031 El día que quebró la fábrica de juguetes

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El día que quebró la fábrica de juguetes
se produjo en el río un vertido brutal de patitos de goma.

Las cosas ya nunca fueron lo mismo después de aquel día.

Una gran mancha de patos de goma avanzó río abajo
lenta procesión de aves silenciosas.

“Tardaremos años en recuperar el río”, decían por televisión.
“Estos patos de goma parecen tener propósitos a la deriva”.

Enseguida las autoridades lanzaron dos operaciones:
una para limpiar el río
la otra para limpiar su imagen.

La mayoría de los patos fueron interceptados por los agentes del gobierno.
Unos pocos miles quedaron varados en alguna orilla sentimental.
Unos pocos cientos terminaron ahogados por alguna corriente creativa.
Unas pocas decenas acabaron en las estanterías de los hijos de los pescadores.
Unos pocos patitos de goma fueron devorados por depredadores que nadie sabe.

Un patito de goma llegó al mar.

Quienes lo vieron afirmaron que iba navegando lentamente,
con la vista puesta en el horizonte, sin ningún gesto de emoción.

“Es un visionario”, decían las noticias
“por su apostura y su elegante navegación,
por su determinación en el rumbo,
por su segura velocidad y su bella estampa,
no hay ninguna duda:
este pato era el mejor de todos ellos”.

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“Misión Ganges Limpio”, el nuevo plan de la India para salvar su río sagrado

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Nueva Delhi, 20 dic.- Preocupado por la masiva polución que sufre el Ganges, el Gobierno indio ha tenido que destinar partidas millonarias a un nuevo plan para purificar el principal río sagrado de los hindúes, que da sustento a cientos de millones de personas.
“La situación es grave: hay áreas con tanta polución que nada puede vivir en ellas. La contaminación y la explotación excesivas son los principales problemas del río”, dijo a Efe el experto Parikshit Gautam, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
El Gobierno creó este año la Autoridad Nacional de la Cuenca del Ganges (NGRBA), que decidió en su primera reunión, en octubre, eliminar por completo los vertidos sin tratar de aguas residuales o industriales en el río de aquí al año 2020.
Pero la tarea se presenta titánica: según el titular indio de Medioambiente, Jairam Ramesh, el Ganges recibe cada día 3.000 millones de litros en vertidos, y dos tercios de esta cantidad pasan al caudal sin ningún tipo de purificación previa.
Para paliar la alarmante situación, el Gobierno estima necesaria una inversión de unos 3.200 millones de dólares en los próximos diez años en instalación de infraestructuras dentro de la “Misión Ganges Limpio“, para lo que cuenta ya con apoyo del Banco Mundial.
“(El río) está presionado por la producción en expansión, las industrias y el desarrollo urbano”, dijo este mes en Nueva Delhi el presidente de esa organización, Robert Zoellick, tras acordar una ayuda inicial al proyecto de 1.000 millones de dólares.
“El Banco comenzará su compromiso fomentando el intercambio de experiencias relevantes. Esperamos que esto ayudará a mejorar la gestión de esta gran cuenca fluvial que sustenta a 400 millones de personas sólo en la India”, añadió.
Tras un plan datado en 1985 que, según los activistas, terminó en fracaso, el Gobierno ha decidido ahora repartir el gasto entre la administración central y las regionales, que deberán elaborar informes cíclicos sobre el estado de las zonas más contaminadas.
La cuenca del Ganges nutre de vida a un tercio de las tierras que forman parte de la India y su paso por el subcontinente no sólo atestigua la existencia de civilizaciones milenarias, sino que presta sustento a una de cada doce personas del mundo.
Pero es además mucho más que un río: los hindúes lo consideran sagrado y a él acuden cada año en peregrinación millones de personas, alentadas por el hecho de que sus aguas no sólo lavan los pecados, sino que liberan del ciclo de las reencarnaciones.
Al paso por la ciudad de Benarés, el Ganges contiene 60.000 bacterias fecales coliformes por cada 100 mililitros, 120 veces más que el límite considerado seguro para el baño, lo que no disuade a los peregrinos de entrar en sus aguas para purificarse.
“Los festivales religiosos llevan ocurriendo muchos años, hay muchas ferias. Pero esto puede mejorarse, por ejemplo tomando medidas de higiene para que el río no quede afectado por las malas condiciones de salubridad”, afirmó Gautam.
Aparte de los residuos biológicos, numerosas industrias peleteras situadas en la ribera vierten desechos de cromo y otros metales al caudal del río, que está sometido a una intensa presión por la construcción masiva de presas en sus afluentes.
Según la WWF, el 95 por ciento del agua del Ganges es desviada de su cauce antes de su desembocadura, lo cual incrementa la presencia de sedimentos y causa la muerte o la migración de las especies autóctonas, como el delfín del Ganges.
“Está confinado en algunas franjas aisladas entre sí. Estimamos que quedan sólo unos 2.000 delfines en el sistema gangético y su población está en franco declive”, mantuvo el experto, en alerta por la amenaza extra que puede suponer el cambio climático.
La solución, aseguró, pasa por acabar con la contaminación industrial y garantizar un nivel mínimo en el caudal, algo que sólo puede lograrse con el plan estatal “si los objetivos y el desarrollo son los adecuados”, a diferencia de lo ocurrido hasta ahora.

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Víctimas aún sufren secuelas del escape industrial de Bhopal 25 años después

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Nueva Delhi, 2 dic 2009.- La demanda de justicia y las secuelas que continúan sufriendo las víctimas marcan el 25 aniversario del escape tóxico en la ciudad india de Bhopal, considerado por muchos como la peor catástrofe industrial de la Historia.
“La situación es muy mala. En muchos sentidos, es peor de lo que era antes. El Gobierno protege los intereses de las grandes corporaciones”, dijo a Efe el jefe del Grupo de Información y Acción de Bhopal, Satinath Sarangi.
Su organización, según cuenta él mismo por teléfono, atiende diariamente a unas 150 víctimas de un suceso que causó la muerte inmediata de 3.000 personas, aunque la cifra total de fallecidos podría rondar los 25.0000.
A las 00.05 del 3 de diciembre de 1984, 40 toneladas de “humo blanco” -una mezcla tóxica de metisocianato– provenientes de la planta de la empresa de pesticidas Unión Carbide llenaron el aire en los barrios cercanos con efectos devastadores.
Miles de ciudadanos de Bhopal se echaron aterrados a las calles para huir del gas y alcanzar los hospitales, aunque los centros quedaron pronto sobrepasados y muchas personas agonizaron durante horas mientras el aire tóxico penetraba en sus pulmones.
Una investigación posterior halló varios fallos de seguridad en la planta, donde las alarmas sonoras estaban apagadas cuando ocurrió el accidente, aunque Unión Carbide mantiene que el escape fue causado por un “sabotaje deliberado”.
“Alguien echó agua deliberadamente en el tanque de almacenamiento del gas y esto causó una masiva reacción en cadena”, afirma sobre los hechos Unión Carbide, que se deshizo en 1994 de la fábrica, que hoy está en manos de la estadounidense Dow Chemical.
El escape tóxico causó la muerte inmediata de 3.000 personas, según el Tribunal Supremo de la India, aunque varias asociaciones médicas han elevado hasta 25.000 los fallecidos desde entonces debido a las dos tragedias: el escape y la polución subsiguiente.
“Aquel 3 de diciembre, quienes murieron, murieron. Pero esperábamos al menos que los demás se recuperarían en el futuro. Nunca sucedió”, cuenta a Efe Rashida Bee, una superviviente que dirige hoy en día la fundación Chingari, de ayuda a las víctimas.
Pese a los esfuerzos de limpieza, se calculan en unas 5.000 las toneladas de residuos tóxicos en la zona afectada, y unas 30.000 personas continúan todavía hoy consumiendo agua envenenada de los alrededores por falta de acceso a agua potable.
“Muchos de los elementos químicos encontrados en el suministro de agua son agentes cancerígenos conocidos o sospechados”, afirmó esta semana la organización británica Bhopal Medical Appeal en un estudio sobre la calidad de los acuíferos que rodean la planta.
Veinticinco años después de los hechos y tras incontables retrasos y trabas, son ya 572.000 personas las que han recibido compensaciones, aunque según Sarangi esta cifra no incluye a los niños que han ido naciendo con malformaciones.
La actual dueña de la planta, Dow Chemical, insiste en que no tiene responsabilidad sobre el accidente, ya que Unión Carbide aceptó en 1989 un acuerdo extrajudicial para pagar 470 millones de dólares, que fueron usados para compensar a las víctimas.
Pero los activistas exigen a la actual propietaria que limpie la zona de vertidos contaminantes, proporcione cuidados médicos a las víctimas y colabore en la extradición del responsable de Unión Carbide Warren Anderson, hoy prófugo de la justicia india.
“El Gobierno no ha hecho nada. La gente todavía utiliza el agua. Queríamos que el Gobierno presionara a Dow Chemical porque es la compañía que debe asumir la responsabilidad, pero lo triste es que les están protegiendo”, dijo a Efe Rashida Bee.
Las autoridades de Madhya -la región de Bhopal- anunciaron en noviembre que aprovecharían el aniversario para abrir la planta al público y demostrar que era segura, pero luego dieron marcha atrás excusándose en un código de conducta que rige en período electoral.
“La fábrica abrirá, pero quizá en enero, una vez que termine el proceso electoral (municipal)”, dijo la semana pasada el ministro de Ayuda y Rehabilitación regional, Babulal Gaur.
Autoridades y activistas defienden la construcción de un memorial para recordar la tragedia, aunque estos últimos critican que el Gobierno regional presupueste para el monumento un coste cuatro veces mayor que lo gastado estas décadas en ayudar a las víctimas.

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Miles de animales sacrificados para aplacar a los dioses hindúes

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Nueva Delhi, 18 oct 2006.- Miles de cabras, patos, búfalos y palomas son sacrificados estos días en la India por devotos fieles en ceremonias organizadas para aplacar a los dioses hindúes, según denunciaron a Efe activistas del ecologismo.
Este año, sólo en la región de Orissa, en el este del país, fueron sacrificados durante las fiestas hindúes de la “Durga Puja” unos 10.000 animales, afirmó la ONG “People for Animals” (PFA).
“El problema es que la gente todavía cree que sacrificar animales les conducirá a una vida mejor en la que se cumplirán sus deseos”, declaró a Efe Jiban Das, delegado para Orissa de PFA.
En áreas tribales existe la costumbre de consagrar sobre todo cabras, patos y palomas, pero también algunos búfalos.
Jiban Das concentra ahora sus esfuerzos en que la venidera fiesta de “Diwali“, una especie de Navidad hindú, no se convierta en otra “masacre” como la que su organización denuncia en el estado nororiental de Assam, en el templo de Kamakhya, también durante la “Durga Puja“.
La versión de la PFA, que cuantifica los sacrificios de Kamakhya en unos 20 búfalos, 3.000 cabras y miles de palomas, contrasta con la posición de las autoridades del templo, para quienes dichas cantidades son una “exageración”.
“Sabemos que 20 búfalos y algunas cabras fueron sacrificadas este año, pero, ¿cómo puede alguien sacrificar en un templo 3.000 cabras en tres días?. Es imposible”, ha declarado el secretario del templo, Nabakanta Sarma.
Con fecha de 1960, la ley india de Prevención de la Crueldad Animal no prohibía el sacrificio de animales en lugares religiosos, lo que ha llevado recientemente a algunas regiones, entre las que se cuenta Orissa, a desarrollar normativas más restrictivas.
Aunque Das afirma que los políticos de Orissa están comprometidos con la prohibición de este ceremonial, ello no impidió que el consejero de Desarrollo Urbano, K. V. Singhdeo, celebrara hace tiempo un sacrificio dentro del palacio de su propiedad.
El presidente de la región, Naveen Patnaik, se apresuró a condenar el hecho, pero lo cierto, según la prensa local, es que ningún partido se atreve a censurarlo, pues teme perder votos en un país tradicionalmente muy devoto.
En enero pasado, por ejemplo, las autoridades restringieron las visitas a Khairguda, una localidad en la que tiene lugar cada año el sacrificio de 20.000 animales para aplacar la ira de los dioses.
La celebración se mantuvo, pero ni los habitantes de los pueblos vecinos ni los activistas que protestaban cerca del lugar pudieron ver a la “Dehuri“, la joven que representa la encarnación de los dioses y bebe la sangre de los animales sacrificados mientras baila al son de los tambores.
El problema, como reconoce a Efe la activista Sangeeta Goswami, que ha denunciado estas ceremonias del templo de Kamakhya, reside en que los sacrificios están tan extendidos que cuando Amitabh Bachchan, el actor más popular de Bollywood, enfermó en diciembre, se sacrificaron dos búfalos en el templo para lograr que sanara.
El caso Bachchan desencadenó la ira de las entidades ecologistas porque el actor es un destacado miembro de PETA, otra asociación protectora de animales, pero nada pudo impedir que sus fans pusieran en práctica una tradición con más de 3.000 años de antigüedad.
Con todo, la consagración de animales es una anécdota si se compara con otra práctica más cruenta, consistente en el sacrificio de niños, como ocurrió la semana pasada en Benarés, cuando un brujo secuestró y degolló a un pequeño que jugaba junto al Ganges para ofrecérselo a los dioses como “sacrificio”.

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