11 El redentor

Estándar

No basta con que te crean, yo necesito que te amen,
Tú eres el salvador de los hombres,
Ahí sentado ante el espejo,
mientras te visto con tu túnica de seda
veo el rostro de un hombre que da esperanza al resto,
representante de un conocimiento único,
heredero de una larga estirpe de sabios, de profetas.
Con tus brazos extendidos, tu barba luenga,
tu melena rizada y separada del rostro por una cinta morada,
no sé si eres un emisario de dios o un mariscal de hombres,
pero tú eres la reencarnación que tanta gente espera,
tu voz es un estruendo silencioso,
un bramido que pone en marcha mundos nuevos,
tu palabras sanan el dolor de espíritu.
Deja que te ciña esta corona,
ahí frente al balcón hay mucha gente mirando,
periodistas, devotos, policías que besan tu cruz
mientras vigilan que nadie les mira.
El mundo espera tu gesto milagroso,
la resurrección del pensamiento,
la vuelta al paraíso con solo sentirte.
Hoy vas a hacer estallar los contadores de audiencia,
hoy las amas de casa querrán amarte sin saber contarlo.
Hoy es el día en el que arreglarás el mundo.
Ahora deja que te lave los pies,
que te ponga estas ásperas sandalias,
deja que te acerque ese cayado,
tú eres nuestro pastor, tu toga es nuestro abrigo,
has venido aquí para salvarnos con tu amor infinito.
Yo necesito que ahí fuera toda esa gente te ame
cuando les hables de su memoria ante las cámaras,
cuando les reconfortes en televisión con su futuro,
Les toques y ellos, gimiendo,
decidirán no ducharse nunca más para guardarte consigo.
Ahora dame un beso en la frente y camina despacio,
tú eres la fuente de la dicha, el frutal cuyo fruto no termina
tu presencia es sentida y simplemente llena.
Quiero que salgas ahí fuera, al patio
donde millones de personas esperan tus palabras sabias,
el gesto adusto y solemne que les dejará calmar la sed,
reemprender la marcha, conciliar el sueño.
Es hora de redimirnos a todos y salvarnos.
Déjame abrir las puertas y sal ahí fuera, ahora,
extiende tus manos como Moisés ante el mar,
como San Pedro el pastor ante su grey,
rey de los pueblos por los siglos de los siglos,
y háblales
y cálales con tus palabras como la lluvia en verano.
Diles: “En nombre de Yahvé, benditos seáis todos,
quedáis bendecidos.
Yo soy Micael, vengo de Raticulín,
13 millones de naves espaciales se aproximan al mundo”

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