hoy en día? ¿Qué tipo de discriminación sufre actualmente?

La estructura rural es tal que en ningún punto de este país la aldea dalit se encuentra en el centro urbano. Estará alejada, en las afueras. Cualquier infraestructura de comunicación llega al centro de la ciudad, donde no hay dalits, y se para allí. Así que los dalits no pueden ir en moto a su localidad directamente, sino tienen que pasar por el pueblo. Cuestión de tradición. Además, las fuentes de agua son distintas para los dalits. Otro ejemplo: en Haryana [una región del noroeste], cuando hay bodas y el novio dalit va con su banda, a caballo, los demás les atacan.

Mi propia familia tiene en el recuerdo a un terrateniente, a lomos de un caballo negro. Estábamos construyendo la casa y vino para decir que el techo de nuestra vivienda (en parte de barro, en parte de ladrillo), no debía ser más alto que su casa. Esto era una amenaza sutil. Y ellos no podían actuar de forma que hiriesen el orgullo del terrateniente. Así que fueron listos: pusieron una plataforma de barro sobre el suelo y construyeron la casa sobre ella, para que la altura de las casas fuera menor que la del terrateniente. Pero la apariencia, a lo lejos, seguía siendo era la de una casa enorme. Y los dalits de otras localidades venían a ver la casa.

– Pero estas situaciones de discriminación no ocurren en las ciudades…

El sistema de castas comenzó en un medio rural. No puede operar en una ciudad con el mismo nivel de autoridad. Porque aquí en la ciudad nadie se conoce. En un restaurante, es un desconocido quien te sirve la comida. Así que en gran manera, la casta se convierte en algo ineficaz en el marco de la ciudad.

– ¿Y existe alguna marca, algún signo de distinción para los dalits?

En el norte de la India, esa marca es el nombre y el apellido. Por ejemplo, si sólo me llamo Chandra Bhan, entonces no tengo apellido y eso es causa de duda. Y hay marca en el apellido: Sharma, Singh, Pandey, son apellidos que denotan una casta mayor que, digamos, Ram, o que aquellos sin apellido. En la India, si no eres dalit, tienes un apellido.

chandrabhan– Además hay trabajos propios, como los limpiadores…

Sí, a ellos puedes verlos y decir que son dalits. Sin necesidad de preguntar. Pero hay dalits que intentan evadirse de su condición y esconder su casta [el avance de la comida vegetariana en la India esconde en parte el afán de los castibajos por parecerse a los ‘brahmanes’]. A veces, hay dalits que en sus oficinas intentan no pasar por tales. Pero en la India, la gente tiene el hábito de preguntar por tus padres, tus antepasados: quiénes eran, qué hacían. Los dalits no tienen recuerdo de ese linaje, porque siempre fueron trabajadores. Así que por la ocupación de los padres, también se sabría.

En cuanto a trabajos, en el campo los dalits se dedicaban al trabajo del campo, los empleos más duros. Un ejemplo: en el pasado, no había maquinaria y los dalits debían separar el grano de la paja del trigo; así que cuando traían la cosecha a la casa del terrateniente, dos bueyes caminaban sobre la cosecha durante dos o tres días, y comían la paja. Como también se alimentaban de grano, los dalit debían llevarse los excrementos a su casa. Allí los lavaban y separaban el grano; el terrateniente se quedaba con el grano y ellos se quedaban con los excrementos para usarlos como combustible. Hasta ese punto llegaba su pobreza.  En la cultura de los campesinos no estaba el concepto “comer algo” antes de ir a trabajar. Se tiraban todo el día en los campos sin comer, mientras el terrateniente empezaba la jornada con un té o leche.

– ¿Tienen ahora los dalit un mejor acceso a la educación?

En general, la gente ha comenzado a invertir en educación. Tome el ejemplo de un pueblo considerado tradicionalmente como “muy atrasado” llamado Bara Kotta: hay 47 niños dalits que han elegido la enseñanza privada; y sólo 13 ó 14 estudian en escuelas públicas, donde les dan comida gratis, entre otras cosas. En la privada, deben pagar unas 25 rupias al mes [apenas medio euro], pero la mayoría lo prefiere.

En mi propio caso, mi familia quería que yo tuviera la máxima educación posible. Como mi hermano, que trabajaba con un empleo reservado: al retirarse no tenía casa, ni televisión ni frigorífico, pero logró dar educación a sus cuatro hijos varones. Ahora en mi familia no buscamos la ayuda del Estado, porque podemos valernos por nosotros mismos.

– ¿Y qué papel han tenido las cuotas y las reservas de empleo público en el avance de los dalits? Parece que hay muchos puestos que no son ocupados.

No, no. La mayoría de los puestos sí son ocupados por los dalits, excepto algunas áreas del campo científico. Y lo más importante es que se ha creado una clase media dalit. Así que las cuotas han funcionado. Pero es cierto que las cuotas no pueden alcanzar a todos los dalits. Sólo llegan a un 6 ó 7 por ciento de los dalits. Porque los trabajos estatales eran menos de 20 millones. Y de ellos tienes tu cuota: un 16 por ciento para dalits y 8 para tribus. Eso nos deja cinco millones de trabajos, así que incluso si todos quedaran ocupados, sólo unos pocos millones de dalits tendrían esos trabajos.

diosadalit-En todo caso, ¿cuál es la razón de que haya puestos sin cubrir?

Es que la mayoría de los dalits están en una situación de atraso. No estaban avisados y no recibían información suficiente. Ahora al menos, cuando hay una vacante en el Gobierno, se cubre, salvo en los campos académico, la justicia, el Ejército y algunas áreas científicas.

– Con este beneficio educativo, ¿ve usted un futuro en el que la casta para los dalits no sea determinante?

Hasta ahora, en el orden de casta, tu posición es fija. Me refiero a la jerarquía ritual. Eso no es negociable ni susceptible de compra. Ha habido grandes momentos históricos en los que gente importante trató de superarlo y no lo logró. Por ejemplo Shivaji, el emperador de Maharashtra, que procedía de la casta sudra pero reivindicó el estatuto de kshatriya [guerrero]; él tomó el trono por la fuerza, pero necesitaba un brahmán que lo ritualizara. Así que recurrió a un mendigo brahmán de Benarés. Y aun así hay dudas sobre su estatus.

Hay quien dice que los dalits estaban en la India antes de que los demás llegaran, pero no existen pruebas. Y en todo caso, esa reivindicación de un supuesto pasado nobiliario, ¿de qué sirve? ¿De qué sirve decir: fuimos reyes? Los dalits no tienen ninguna nostalgia del pasado. No están nostálgicos: precisamente lo que quieren es olvidar su pasado.

El ritual sigue siendo el punto de referencia en la marca social: los dalits no pueden moverse. Lo que yo argumento es que si los bienes de consumo sustituyen al ritual como marca de la posición social, entonces habremos roto con el pasado. Porque los bienes de consumo son negociables y susceptibles de compra. Un dalit puede comprar una televisión. Antes, un brahmán pobre podría no tener nada que llevarse a la boca, pero caminaba como un brahmán y la gente tendría que inclinarse. Pero ahora, lo que pasa en el campo, es que si eres brahmán pero no tienes comida, ni moto, ni una antena de televisión asomando de tu casa, ni teléfono móvil, ni frigorífico, entonces, ¿quién eres? ¿Brahmán? ¿Y qué? ¡Piérdete!

– Entonces, lo que usted mantiene es que el capitalismo está trayendo un cambio para los dalits.

Sí. Porque el sistema de casta nació en un sistema rural. Con gente que sobrevivía con mínimas necesidades. La casta era su solaz. Un dalit rico debía saludar subyugado a un kshatriya. Pero ahora las marcas están cambiando. Así que con este sistema, a largo plazo, la casta se convertirá en algo irrelevante. Pero seguirá ahí, como pasa en Estados Unidos: cuando un amigo blanco, ya con confianza, te dice que su origen es irlandés, o británico, o que sus antepasados vinieron de Francia. Así que ese aspecto continúa existiendo, pero no tiene un papel importante en la vida pública.

prasadencnn– Y en este avance, supongo que la India urbana está teniendo un papel muy importante. Los dalits vienen, según le entiendo, porque no tienen posesiones importantes en el campo.

Vienen más fácilmente. Pero esta no es la corriente principal de pensamiento. Los intelectuales dalit no creen que el capitalismo vaya a suponer ningún alivio.

– Eso mismo pensaba usted antes. ¡Vi que militó en la guerrilla naxalita [el nombre que reciben los maoístas de la India]! ¿Ha cambiado de opinión?

Sí [ríe]. En realidad, era joven. Vine a estudiar a JNU, con un pasado en el que había visto el sufrimiento y la humillación. Así que pensé: si el naxalismo supone un cambio, déjame ser parte de él. Y pasé tres años consagrado a tiempo completo, paseándome con una pistola. Pero luego me di cuenta de que aquello no iba a funcionar. Sentía que lo que combate el naxalismo es la modernidad. Y están contra los ricos. Imagina que no tengo dinero para comprar un helado a mis hijos. Y veo a los hijos de otro comiendo helado. ¿Por qué debería ir contra ellos? Al menos un vendedor de helados tiene un trabajo. En mi localidad hay 36 vendedores de helados. Sus hijos no podrán pagarse helados, pero como los niños ricos comen helados, sus padres llevan a casa 200 rupias al día. Así que tendrán comida. Mejores ropas; y podrán ir a la escuela. La forma de analizar el cambio de algunos dalits y naxalitas es el pensar que cada vez hay más diferencia entre ricos y pobres.

-Se le critica al capitalismo que incrementa las desigualdades.

Tengo un debate al respecto con mis oponentes. Los dalits no tenían elefantes, ni caballos. Empezaron a tener bicicletas hace 20 ó 30 años. Yo, que no tenía nada, me compré una bicicleta. No había visto bicicletas, ni gente montando en bicicleta. Me compré una, pero resulta que mi terrateniente se compró una moto, y un coche. Cuando yo no tenía nada, mi terrateniente tenía un elefante. La desigualdad creció, sí. Pero ahora al menos yo tenía una bicicleta.

La cuestión es que si Bill Gates tiene 1.000 millones de dólares más en su cuenta, eso no impactará mucho en su estilo de vida. ¡Ya lo tiene todo! Pero para un conductor negro de un taxi de Harlem, 10 dólares extra al día le suponen un cambio en la alimentación. Pasará de comer carne roja a carne blanca. Y un dalit se compra un “Maruti” y la reacción es: “Wow, un dalit con coche“.

– Pero si los dalits siguen aislados y sin infraestructura de acceso, ¿cómo reciben los consumibles?

Hay una frontera tradicional que va a romperse. Porque cuando un dalit viene a la ciudad, nadie puede controlarlo.  Aquí ha visto cosas, ha abierto su mentalidad. Y empieza a pensar, “¿quién demonios es el terrateniente?”. Hay muchos casos de dalits que vinieron a las ciudades y luego volvieron un año después, vistiendo vaqueros, camisetas o gafas de sol. Y resulta que el hijo del terrateniente se preocupa. “Eh”, le dice, “estoy aquí de pie y no me dices ‘hola”. Y el dalit le dice: “¿quién te crees que eres? ¿por qué soy yo quien debe decirte ‘hola’ y no al revés? Eres más joven que yo”. Así que se producen disturbios y enfrentamientos. En la mayoría de los casos, porque los dalits pueden mirar a la sociedad directamente a los ojos. Antes era un “sí, señor”, “namasté, sir”. Ahora miran de frente. Y hay disturbios. ¿Por qué mataría alguien a su oponente, si no es porque que se siente amenazado? Como antes no había asesinatos, muchos me dicen que las reformas han traído matanzas. Que cuando no había capitalismo, no se les mataba. Pero esas muertes vienen por una percepción de amenaza contra la cultura, la tradición o el dominio. Aun así, me dicen: antes no nos mataban y ahora sí, con el capitalismo. Es un hecho. Pero la razón no es el capitalismo, sino el intento por liberarse de la dominación y la esclavitud.

– ¿Usted aprecia cambios concretos en ese intento por librarse de la dominación? Los pueblos siguen incomunicados.

¡Esa es la razón de la tensión! La tensión llega porque los dalits están accediendo al mercado. Antes no había tensión porque el dominio era absoluto. Quienes continúan en los campos siguen sufriendo esa dominación. Pero quienes han salido disfrutan ya cierta libertad.

El capitalismo está sirviendo para marcar el paso de un sistema basado en la casta, hacia otro sistema que ya no está basado en la casta. Ahora, voy a mi pueblo, y hay dos centros de belleza en las áreas dalit. ¿Quién podría imaginar esto hace 20 años?

dalit-limpiando– Y en su informe, ¿hay alguna averiguación de la que se sienta usted sorprendido?

No exactamente. Mire, mi abuelo trabajaba como guarda y mi hermano logró un empleo reservado. Yo crecí en un pueblo hasta llegar a la universidad, a los 20 años. Llegué a JNU, estudié tres años y luego me uní a los naxalitas otros tres años en el campo. Regresé a la universidad para seguir estudiando un PhD en ciencias chinas. Pero volví a dejarlo porque no me sentía interesado. Y fui a mi pueblo, donde pasé cuatro o cinco años con el mensaje de B. Ambedkar, organizando a la gente, promoviendo la educación. Así que estaba en contacto con la sociedad; y cuando propuse este estudio a la Universidad de Pensilvania, enseguida aceptaron.

– Luego está la cuestión de los símbolos. Cuando llegué a India, una de las primeras noticias fue el destrozo de una estatua de Ambedkar. ¿Por qué sigue viva esa oposición contra él?

Porque Ambedkar es un icono. Si quieres atacar a un individuo particular, vas y le golpeas. Pero si lo que quieres es atacar a toda la comunidad dalit, lo que haces es golpear su símbolo. Lo que la Biblia es para los cristianos o el Corán para los musulmanes, Ambedkar lo es para los dalits. Las estatuas de Ambedkar suelen tener alzado el dedo índice de la mano, y a menudo es ese dedo lo que atacan. Porque la sociedad entiende que lo que hace Ambedkar es señalarla con el dedo. Los dalits se sienten dañados ante un ataque contra Ambedkar. No lo toleran: porque atacar a Ambedkar es atacar a los dalits.

– ¿Quién promueve estos ataques?

No necesitas tener un ataque organizado. Cualquiera puede hacerlo. A veces también puede estar organizado, quizá el RSS.

– Los dalits están ahora en el poder en Uttar Pradesh [en el norte, la región más poblada del país]. ¿Trae esto un cambio real, o es puramente palabrería?

Las discusiones van en la línea de si es Mayawati quien ha espoleado a los dalit en Uttar Pradesh o son los dalit quienes han espoleado a Mayawati.

mayawati– ¿A qué se refiere?

Al ser la jefa del Gobierno, eso ha disparado la autoestima de los dalit; la sociedad está recibiendo una especie de “daliterapia”: oh, estamos gobernados por dalits. Así que el odio hacia los dalit queda en parte aliviado, porque ella ha sido democráticamente elegida. Y los dalits ya no pueden ser el chivo expiatorio de todo.

– ¿Y tiene ya Mayawati un estatus comparable al de Ambedkar en el movimiento “dalit”?

Como política, es como cualquier político. Cada político en India tiene casos abiertos y acusaciones de corrupción. Los políticos hacen dinero y esa es su única razón para entrar en política. Hay apenas unas cuantas excepciones de políticos que no han llegado para lucrarse, como Manmohan Singh. Aparte de esto, Mayawati es un símbolo del orgullo dalit hoy en día.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Castas

Estándar

El sistema de castas en la India describe la estratificación social y las restricciones sociales presentes en el subcontinente indio, donde las clases sociales vienen definidas por miles de grupos hereditarios endógamos, a menudo llamados “jatis” o “castas”. Dentro de un “jati” existen grupos hereditarios denominados “gotras”, el linaje o clan de un individuo.

Aunque el sistema de castas ha sido asociado generalmente con el hinduismo, el sistema de castas también está presente en otras religiones del subcontinente, como el Islam o el cristianismo. La Constitución India ha ilegalizado la discriminación por razón de casta, en línea con los principios de secularismo, socialismo o democracia en los que fue fundada la nación. Las barreras de casta están muy debilitadas en las grandes ciudades, aunque persisten en las áreas rurales del país. Aun así, el sistema continúa sobreviviendo de forma cambiante en la India moderna, fortalecido por una combinación de percepciones sociales y políticas sectarias.

Historia. No hay una teoría universalmente aceptada sobre el origen del sistema indio de castas. Las clases indias son similares a las “pistras” del antiguo Irán, donde los sacerdotes son Athravans, los guerreros son Rathaestha, los mercaderes son Vastriya y los artesanos son Huiti.

Un estudio del año 2002-2003 elaborado por T. Kivisild concluyó que las poblaciones tribales y casta indias derivan “grandemente” de la misma herencia genética de los asiáticos del sur y el oeste que vivían en el Pleistoceno, y que el flujo genético procedente de otras regiones era muy limitado desde el Holoceno. Varios estudios aseguran que los distintos grupos de casta tienen una similar herencia genética. Sin embargo, un estudio genético del año 2001 llevado a cabo por el profesor Michael Bamshad, de la Universidad de Utah, halló que la afinidad de los indios a los europeos es proporcional a la posición de casta: las castas altas son más similares a los europeos. Los investigadores creen que los indo-arios entraron en la India desde el noroeste y pudieron haber establecido un sistema de castas en el que ellos mismos se situaron en los lugares preferentes. Aun así, las muestras indias para este estudio fueron tomadas en una sola área, por lo que todavía hay que investigar si los resultados son generalizables.

Varna y Jati. De acuerdo con las más antiguas escrituras hindúes, hay cuatro “varnas”: los brahmanes (profesores, estudiosos y sacerdotes), los “shatrias” (reyes y guerreros), los vaishas (agricultores y mercaderes) y los sudras (proveedores de servicios y artesanos). Este sistema teórico postulaba las categorías del varna como ideales y explicaba apenas la realidad de miles de “jatis” endógamos, que era lo que de verdad predominaba en el país. Extranjeros, tribales o pueblos nómadas que no suscribían las normas de la sociedad india eran descritos como “mlechhas” y tratados como contagiosos e intocables. Ellos formaban, junto a un grupo conocido como “parjanya”, el origen de los actuales “dalits”, aunque en aquella época el sistema de varnas no era todavía hereditario.

Algunos críticos del hinduismo afirman que el sistema de castas tiene sus raíces en las varnas mencionadas en las antiguas escrituras. Sin embargo, muchos grupos, como ISKCON, consideran que el moderno sistema indio de castas es una entidad distinta de las varnas. Muchos estudiosos europeos de la era colonial miraban el “Manusmriti” como el libro de la ley hindú, y concluyeron que el sistema de castas era parte del hinduismo; esa visión cuenta con la oposición de algunos expertos hindúes, para quienes la casta es más una práctica social anacrónica que una cuestión religiosa.

Casta y estatus social. Tradicionalmente, aunque el poder estaba en manos de los “shatrias”, los historiadores han retratado a los brahmanes como los poseedores del mayor prestigio. Fa Hien, un peregrino budista procedente de China, visitó la India alrededor del año 400 d.C. “Sólo encontró degradante la posición de los ‘chandals’; descastados por razón de su trabajo, encargados de la disposición de los muertos. Pero ninguna otra sección de la población sufría una notable desventaja, ninguna otra distinción de casta atrajo comentarios de este peregrino, y ningún opresivo sistema se ganó su censura”. Y las palabras de otro peregrino chino, Hsuan Tsang (600 d.C.) indican que el rey de la región del Sind era un sudra.

Las castas no constituían una descripción rígida de la ocupación o del estatus social de un grupo. Como la sociedad británica estaba dividida en clases, los británicos intentaron igualar el sistema indio de castas a su propio sistema social. Y vieron la casta como un indicador de ocupación, estatus social y habilidad intelectual. Intencionadamente o no, el sistema de castas se volvió más rígido durante el Raj Británico, cuando los invasores comenzaron a enumerar castas durante los censos y codificaron el sistema bajo su dominio.

Los “dalits”, o la gente externa al sistema de varnas, tenían el más bajo estatus social. Antes denominados “intocables”, trabajaban en las labores vistas como poco saludables, desagradables o contaminantes. En el pasado, los “dalit” sufrieron segregación social y restricciones, además de una extrema pobreza. No se les permitía rezar en los templos con el resto, ni tomar agua de las mismas fuentes. Las personas de castas más altas no se relacionaban con ellos. Si de algún modo un miembro de una casta más alta tomaba contacto físico o social con un intocable, debía ser purgado de la impureza recién adquirida. La discriminación social también se desarrolló entre los dalits. Las castas más altas entre ellos (dhobis, nais…) no se relacionaban con las bajas (bhangis, por ejemplo), calificados como “descastados incluso entre los descastados”.

Los sociólogos también han comentado las ventajas históricas que ofrece una estructura social rígida como el sistema de castas, pero también su pérdida de utilidad en un mundo moderno. Históricamente, el sistema ofrecía varias ventajas a la población del subcontinente, por anacrónico que resulte hoy. Originalmente, era un instrumento de orden en una sociedad donde regía el consentimiento más que la obligación, y donde los derechos rituales y las obligaciones económicas de los miembros estaban estrictamente regulados con respecto al resto de las castas. Uno nacía en el seno de una casta y retenía ese estatus de por vida. El mérito era hereditario y existía igualdad sólo en el seno de la casta, pero no respecto a las otras.

Un sistema bien definido de interdependencia mutua mediante una división del trabajo creaba seguridad en una comunidad. Y en adición, la división del trabajo sobre la base de la etnia permitía a los inmigrantes y extranjeros a integrarse rápidamente en sus propios nichos de casta. El sistema tenía un rol influyente en la determinación de la actividad económica. Funcionaba como los gremios europeos medievales, asegurando la división del trabajo, dando formación a los aprendices y en algunos casos, fomentando la especialización de los industriales: en algunas regiones, producir cada variedad de tejido era la especialidad de una subcasta. Además, los filósofos añaden que la mayoría de la gente se sentía cómoda en grupos estratificados y endógamos. La membresía de una casta particular, con su narrativa, historia y genealogía asociadas, daba a sus miembros un sentido de grupo y un orgullo cultural, como ocurrió con los “marathas”, los “rajputas” o los “iyers”.

Movilidad de castas. Algunos estudiosos creen que el ranking de casta era fluido y podía llegar a diferir de un lugar a otro antes de la llegada de los británicos. Algunos sociólogos mantienen que los grupos de castibajos intentaban elevar el estatus de su casta intentando emular las prácticas de las castas más altas.

La flexibilidad en las leyes de casta permitió a clérigos de casta muy baja, como Valmiki, componer el Ramayana, que se convirtió en un trabajo central de las escrituras hindúes. De acuerdo con algunos psicólogos, sin embargo, la movilidad en amplias líneas de casta era más bien “mínima”, aunque los jatis podían cambiar su estatus social durante las generaciones por relocación o adopción de nuevos rituales.

Para M. N. Srinivas, el movimiento siempre fue posible, sobre todo en las regiones medias de la jerarquía. Siempre fue posible para los grupos nacidos en castas más bajas “levantarse hacia una posición más alta adoptando el vegetarianismo, por ejemplo, y otras costumbres de las castas altas. Aunque teóricamente prohibido, el proceso era común. El concepto de sanskritización, o la adopción de las normas de las castas altas por las bajas, demuestra la complejidad y la fluidez reales de las relaciones de casta.

Las distinciones, sobre todo entre los brahmanes y las demás castas, eran en teoría muy visibles, pero en la práctica parece ser que las restricciones sociales no eran tan rígidas. Hay brahmanes que llegaron a basar su actividad en la tierra; muchos grupos que se dicen shatrias no adquirieron su estatus hasta tiempos recientes. El hecho de que muchas dinastías tuvieran orígenes oscuros sugiere una cierta movilidad social. Y ciertas castas, según fuentes brahmánicas, nacieron de matrimonios entre diferentes jatis. Es importante mencionar que la jerarquía de castas no tuvo nunca una distribución uniforme en el subcontinente.

Movimientos de reforma. Desde tiempos de Buda y Mahavira (este último fundador del jainismo), distintos líderes desafiaron el sistema de castas. El tantrismo, el yoga upanishad, el sistema Natha forman parte de la plétora de movimientos opuestos o críticos con las varnas. Muchos santos devotos rechazaron las discriminaciones de casta. Y durante el Raj británico, este sentimiento ganó impulso, y muchos movimientos de reforma, como el Brahmo y el Arya Samaj abjuraron de las discriminaciones. Reformistas sociales defendieron la inclusión de los intocables en la sociedad, entre ellos el “Mahatma” Gandhi, quien los denominó harijans (“hijos de Dios”), aunque el término fue rechazado por los principales líderes intocables, que lo consideraron paternalista. Se ha asentado mejor la palabra “dalit” (oprimidos). La contribución de Gandhi a la emancipación de los intocables todavía es objeto de discusión, especialmente tras los comentarios de su contemporáneo B.R. Ambedkar, un importante intocable que estimaba las actividades de Gandhi como perjudiciales para la elevación de su gente.

La discriminación de los intocables fue formalmente abolida por la Constitución de la India –en la que Ambedkar tuvo un papel fundamental- en 1950, y ha registrado un declive desde entonces, aunque no se ha logrado su erradicación. El ex presidente K.R. Narayanan y el jefe de la Justicia india, K.G. Balakrishnan, provienen de castas consideradas intocables.

El dominio británico. La fluidez del sistema de castas quedó alterada con la llegada al subcontinente de los invasores británicos. Anteriormente, las clasificaciones de castas diferían de un lugar a otro. Las castas no constituían una descripción rígida de la ocupación o estatus social de un grupo. Pero la sociedad británica estaba dividida en clases, y los británicos intentaron elaborar una clasificación normativa como elemento de organización social. Vieron la casta como un indicador de ocupación, estado social y habilidad intelectual.

Durante los primeros años de dominio de la Compañía británica de las Indias Orientales, se fomentaron los privilegios y costumbres de castas, si bien las leyes británicas pusieron coto a la discriminación contra las castas bajas. Sin embargo, la identidad de casta quedó reforzada por las políticas del “dividir y gobernar” y la taxonomía de la población en rígidas categorías en los censos, realizados cada diez años. Hasta 1910, el subcontinente fue testigo al menos de trece rebeliones de castibajos.

El estatus moderno de la casta. El sistema de castas sigue siendo muy rígido en algunas áreas rurales y pequeñas ciudades. La casta también sigue teniendo un peso importante en la política india. El Gobierno de la India ha registrado oficialmente castas y subcastas, con el propósito de determinar quiénes tienen derecho a las famosas “cuotas” o reservas, es decir, las medidas de discriminación positiva en la educación y los trabajos públicos. Las listas del Gobierno incluyen Castas Registradas (SC), Tribus Registradas (ST) y Otras Castas Atrasadas (OBC).

Las Castas Registradas (SC) son generalmente castas de antiguos intocables (“dalits”). Actualmente, los “dalits” suponen un 16 por ciento de la población total de la India (es decir, unos 160 millones de personas. Sólo en el territorio de Delhi hay 49 castas listadas como SC.

Las Tribus Registradas (ST). Las tribus registradas son grupos tribales. Actualmente componen un 7 por ciento de la población total de la India, es decir, unos 70 millones de personas.

Otras Castas Atrasadas (OBC). La Comisión Mandal cubrió más de 3.000 castas bajo la etiqueta OBC y estimó que formaban el 52 por ciento de la población de la India. Sin embargo, el Sondeo Nacional pone el porcentaje en un 32 por ciento. Hay un debate no resuelto sobre el número exacto de OBC en la India.

Las reservas por razón de casta han generado violentas reacciones por parte de las castas no elegibles, es decir, las tradicionalmente privilegiadas. Muchos expertos indios conciben el tratamiento negativo de las castas adelantadas como socialmente divisivo y sencillamente injusto.

El sistema de castas fuera del hinduismo. En algunas partes de la India, los cristianos están estratificados por secta, lugar y las castas de sus predecesores, sobre todo en lo concerniente a la iglesia católica. En el presente, más del 70 por ciento de los cristianos indios son “dalits”, pero los cristianos de castas adelantadas controlan el 90 por ciento de los trabajos eclesiásticos administrativos. De los 156 obispos católicos, sólo 6 proceden de castas bajas. Muchos católicos dalits se han quejado de la discriminación por casta en el seno de la iglesia católica. En la región de Goa, los anuncios clasificados de matrimonios siguen mencionando la casta en el caso de los cristianos.

También en el seno del Islam en el sur de Asia se han desarrollado unidades de estratificación social, denominadas “castas” por muchos. Al parecer, las castas entre los musulmanes se desarrollaron como resultado de un estrecho contacto con la cultura hindú y los conversos procedentes del hinduismo. El informe del Comité Sachar, publicado en 2006, documenta la estratificación continua de la sociedad musulmana. Los musulmanes tienen secciones de lavanderos, sastres, herreros y otras castas atrasadas. En la India moderna se han producido brutales choques entre musulmanes pertenecientes a distintas castas.

Entre los musulmanes, los Ashraf tienen un estatus superior, derivado de sus antepasados árabes, mientras que los Ajlaf tienen supuestamente su origen en conversos del hinduismo y, por lo tanto, un origen inferior. Además, entre los musulmanes está la casta Arzal, considerados por Ambedkar como los equivalentes a los intocables hindúes. Aunque muchos estudiosos pensaban que la estratificación entre los musulmanes no era tan aguda, Ambedkar argumentó que los “demonios sociales” de la sociedad musulmana eran “peores que los presentes en la sociedad hindú”.

El sistema de castas tampoco es ajeno a los budistas. Los Rodi de Sri Lanka siempre han sido despreciados e incluso considerados intocables por los budistas ceilaneses debido a la ausencia de “ahimsa” (no violencia), de la que depende fuertemente el budismo. Cuando el viajero Ywan Chwang viajó por el sur de la India al final del período Chalukya, aseguró de que el sistema de castas había existido entre los budistas y los jainíes. Hay pruebas de castas en el jainismo de Bihar: en el pueblo de Bundela, hay varios jaats (grupos) entre los jainíes. Una persona de un grupo no puede mezclarse ni comer en compañía con los de otro.

Respecto a los sijs, sus gurús criticaron la jerarquía del sistema de castas. Donde algunas castas eran percibidas como mejores o más altas, predicaron que todos los grupos sociales eran valiosos, y defendieron que el mérito y el trabajo duro eran aspectos esenciales de la vida. El sistema de cuotas también promovido por ellos ha sido objeto de críticas precisamente porque desprecia el mérito como medida principal para ganar un puesto.

Violencia de casta. La India independiente ha sufrido una cantidad considerable de violencia y crímenes de odio motivado por la casta. El Ranvir Sena, un grupo paramilitar supremacista de Bihar (norte) ha cometido actos de violencia contra los dalits y otros grupos de las castas registradas. Otro ejemplo es el caso de Phoolan Devi, que pertenecía a la casta mallah, fue violada cuando era joven por un grupo de thakurs… Luego se convirtió en bandida y cometió robos violentos contra los miembros de castas altas. En el año 1981, su banda asesinó a 22 thakurs, la mayoría de ellos sin relación con su secuestro o violación. Phoolan Devi siguió adelante y llegó a ser diputada. Los dalits continúan siendo de todos modos las principales víctimas de la violencia en muchas partes de la India.

Política de casta. El “Mahatma” Gandhi, Bhimrao Ambedkar y Jawaharlal Nehru tenían distintas concepciones de la casta, especialmente en lo referido a la política constitucional y la situación de los intocables. Hasta mediados de los años 70, la política de la India independiente estaba dominada sobre todo por cuestiones económicas y controversias de corrupción. Pero en los 80, las castas emergieron como un asunto fundamental en la política india. La Comisión Mandal fue establecida en 1979 para identificar a los “atrasados sociales o educativos”, y para estudiar las cuotas o reservas como forma de acabar con la discriminación de casta. En 1980, el informe apoyó la acción afirmativa bajo la ley India, por la que se daba acceso exclusivo a los castibajos para una porción definida de trabajos del gobierno y puestos de estudio en las universidades.

El Gobierno encabezado por V.P Singh trató de desarrollar las recomendaciones de la Comisión en 1989, lo que dio lugar a protestas masivas. Muchos entendían que los políticos intentaban desarrollar las reservas para asegurarse el voto de las castas bajas, es decir, con un propósito de pura pragmática electoral. Muchos partidos políticos recurren abiertamente a los bancos de voto basados en razón de casta. Formaciones como el Bahujan Samaj Party (BSP), el Samajwadi Party y el Janata Dal se dicen representantes de las castas atrasadas, y buscan asegurarse el apoyo de las OBC, los dalits o los musulmanes para ganar las elecciones.

Críticas. El sistema de castas ha sido objeto de muchas críticas, tanto dentro como fuera de la India. Desde el punto de vista histórico, Buda y Mahavira, fundadores respectivos del budismo y el jainismo, estaban en contra de la estructura de casta. Muchos santos del período devocional, como Nanak, Kabir, Caitanya, Dnyaneshwar, Eknath, Ramanuja o Tukaram rechazaron las discriminaciones y aceptaron discípulos de todas las castas. Muchos reformistas, como el Swami Vivekananda y el Sathya Sai Baba creían que en el hinduismo no había sitio para el sistema de castas.

Algunos movimientos del hinduismo han aceptado a castas bajas en su seno, comenzando por los movimientos devocionales del período medieval. Las primeras políticas dalits llevaron de la mano movimientos reformistas hindúes que venían a ser una respuesta a los misioneros cristianos en sus intentos por convertir a los intocables al cristianismo. Intocables atraídos por la perspectiva de escapar del sistema de castas.

En el siglo XIX, el Brahmo Samaj de Ram Mohan Roy llevó a cabo una campaña activa para acabar con el castismo. El Arya Samaj, fundado por Swami Dayanand, también renunció a la discriminación contra los intocables. Una opinión compartida por Swami Vivekanda, quien fundó la misión Ramakrishna y también contribuyó a la emancipación de los castibajos.

El primer templo restringido a castas altas que abrió sus puertas a los dalits fue el de Laxminarayan, en la ciudad de Wardha, en el año 1928. En 1936, el sultán de Travancore, hoy la región de Kerala, decretó que los “intocables no deberían tener prohibido el consuelo y solaz de la fe hindú”. Incluso hoy, el templo Sri Padmanabhaswamy, el primero que abrió sus puertas a los intocables en Kerala, sigue siendo reverenciado. Pero todavía quedan templos en la India donde los intocables tienen prohibido el acceso.

Otra perspectiva de crítica del sistema de castas es la línea intelectual que argumenta que los intocables y castibajos eran la población originaria de la India, y fueron sojuzgados por los “invasores brahmanes”. Pero sin duda el pensador más importante para las castas bajas fue B.R. Ambedkar, pionero de las conversiones al budismo. El primer ministro Jawaharlal Nehru también difundió información sobre la necesidad de erradicar el sistema.

Críticas contemporáneas. Entre los dalits, continúa habiendo líderes políticos e intelectuales como Kancha Ilaiah o Udit Raj, que son considerados anti-hindúes por sus críticos y mantienen una retórica básicamente dirigida contra los brahmanes. Del otro lado, hay hindúes que intentan desligar de su religión el sistema de castas, y ofrecen como prueba la presencia de las castas en el cristianismo o el Islam del subcontinente.

Hay activistas para quienes el sistema de castas es una forma de discriminación racial. En marzo de 2001, los participantes en la Conferencia de Naciones Unidas contra el Racismo en Durban (Sudáfrica) condenaron la discriminación por casta e intentaron aprobar una resolución declarando que la casta como base para la segregación y la opresión de la gente según ocupación y filiación era una forma de apartheid. Finalmente, no hubo resolución formal, sin embargo.

El tratamiento que los dalits reciben en la India es calificado por algunos autores como el “apartheid” escondido de la India. Críticos de esas acusaciones inciden en las mejoras sustanciales experimentadas por los dalits y la cobertura legal que proporciona la Constitución de la India (escrita sobre todo por el dalit Ambedkar). Otras pruebas son la llegada de un dalit a la presidencia (K.R. Narayanan en 1997) y la pérdida de influencia de las castas en los medios urbanos.

Esa visión benevolente es desmentida por otros intelectuales, que mantienen que el sistema de castas continúa bien enraizado en la cultura hindú y sigue estando presente en todo el sur de Asia, sobre todo en la India rural. En lo que se conoce como “apartheid oculto”, pueblos enteros de muchas regiones indias continúan estando segregados por completo en razón de casta. Con unos 160 millones de personas, los dalits se enfrentan a un aislamiento social casi completo, humillaciones y discriminaciones basadas exclusivamente en su nacimiento (Haviland). Tocar la sombra de un dalit puede contaminar a un miembro de las castas altas. Los dalits no pueden cruzar la línea que divide su parte del pueblo, ni beber de los pozos públicos, ni visitar los mismos templos que las castas altas. Los niños dalits deben sentarse en los últimos pupitres de la clase.

Las acusaciones de apartheid son negadas por los sociólogos académicos como un epíteto político, porque el apartheid implica una discriminación apoyada por el estado, algo que no existe en la India. La Constitución india pone un énfasis especial en ilegalizar la discriminación por casta, y sobre todo aboga por terminar con la condición de los intocables. Además, el código penal indio castiga severamente a quienes cometen discriminaciones sobre la base de casta. Los prejuicios contra los dalits y la discriminación es un malestar social que existe sobre todo en áreas rurales, donde pequeñas sociedades pueden trazar los linajes de los individuos y establecer discriminaciones. Así que el castismo no es exactamente un “apartheid”. De hecho, los intocables, los indios tribales y las castas bajas se benefician de programas de acción afirmativa y tienen un poder político creciente.

La alegación de que la casta equivale a la raza ya fue rechazada por B. R. Ambedkar: “El brahmán del Punjab es racialmente del mismo vivero que el chamar (dalit) del Punjab. El sistema de castas no marca una división racial. El sistema de casta es una división social de gentes con una misma raza”. También el sociólogo Andre Béteille rechaza el tratamiento de la casta como un sistema “racista”: “políticamente malicioso” y “científicamente disparatado”, porque no hay diferencias raciales entre unos y otros. “No podemos ver –escribe- cada grupo social como una raza simplemente porque queramos protegerlo contra el prejuicio y la discriminación”.

El Gobierno indio va más allá y también rechaza cualquier equivalencia entre la discriminación por casta y la discriminación racial, con el argumento de que los asuntos de casta son esencialmente intrarraciales e intraculturales. Y además, los sociólogos han descrito cómo la visión del sistema de castas como uno estático y estratificado ha dejado paso a otra visión con una estratificación más procesal. Y hay observadores para quienes el sistema de castas encubre un sistema de explotación por los prósperos de los deprimidos. En muchos lugares de la India, la tierra es propiedad de terratenientes de las castas dominantes, que explotan a los jornaleros sin tierra y los artesanos pobres, mientras los degradan con énfasis ritual para demostrar su estatus inferior. La casta determina el puesto de un individuo en la sociedad, el trabajo que puede desempeñar, con quién podrá casarse, con quién podrá hablar. Los hindúes creen que el karma de vidas anteriores determinará la casta en la que un individuo (re)nacerá.

Pulsa aquí para volver a la página principal.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

La líder intocable india ordena cambiar su estatua por ser “pequeña”

Estándar

Nueva Delhi, 1 jul 2008.- La siempre polémica Mayawati, la líder intocable más poderosa de la India, ha vuelto a dar que hablar con su orden de levantar una estatua erigida en su honor y, nada más inaugurarla, ordenar su cambio por otra efigie aún más grande.
Los operarios aprovecharon la madrugada de un domingo para retirar de un parque de Lucknow (norte de la India) la estatua de su líder, que había sido instalada apenas seis semanas antes junto a las de otros líderes intocables, como Kanshi Ram.
“Kanshi Ram siempre dijo que estaría muy contento de instalar mi estatua junto a la suya. Así que he decidido erigirla para cumplir con sus deseos”, se justificó entonces Mayawati.
Pero el diseño final de la estatua, de casi cuatro metros, no debió de convencer a la líder intocable, porque ordenó la retirada pocas horas después del acto inaugural.
“Vio que su estatua era más pequeña que la de Kanshi Ram y ordenó cambiarla. Es la primera vez que una persona viva y en el poder usa dinero del Gobierno para construir una estatua propia. Esto no es apropiado, ni ético, ni lícito”, dijo a Efe un líder de la formación opositora BJP Om Prakash Singh.
Mayawati, de 1,52 metros de altura, gobierna la región de Uttar Pradesh (norte), que tiene unos 166 millones de habitantes -tanto como la unión de España, Francia, Italia y Portugal- y está entre las más pobres y subdesarrolladas del país.
A su llegada al Ejecutivo regional, a mediados de los noventa, Mayawati dedicó 5.000 millones de rupias (unos 73 millones de euros o 115 millones de dólares) a la construcción en la capital regional, Lucknow, de un parque dedicado al padre de la Constitución india, el intocable Bhimrao Ambedkar.
El memorial Ambedkar cuenta con estructuras “para que dure 1.000 años” y alberga estatuas de los principales líderes de la comunidad intocable (unos 160 millones de indios), proclive al culto al líder y a las prédicas “igualitarias” de su abanderada, Mayawati.
Los “dalit” o intocables siguen siendo la comunidad más discriminada en la rígida escala social hindú, pese a que el sistema de castas fue abolido por la Constitución de Ambedkar, en el año 1951.
Aunque todavía son objeto de discriminaciones, los “dalit” tenían tradicionalmente prohibido el acceso a lugares sagrados y debían dedicarse a tareas consideradas “impuras” por las otras castas, que evitaban incluso el contacto con su sombra “manchada”.
Su líder Mayawati trufa sus discursos con menciones a la “justicia social” y la defensa del sistema de cuotas que favorece la inserción social de los intocables, lo que no impide una propensión al lujo y los fastos en su honor personal.
En su último cumpleaños, Mayawati (52 años) recibió diez toneladas de flores, un avión, un millón de pastelitos y diamantes por gentileza de sus funcionarios; se iluminaron edificios gubernamentales y se la agasajó hasta con un helicóptero oficial.
“La gente me muestra respeto, afecto y amor. Todo el mundo debería estar contento”, dijo, el pasado mes de enero, ante las cámaras de televisión la coqueta Mayawati.
Y, además, añadió: “He decidido celebrar mi cumpleaños con simpleza”.
La intocable inició su cuarto mandato en Uttar Pradesh el año pasado, pese a las alegaciones de corrupción que pesan contra ella y su creciente riqueza -unos 13 millones de dólares, 8,2 millones de euros-, que atribuye a las donaciones de sus seguidores.
En cinco años, la líder intocable ha multiplicado un 4.600 por ciento su fortuna declarada, ha mostrado con asiduidad su pasión por las joyas y no ha dudado en pagar con dinero público actos celebrados en su honor y hasta estatuas, como la que, de nuevo, luce en Lucknow.
Quienes paseen por el Memorial Ambedkar, de Lucknow, pueden contemplar ya el legado broncíneo con el que Mayawati quiere ser recordada: una mole de 18 toneladas de peso, 4,5 metros de alto y un coste público de casi 635.000 euros (más de un millón de dólares).
La estatua del parque es ahora más grande, tiene rasgos faciales ligeramente diferentes y un bolso al hombro.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Líder intocable recibe millones de rupias en regalos por su cumpleaños

Estándar

Nueva Delhi, 15 ene 2008.- Los partidarios de la líder “dalit” (intocable) Mayawati, que gobierna la región más populosa de la India, Uttar Pradesh, celebraron hoy su cumpleaños con un aluvión de regalos que van desde diez toneladas de flores hasta un avión oficial, en una nueva vuelta de tuerca al culto al liderazgo.
A pesar de que la dirigente había pedido este año contención, varias estimaciones hablan de obsequios y gastos -oficiales y no- por un valor de casi 20 millones de dólares en la norteña Uttar Pradesh, donde las calles amanecieron cubiertas de carteles con la sonrisa de la líder.
Los regalos de Mayawati, que cumplió hoy 52 años, incluyen, además de las flores y el avión, un helicóptero oficial, un millón de pastelitos, diamantes por gentileza de sus funcionarios y la iluminación de edificios gubernamentales durante 48 horas.
“La gente me muestra respeto, afecto y amor. Todo el mundo debería estar contento”, dijo ante las cámaras de televisión Mayawati, quien añadió: “He decidido celebrar mi cumpleaños con simpleza”.
La líder “dalit”, bien enjoyada, cortó públicamente una tarta de 52 kilos, presentó su autobiografía y dio el pistoletazo de salida al proyecto de autopista del Ganges, mientras medita dar su salto definitivo a la política nacional.
Hasta ahora, Mayawati se ha conformado con Uttar Pradesh, una región con unos 166 millones de habitantes -tanto como la unión de España, Francia, Italia y Portugal- que se encuentra entre las más pobres de la India y que sucumbió por cuarta vez a sus encantos en las recientes elecciones de 2007.
“Es muy autoritaria y dirige su partido (el Bahujan Samaj Party, BSP) con la mano férrea de un dictador”, comentó sobre ella la analista política Sudha Pai.
Mayawati, que centra sus discursos en la “justicia social”, ha logrado últimamente trascender a la división por castas presente todavía en la política india y ha atraído a los brahmanes de la región para su causa, con buenos resultados electorales.
Pero el eje de su ideología sigue siendo los “dalit”, que suponen un 16 por ciento de la población y es la comunidad más discriminada en la rígida escala social hindú, pese a que el sistema de castas fue abolido por la Constitución en el año 1951.
Todavía objeto de discriminaciones, los “dalit” tenían tradicionalmente prohibido el acceso a lugares sagrados y debían dedicarse a tareas consideradas “impuras” por las otras castas, que evitaban incluso el contacto con su sombra “manchada”.
En el caso de Uttar Pradesh, los intocables han hecho suyo el mensaje del BSP y lo adornan con una proverbial adoración hacia Mayawati, en quien ven la guardiana del sistema de cuotas que favorece la inserción social de las castas bajas.
“Nuestros cultivos quedaron destruidos por el pasado monzón y el Gobierno regional nos compensó. Así que creemos que Mayawati estará contenta de recibir nuestro regalo”, declaró el agricultor Santosh Kumar con un cheque de 40 rupias (1 dólar) para su líder.
Pero Mayawati compagina el culto al líder y la adoración de los intocables como Santosh con otros dos fenómenos no menos importantes y generalizados en la política india: el “sicofantismo” y la corrupción.
Con “sicofantismo”, los analistas indios definen a la cohorte de aduladores que rodea a los principales líderes políticos a la espera de réditos en forma de puesto público, un contrato de obras o simplemente un favor.
Eso es lo que explica, por ejemplo, la iniciativa de doce funcionarios que han decidido reunir unas cuantas rupias para comprar diamantes a Mayawati (por un valor de 50.000 dólares), o el apresuramiento de sus ministros en pintar de azul -el color de los intocables- las calles de la capital regional, Lucknow.
Además, Mayawati, imputada por la desaparición de 44 millones de dólares en un proyecto de infraestructuras, ilustra la corrupción y el delito que impregnan a la clase política de las regiones más pobres del país, como la propia Uttar Pradesh.
En las elecciones de 2002, nada menos que 206 de los 403 diputados electos de la región tenían antecedentes penales, la mayoría absoluta de la Cámara Regional.
En 2007, ese porcentaje quedó reducido al 25 por ciento de la Cámara, aunque los comicios arrojaron anécdotas como la de seis candidatos que hicieron campaña desde la cárcel y dieron discursos en directo a través de teléfonos móviles de estraperlo.
Aunque Mayawati ha negado siempre los cargos de corrupción, los datos desvelados por la prensa india muestran el negocio que supone el ser político en la India: en cinco años, la líder intocable ha multiplicado un 4.600 por ciento su fortuna declarada.
La enjoyada reina de los intocables tiene, Santosh a Santosh, trece millones de dólares.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Sri Sri Ravi Shankar

Estándar

Su mirada preside las calles de las ciudades indias, en pósters colocados por una cohorte de fieles seguidores dispuestos a cumplir al pie de la letra cualquiera de sus órdenes. Dirige la fundación “Art of Living“: “una organización que ayuda a la gente a vivir mejor y a acabar con el estrés, a terminar con la violencia y traer de vuelta los valores humanos”, la define. Los dignatarios y los dirigentes religiosos mantienen para él las puertas abiertas y él, Sri Sri Ravi Shankar, es posiblemente el líder religioso más reverenciado de la India décadas después de “inventar” el ejercicio de yoga “Sadan Sankirua“. O eso vende su curtido gabinete de prensa.

¿Qué hace diferente al Sadan Sankirua?

Es una técnica de yoga que vino a mí como un poema, como un regalo. Es una técnica respiratoria que ayuda a eliminar los sentimientos negativos y ayuda a la gente a rehabilitarse. De hecho, fue la técnica que utizamos tras los atentados de los trenes… Me refiero a los de 2004 en Madrid, claro. Tenemos un centro en Madrid y otro en Las Palmas, además de varios en Latinoamérica, en los que nuestros profesores desarrollan el programa de la organización.

Parece que la gente en Occidente está cada vez más dispuesta a incorporar conocimientos como el yoga. ¿Cuáles son a su entender las razones?

Porque el yoga es un compendio de saberes prácticos, que dan resultados inmediatos y mejoran la vida. Los occidentales son inteligentes, y están dispuestos a adoptar todo aquello que mejore sus vidas.

¿Y cómo podría mejorar la vida de los occidentales?

La gente de aquellos países está dándose cuenta de los peligros de una dieta poco saludable y la preponderancia de los alimentos fritos. Hay cada vez una mayor concienciación sobre la salud física y psíquica. La gente ha descubierto que no es bueno tomar tanta cafeína, fritangas y productos procesados, y está incorporando al menú comidas naturales y orgánicas. No es casualidad que haya cada vez más vegetarianos.

¿De ahí que vuelvan sus ojos a la India…?

Claro. Hay algo de lo que todos queremos ser parte: la experiencia y el conocimiento de lo más elevado. Y el yoga o la meditación son saberes prácticos que les dan resultados inmediatos, una característica muy apreciada por las personas en occidente.

No como en India.

No. En occidente, la gente quiere que las cosas ocurran rápido.

Aquí en la India hay muchas personas que le admiran, pero hay también quienes critican el cobro de tarifas excesivas por enseñar el “Sadan Sankirua”.

Sí, hay quien lo dice. Pero mantenemos programas de cooperación en los pueblos pobres, donde la gente recibe gratis nuestra enseñanza. Y cuando lo enseñamos gratis a la gente sin recursos, el saber adquiere más valor.

Otro asunto que llama la atención respecto a su figura es el culto a la personalidad. La gente viene y le contempla, se sienta junto a usted y pide bendiciones. ¿Cómo le afecta todo esto?

Es que tengo un doble papel. Por una parte, desarrollo la espiritualidad religiosa hindú. Y, por otra parte, llevo esa espiritualidad a todos los seres humanos. Es una cuestión de valores religiosos con dos vertientes. Y el culto a la personalidad es un hecho cultural en la India: no hay nada malo en que la gente venga y se siente en el suelo para verme.

Pero esto, ¿no le incomoda?

Siempre me siento cómodo. Es algo muy habitual en la India, y no hay razón para sentirse incómodo con ello. Mi interacción con mis seguidores se basa en un hecho cultural que no tiene nada que ver con el culto a la personalidad. En la India tocamos los pies a las personas de más edad. Todo el mundo lo hace, incluidos los niños con sus madres. Es nuestro modo de mostrar respeto. Aquí para saludar nos inclinamos hasta el suelo.

Usted ha emprendido iniciativas para acercar a los intocables (descastados) y los brahmanes. ¿Con esto reconoce que existe un problema de castas?

Todo el mundo acudió al encuentro, tanto los intocables como las castas hindúes. Claro que hay un problema: los dalits disfrutan de ciertos privilegios oficiales. Las castas hindúes están listas para terminar con ese sistema, pero no los dalits, que se aferran a esos ascensos por decreto o a sus cuotas de reserva de empleo. Los políticos, en lugar de eliminar el sistema de castas, lo han hecho más fuerte con estas medidas. Así que de lo que se trata es de juntar a las dos partes. Nosotros hemos sido los primeros en lograr esa aproximación. Nuestros actos han sido históricos.

Usted comparó las religiones con la cáscara de un plátano. ¿Qué quiso decir?

Quise decir que las religiones son algo necesario. Pero para comprender su esencia, que es la espiritualidad, hay que deshacerse de la cáscara.

¿Qué deberían hacer las religiones para unir a la gente?

Deberían volverse menos fanáticas y temerosas de las demás. Sí: menos fanáticas y menos temerosas. Debería existir una interacción entre todos. Acabar con este mensaje de que la religión propia es el único camino hacia el cielo, o de que todos aquellos con una opinión distinta irán al infierno. Hay que eliminar estos conceptos.

Y esto que dice de las religiones, ¿es aplicable a los conflictos, las culturas, los pueblos?

Sirve para todo.

¿El yoga puede ayudar?

Claro. Mucha gente ya se ha dado cuenta.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail