El viraje democrático del viejo talibán

September 14, 2009

Kabul, 16 ago 2009.- El singular candidato “Rocketi”, antiguo comandante talibán reconvertido a la causa de la democracia afgana, destaca entre la cuarentena de rivales de Hamid Karzai en las próximas elecciones a la Presidencia y apela a los insurgentes a “dejar el desierto” y seguir su ejemplo.
Bautizado “Rocketi” por su manejo de los proyectiles en sus tiempos de “muyahidín” contra la ocupación soviética, Abdul Salam gesticula con seriedad ante cientos de hombres barbados -la mayoría, pastunes- que han viajado desde el sur y el este de Afganistán para escucharle.
“Rocketi” ocupó un alto cargo del Ejército talibán durante los años de Gobierno integrista, aunque en la caída del régimen entregó sus armas y se convirtió a la causa democrática tras un paso de nueve meses por la cárcel, ya con las tropas extranjeras en el país.
“No llevo la cuenta de cuántos cohetes habré lanzado en mi vida -ironiza “Rocketi” en una entrevista con Efe, poco después de un mitin capitalino-. Pero en Afganistán ya es tiempo de paz. Toca negociar con los talibanes”.
Tras luchar contra los soviéticos, enrolarse en los talibanes y acudir luego al Parlamento afgano, “Rocketi” mide estos días sus posibilidades como candidato a la Presidencia de Afganistán en las elecciones del próximo día 20 de agosto.
Y el auditorio, compuesto por cientos de hombres con turbantes, de luengas barbas, y seis mujeres en “burka”, lanza gritos de “Alá es grande” como apoyo a las promesas del ex comandante talibán: justicia islámica, paz, tolerancia cero con la corrupción, seguridad y trabajo.
“Rocketi” escucha sentado las encendidas intervenciones de líderes tribales, los poemas de interludio, una carta abierta de un niño y versos cantados sin acompañamiento instrumental, según una tradición musical empleada todavía por los propios talibanes.
Sus seguidores encarnan la parte de Afganistán que se niega a adoptar influencias extranjeras y se aferra a las tradiciones de los pastunes -la etnia más numerosa del país-, basadas en la lealtad a la tribu y una lectura del Islam muy conservadora.
Y por eso se suceden durante el acto los gritos en favor de este antiguo talibán que, como dice un estudiante en el estrado, “ni acepta las costumbres de los extranjeros ni se cambia de ropa sólo porque haya (norte)americanos en Afganistán”.
“Son los extranjeros quienes no dejan que progresemos. Países como Rusia, Irán y Pakistán no permiten el desarrollo afgano. Debemos fortalecer nuestras fuerzas de seguridad para que las tropas extranjeras se marchen de aquí”, se justifica ante Efe el candidato.
Aunque a juicio de los analistas las posibilidades de “Rocketi” son casi nulas -según una reciente encuesta, es uno de los candidatos más impopulares-, su importancia radica en el ejemplo que puede suponer para los talibanes que aún combaten en el país.
El propio presidente afgano y principal favorito en los comicios, Hamid Karzai, ha hecho, como promesa estrella, aunque sin éxito, una oferta de negociación para los talibanes moderados que dejen las armas y entren en el proceso democrático.
“Si Karzai negocia será su mayor éxito. Así terminará la guerra”, dice a Efe entre el público el antiguo “muyahidín” Mohammed Nader, venido desde la provincia norteña de Kunduz, quien por lo demás considera que el gobierno no ha dado satisfacción a los “yihadistas”.
La conversión democrática de “Rocketi”, sin embargo, ha sentado mal a sus antiguos aliados integristas, que en esta campaña han atacado dos veces sus actos y han matado a uno de sus colaboradores, tras instar a la población a boicotear las elecciones.
“Son actos erróneos -lamenta malhumorado el ex comandante insurgente mientras se mesa la barba-. Los talibanes de Afganistán deben respetar el proceso democrático y votar a sus candidatos. El pueblo de Afganistán quiere la paz y la estabilidad”.
“Rocketi” dice haberse gastado en la campaña hasta el último céntimo que obtuvo por la venta de su casa, unos 82.000 dólares, pero asegura que merecerá la pena si el desembolso sirve para que Afganistán vuelva a la senda del desarrollo.
Y sus seguidores, entre rezos, claman por el “éxito del valiente ‘Rocketi’”, ese polémico y antiguo comandante talibán de Jalalabad que se emplea ahora en que los “insurgentes dejen el desierto” y comiencen a marchar en la misma dirección que los demás afganos.

Hamid Karzai aspira a reeditar mandato con una cómoda ventaja

September 14, 2009

Kabul, 14 ago 2009.- Instalado en una cómoda ventaja sobre sus rivales, el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, aspira a revalidar su mandato en las elecciones del día 20 haciendo bandera del diálogo con los talibanes más moderados y con el país todavía pendiente del desarrollo prometido.
Karzai, de 51 años, ha estado al frente de Afganistán casi desde la caída del régimen talibán, en el año 2001, primero encabezando un Gobierno de transición y ya más tarde elegido presidente por los ciudadanos, en el año 2004.
En los próximos comicios, el actual presidente aspira a obtener la reelección por encima de sus críticos, que le acusan de tolerar la corrupción, apoyarse en los antiguos “señores de la guerra” y ser incapaz de desarrollar las instituciones del Estado.
Hasta ahora, Karzai ha llegado a pactos con los líderes de distintas minorías étnicas, como los “señores de la guerra” Ismail Khan (tayiko) y Rashid Dostum (uzbeko), y ha incorporado a su candidatura al poderoso Mohammed Fahim, un polémico general que ya fue ministro de Defensa en su Gobierno y que ahora quiere ser su vicepresidente.
Con Fahim, Karzai busca asegurarse el apoyo de los tayikos del norte, la segunda etnia más numerosa del país, mientras él mismo intenta apuntalar el voto de los pashtunes en el sur y el este frente al boicot que promueven los insurgentes talibanes.
Su golpe de efecto más importante es precisamente una oferta de diálogo para los talibanes más moderados, con el objetivo de que estos abandonen las armas y se sumen a la construcción de la democracia afgana en un momento de expansión de la insurgencia.
El pacto sería una nueva vuelta de tuerca en la carrera política de este líder pashtún moderado, que durante la ocupación soviética (1979-1989) sirvió como asesor de los muyahidines y que luego apoyó a los talibanes pensando, como muchos, que traerían estabilidad al país.
Las intensas relaciones que estos últimos mantenían con los servicios secretos paquistaníes le llevaron, sin embargo, a distanciarse de los integristas y comenzó a organizar a la oposición en el extranjero desde antes de los atentados del 11-S.
Con la intervención estadounidense en Afganistán, Karzai se decidió a luchar contra los talibanes y protagonizó una épica entrada por el sur del país acompañado por un puñado de seguidores a lomos de varias motocicletas, según cuenta el escritor Ahmed Rashid en su libro “A descent into chaos”.
Y luego, elegido para liderar el Gobierno interino del país, el todavía presidente se las arregló para mantener un precario equilibrio entre las distintas facciones, etnias y tribus del país, todavía fundamentales en el sistema político.
Aunque la política interior ha recibido críticas de los sectores liberales por ser lenta en sus reformas y por la corrupción imperante, la población afgana valora sus angustiadas condenas de las muertes de civiles a manos de las tropas internacionales en el país.
Vituperado por sus opositores, denostado como “alcalde de Kabul” por lo limitado de su control sobre el país, Karzai sigue sin embargo siendo popular entre los afganos a tenor de las dos últimas encuestas conocidas, que le atribuyen un 44 y 45 por ciento, respectivamente, del voto decidido en las elecciones presidenciales.
Con una veintena de puntos de ventaja sobre su más directo perseguidor, Karzai encara el futuro de Afganistán como favorito y a gusto en su papel de “padre de la nación”, como lo califican algunos de sus carteles electorales.
“Si votas hoy a Karzai, Karzai garantiza tu mañana”, promete a los afganos en su eslogan electoral.
Populismo aparte, el verdadero mérito del actual presidente ha sido su maniobra para ocupar el eje de la encrucijada afgana: entre pashtunes y tayikos, entre las tropas extranjeras y la opinión pública, entre talibanes moderados y el pequeño sector liberal.
Dicen de él, quienes lo conocen, que se siente tan cómodo con traje y corbata como con turbante y túnica

El Ejército ceilanés divulga las primeras imágenes del cadáver de Prabhakaran

September 4, 2009

Nueva Delhi, 19 may 2009.- El Ejército ceilanés divulgó hoy las primeras imágenes del cadáver del jefe de la guerrilla tamil (LTTE), Vellupillai Prabhakaran, horas después de que el presidente de Sri Lanka anunciara oficialmente el fin de 26 años de guerra.
“El cadáver de V. Prabhakaran, líder psicópata de la más bárbara organización terrorista del mundo, los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE), ha sido encontrado hace poco”, aseguró el ministerio de Defensa en un comunicado.
El vídeo difundido por Defensa mostraba a un grupo de soldados en torno al cadáver del líder guerrillero, dispuesto en uniforme rebelde sobre unas parihuelas y atacado por las moscas, con la cara hinchada y aparentes heridas de bala en la cabeza.
El hallazgo fue realizado por el Ejército en las cercanías del lago Nanthikadal, donde las tropas rechazaron este lunes un último intento de los guerrilleros por escapar del cerco que sufrían, lo que causó, según la versión oficial, 352 muertos en las filas rebeldes.
“La victoria que hemos alcanzado derrotando al LTTE es la victoria de nuestro país, nuestra patria. Proteger a la población tamil es mi responsabilidad y mi deber”, dijo Rajapaksa en su comparecencia ante el Parlamento, recibida por continuos aplausos.
Rajapaksa pidió ayuda a la comunidad internacional para reconstruir el norte del país, asolado por la guerra, pero rechazó “importar” una solución política para dotar de autonomía a los minoritarios tamiles, las grandes víctimas del conflicto.
“No tenemos tiempo para experimentar con las soluciones sugeridas por otros países”, dijo Rajapaksa, tras brindar por la reconciliación nacional y abogar por la integración de todos.
Los combates de la guerrilla y el Ejército en los últimos meses han causado la muerte de al menos 6.500 civiles, según datos de la ONU, mientras que otros 265.000 se encuentran confinados en campamentos instalados por el Gobierno sin poder salir de ellos.
“Nuestro objetivo era proteger a los tamiles de las garras del LTTE. Para proteger a los civiles tamiles inocentes nuestros soldados sacrificaron sus vidas”, dijo Rajapaksa, que decretó un día festivo para mañana en conmemoración de la “derrota del terrorismo”.
Durante su discurso, Rajapaksa se mantuvo en silencio sobre Prabhakaran, lo que alimentó durante unas horas la especulación acerca de su muerte, reforzada además porque un alto cargo de la guerrilla en el exilio negó la muerte de su líder.
“El Gobierno de Sri Lanka hace reivindicaciones no verificadas. Sólo puedo decir que nuestro líder nacional está vivo y a salvo”, dijo en entrevista para el portal Tamilnet -afín a la guerrilla- el jefe de relaciones internacionales del LTTE, S. Pathmanathan.
Distintas fuentes oficiales confirmaron este lunes la muerte de Prabhakaran, quien supuestamente intentaba huir de la zona a bordo de un vehículo blindado y una ambulancia acompañado de su número dos, Pottu Amman, y del jefe de la división naval, Soosai.
La guerrilla se encontraba desde hace semanas rodeada por el Ejército en una pequeña franja del noreste del país donde también se hacinaban decenas de miles de civiles, víctimas de bombardeos de las tropas y de la represión rebelde en caso de intentar la huida.
Tras el combate final del lunes, el Ejército publicó una lista con 18 nombres de líderes guerrilleros muertos en la que no se encontraba Prabhakaran, aunque sí sus colaboradores más cercanos y su hijo primogénito, Charles Anthony, jefe del área tecnológica.
Hoy, Pathmanathan acusó a las tropas de haber cometido un “crimen contra la Humanidad” por los “asesinatos” del líder político del LTTE, B. Nadesan, y del jefe de la secretaría de paz (LTTEPS), S. Puleedevan, quienes intentaban negociar con las tropas desarmados y con banderas blancas.
“Lo que ocurrió el lunes fue una masacre bien planeada de varios oficiales civiles desarmados del LTTE con el propósito de aniquilar su estructura política”, destacó el portal Tamilnet, que apuntó a una “alta figura de Defensa” como responsable.
El LTTE inició un levantamiento armado contra Sri Lanka en 1983 en reivindicación de un estado independiente en el norte y el este de la isla, controlada por la mayoría cingalesa, y desde entonces han muerto más de 80.000 personas víctimas de la violencia.
La comunidad internacional centra ya su atención en el destino de los civiles confinados en los campos del Gobierno, a la espera de la visita este viernes a la isla del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Ejército ceilandés proclama derrota de guerrilla tamil tras 26 años en guerra

September 4, 2009

Nueva Delhi, 18 may 2009.- El Ejército de Sri Lanka dio hoy por concluidos los cerca de 26 años de guerra en el país tras acabar con la cúpula y los últimos guerrilleros de los “tigres” tamiles, en una ofensiva de varios meses durante la que han muerto miles de civiles.
“Todos los líderes del LTTE (Tigres para la Liberación de la Patria Tamil) han muerto”, dijo a Efe por teléfono el director de información del Gobierno, Anusha Palpita.
Poco después, el jefe del Estado mayor ceilanés, Sarath Fonseka, declaró en un comunicado difundido por el Ministerio de Defensa que las tropas han “derrotado militarmente” al LTTE y “liberado a la nación de tres décadas de terror”.
La guerrilla estaba cercada desde hace semanas en una pequeña franja costera del noreste de Sri Lanka, donde además se hacinaban decenas de miles de civiles que han sido víctimas de duros bombardeos militares y de disparos rebeldes si trataban de huir.
Este fin de semana, el Ejército logró aislar a los últimos guerrilleros en menos de un kilómetro cuadrado, hasta que esta mañana los Tigres tamiles llevaron a cabo una operación desesperada para lograr la huida de la cúpula dirigente.
“Intentar escapar era su única oportunidad. Ahora todos están muertos y no hay ningún superviviente en la zona”, dijo a Efe el portavoz del Ejército, Udaya Nanayakkara, quien anunció que los militares controlan ya “todo el territorio”.
Durante ese último combate, las tropas acabaron con las vidas de unos 250 guerrilleros, según el portavoz, quien dio por hecho que entre los fallecidos figuran tanto el líder guerrillero supremo, Vellupillai Prabhakaran, como su número dos, Pottu Amman.
El líder guerrillero, de 54 años, intentó salir de la zona de combate junto a Amman y al jefe de la marina guerrillera, Soosai, en un convoy formado por una ambulancia y una furgoneta que fueron tiroteadas por el Ejército.
La noticia de su muerte llegó horas después de que el Ejército anunciara la del primogénito de Prabhakaran, Charles Anthony, y la de otros seis conocidos líderes de este longevo y sanguinario grupo guerrillero que lucha por la independencia tamil en la isla.
Entre ellos estaban el máximo encargado de asuntos políticos, B. Nadesan; el responsable de la Secretaría de Paz (LTTEPS), S. Puleedevan, y el director de la policía rebelde, Ilango.
“Esta es la primera vez que un grupo terrorista ha sido completamente aniquilado por un Gobierno democrático”, comentó a Efe por teléfono el secretario ceilanés de Exteriores, Palitha Kohona, quien restó credibilidad a las denuncias sobre muertos civiles.
En un comunicado publicado hoy en Tamilnet -un portal afín al LTTE-, la guerrilla denunció hoy que el Ejército ha llevado a cabo una “masacre decidida” contra el último reducto tamil, donde apenas quedaban “1.000 guerrilleros heridos, funcionarios y civiles”.
“Colombo ha decidido no permitir ninguna oportunidad para que el LTTE negocie y aniquilar su liderazgo”, mantuvo la guerrilla, con conexiones en el exterior del país.
Este domingo, los Tigres tamiles ya declararon que la batalla había llegado a su “amargo final” y anunciaron un cese unilateral de los combates para evitar un derramamiento de sangre mayor entre los civiles.
Era la respuesta al anuncio del Gobierno acerca del “rescate” de los 50.000 civiles que continuaban en las últimas áreas guerrilleras y que han sido trasladados a los campamentos instalados por las autoridades para acoger a los desplazados.
“Creemos que el Ejército ha tomado entre 50.000 y 80.000 civiles en los últimos días y los está trasladando a campamentos. Ha ganado la guerra, pero se levanta una cuestión obvia: ¿y ahora qué”, dijo a Efe el portavoz de la ONU en el país, Gordon Weiss.
Los violentos combates han causado desde comienzo de año la muerte de más de 6.500 civiles, según cálculos de la ONU, a falta de añadir los datos de las últimas semanas, ya con la guerrilla cercada junto a miles de personas que usaba para protegerse.
Y en los campamentos, según Kohona, hay en este momento 250.000 personas a la espera de que el Gobierno rehabilite sus zonas de procedencia, aunque las organizaciones de ayuda denuncian que los tamiles no tienen permiso para salir de ellos.
La muerte de los líderes guerrilleros que luchaban por obtener la independencia tamil marca el fin de una etapa en este antiguo conflicto asiático de Asia y fue saludada hoy con celebraciones en Colombo por parte de la mayoría cingalesa.

El “tigre” tamil Prabhakaran, líder de una guerrilla sanguinaria y resistente

September 4, 2009

Nueva Delhi, 18 may 2009.- El escurridizo líder Vellupillai Prabhakaran, muerto hoy a manos del Ejército de Sri Lanka tras 26 años de lucha, ha sido el rostro de la guerrilla tamil, un cuerpo sanguinario que llegó a tener una aviación propia y patentó los ataques suicidas como arma de combate.
El inflexible fundador de los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE) y el resto de líderes de la guerrilla “están todos muertos”, aseguró hoy a Efe un portavoz militar, quien dijo que sólo falta confirmar oficialmente el reconocimiento del cadáver.
Héroe para sus adeptos y terrorista para el Gobierno ceilandés, Prabhakaran lideró con mano de hierro una guerrilla bien entrenada y disciplinada que puso en jaque durante décadas al Ejército, que hoy aseguró haber acabado con lo que quedaba del LTTE, unos cientos de hombres que resistían acorralados en menos de un kilómetro cuadrado.
Lejos queda el tiempo en que Prabhakaran llegó a controlar dos tercios de las costas y un tercio del territorio total de Sri Lanka.
Durante dos décadas y media de lucha, el “tigre” Prabhakaran no ha dudado en eliminar por cualquier medio cualquier atisbo de disidencia entre la comunidad tamil, y hasta el final sus hombres dispararon contra la población que quería huir de los combates.
Nacido en noviembre de 1954 en la península de Jaffna (norte) como el menor de cuatro hermanos, su vida puede resumirse en una sanguinaria carrera para lograr la independencia de los tamiles de la isla tras décadas de discriminación por parte de la mayoría cingalesa.
Aunque durante su mando ha concedido muy pocas entrevistas, se dice de Prabhakaran que era un estudiante tímido que, enfadado por los malos tratos que sufrían los tamiles, se apuntó a artes marciales e inició su militancia en movimientos independentistas.
En 1975, fue acusado de asesinar a bocajarro al entonces alcalde de Jaffna, Alfred Duraiappah, poco tiempo después de fundar una organización denominada Nuevos Tigres Tamiles (TNT), el germen de lo que sería el LTTE.
Ya renombrado, los guerrilleros del LTTE emprendieron una campaña de violencia de baja intensidad que contó con un apreciable apoyo popular y desembocó en 1983 en una guerra abierta contra el Gobierno de Sri Lanka que ha causado más de 70.000 muertos (casi 6.500 de ellos este año, según cálculos de la ONU).
Prabhakaran construyó una organización de tipo totalitario preparada para llevar a cabo audaces ataques terroristas y golpes de efecto, pero también para gestionar un Estado de hecho, con hospitales, Policía y hasta un servicio propio de aduanas.
Líder indiscutible del LTTE, Prabhakaran se mostró inflexible ante la disidencia en el movimiento armado, que ha dirigido desde sus búnkeres y redes de túneles excavados en las áreas selváticas ahora conquistadas por el Ejército.
“Prabhakaran no es el tipo de hombre que vive en la superficie. Estoy seguro de que está viviendo bajo tierra”, dijo a la prensa sólo hace unos días el brigadier Shavendra Desilva, que dio por descontado que el “tigre” iba a luchar “hasta el último momento”.
Cada año, el jefe del LTTE pronunciaba un discurso con motivo del día de los Héroes de la Patria Tamil.
“Hay tres fundamentos: la patria tamil, la nacionalidad tamil y el derecho a la autodeterminación de los tamiles. Esas son las demandas fundamentales de los tamiles”, dijo en una multitudinaria y excepcional rueda de prensa en 2002, cuando el LTTE alcanzó un alto el fuego con el Gobierno.
Objeto de constantes rumores y especulaciones, se dice que el histórico líder guerrillero, que sufría de diabetes, sobrevivió a varios intentos de asesinato y captura, y que llevaba colgada del cuello una cápsula de cianuro para evitar que lo atrapasen con vida.
Prabhakaran estaba casado con Mathivathani Erambu y tiene tres hijos, dos varones y una chica.
Según el Ejército ceilanés, su mujer, su hija y su hijo menor están fuera del país, pero el mayor, de 23 años y que seguía a su padre en el frente, murió hoy también poco antes de su progenitor.
Prabhakaran estaba buscado por la Interpol por terrorismo, asesinato, crimen organizado y conspiración terrorista.

ONU denuncia un “baño de sangre” civil en combates en el noreste de Sri Lanka

September 4, 2009

Nueva Delhi, 11 may 2009.- Los últimos combates en el reducto de la guerrilla tamil en el noreste de Sri Lanka han causado este fin de semana un “baño de sangre”, según denunció hoy la ONU, que cifró en 380 los civiles muertos, un centenar de ellos niños.
“Damos por buenos los datos de doctores del Gobierno presentes en la zona, que denunciaron la muerte de 380 personas. Más de 100 niños están entre los fallecidos”, dijo a Efe por teléfono el portavoz de la ONU en Sri Lanka, Gordon Weiss.
Weiss aseveró que la ONU “no atribuirá” la responsabilidad por la matanza, de la que Gobierno y guerrilla se acusan mutuamente, pero recordó que la organización ya “había avisado de que habría un baño de sangre” porque los civiles están en medio de los combates.
El Ejército de Sri Lanka lanzó hace algunas semanas su ofensiva final contra el último reducto de los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE), una franja costera del norte en la que se hacinan entre 50.000 y 100.000 civiles, según la ONU, aunque el Gobierno asegura que son entre 15.000 y 20.000.
Un trabajador humanitario en Sri Lanka dijo a Efe que es “imposible” saber lo que está pasando en la zona de combates porque no hay observadores en ella, pero recordó que el único bando “con capacidad militar para bombardear desde el aire es el del Gobierno”.
El pasado 27 de abril, el Gobierno ceilanés ordenó al Ejército limitar sus operaciones, y poner fin al uso de armas pesadas y bombardeos aéreos, a pesar de que con anterioridad había desmentido repetidamente la utilización de ese tipo de armamento.
Pese a la orden, los combates continuaron y se recrudecieron este fin de semana en las áreas de Mullivaaykaal y Vadduvaakal, las últimas bajo control de la guerrilla, cercada por las tropas en un territorio de unos cuatro kilómetros cuadrados.
El jefe de la Organización para la Rehabilitación de los Tamiles (TRO) -también ligada a la guerrilla-, Lawrence Christy, dijo hoy que más de 3.200 civiles han muerto desde el domingo por la tarde y pidió una intervención internacional para detener el “genocidio”.
Un portal afín a la guerrilla, Tamilnet, publicó fotografías supuestamente tomadas este fin de semana con víctimas de bombardeos y edificios ardiendo.
Las acusaciones de la guerrilla han sido desmentidas por el Ministerio ceilanés de Defensa, que afirmó hoy que es el propio LTTE el que está atacando a la población tamil en el área bajo su control para propiciar una intervención internacional.
“Están bombardeando a sus propios civiles con armas pesadas para echar la culpa a las fuerzas de Sri Lanka. En su cálculo, creen que esto llevará a otros países a lanzar una cuerda de salvamento que redima sus almas”, aseveró Defensa en un comunicado.
Los “Tigres” tamiles “son impotentes para resistirse a las fuerzas de Sri Lanka. Necesitan a sus amigos internacionales y recurrirán a cualquier cosa para atraerlos. Así que de nuevo los civiles son el objetivo”, añadió.
En las últimas semanas ha crecido la preocupación por el estado de los civiles atrapados, quienes, según dijo a Efe la portavoz de Cruz Roja en Sri Lanka, Sarasi Wijeratne, se enfrentan a una escasez aguda de agua, medicinas o personal médico que los atienda.
“Desde febrero pasado hemos llevado a la zona 2.350 toneladas de comida. Esa cantidad es incluso insuficiente para atender las necesidades básicas de la población atrapada”, dijo la fuente.
Según la portavoz, la Cruz Roja ha sacado de la zona desde febrero a 13.769 civiles heridos o enfermos en 31 operaciones de evacuación naval, que en ocasiones se han visto entorpecidas por los constantes combates.
El Gobierno de Sri Lanka ha rechazado hasta ahora todas las peticiones internacionales para detener su ofensiva contra la guerrilla tamil, que lucha desde hace más de 25 años para obtener un Estado independiente en el este y el norte de la isla.
Tanto el LTTE como el Gobierno mantienen una activa propaganda para ganar apoyos en el conflicto, pero la mayoría de las reivindicaciones carecen de comprobación independiente porque está prohibido el acceso a los frentes de batalla.
La organización Human Rights Watch ha pedido ya al Consejo de Seguridad una investigación para averiguar si se están produciendo “crímenes de guerra” en Sri Lanka, extremo sobre el que el portavoz de la ONU rehusó opinar.

Sri Lanka asegura que dejará de bombardear el reducto de la guerrilla tamil

September 4, 2009

Nueva Delhi, 27 abr 2009.- El Gobierno de Sri Lanka aseguró hoy que sus tropas dejarán de bombardear o usar armas pesadas contra el último reducto guerrillero tamil, tras una semana de presiones internacionales por la muerte de unos 2.000 civiles en su ofensiva contra la guerrilla.
“El Gobierno de Sri Lanka ha decidido que las operaciones de combate han alcanzado su conclusión”, aseguró el Ejecutivo ceilanés en un comunicado.
“Nuestras fuerzas de seguridad han recibido órdenes de poner fin al uso de armas de grueso calibre, aviación de combate y armas aéreas que podrían causar bajas civiles”, añadió el Ejecutivo, que por primera vez admitió que las ha empleado en su ofensiva.
El Ejército de Sri Lanka lanzó hace una semana un ataque final contra los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE) en una franja costera del distrito norteño de Mullaitivu, el último foco de resistencia guerrillera tras más de 25 años de guerra.
En esa pequeña franja, de unos 17 kilómetros cuadrados y declarada previamente “zona segura” por el Gobierno, se habían concentrado hasta 190.000 civiles (cálculos de la ONU), muchos huidos de otras zonas de combate.
El Ejército ceilanés asegura que 110.000 civiles han sido “rescatados” de ese territorio en la última semana y que quedan entre 15.000 y 20.000 junto a unos cientos de miembros de los LTTE, rodeados ahora en unos seis kilómetros cuadrados.
Según el comunicado de hoy, las tropas limitarán de ahora en adelante sus actividades al rescate esos civiles “mantenidos como rehenes” por los “Tigres” tamiles, aunque un portavoz militar aclaró a Efe por teléfono que esto no supondrá un freno de sus operaciones en la zona.
“El LTTE está confinado en una pequeña área. Lo que el Gobierno quiere decir es que los combates se limitarán al rescate de esas personas”, dijo el portavoz, Udaya Nanayakkara, en alusión a la población tamil.
En la misma línea, una fuente de Defensa desmintió que el anuncio gubernamental signifique un alto el fuego por presión internacional, y aclaró que se enmarca en una política de “cero bajas civiles” cuando las misiones de combate “están alcanzando su fin”.
La ONU calcula que 50.000 personas siguen en el interior de la franja costera, aunque el LTTE eleva la cifra a 165.000 y advierte de que son “inminentes” las muertes por hambre porque el Gobierno bloquea los suministros alimentarios desde principios de mes.
Un representante de los “Tigres”, S. Puleedevan, acusó hoy al Gobierno ceilanés de intentar “engañar” a la comunidad internacional, ya que los bombardeos continuaron en la zona después del anuncio gubernamental, informó el portal web afín a la guerrilla, Tamilnet.
La guerrilla acusó también a las tropas ceilanesas de causar nuevas muertes de civiles en un ataque esta mañana -calificado por Nanayakkara como “maniobras de rescate”- y luego aseguró que hubo dos bombardeos más contra objetivos civiles tras el anuncio de que éstos cesarían.
Acosado por el Ejército, el LTTE declaró ayer, domingo, un “alto el fuego unilateral” con efectos inmediatos aludiendo a la mala situación humanitaria en la zona, pero el Gobierno lo consideró un mero intento de la guerrilla de ganar tiempo y reagruparse.
El “alto el fuego” guerrillero y el anuncio del Gobierno han coincidido con la presencia en la isla del subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, John Holmes, quien pidió ayer a ambos bandos una “pausa” humanitaria.
Holmes, que tiene previsto marcharse esta noche, se reunió con el ministro ceilanés de Asuntos Exteriores, Rohitha Bogollagama, y visitó Vavuniya (norte) para comprobar las condiciones de los civiles tamiles recluidos por el Gobierno en campos de desplazados, donde falta de todo para cubrir sus necesidades básicas.
También tiene previsto entrevistarse esta tarde con el presidente, Mahinda Rajapaksa, informó a Efe un portavoz de Exteriores contactado por teléfono.
Rajapaksa se permitió hoy mandar un recado a la comunidad internacional aprovechando la masiva victoria que obtuvo este fin de semana su partido en unas elecciones regionales.
“La Provincia Oeste ha enviado un mensaje decisivo a la comunidad internacional. Ha declarado categóricamente que ningún poder tiene derecho o justificación moral para pagar la fianza del brutal terrorismo cuando se escriben las últimas líneas de su capítulo final”, dijo Rajapaksa.

Afganistán, la polvorienta encrucijada

September 1, 2009

En Afganistán no hay estrategia, solo tácticas. La frase es de un responsable de seguridad que pide no ser nombrado; pero aunque –digamos- anónima, es sentencia de vuelo en el convulso o pacífico (según tomemos la visión pesimista o la optimista) proceso electoral afgano, todavía con ganadores por definir pero desde luego ya encajonado en las acusaciones de fraude, las denuncias de manipulación y la desconfianza generalizada ante el futuro de una guerra que comenzó hace ocho años y no sólo no tiene visos de terminar sino que empeora.

GereshkNada más cerrar los colegios electorales, el pasado día 20 de agosto, entre los periodistas occidentales y la comunidad internacional, quizá con el ejemplo iraní en el subconsciente, comenzó a ganar peso la idea de que las elecciones presidenciales habían sido una pantomima gigantesca orquestada por el Gobierno afgano para perpetuarse en el poder, con la aquiescencia tácita de los poderes occidentales y el silencio sumiso de las organizaciones supranacionales. Y pocos días después saltó la liebre: el principal opositor, Abdulá Abdulá, antiguo ministro de Exteriores y portavoz del señor de la guerra Ahmed Shah Masud, denunció el “fraude masivo”, la “farsa” de recuento, justificada por las más de 2.000 denuncias de irregularidades en el proceso.

No hay aún nada definitivo al respecto (la Comisión de Quejas todavía está evaluando las irregularidades), pero es que lo inusual sería que los comicios fueran intachables: en un país con distritos enteros dominados por los insurgentes talibanes, diarias operaciones de combate y partes de bajas cada vez más nutridos, sin una cultura democrática establecida ni partidos políticos enraizados entre los ciudadanos –por otra parte, mayoritariamente analfabetos. No existe un censo de población fiable y la complicada orografía hizo que la Comisión Electoral tuviera que usar varios miles de burros para llevar las urnas a ciertas áreas aisladas. En estas elecciones, mucha gente ha parecido exigir poco menos que un milagro.

La comunidad internacional se ha gastado cientos de millones de dólares para que Afganistán pudiera celebrar sus elecciones presidenciales; pero con ello y con la masiva abstención quedó refrendada la idea de que en el país hay una democracia sostenida por el extranjero y no compartida por la población, todavía dependiente de los viejos códigos tribales que impiden a la mujer salir de casa y, por ejemplo, registrarse como votante. En muchos pueblos, son los maridos quienes registran a sus mujeres, con el riesgo –denunciado por distintos organismos independientes- de que se emitan tarjetas de votante sobre la base de personas inexistentes, vendidas luego al mejor postor, como hizo público la BBC en una investigación.

Y en esos muchos pueblos, digo, son todavía los viejos líderes tribales quienes deciden el voto de comunidades enteras. Una regla alterada en el sur y el este del país, donde ha sido más palpable la intimidación de los talibanes, que llamaron al boicot de los comicios (“pura propaganda americana”) y amenazaron con represalias a los votantes (cumplidas al menos en tres casos documentados: a dos personas les cortaron los dedos, manchados de tinta en el proceso de votación; y a un campesino le mutilaron la nariz cuando marchaba a las urnas). Se registraron 135 ataques, según el dato oficial.

Mujeres afganas en la cola del voto

Mujeres afganas en la cola del voto

Con todos estos elementos, resulta sorprendente que pese a lo alienígena de la democracia en el viejo sistema tribal afgano, la denunciada sombra del fraude alentado por los barones regionales y las amenazas y atentados de unos insurgentes cada vez más poderosos, haya habido varios millones de afganos decididos a ir a votar limpiamente y con la confianza de que su voto servirá para algo. En el capítulo de lo positivo, y sabiendo que la abstención ha sido masiva, lo mejor que se puede decir es que la democracia tiene algunos adeptos brotes verdes en Afganistán.

Pero esto no obsta para comprender que unas elecciones celebradas con el despliegue de unos 300.000 miembros de las fuerzas de seguridad –de ellos, unos 100.000 soldados extranjeros- son el mejor recordatorio de que Afganistán no solo es un país en guerra, sino que además la situación está más tiempo descontrolada que bajo control: julio fue el mes que marcó el récord de bajas en combate de las tropas internacionales desde la invasión del país, en el año 2001, hasta que esa marca fue superada en agosto. Atentados, explosiones, incursiones rebeldes de baja o media intensidad: un desgaste casi imperceptible pero permanente. Una bomba de relojería.

Los soldados de las tropas internacionales están bien equipados –mucho mejor que sus colegas afganos- y se mueven en unos estrictos protocolos de seguridad que buscan proteger su integridad y minimizar las bajas. Comprensible, pero a la vez con el contratiempo que esto supone -por la inaccesibilidad- para ganarse la simpatía de la población afgana. Y además juegan en desventaja, porque los talibanes no son un cuerpo externo a Afganistán; aparte de su cúpula dirigente, muchos de ellos son pastunes de áreas rurales que no tienen más manera de ganarse la vida que echarse al monte, con un sueldo mejor que el que les pagaría el Ejército (Palabras de alguien de fiar: “¿A quién le interesa que occidente se empantane en Afganistán? Coge un mapa y mira los países limítrofes. Uno a uno”).

Así que son afganos de pura cepa nacidos en el seno de familias igualmente afganas con un código moral tradicional y una lectura ultraconservadora del Islam, pero valores propios y compartidos. Propondrán un orden social anclado en el pasado y unos puntos de vista escalofriantes bajo cualquier estándar internacional, pero a la vez dicen garantizar la seguridad de la población de la que forman parte en la lengua que maneja esa misma población. En esto, tienen un plus esencial sobre las tropas extranjeras, que son un elemento externo y accidental tanto entre las polvorientas colinas de Kabul como no digamos ya en el medio rural.

Los talibanes no atacan a la gente normal, ¿por qué deberíamos tenerles miedo?”, contaba un muchacho pastún venido desde Nangarhar –en el este del país-, a un mítin del muy demócrata Ashraf Ghaní, antes de las elecciones. Es un argumento que la práctica insurgente demuestra falaz, pero lo que importa es que mantiene su calado en una parte no desdeñable de la población, tan cansada de guerras como ansiosa por retornar a una situación de seguridad que se les escapa.

GereshkFíjense: el cuartel de la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad) en Kabul es una muralla de cemento, de pesadas puertas custodiadas por unos soldados macedonios con gafas discotequeras que ni se manejan en inglés (no digamos ya en dari) y apenas señalan con gestos que no hay que acercarse más de lo necesario. Y, no lejos, para llegar al Palacio presidencial de Hamid Karzai hay que pasar estrictos controles de seguridad y caminar a pie por una extensa avenida arbolada. Tan verde y tan vacía que uno se pregunta si de verdad está en Kabul o ha salido andando del país, sin darse cuenta.

Es curioso –decía el traductor a nuestro paso por los jardines del presidente Karzai-. Con los talibanes, este espacio estaba abierto para la gente. Todos podían pasear y acercarse por aquí. Y ahora, lo han convertido en una especie de fortaleza”. Así es Kabul: una ciudad vitalista, pero con un barrio entero arrancado a su población y monumentales atascos (los coches se concentran en las pocas vías alternativas, a veces sin asfaltar y cruzadas por rebaños de cabras). Los estudiantes del céntrico instituto Amani –donde votó Karzai y cerca de palacio-, tienen que pasar controles y registros diarios para ir a clase. Si alguno intenta fumarse una clase y salir del centro, la Policía afgana lo envía al calabozo.

Karzai –tan pastún como los talibanes y por eso mismo, su principal dique de contención- se hizo esperar dos horas en la sala de prensa y habló cinco minutos, los suficientes como para dar una visión bien humorada de las elecciones y mostrarse seguro de su triunfo (necesita más del 50 por ciento para proclamarse vencedor en la primera vuelta); pero no dio pistas de lo que hará si gana: si negociará con los insurgentes moderados, como prometió, si ejecutará sus pactos con los señores de la guerra (a los que ha atraído para ganar votos), si mantendrá firmeza respecto a las tropas internacionales pese a sus desencuentros con los EEUU.

No hay estrategias, sólo tácticas”. Y en estas, el jefe de las tropas internacionales en el país, Stanley McChrystal, pide un viraje en el rumbo de una guerra que, de seguir así, “se perderá”. Se trata, ha escrito el general, de dar prioridad a la seguridad de la población afgana frente a los talibanes y de fomentar la presencia del Ejército afgano en las operaciones contra los insurgentes. Pero se trata, en realidad, de continuar con el estado de guerra sin tener en cuenta que, para un sector de los afganos, los talibanes siguen siendo libertadores levantados contra el invasor. Y sin tener en cuenta que el principal enemigo del progreso sigue siendo la falta de oportunidades entre los jóvenes afganos (el 65 por ciento de la población tiene menos de 28 años).

Ramazán Bashardost

Ramazán Bashardost

Esto último es algo que tiene claro el candidato Ramazán Bashardost –tercero en el recuento de voto-, un ex ministro de Planificación que ha hecho campaña desde una tienda de lona emplazada frente al parlamento afgano, sin ningún tipo de protección de seguridad y sin temor de sufrir ataques (¿quién va a querer matarme a mí?, se pregunta). Bashardost combina una fiera lucha contra la corrupción con ideas algo peregrinas respecto al final de la guerra (propone comandos contra objetivos en Pakistán si ese país se inmiscuye en los asuntos afganos), pero la propuesta que importa aquí es su llamada de atención sobre el subdesarrollo del país.

Bashardost acusa a las ONG occidentales de embolsarse dinero destinado a obras públicas, pone nombre a las ovejas negras de las organizaciones estatales de ayuda, rastrea el desvío de fondos en un país que languidece a la cola de los índices mundiales de corrupción. Quiere, dice, el desarrollo para que las pagas militares o insurgentes dejen de ser una opción atractiva –o la única opción- de los jóvenes en un país “acostumbrado a guerrear desde el Paleozoico” (en palabras de una fuente diplomática) y con un deporte nacional, el buzkashí, que es una pequeña batalla en miniatura. Bashardost no tiene posibilidades de victoria, pero ha atraído a un número de votantes suficiente (ronda el 10 por ciento) como para ser tenido en cuenta. “Los votos de Bashardost –bromeaba un colega periodista el primer día de escrutinio- serán los únicos reales en estas elecciones. Lo demás, puro fraude”.

La tienda de Bashardost es tan pequeña como cualquiera de los dos cañones que adornan la entrada del surrealista palacio de Karzai. En un lugar como Afganistán, donde la vida vale menos que un melón, bastaría con que uno de esos integristas suicidas corriera unos metros desde la carretera para llevarse de un soplo explosivo a Bashardost y a su tienda. Pero, paradójicamente, estar allí mete menos miedo que pasar veinte minutos a las puertas de la ISAF, con los soldados macedonios impidiendo el paso y -es un suponer- en la mirilla de los insurgentes. Y de lo que ocurre en Afganistán con los palacios da buen testimonio el edificio de Darul Amán, la mole inmensa del shá. Hoy yace ruinoso a las afueras de Kabul –bien es verdad que todavía majestuoso- y vigilado por un grupo de aburridos soldados que matan las horas tumbados a pierna suelta en camastros a la sombra, parapetados tras interminables alambradas.

palacio de darulaman, kabul

palacio de darulaman, kabul

Desde los huecos para los ventanales de Darul Amán, vieja morada del rey, se divisa Kabul, a lo lejos. Una ciudad entre montañas tomada por el polvoriento calor del verano y por miles de soldados venidos de muy lejos mientras el mundo se interroga para qué sirve todo esto.

Afganistán es un país partido en tribus y etnias de difícil convivencia –pastunes, tayikos, hazaras, uzbecos-, con dos generaciones enteras que han crecido con la guerra como hábitat natural. Una encrucijada de rutas con vecinos de ambiciones opuestas que la han convertido en tablero de sus intereses propios (país sin mar, hay tres vías de suministro terrestre, pero los occidentales no controlan ninguna), como lleva pasando desde Alejandro Magno. Los mimbres del estado son débiles y a Karzai lo llaman viciosamente el “alcalde de Kabul”, porque su control sobre el país no llega ni a los pilotos del avión presidencial (historia que contaré otro día).

Hablando de aviones: regresaba desde Kabul vía Kandahar, un vuelo de la compañía Ariana que domina a baja altura las montañas de Ghazni y Zabul antes de llegar al pedregoso aeropuerto del bastión talibán. Un azaroso compañero de viaje me iba señalando los accidentes de las sierras, aquí un pueblo, allí un valle, dominado todo por las ocres montañas afganas. “¿Eres tayiko o pastún?”, le pregunté. “Soy afgano”, me respondió con retintín. Y ya más serio, fue detallando los peligros del camino allá abajo: talibanes, salteadores, mujeres atrapadas, pobreza por todas partes. La mayoría de los jóvenes en este país no tienen de qué vivir ni saben qué hacer”, decía, “la demanda de desarrollo es urgente y vital ”.

O sea, me despedí de Afganistán, más estrategia y menos tácticas.

Sri Lanka conmemora independencia con 52 civiles muertos en combates en norte

March 6, 2009

Nueva Delhi, 4 feb 2009.- La ONU denunció hoy la muerte de 52 civiles en los duros combates que se registran en el norte de Sri Lanka, país que conmemora hoy su independencia embarcado en una violenta ofensiva del Ejército contra la debilitada guerrilla tamil.
“Al menos 52 civiles han muerto en ataques registrados anoche en el sector de Suranthapuram. Estamos pendientes de saber más detalles”, aseguró a Efe por teléfono el portavoz de la ONU en Sri Lanka, Gordon Weiss.
Weiss denunció además un ataque con bombas de racimo contra el hospital de Puthukudiyirippu, que ha sido objeto de bombardeos desde el pasado domingo y está cerca de varias áreas de combate entre el Ejército y el LTTE (Tigres para la Liberación de la Patria Tamil).
Por el momento se desconoce si ha habido víctimas en este último ataque, en tanto que en los registrados hasta el pasado lunes, según datos de la Cruz Roja, al menos doce civiles han muerto y otros 30 han resultado heridos y las bombas han dañado las cocinas, la iglesia, el pabellón femenino e infantil y la sala de operaciones.
“Creemos que los civiles han empezado a abandonar el centro a la búsqueda de un lugar seguro. Estamos a la espera de conocer si hay más muertos en este último ataque”, aseguró a Efe por teléfono la portavoz de la Cruz Roja, Sarasi Wijeratne.
Aunque todas las miradas apuntan al Ejército como responsable, un portavoz militar negó a Efe que los ataques contra el hospital hayan sido obra de la aviación ceilanesa, en línea con la versión oficial del Gobierno, que dice no actuar contra objetivos civiles.
“Nunca hemos usado ni tenemos bombas de racimo. Sabemos que viola normas internacionales -dijo a Efe el portavoz Udaya Nanayakkara-. Respecto a Suranthapuram, hay combates contra la guerrilla. En todo caso, los muertos serían guerrilleros vestidos de civiles”.
Este domingo expiró un plazo de 48 horas fijado por el Gobierno para que los civiles que continúan en áreas del LTTE entraran en una zona de seguridad como “única forma” de quedar a salvo durante los combates que enfrentan al Ejército con la guerrilla.
Desde finales de 2007, el Ejército se ha embarcado en una poderosa ofensiva que le ha permitido arrebatar a la guerrilla sus bastiones principales y el grueso de su territorio, hasta rodearla en un área selvática de unos 200 kilómetros cuadrados en el noreste.
De ese logro se congratuló el presidente ceilanés, Mahinda Rajapaksa, quien asistió hoy al desfile militar celebrado en Colombo con motivo del aniversario de la independencia del país, obtenida en el año 1948 de manos del Imperio Británico.
“Confío en que en unos pocos días derrotaremos decisivamente a la fuerza terrorista que muchos decían que era invencible”, aseveró Rajapaksa en su discurso ante los asistentes al desfile, entre ellos los principales dirigentes castrenses.
“Hemos logrado derrotar casi por completo a las cobardes fuerzas del terror que mantenían atemorizada nuestra nación.(…) Nuestras heroicas Fuerzas Armadas nos han dado la oportunidad de celebrar el aniversario de la Independencia libres de la sombra del terrorismo”, añadió.
Su Ejecutivo se enfrenta, sin embargo, a una creciente presión internacional para respetar a la población civil atrapada en zona de guerra, que Sri Lanka estima en 120.000 personas frente a las 250.000 calculadas por las organizaciones internacionales.
Desde el inicio en 1983 de la guerra abierta de la guerrilla tamil contra el Estado, han muerto en la isla del Índico casi 100.000 personas víctimas del conflicto étnico, y cientos de miles se encuentran desplazadas.
Ante la precaria situación de la guerrilla tamil, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Noruega instaron ayer a los rebeldes a abandonar las armas y negociar con el Gobierno el fin de la guerra civil, para evitar así más derramamiento de sangre.
El LTTE mantiene bajo su control los pequeños núcleos urbanos de Visuamadu y Puthukudiyirippu, tras perder en enero el estratégico paso del Elefante, la ciudad de Kilinochchi -su capital de facto-, y la ciudad de Mullaitivu, que era su último gran bastión.
Los “tigres” tamiles luchan por proclamar un estado independiente en el norte y el este de la isla, donde su etnia tiene mayor presencia, frente a la cingalesa, mayoritaria en el país.

M.I.A. – Paper planes

March 1, 2009

Vídeo: M.I.A. – “Paper Planes” (Slumdog Millionaire, banda sonora)

M.I.A. (acrónimo de Missing In Action) es una combativa artista de 31 años hija de padre tamil. Por eso en sus conciertos no para de denunciar los atropellos del Ejército de Sri Lanka contra esa minoría étnica en el norte del país. Es polifacética: canta, diseña moda, hace fotografía, hasta ha dirigido un documental y, por último pero no por ello menos importante, acaba de ser mamá. Para esta notable canción, M.I.A. toma un riff de guitarra de The Clash. Las imágenes pertenecen a la película “Slumdog Millionaire”. El artículo sobre la película está aquí.

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