El ataque maoísta más poderoso de los últimos años revela una tragedia civil

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Nueva Delhi, 16 mar 2007.- El ataque maoísta que dejó 55 efectivos policiales en un puesto policial del distrito de Dantewada, en la región india de Chatisgarh (centro), ha mostrado el poder de la guerrilla, pero sobre todo la desoladora situación de una población civil atrapada entre dos fuegos.
El ataque se produjo en la madrugada del jueves, cuando unos 500 naxalitas (insurgentes maoístas) atacaron con granadas y cócteles molotov un puesto en el que dormían 80 agentes de seguridad, en un área de difícil acceso dentro del “Corredor Rojo”, unos 100.000 kilómetros cuadrados controlados en parte por la guerrilla.
Aunque los orígenes de los naxalitas, que tomaron su nombre de una rebelión de 1967 en la aldea bengalí de Naxalbari, aparecen ligados a la universidad, más tarde su mensaje adquirió popularidad en las áreas rurales y empobrecidas, donde suelen lanzar pequeños ataques escondidos en áreas boscosas.
Pero el poder de los maoístas no radica sólo en su buena organización, sino también en su fuerza de atracción para los jóvenes de las regiones más pobres del país, quienes, frustrados por la falta de empleo y oportunidades, se animan a engrosar las filas de los grupos guerrilleros.
Preocupado por el auge de los rebeldes, el Gobierno había contribuido en 2005 al establecimiento en Chatisgarh de un movimiento antimaoísta llamado “Campaña por la Paz” (Salwa Judum), en el que se enrolaron unos 50.000 aldeanos.
Y, de hecho, la mayoría -39- de los 55 agentes muertos pertenecen a la “Policia especial” (SPO, siglas en inglés), en realidad un cuerpo formado por aldeanos que colaboran por las fuerzas de seguridad con un rifle, una paga mensual del equivalente de 25 euros o 33 dólares y un uniforme consistente en una pegatina con las siglas escritas a mano.
“Los maoístas no son más fuertes que antes, lo que ocurre es que se defienden del cerco al que les sometemos, que es cada vez más estrecho”, declaró a Efe desde Dantewada el portavoz de ese cuerpo policial, M. Mishra.
Con este panorama, los empobrecidos jóvenes del distrito de Dantewada, en su mayoría “adivasis” (población tribal), apenas tienen tres opciones de futuro: echarse al monte con la guerrilla, colaborar con las fuerzas de contrainsurgencia organizada por el Gobierno o tratar de sobrevivir en el fuego cruzado de ambos bandos.
En Dantewada no hay nadie libre de peligro, pues los maoístas atacan a quienes participan en las actividades y mítines de la “Campaña por la Paz”, mientras quienes se niegan a ello son atacados por las fuerzas paramilitares, denunció a Efe Amnistía Internacional.
“Nos preocupa la seguridad de los “adivasis”, la gente normal en medio del conflicto. Pedimos al Gobierno que investigue los asesinatos cometidos por paramilitares y revise sus leyes de seguridad. Y los maoístas deben saber que la violencia no soluciona nada”, declaró a Efe Soumya Bhaumik, delegado de la organización.
Sólo el año pasado, la huida fue el único camino para más de 100.000 civiles del “Corredor Rojo”, resistentes a la presión de los dos bandos.
Pero como hasta en la mayor desesperanza brillan luces, un director adjunto de la Policía, Abhyanand, de la más pobre región india, Bihar, ha recurrido a la imaginación con una iniciativa que pueda romper la espiral de violencia que ha dejado cientos de miles de desplazados y miles de muertos en las últimas décadas.
Su idea es poner en marcha un circuito turístico en las zonas dominadas por los maoístas, para crear “oportunidades de trabajo y desarrollo” y “sacar algo positivo de un hecho malo”.
“Si los simpatizantes y partidarios desempleados de la guerrilla prueban las mieles del desarrollo, abandonarán a sus temibles dirigentes”, dice Abhyanand.
El “turismo maoísta” consiste en establecer puntos turísticos en las áreas golpeadas por la violencia de la guerrilla.
“Incluiremos algunos de los escondites de los rebeldes y lugares donde se cometieron masacres, siempre con la Policía garantizando la seguridad de los turistas”, declaró el agente.
Pero, con ataques a gran escala como el de esta semana, lo cierto es que los turistas deberán tener un desarrollado sentido del peligro en el “Corredor rojo”, el violento feudo de maoístas, contrainsurgentes y los sufridos “adivasis”, la gente corriente.

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Guerrilla maoísta asesina a 49 agentes policiales en el mayor ataque del año

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Nueva Delhi, 15 mar 2007.- La guerrilla maoísta de la India acabó hoy con la vida de 49 efectivos policiales en un violento asalto contra un destacamento en la región central de Chatisgarh, en el que supone el mayor ataque de los rebeldes en lo que va de año.
El ataque tuvo lugar a las 02.15 de la madrugada hora local (20.45 GMT del miércoles) a unos 525 kilómetros de la capital de la región, Raipur, en el puesto de Rani Bodli, donde había 24 efectivos del Cuerpo Armado de la región y otros 55 miembros de la Policía Especial, que son en realidad aldeanos en tareas de apoyo.
Un total de 15 miembros del Cuerpo Armado y 34 oficiales de la Policía Especial murieron y otros 12 efectivos de las fuerzas de seguridad resultaron heridos, según informó en el Parlamento regional el gobernador de Chatisgarh, Ram Vichar.
El puesto de las fuerzas de seguridad se encontraba en una zona selvática de difícil acceso dentro de un distrito, Dantewada, muy golpeado por los maoístas, conocidos en la India como “naxalitas” porque se inspiran en el movimiento estudiantil “Naxalbari”, de los años 70.
“Unos 500 naxalitas armados atacaron el puesto policial con granadas y cócteles molotov, y abrieron fuego indiscriminadamente”, informó a Efe por teléfono el inspector general de Policía del área de Bastar, R.K. Vij.
Tras rodear el puesto y matar a sus defensores aprovechando que la mayoría de ellos dormía, los guerrilleros se apoderaron de sus armas y minaron el área circundante, lo cual ha dificultado las tareas de rescate de los cuerpos.
“Había unos 80 policías en el puesto, y 13 de ellos han sido trasladados al hospital”, dijo Vij.
Dantewada, en el sur del distrito, se ha convertido en el epicentro de la violencia de la guerrilla desde que el Gobierno regional contribuyó al establecimiento de un movimiento antimaoísta llamado “Campaña por la Paz” (Salwa Judum), en el que se enrolaron unos 50.000 aldeanos.
De hecho, al hablar de los “oficiales de la Policía Especial”, en realidad las autoridades hacen referencia a los jóvenes de las tribus locales, incluidas muchachas, que reciben un salario mensual de 1.500 rupias (unos 25 euros) como pago por ayudar a las fuerzas de seguridad en las operaciones contra los rebeldes.
Aunque la guerrilla maoísta opera con frecuencia en doce regiones indias, sus ataques suelen tener lugar a pequeña escala, como lo demuestra el asesinato el pasado 5 de marzo del diputado nacional Sunil Mahato junto a dos de sus guardaespaldas en la vecina región de Jharkhand.
En Chatisgarh, los naxalitas han cometido en los dos últimos años 1.187 actos de violencia, pero sólo el ataque cometido el 17 de julio de 2006 contra el campo de refugiados de Errabore, en el que murieron 60 personas, había tenido la entidad del ataque de hoy, informó la agencia india PTI.
La región de Chatisgarh, poco desarrollada, tiene en la pobreza una de las razones por las que muchos jóvenes de las áreas rurales abrazan la actividad guerrillera, cuyos orígenes están ligados sin embargo al movimiento universitario.
Al inicio, el movimiento guerrillero maoísta tuvo un amplio predicamento entre los estudiantes del estado indio de Bengala, y sólo posteriormente se desarrolló en las áreas rurales y empobrecidas de los estados del centro y este de la India, donde unas 6.000 personas han muerto debido a la violencia.
La guerrilla, agrupada en el Partido Comunista de la India (Maoísta), tomó su nombre de la aldea bengalí de “Naxalbari”, donde en 1967 tuvo lugar una violenta rebelión basada en el ideario de Mao.
Considerados por el Estado indio como “terroristas”, los guerrilleros naxalitas mantienen un ideario que va desde la lucha por establecer un estado maoísta independiente en el este y centro del país, hasta una presunta colaboración con movimientos armados internacionales y los servicios secretos de Pakistán.
“La noción de que un naxalita odia su país es idiota. Él es alguien que ama su país más que el resto de nosotros, y por eso se siente más molesto que los demás cuando lo ve corrompido. No es un mal ciudadano que comete crímenes. Es un buen ciudadano conducido a la desesperación”, dice el naxalita Abhay en su bitácora.

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