Gobierno rechaza oferta de alto el fuego unilateral de la guerrilla tamil

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Nueva Delhi, 26 abr 2009.- El Gobierno de Sri Lanka no tardó hoy ni media hora en rechazar un anuncio de alto el fuego de la guerrilla tamil, que se produce en plena visita de un enviado de la ONU y horas después de que el Ejército ceilanés arrebatara a la guerrilla su penúltimo bastión.
“El LTTE (Tigres para la Liberación de la Patria Tamil) no está en posición de pedir ni exigir nada. Pretenden declarar un alto el fuego cuando hace tiempo que han hincado la rodilla”, dijo a Efe por teléfono desde Colombo el secretario ceilanés de Exteriores, Palitha Kohona.
La guerrilla había anunciado minutos antes en un comunicado un alto el fuego unilateral y el fin de sus operaciones ofensivas en el noreste de Sri Lanka, donde se encuentra cercada por el Ejército en una pequeña franja costera junto a decenas de miles de civiles.
“En vista de la crisis humanitaria sin precedentes y en respuesta a las llamadas hechas por la ONU, la Unión Europea, los Gobiernos de Estados Unidos, la India y otros, el LTTE ha anunciado un alto el fuego unilateral. Todas las operaciones ofensivas cesarán con efecto inmediato”, afirmó la guerrilla en la nota.
El sábado, el LTTE había denunciado una situación de “inanición” para “165.000” personas en las áreas bajo su control, aunque la ONU estima que en realidad hay unas 50.000 y el Gobierno ceilanés calcula que son entre 15.000 y 20.000.
Y hoy, la guerrilla alertó de que “las muertes por hambre” son inminentes, tras acusar al Gobierno de bloquear deliberadamente los suministros de comida y medicinas y de atacar continuamente a los civiles que quedan atrapados en territorio rebelde.
Denuncias sin embargo que fueron calificadas por Kohona como un “esfuerzo cínico” destinado al subsecretario de la ONU para Asuntos Humanitarios, John Holmes, quien llegó anoche a la isla para comprobar la situación de los civiles afectados por el conflicto.
Holmes pidió hoy “con urgencia” al LTTE que abandone las armas y posibilite la salida de los civiles, y exhortó al Gobierno a que limite el uso de armas pesadas en su ofensiva contra la guerrilla.
“Necesitamos una nueva pausa humanitaria para obtener ayuda y trabajadores humanitarios en la zona de combate”, aseguró el oficial en declaraciones divulgadas por el canal televisivo Ada Derana.
El Ejército lanzó el pasado lunes una cruenta ofensiva que tuvo como consecuencia el paso a zonas gubernamentales de unos 110.000 civiles, alojados por el Gobierno en campamentos destinados a tal efecto en el norte del país bajo condiciones muy precarias.
“Han sido detenidos y se encuentran en campos de concentración donde están sometidos a tortura en violación de todas las convenciones internacionales. No se permite que esa población vuelva a casa. Algunos son usados como escudos humanos”, afirmó el LTTE.
Holmes, quien defendió hoy una “pausa” en el conflicto y el acceso a las áreas del personal humanitario, tiene previsto viajar a Vavuniya (norte) para comprobar “in situ” la situación de los civiles, dijo a Efe el portavoz de la ONU en el país, Gordon Weiss.
En los últimos días han crecido la presión diplomática y la preocupación internacional por el destino de las personas atrapadas en la zona de combates, pero el Gobierno ceilanés parece decidido a acabar militarmente con el LTTE, que lucha desde hace más de 25 años por obtener un estado independiente para la minoría tamil.
Pocas horas antes del anuncio de la guerrilla, el Ejército anunció de hecho la toma del penúltimo pueblo en manos rebeldes, Valayarmadam, así como la captura de 23 supuestos guerrilleros, el “rescate” de unos 700 civiles y la muerte de 12 rebeldes en una batalla naval.
“Disponen de unos 500 guerrilleros, que además se visten como civiles para que no los distingamos. Apenas les quedan 6 kilómetros cuadrados”, dijo hoy a Efe por teléfono el portavoz del Ejército, Udaya Nanayakkara.
Convencido de su victoria, el Gobierno rechazó además hoy una petición de Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Noruega -el llamado “Cuarteto de Tokio”- para que ofrezca una amnistía a los guerrilleros, a quienes pidieron que se rindan a una tercera parte.
“No habrá amnistía para el LTTE. Tendrán que rendirse o enfrentarse a la eliminación por parte de las fuerzas de Sri Lanka”, dijo citado por diferentes medios el secretario de Defensa, Gotabhaya Rajapaksa.
En un flanco bien distinto, esa estrategia de combate es vista por los analistas como una de las claves de la aplastante victoria que obtuvo hoy la gobernante Alianza Unida por la Libertad Popular (UPFA) en los comicios regionales del Oeste -que incluyen la capital, Colombo.

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Sri Lanka conmemora independencia con 52 civiles muertos en combates en norte

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Nueva Delhi, 4 feb 2009.- La ONU denunció hoy la muerte de 52 civiles en los duros combates que se registran en el norte de Sri Lanka, país que conmemora hoy su independencia embarcado en una violenta ofensiva del Ejército contra la debilitada guerrilla tamil.
“Al menos 52 civiles han muerto en ataques registrados anoche en el sector de Suranthapuram. Estamos pendientes de saber más detalles”, aseguró a Efe por teléfono el portavoz de la ONU en Sri Lanka, Gordon Weiss.
Weiss denunció además un ataque con bombas de racimo contra el hospital de Puthukudiyirippu, que ha sido objeto de bombardeos desde el pasado domingo y está cerca de varias áreas de combate entre el Ejército y el LTTE (Tigres para la Liberación de la Patria Tamil).
Por el momento se desconoce si ha habido víctimas en este último ataque, en tanto que en los registrados hasta el pasado lunes, según datos de la Cruz Roja, al menos doce civiles han muerto y otros 30 han resultado heridos y las bombas han dañado las cocinas, la iglesia, el pabellón femenino e infantil y la sala de operaciones.
“Creemos que los civiles han empezado a abandonar el centro a la búsqueda de un lugar seguro. Estamos a la espera de conocer si hay más muertos en este último ataque”, aseguró a Efe por teléfono la portavoz de la Cruz Roja, Sarasi Wijeratne.
Aunque todas las miradas apuntan al Ejército como responsable, un portavoz militar negó a Efe que los ataques contra el hospital hayan sido obra de la aviación ceilanesa, en línea con la versión oficial del Gobierno, que dice no actuar contra objetivos civiles.
“Nunca hemos usado ni tenemos bombas de racimo. Sabemos que viola normas internacionales -dijo a Efe el portavoz Udaya Nanayakkara-. Respecto a Suranthapuram, hay combates contra la guerrilla. En todo caso, los muertos serían guerrilleros vestidos de civiles”.
Este domingo expiró un plazo de 48 horas fijado por el Gobierno para que los civiles que continúan en áreas del LTTE entraran en una zona de seguridad como “única forma” de quedar a salvo durante los combates que enfrentan al Ejército con la guerrilla.
Desde finales de 2007, el Ejército se ha embarcado en una poderosa ofensiva que le ha permitido arrebatar a la guerrilla sus bastiones principales y el grueso de su territorio, hasta rodearla en un área selvática de unos 200 kilómetros cuadrados en el noreste.
De ese logro se congratuló el presidente ceilanés, Mahinda Rajapaksa, quien asistió hoy al desfile militar celebrado en Colombo con motivo del aniversario de la independencia del país, obtenida en el año 1948 de manos del Imperio Británico.
“Confío en que en unos pocos días derrotaremos decisivamente a la fuerza terrorista que muchos decían que era invencible”, aseveró Rajapaksa en su discurso ante los asistentes al desfile, entre ellos los principales dirigentes castrenses.
“Hemos logrado derrotar casi por completo a las cobardes fuerzas del terror que mantenían atemorizada nuestra nación.(…) Nuestras heroicas Fuerzas Armadas nos han dado la oportunidad de celebrar el aniversario de la Independencia libres de la sombra del terrorismo”, añadió.
Su Ejecutivo se enfrenta, sin embargo, a una creciente presión internacional para respetar a la población civil atrapada en zona de guerra, que Sri Lanka estima en 120.000 personas frente a las 250.000 calculadas por las organizaciones internacionales.
Desde el inicio en 1983 de la guerra abierta de la guerrilla tamil contra el Estado, han muerto en la isla del Índico casi 100.000 personas víctimas del conflicto étnico, y cientos de miles se encuentran desplazadas.
Ante la precaria situación de la guerrilla tamil, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Noruega instaron ayer a los rebeldes a abandonar las armas y negociar con el Gobierno el fin de la guerra civil, para evitar así más derramamiento de sangre.
El LTTE mantiene bajo su control los pequeños núcleos urbanos de Visuamadu y Puthukudiyirippu, tras perder en enero el estratégico paso del Elefante, la ciudad de Kilinochchi -su capital de facto-, y la ciudad de Mullaitivu, que era su último gran bastión.
Los “tigres” tamiles luchan por proclamar un estado independiente en el norte y el este de la isla, donde su etnia tiene mayor presencia, frente a la cingalesa, mayoritaria en el país.

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Dos reyes en Lanka

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El poema histórico “Mahavamsa”, un recuento de ocho siglos sobre los reyes de Sri Lanka, recoge el combate legendario que el rey cingalés Dutugamunu sostuvo contra un rey tamil usurpador, Elara, que se había apoderado del norte tras invadir la isla desde la India con sus tropas. En plena batalla, Dutugamunu se plantó ante su enemigo y los dos se enfrentaron a lomos de sus elefantes, hasta que el cingalés hirió mortalmente con un dardo a Elara, más viejo y menos ágil.

“El agua del tanque se tintó de rojo con la sangre de los muertos”, clama el poema sobre la batalla. De aquella historia han pasado más de 2.100 años, pero Dutugamunu es hoy uno de los personajes más queridos por los elementos nacionalistas de la mayoría cingalesa, que domina el estado en la isla del Índico. En Sri Lanka sigue corriendo sangre. Y no es un secreto que su presidente, Mahinda Rajapaksa, sueña con emular al mítico Dutugamunu, en vista de la ofensiva militar que ha puesto de rodillas en el norte a la guerrilla tamil.

“Si no hubiera civiles ahí dentro, no tardaríamos ni un día en destruirla”, responde al otro lado del hilo telefónico el portavoz del Ejército de Sri Lanka, Udaya Nanayakkara. En el último año y medio, las tropas han conquistado un territorio mayor que la provincia de Sevilla –unos 14.800 kilómetros cuadrados- y han arrinconado a los Tigres tamiles (LTTE) en una esquina selvática en el noreste de Sri Lanka.

Pero su ofensiva exitosa –apoyada en una abrumadora superioridad armamentística y un Ejército 15 veces más numeroso que la guerrilla- se enfrenta ahora a la barrera humanitaria que las organizaciones de ayuda y varias potencias recuerdan al Gobierno: dice la ONU que en los últimos bastiones guerrilleros hay unos 250.000 civiles atrapados e indefensos ante los bombardeos de la aviación gubernamental, los combates incesantes y las supuestas presiones –y disparos- de la guerrilla para que no huyan de las últimas áreas bajo su control.

“No nos podemos dar un plazo, porque tenemos que minimizar el daño causado a los civiles”, comenta Nanayakkara. Esa es también la versión oficial del Gobierno ceilanés, aunque hasta ahora el factor civil no ha detenido anteriores avances. Y las versiones independientes son muy poco amables: el portavoz de la ONU en el país, Gordon Weiss, acusó la semana pasada al Ejército de una masacre con 52 muertos civiles. Razón por la que los halcones del Gobierno piden la evacuación de los cooperantes extranjeros: los testigos corren riesgos porque suponen un riesgo.

“Tenemos unos 20 trabajadores en el terreno, pero no puedo precisar dónde se encuentran. Algunos están con los pacientes, otros han sido desplazados. Estamos preocupados por la higiene, los refugios, las medicinas. Desde finales de enero no ha sido posible llevar ayuda humanitaria a las áreas de guerra”, cuenta la portavoz de la Cruz Roja, Sarasi Wijeratne. Su organización es la única autorizada por los contendientes para operar.

La antipatía de ambos bandos por las versiones independientes cristaliza en las difíciles condiciones de trabajo que afronta la Cruz Roja en sus tareas de asistencia a los civiles o la prohibición de que los reporteros accedan a los campos de batalla. En el ambiente pesan también las amenazas y asesinatos contra periodistas, como el sonado caso del editor Lasantha Wickramatunga. Crítico con el Gobierno y sabedor del peligro que corría, Wickramatunga, tiroteado de camino al trabajo el 8 de enero, dejó preparado un demoledor artículo para que fuera publicado a su muerte:

Otros caminaron –dejó escrito en referencia al presidente, Mahinda Rajapakasa- en la sombra de la muerte que tu presidencia ha supuesto para la libertad por la que una vez luchaste duramente. Nunca podrás olvidar que mi muerte sucedió ante tus ojos. Tan angustiado como sé que estarás, también sé que no tendrás más elección que la de perdonar a mis asesinos”.

“No es más que otro asesinato”, dijo luego a la BBC el secretario de Defensa, Gotabhaya Rajapaksa (hermano de sangre del presidente). Él mismo, considerado uno de los más duros defensores de la solución final contra la guerrilla, fue objeto de un intento de asesinato por parte del LTTE. Como también lo fue el actual jefe del Estado mayor ceilanés, Sarath Fonseka, que dirige las operaciones del Ejército.

La ofensiva de Fonseka y el clan Rajapaksa ha tenido hasta ahora un éxito indiscutible: el LTTE ha pasado de controlar amplias franjas costeras del este y el norte –donde los tamiles tienen mayor presencia- a quedar arrinconado en un espacio de 140 kilómetros cuadrados en las áreas selváticas de Mullaitivu, el feudo histórico al que siempre se ha replegado cuando las cosas contra el Ejército se ponían feas.

Pero la situación pinta mal para la guerrilla, peor que otras veces: según el Ejército, el LTTE apenas cuenta con 600 guerrilleros “en disposición de lucha directa”, que se encuentran rodeados por unos 50.000 soldados que cubren todos los flancos. Hasta se especula con la posible huida vía marítima de su líder supremo, Velupillai Prabhakaran, mientras sus antiguos escondites caen uno tras otro en manos de las tropas.

Los Tigres tamiles son conscientes de su obvia inferioridad militar, así que su estrategia hasta el momento se ha basado en resistirse lo más posible al avance de las tropas y replegarse llevándose consigo a los civiles cuando sus posiciones eran insostenibles. Siguiendo esta técnica –limitando sus bajas, dicen-, han perdido hasta ahora sus feudos principales: su capital de facto, Kilinochchi, el estratégico Paso del Elefante y la ciudad de Mullaitivu.

La estrategia cuenta con el apoyo de una de sus alas más experimentadas: la división de propaganda, experta en comunicación y contra-información desde portales como Tamilnet, en inglés, o Puthinam, en tamil, con los que intenta atraer la atención de la diáspora y de la comunidad internacional para lograr un alto el fuego o una mediación. Estos días, los medios tamiles se recrean en ataques contra hospitales, disparos contra civiles y, en resumen, la palabra “genocidio”.

En esta hermosa isla que cuelga de la India en los mapas y en los despachos, la acusación levanta viejos fantasmas en la memoria de la comunidad tamil. Componen el 18 por ciento de la población, es decir, unos dos millones de personas (no hay censos fiables) pero han visto cómo desde la independencia el estado era levantado por la mayoría cingalesa siguiendo criterios exclusivistas y hasta discriminatorios. Un ejemplo muy citado es la declaración del cingalés como única lengua oficial.

Por eso la guerrilla apuntala sus mensajes con referencias a la discriminación, al genocidio. Y sin embargo, aparte de que no existe comprobación independiente de sus reivindicaciones, una posible mediación de la comunidad internacional o un alto el fuego se antojan difíciles. Principalmente porque el Gobierno de Sri Lanka siente demasiado cercana la victoria militar como para aceptar una zanahoria diferente, pero también porque la India, la principal potencia regional, se frota las manos con la posibilidad de obtener la cabeza de Prabhakaran, el responsable del asesinato del ex primer ministro Rajiv Gandhi.

Pero la presión sobre el Gobierno aumenta. La India, que proporciona un callado suministro armamentístico a la isla, no puede permitirse apoyar demasiado abiertamente a Rajapaksa porque con ello se ganaría la furia de su propia población tamil, 66 millones de personas que comparten cultura y costumbres con sus “hermanos” del norte de Sri Lanka. Y Estados Unidos, la Unión Europea Japón y Noruega han pedido una tregua momentánea para permitir la huida de los civiles atrapados. Rajapaksa recibió incluso una llamada del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, quien le pidió parar los combates unas horas. “Gracias por su interés, señor, pero no es posible”, respondió Rajapaksa.

En el cálculo gubernamental, los ataúdes de soldados que llegan cada mes a Colombo, la crisis humanitaria o la posible regañina internacional son un precio que vale la pena pagar: por primera vez en varias décadas, Rajapaksa ha conseguido convencer a la población de que es posible barrer militarmente a la guerrilla, que a sus 25 años de existencia es una de las organizaciones más sangrientas del mundo y ha mantenido al país partido en dos con su violento desafío.

Desde el inicio de la guerra en 1983 han muerto casi 100.000 personas, según contaba por teléfono el ministro de Minorías, Dev Gunasekara, entre brotes esporádicos de violencia étnica, en acciones militares o en atentados de la división de suicidas de la guerrilla, los Tigres Negros, que se fotografían con su líder supremo antes de acudir a la muerte cierta y arrastrar con ellos a quien se ponga por delante.

Los guerrilleros tamiles gustan de cultivar la mística de la revolución: su símbolo es un tigre rugiente y van uniformados como si ellos mismos lo fueran. Con el uniforme, reciben una pastilla de cianuro que deben ingerir en caso de ser capturados.Cuentan -o contaban- con una fuerza aérea (un par de avionetas de fabricación checa) y una Armada.Hasta esta ofensiva del Ejército, habían montado un mini estado de facto con hospitales, policía, tribunales y aduanas propias.

Y a la vez, mantenían la disciplina entre sus filas con mano de hierro y alimentaban la fidelidad con una llamativa atención por la mercadotecnia (hasta venden canciones patrióticas por internet), gracias en parte a los fondos reunidos con aportaciones de la poderosa diáspora tamil en el extranjero, donde desarrollaron una poderosa red clientelar con conexiones que van desde París a Toronto y que fue golpeada con fuerza a partir del 11-S en Nueva York.

El propio Prabhakaran ha mostrado desde siempre un desprecio ofensivo contra los derechos humanos. Militante desde el origen de la guerrilla, ha cometido él mismo varios asesinatos, ha ordenado otros, como el mencionado de Rajiv Gandhi- y es buscado por la Interpol por múltiples cargos. De su sequedad da idea la orden de expulsión de 80.000 musulmanes residentes en las áreas tamiles, a quienes dio un plazo (cumplido) de 24 horas. Se marcharon con lo puesto.

En su despiadada carrera para obtener la independencia de la minoría tamil y erigirse en voz única de la etnia en Sri Lanka, Prabhakaran no ha dudado en eliminar a sus adversarios políticos –cercanos o lejanos-, usar niños soldado, y en recurrir a los atentados suicidas o los tiros en la nuca para terminar con cualquier disidencia o amenaza.

Así que Capturar al líder tamil traería el mejor titular para coronar la ofensiva militar de Rajapaksa. Sería un golpe definitivo, la derrota total y simbólica que un violento Dutugamunu asesta a un Elara despojado de su antigua justicia. Pero cuando el rey cingalés le clave el dardo final a la guerrilla, llegará el verdadero desafío: hacer que los tamiles se sientan cómodos en Sri Lanka.

Y no es fácil. Para el día después, el Gobierno prepara ya varios campos de detención para acoger a los refugiados tamiles, similares a otros en los que languidecen los musulmanes. En el ámbito tamil, el LTTE ha dominado la vida política hasta tal punto que su desarticulación militar dejará probablemente un vacío peligroso para la comunidad, que quedará desorganizada. Para los tamiles, el desafío estribará en construir un movimiento político alejado de la violencia.

Dicho de otro modo: dependerán de su propia capacidad para adaptarse al día después, pero también de las hasta ahora inexistentes compasión y la magnanimidad de Rajapaksa, cuando deje de correr la sangre.

Por si al presidente le faltara voluntad, la historia ofrece pistas: pese a su derrota, el invasor rey Elara pasó a la historia como un rey justo y respetado, que logró garantizar la convivencia entre sus súbditos con independencia de su etnia. Tras vencerlo en el campo de batalla, el propio Dutugamunu se arrepintió de su acción y ordenó cremar al rey caído con honores. La pena fue tanta que ordenó construir un túmulo. “Nunca conoció la alegría, recordando la destrucción tanto de sus enemigos como de sus propios soldados”, dice el “Mahavamsa”. Veamos.

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Guerrilla maoísta asesina a 49 agentes policiales en el mayor ataque del año

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Nueva Delhi, 15 mar 2007.- La guerrilla maoísta de la India acabó hoy con la vida de 49 efectivos policiales en un violento asalto contra un destacamento en la región central de Chatisgarh, en el que supone el mayor ataque de los rebeldes en lo que va de año.
El ataque tuvo lugar a las 02.15 de la madrugada hora local (20.45 GMT del miércoles) a unos 525 kilómetros de la capital de la región, Raipur, en el puesto de Rani Bodli, donde había 24 efectivos del Cuerpo Armado de la región y otros 55 miembros de la Policía Especial, que son en realidad aldeanos en tareas de apoyo.
Un total de 15 miembros del Cuerpo Armado y 34 oficiales de la Policía Especial murieron y otros 12 efectivos de las fuerzas de seguridad resultaron heridos, según informó en el Parlamento regional el gobernador de Chatisgarh, Ram Vichar.
El puesto de las fuerzas de seguridad se encontraba en una zona selvática de difícil acceso dentro de un distrito, Dantewada, muy golpeado por los maoístas, conocidos en la India como “naxalitas” porque se inspiran en el movimiento estudiantil “Naxalbari”, de los años 70.
“Unos 500 naxalitas armados atacaron el puesto policial con granadas y cócteles molotov, y abrieron fuego indiscriminadamente”, informó a Efe por teléfono el inspector general de Policía del área de Bastar, R.K. Vij.
Tras rodear el puesto y matar a sus defensores aprovechando que la mayoría de ellos dormía, los guerrilleros se apoderaron de sus armas y minaron el área circundante, lo cual ha dificultado las tareas de rescate de los cuerpos.
“Había unos 80 policías en el puesto, y 13 de ellos han sido trasladados al hospital”, dijo Vij.
Dantewada, en el sur del distrito, se ha convertido en el epicentro de la violencia de la guerrilla desde que el Gobierno regional contribuyó al establecimiento de un movimiento antimaoísta llamado “Campaña por la Paz” (Salwa Judum), en el que se enrolaron unos 50.000 aldeanos.
De hecho, al hablar de los “oficiales de la Policía Especial”, en realidad las autoridades hacen referencia a los jóvenes de las tribus locales, incluidas muchachas, que reciben un salario mensual de 1.500 rupias (unos 25 euros) como pago por ayudar a las fuerzas de seguridad en las operaciones contra los rebeldes.
Aunque la guerrilla maoísta opera con frecuencia en doce regiones indias, sus ataques suelen tener lugar a pequeña escala, como lo demuestra el asesinato el pasado 5 de marzo del diputado nacional Sunil Mahato junto a dos de sus guardaespaldas en la vecina región de Jharkhand.
En Chatisgarh, los naxalitas han cometido en los dos últimos años 1.187 actos de violencia, pero sólo el ataque cometido el 17 de julio de 2006 contra el campo de refugiados de Errabore, en el que murieron 60 personas, había tenido la entidad del ataque de hoy, informó la agencia india PTI.
La región de Chatisgarh, poco desarrollada, tiene en la pobreza una de las razones por las que muchos jóvenes de las áreas rurales abrazan la actividad guerrillera, cuyos orígenes están ligados sin embargo al movimiento universitario.
Al inicio, el movimiento guerrillero maoísta tuvo un amplio predicamento entre los estudiantes del estado indio de Bengala, y sólo posteriormente se desarrolló en las áreas rurales y empobrecidas de los estados del centro y este de la India, donde unas 6.000 personas han muerto debido a la violencia.
La guerrilla, agrupada en el Partido Comunista de la India (Maoísta), tomó su nombre de la aldea bengalí de “Naxalbari”, donde en 1967 tuvo lugar una violenta rebelión basada en el ideario de Mao.
Considerados por el Estado indio como “terroristas”, los guerrilleros naxalitas mantienen un ideario que va desde la lucha por establecer un estado maoísta independiente en el este y centro del país, hasta una presunta colaboración con movimientos armados internacionales y los servicios secretos de Pakistán.
“La noción de que un naxalita odia su país es idiota. Él es alguien que ama su país más que el resto de nosotros, y por eso se siente más molesto que los demás cuando lo ve corrompido. No es un mal ciudadano que comete crímenes. Es un buen ciudadano conducido a la desesperación”, dice el naxalita Abhay en su bitácora.

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