Conmoción en la India por el hallazgo de quincena niños violados y asesinados

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Nueva Delhi, 30 dic 2006.- La India amaneció hoy conmocionada tras nuevos hallazgos de restos óseos en la casa de Noida, ciudad cercana a Nueva Delhi, donde ayer aparecieron los cadáveres de 15 niños que fueron violados y asesinados, sin que la detención de dos personas haya servido para aplacar la ira popular.
Decenas de padres y madres se desplazaron a la casa, situada en un área popular repleta de humildes trabajadores, esgrimiendo fotografías de sus hijos desaparecidos y observando la labor de la Policía, que descubrió hoy una nueva bolsa con huesos en un desagüe, informó la cadena de televisión NTDV.
En las cercanías de la vivienda hay todavía arremolinadas cientos de personas, algunas de las cuales han lanzado piedras a la casa y han tratado de entrar en ella, mientras la Policía continúa con las tareas de exhumación de los cuerpos y no descarta que aumente el número de asesinados.
Las fuerzas de seguridad detuvieron ayer a un empleado del hogar de 30 años, Satinder, que ha confesado el asesinato y la violación de doce niños.
Además, también fue detenido el empresario Mohinder Singh, que asumió hoy que los crímenes fueron cometidos por el empleado con “su conocimiento y consentimiento”, según la policía.
Ambos han pasado a disposición judicial, acusados formalmente de asesinato, ocultación de pruebas y conspiración, lo que en la India puede acarrear la pena de muerte.
Las detenciones no han servido para aplacar la ira de los habitantes de Noida, que habían registrado 38 desapariciones de niños en los dos últimos años, si bien la mitad de los casos no fueron denunciados porque muchos afectados eran inmigrantes que residían ilegalmente en el municipio y tenían miedo de la Policía.
Sin embargo, algunos familiares de los niños habían llegado sin éxito a formular denuncias contra Satinder, padre de una niña de tres años y descrito por la Policía como “mentalmente enfermo”, que confesó ayer haber violado y asesinado seis menores de 12 años “tras atraerlos con chocolatinas”.
“Las fuerzas de seguridad no nos hicieron caso”, dijo el tío paterno de un niño desaparecido en febrero al rotativo “Hindustan Times“, mientras otro lugareño aseguró haber avisado a la policía de que “los niños desaparecían siempre en un radio de 100 metros”.
En el barrio que registró los crímenes, Nithari, es frecuente la presencia de niños en las calles, porque la mayoría de la población es inmigrante y se dedica a tareas humildes, lo que ha llevado a muchos habitantes de la población a sugerir que la Policía no se ocupaba del caso por la baja condición social de los afectados.
La Policía se ha apresurado a negar las acusaciones de inacción, alegando que en los últimos meses había varios equipos de investigación en ciudades como Calcuta, Bombay y Madrás, siguiendo la pista de los niños desaparecidos. informó la cadena de televisión IBN-CNN.
Junto a los dos detenidos, la Policía ha interrogado además al vecino de la casa contigua, implicado hace unos meses en un caso de tráfico de órganos, ya que se sospecha que tiene relación con el suceso, hasta el punto de que los agentes iniciaron también excavaciones su casa.
Los restos de los niños fueron encontrados en sacos enterrados en una zona de desagüe del patio de la casa del empresario detenido, durante la investigación por la desaparición de una niña llamada Payal.
La Policía detuvo a Satinder porque utilizó el teléfono móvil de la pequeña después de asesinarla, lo que permitió a los agentes dar con él rastreando las llamadas.
Sin embargo, los habitantes del pueblo ya lo sospechaban desde hace tiempo.
“Creíamos que Satinder podía estar implicado porque los niños siempre desaparecían cuando venía al pueblo”, declaró Jhabulal al periódico “Hindustan Times“, antes de asegurar que los niños muertos “ascienden por lo menos a 50”, aunque la policía ha encontrado sólo 15 calaveras.
Mientras la India continúa sumida en el estupor, los principales diarios llevaron el crimen a sus portadas, donde ya han otorgado al presunto asesino el abominable título de “Carnicero de Noida“.

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