Afganistán y la piedra azul
September 30, 2010
Hace un año, al dejar Afganistán, lamenté no haber comprado lazurita de las minas de Sar-e-Sang, epicentro mundial del lapislázuli desde hace más de seis mil años.
El avión baja entre las montañas calvas, de un ocre intenso y monótono, y aterriza en Kabul.
Me montan en un autobús viejo que desfila ante una hilera de helicópteros de Naciones Unidas. El aeropuerto es de construcción reciente, con una partida de ayuda al desarrollo japonesa.
Tengo el mismo traductor del año pasado, Obai. Me cuesta localizarle porque se me acaba el saldo del móvil nada más llegar. Very bad. Obai sigue estudiando informática en la Universidad.
Aunque ha empezado a refrescar en Kabul, las calles siguen igual de secas y polvorientas. Mi alojamiento del primer día es una casa de huéspedes muy acogedora. Desde fuera pasaría desapercibida. Lo malo: solo la vigila un guarda.
No tengo mucho tiempo. Las elecciones legislativas son en cuatro días y Kabul no se deja querer por los velocistas.
Dicen que la vivienda de Abdul Salam Zaeef, ex embajador de los talibanes en Pakistán, es una casa de huéspedes financiada por el Gobierno afgano.
Su hijo es un muchacho de Kandahar que apenas habla inglés. Cruza la calle: su padre está fuera, dice, de visita. Arriba, desde un ventanal, un barbudo ofrece té. Los pastunes aman escuchar que son el pueblo más hospitalario del mundo.
Consigo el teléfono de Zaeef.
Cerca –no sé si con o sin relación- vive Wakil Muttawakil, el último ministro de Exteriores de los talibanes. La carretera está sin asfaltar, es noche cerrada.
“No salgan del coche”. Un guarda levanta su Ak47. Lo registran (mi conductor se llama Nazir, circulamos en un Corolla rojo). Sale un hijo, dice, de Muttawakil. Él nos recibirá el viernes, “con cámara, a las nueve”.
El Gobierno afgano se enfrenta, calcula el portavoz del Ministerio de Defensa, Zahir Azimi, a unos 20.000 ó 30.000 talibanes, “todos activos”, y se supone que preparándose para chafar las elecciones.
“Todas las tropas de la ISAF están en alerta total, desde luego. Nuestras fuerzas se han organizado por todo el país”, dice el subcomandante de operaciones de la ISAF, Wayne Detwiler.
Salgo de la rueda de prensa, pensada para calmar a los más desconfiados. Los asesores presidenciales repiten que todo saldrá bien.
“Advierto a América. Si se quema el Corán, habrá venganza”. En los últimos días, ha habido manifestaciones en varios puntos de Afganistán. El dominó de Florida ha causado algo más que un dolor de cabeza en Kabul.
Lanza la advertencia un grupo de seguidores de Siddiqi Afghan, un matemático que se licenció en Moscú. Hoy lleva el Centro de Matemática Filosófica.
En el año 1992, su modelo determinó un futuro prometedor para Afganistán. Poco después, se desató la guerra.
Dentro del edificio, a tiro de piedra del Palacio presidencial, la misión de la ONU y varios ministerios, hay un gran cubo tridimensional que sirve como calendario. Un retrato de Obama hecho con números. Una falsa simetría de jefes de Estado afganos.
“Un kandaharí creó Afganistán. Otro (Karzai) lo ha vendido a los extranjeros”. Junto a la fotografía de Karzai está el rostro del mulá Omar. Dicen que se esconde en algún lugar cercano a Quetta (Pakistán), donde dirige una ‘shura’.
“No estamos autorizados a hablar sobre las elecciones”, responde interpelado al teléfono el portavoz de los talibanes, Zabiullah Mujahid.
Más sobre el lapislázuli: en las tiendas del centro, que son una condena monetaria para los (pocos) turistas, las venden alisadas y con barnices. Como gotas azules sobre el mar ocre afgano.
Afganistán es un país encajado en fronteras que le son ajenas. Una rotonda sedienta de tres poderes formidables: el subcontinente indio al sur, la gran Persia al oeste. Al norte, los nuevos zares de Asia central.
Regateo por una piedra casi triangular, de base estrecha, de un brillante azul mar. 1.500 rupias. Seguro que mi piedra habrá sido teñida con antelación; sería justo decir que el comerciante y yo hemos hecho negocio.
El lapislázuli se extrae en un desfiladero entre montañas de más de 6.000 metros. Un área con más lobos que hombres en la abandonada y gélida región de Badakhshán, extremo noreste del país.
“Si no quieres morir, evita el valle de Kokcha”, escribió el teniente y explorador británico John Wood, al alcanzar en 1837 las minas de Sar-e-Sang en nombre de la Compañía de las Indias orientales.
Nazir para el Corolla junto a la embajada rusa, cerca del Parlamento. Como en las películas de espías, allí debe localizarnos un enviado de Malalai Joya, a quien se ha calificado como “la mujer más valiente de Afganistán”.
En diciembre de 2003, pronunció un discurso sin concesiones contra los señores de la guerra, con la particularidad de que los tenía enfrente. “Querría hablar un par de minutos..”, dijo en la Loya Jirga. En realidad fueron tres:
“¿Por qué no ponéis -clamó- a todos los criminales en el mismo comité, y así vemos qué quieren para el país? Son quienes pusieron a nuestro país en el núcleo de las guerras nacionales e internacionales (…) Deben ir a los tribunales nacionales e internacionales”.
Joya, que ha sufrido cinco intentos de asesinato, vive a escondidas y cambia de casa cada pocos días. Odiaría el burqa, tan extemporáneo, si no fuera porque gracias a él puede ocultarse cuando sale a la calle.
Dos viejos llegan en un coche y se paran a nuestra altura. Husmean un poco, pero basta un gesto. Luego, los dos vehículos serpentean por calles que son un arenal. A las puertas de una casa como las otras, un enorme guarda tayico registra hasta la planta de los calcetines y el cuello de la camisa.
“Se trata dejarme en silencio: quieren eliminarme”, dice con serenidad la menuda Joya.
Esta vez ha renunciado a presentarse a las elecciones. “Me quieren matar, pero yo miro a la muerte sonriente”. La protección de la mujer, una mentira conveniente.
Con la invasión estadounidense de Afganistán, los países occidentales tuvieron que tirar de la única cantera política activa en el país: los “señores de la guerra”, barones regionales y locales que durante años se habían masacrado entre sí y de paso matado a miles de civiles.
Los muyaidines, la Alianza del Norte. Igualmente piadosos de Alá. Los que se enfrentaron a los comunistas; los que se enfrentaron a los talibanes. Igual que sus rivales, gentes casi salidas del Medievo. Ahora, la democracia afgana respira por los poros de estos veletas.
“La gente está harta de las tropas internacionales, y esto de la quema del Corán puede ser la gota que colme el vaso. Los manifestantes lo repiten: si todos corremos hacia la base, moriremos unos cientos, pero al final…”, dice el periodista afgano Farhad Peikar, de la agencia alemana DPA, mientras compartimos un “pollo al shawarma” en un bistro libanés.
El pueblo de Farhad está a unos 70 kilómetros de Kabul. Allí, en un mítin hace pocos días, un muchacho de 12 años ordenó que parase la música para hacer un anuncio. Delante del alcalde y del jefe de la policía, advirtió: “Los talibanes os dicen que no votéis en estas elecciones. Estáis avisados”.
Nadie, recuerda Farhad, reaccionó. Tampoco los policías. “¿Cómo van a enfrentarse a unos tipos que mañana a lo mejor son sus superiores, quienes dan las órdenes? La gente ya se está preparando para el día después. Todo el mundo está cogiendo posiciones”.
El día después es el día después de la retirada. Obama anunció en diciembre pasado refuerzos (en Afganistán hay hoy en día 150.000 soldados extranjeros, dos tercios estadounidenses), pero a la vez reveló que sus tropas empezarían a retirarse en julio de 2011.
Se supone que Obama obra sometido a presiones tremendas. Sus generales y sus ayudas de cámara matizaron luego esas palabras o las convirtieron en un lapso sin importancia. Pero muchos afganos, entre ellos los talibanes, han tomado nota. Los malos han cogido moral.
Un antiguo diplomático estadounidense, Robert Blackwill, defiende ya que EEUU debe abandonar el sur y el este y concentrarse en defender las áreas menos proclives a la idea talibana, o sea, las zonas tayicas, uzbecas, hazaras.
Partir Afganistán de facto para evitar a los pastunes.
Estos últimos son la etnia mayoritaria, pero su distribución geográfica es más o menos limpia: en un arco que recorre el oeste, el sur y el este, con algunas bolsas excepcionales en regiones del norte. De ellos se nutre el movimiento talibán.
Su plan horroriza al presidente afgano, un pastún, Hamid Karzai. Visto como debilitado y corrupto. Se cuenta que en una ocasión, en un vuelo Herat-Kabul, ordenó a los pilotos del avión presidencial poner rumbo a Kandahar, y que estos, pese a su ataque de furia, se negaron.
Sin embargo, Karzai está fuerte, porque sabe que en Afganistán no hay ningún otro que pueda servir como interlocutor de Occidente y a la vez como dique de contención pastún.
En 2009, manipuló las elecciones con cientos de miles de votos a su favor. Le pillaron. Hubo meses de presiones internacionales. Algunos cambios en la cúpula de instituciones clave. Propósitos de enmienda. Ahí sigue: ¿está jugando Estados Unidos con una sola carta?
(Me cuentan que en esas elecciones la Comisión de Quejas, encargada de detectar el fraude, sólo anuló los casos más flagrantes, y que en realidad el resultado de entonces fue de un empate entre Karzai y su máximo rival, el tayico Abdullah Abdullah).
Dicen que los hombres de Karzai han vuelto a movilizarse, y que esta vez será más fácil. Casi todos los candidatos a la Cámara Baja son independientes. Nadie, aparte de sus seguidores cercanos, sabe bien qué defienden.
Karzai tiene fácil el financiar sottoterra las campañas de sus afines: los funcionarios de las provincias dependen de él.
Los analistas afirman que en estas elecciones habrá una suma de pequeños fraudes, a favor de los candidatos que dominan los resortes del estado o cuentan con el poder financiero.
No piensa lo mismo la Comisión Electoral: su presidente, Fazal Manawi, insiste en que tratarán de garantizar la seguridad, que han introducido medidas contra el fraude. Que las elecciones serán todo lo limpias y justas como lo permite un país con la situación afgana. Je.
Más que un nombre de mujer, Malalai parece el de una tribu entera. Es lo que canta Shafiq Mureed, un vocalista de Laghman que promete sacrificarse al oir el grito de Malalai. No se refiere a Joya, claro, sino a Malalai de Maiwand, la gran heroína de la segunda guerra anglo-afgana, hace 130 años.
Los afganos se batían en retirada. Malalai, una aldeana de Khig, en Kandahar, arrampló la bandera y entonó un “landay”, un poema que los niños estudian hoy –quienes pueden- en los colegios: “Si no mueres en Maiwand, que Alá te deje vivo para saborear tu cobardía”.
Las milicias afganas, muy superiores a las británicas en número pero no en técnica, reaccionaron y terminaron por doblegar a los ingleses, en una de las escasas victorias durante el siglo XIX de un ejército asiático sobre uno europeo. La batalla, empero, se llevó por delante a Malalai.
Hoy, los británicos están de vuelta en Helmand como parte de una coalición internacional. Resulta difícil no encontrar paralelismos entre aquella lucha y esta otra.
Desayuno junto a un chaval que no se resiste a hablar con el extranjero. Representa el nuevo Kabul: joven, bien vestido, habla seguro de sí mismo. Intuyo que relacionado con alguna compañía de fuera. De todos modos una anécdota en la miseria de los pueblos afganos.
“He trabajado cuatro años con los estadounidenses. En Bagram. Se quedarán aquí para siempre. No se irán. Los soldados rasos se preguntan qué hacen aquí, tan lejos. Pero internamente sí que lo saben. Afganistán es un país estratégico. Rico”.
Espoleó esta conspiranoia un anuncio hace meses del Gobierno afgano, sobre el descubrimiento de yacimientos de metales preciosos y minerales –entre ellos, litio-, por valor de más de un billón de dólares. (Cualquier extracción está por el momento lejana: faltan seguridad, infraestructuras).
Luego está la posición afgana: encrucijada, plaza de China, el subcontinente indio, Asia central, ¡Irán! ¿Suficiente razón para estar aquí? “Estrategia, es estrategia. Se quedarán aquí siempre”, repite. “En veinte años –respondo, por resultar amable y largarme-, vuelvo y hablamos”.
Dice Emal Haidary, nuestro hombre en Kabul: “Está este poeta, Habibullah Rafí. Él tendrá muchas cosas sobre los landays”.
En Kabul casi nadie lleva gafas, será que no muchos saben leer. Los carteles electorales sí están llenos de letras interminables; rostros de mulás y también de jovencitos que admiran a Occidente pero que desconfían.
Los aperturistas han sido abandonados a su suerte demasiadas veces. Tantas, glosaría un retórico, como invadido Afganistán. Guerreando desde tiempos de Alejandro Magno.
Según lo previsto, me mudo al Heetal, una fortaleza rosa en el barrio más protegido de Kabul. Tiene varios cordones de seguridad. Se promociona anunciando su “búnker con agua y comida”, su “alquiler de vehículos blindados”, “su seguridad armada alrededor del edificio 24×7”.
Entre los huéspedes hay rapados seguratas fortachones, algunos yanquis valientes, fotoperiodistas con esos pantalones que parecen buzones de correos. Un puñado de oenegeros con tanta pinta de afganólogos que uno huye.
¿Y si yo viviera en Afganistán? Kabul clasificados: “Casa de 19 camas, Wazir Akbar Khan, 14.999 dólares al mes”. “Casa de 24 camas y 28 cuartos de baño, Shar-e-Now, 24.999 dólares al mes”. No son viviendas, sino naves nodriza. Pasto de organizaciones internacionales.
Por si no era suficientemente obvio: la guerra está haciendo ricos a un puñado de afganos.
Hay rueda de prensa en el departamento de información del Gobierno. De camino cae la Shah M. Books, la cueva del librero de Kabul. Tiene un fondo fabuloso, pero los precios son que ni en Manhattan. No hay libro de landays por menos de 15 pavos. Tampoco tiene noticias de Habibullah Rafí.
Han suspendido la rueda de prensa que iba a dar el portavoz presidencial. En su lugar, Karzai habló para un grupo selecto de medios. Voy de todos modos al punto de la convocatoria, para reivindicar mi estatus de medio selecto. A ver si cuela…
A falta de Rafí y de los poemarios del librero de Kabul, saco el único libro que me he traído hasta Kabul: “Romanticismo, odisea del espíritu alemán”, del historiador Rüdiger Safranski.
Empieza: “Dos siglos y medio después de Colón y un siglo antes del lema de Nietzsche, en un aventurero del espíritu [Herder] germinó la necesidad de hacerse a la mar e irrumpir en lo terrible que existe en la realidad”.
El lugar más decadente de Kabul, aparte de algunos escondrijos en las montañas, debe de ser el cementerio inglés. Durante 30 años, a sueldo de la embajada británica, lo cuidó Rahimullah, que esta primavera se murió de muerte natural, un raro privilegio según dónde.
Iré a verlo algún día: hay tumbas de soldados muertos durante las guerras anglo-afganas, también tirados de cuando Kabul estaba era parada obligada en la ruta del movimiento “hippy”, o víctimas de la guerra actual. Aquí enterraron a Gayle Williams, una cooperante asesinada a tiros en 2008.
“Goethe veía en Herder al aventurero que había regresado de alta mar y traía el viento fresco del viaje, una brisa que estimulaba la fantasía”. Sturm und drang. Tempestad e ímpetu.
Cuando mandaba en Afganistán, el mulá Omar preguntó a Rahimullah por qué cuidaba tumbas de infieles, y este le respondió que, con su edad, hasta un ciego tendría más posibilidades de encontrar un empleo. Omar, que era (es) tuerto, no se lo tomó a mal.
Kabul, por lo demás es una ciudad que se despliega entre montañas. Casas de adobe que caen como en cascada, en replicaciones cúbicas, una red también ocre que se abre sin fin y crea en los barrios del centro una sensación hipnótica y como sin tiempo.
Aquel explorador John Wood de las minas de Sar-e-Pang llamó a los montes del Pamir el “techo del mundo”. He puesto mi lazurita, proveniente de algún desfiladero perdido, junto al ordenador.
Nos abre la puerta el hijo de Muttawakil. Los guardas en la puerta tienen un retrato de Ahmad Shah Mehsud, el león del Panshir, el gran enemigo de los talibanes, muerto en ataque suicida sólo dos días antes del 11-S. Mehsud es quizá el señor de la guerra que mejor supo gestionar su imagen.
-En España hay muchos musulmanes, ¿verdad? –abre fuego Muttawakil.
- Fue musulmana durante siglos, y todavía quedan muchas huellas.
Muttawakil fue el último ministro talibán de Exteriores antes de la caída. El mulá Omar eligió irse; él, quedarse. Pasó tres años en prisión. Su nombre salió de la lista de apoyo al terrorismo de la ONU en enero. ¿Un guiño para los insurgentes que dejen las armas?
Me invita a un té. Él es de Maiwand, igual que la gran Malalai. ¿Qué le parece a un talibán una mujer guerrera? “No tenemos ningún problema con Malalai. Queremos que muchas otras mujeres sean como Malalai”. Me viene a la cabeza Malalai Joya.
Salgo de la casa de Muttawakil, un hombre agradable y de maneras –que no ideas- moderadas. “El perro amarillo es hermano del lobo”, dice un refrán de los hospitalarios pastunes.
¿Vale todo con tal de que los extranjeros se vayan? Marco el teléfono de Zaeef.
“Si tú fueras talibán, ¿qué harías para luchar contra el poderoso ejército extranjero? Necesitas el apoyo de cualquiera, de todos cuantos arrimen el hombro. Con Al Qaida, se trata de un pacto en la guerra. El objetivo no es el mismo, el enemigo sí”, dice el antiguo embajador talibán en Pakistán.
Ningún otro lugar de Kabul domina la ciudad como la torre de la televisión, sobre la loma de un monte imponente. Necesito recursos para el vídeo del día de las elecciones y no habrá panorámica mejor. Compro kebabs y picamos carretera arriba con el Corolla. Nazir es un fenómeno.
Al llegar nos para un policía, así que renunciamos a volar tan alto y nos instalamos en un arcén, unas decenas de metros por debajo de la torre. El tiempo está algo desapacible y Kabul adopta un tinte casi irreal; dominas las casas, su bajada como en escalera. Casi tocas unas cuantas cometas.
Unos muchachos suben la cuesta cargados con sacas. Se paran al ver al extranjero. “Un día nos acercamos a esa torre y los policías nos dispararon”. Uno no sabe si creer estas denuncias esporádicas. Tampoco es que sorprendan, en un país tan moldeado a la guerra.
Empieza a lloviznar, una rareza en el septiembre semiárido de la ciudad. Las gotas bajan cargadas de polvo. Ha sido casi mágico comer, a la carrera, levitando ante Kabul.
Tengo un correo electrónico del Gobierno: “Acude al instituto Amani mañana sábado a las siete de la mañana. El presidente votará allí y se te permitirá entrar”.
El Amani de Kabul es un instituto situado en la isla de seguridad del Gobierno. Allí es donde votará la elite kabulí, incluidos los principales políticos. Después de todo y por una vez, soy un medio selecto. Habrá que madrugar.
Para llegar allí, hay que dejar a la izquierda el Instituto de Matemática Filosófica y pasar un primer control de seguridad que ya es fiero. “¿Spanish Embassy?”, repite un oficial mientras estudia la lista de medios acreditados.
Una vez superado el escollo, caminas entre bloques de hormigón, al paso de todoterrenos cargados de los casacas negras que forman la guardia presidencial. Pasas la misión de la ONU en Kabul, luego llega el Amani. Si siguieras un rato por la acera desierta, llegarías a la presidencia.
Te registran en la calle con pastores alemanes adiestrados. Luego los cámaras se pisotearán para lograr el mejor ángulo de Karzai. En el gimnasio del Amani, pagado con dinero alemán, todo está perfectamente orquestado: un lugar de limpieza prístina, materiales completos, de primera.
Primero llega el jefe de la UNAMA en Kabul (¿habrá venido andando?), Staffan de Mistura, uno de esos diplomáticos sesentones: “Decir que la seguridad está garantizada son palabras mayores”, le arranco. Bueno.
Karzai llega embozado en su chapan, esa capa verde y azul de Mazari-i-Sharif. Le gusta mostrar este tipo de símbolos para subrayar la unidad de los pueblos afganos (sus asesores revelan luego que votó por una candidata hindú, por si fuera poco símbolo).
Pero él es un pastún de la tribu Popalzai, igual que el unificador de Afganistán, Ahmad Shah Durrani, lo que hace las delicias de los seguidores del filósofo matemático Siddiqi Afghan y sus psicodélicas simetrías de la historia.
El primer kandaharí creó Afganistán. El último lo ha vendido a los extranjeros.
Sostiene la CIA:
- Composición étnica afgana: pastunes 42%, tayicos 27%, hazaras y uzbecos, 9% cada uno.
- Religiones afganas: suníes 80%, chiíes 19%
- Lenguas: persa afgano (dari) 50%, pastún 35% (el resto, mayormente, son idiomas de Asia central, como el turkmeno).
O sea, que hay pastunes que hablan dari. Otros chiíes además de los despreciados hazaras. Hablantes suníes del farsi iraní. Uzbecos fuera de casa. Siempre Afganistán fue un carrusel.
Karzai repite algo ampuloso la liturgia del voto que ya realizó el año pasado, delante de un enorme cartel en el que él mismo se abraza a un niño. Las catacumbas de la propaganda. Sólo responde una pregunta y se marcha en volandas, arropado por sus comandos.
Pocos líderes afganos han muerto en la cama, y a Karzai se le adivina una tensión permanente. En un libro reciente, “Las guerras de Obama” (Bob Woodward), se dice de él que es adicto a las drogas, paranoide y depresivo. Un tío raro, según un enviado de EEUU.
La atmósfera se relaja enseguida. Van llegando otros líderes. Primero el vicepresidente segundo, Karim Khalili, hazara (“Esperemos que no haya fraude”, confía). Luego el otro, Mohammed Fahim, que sufrió un ataque al corazón hace dos semanas. Como aún se tambalea, alguien le ayuda a votar.
La brecha étnica afgana todavía está vigente: los guardaespaldas de Khalili son hazaras. Los de Fahim, tayicos con pakol ceñido en la frente y Ak-47 que gruñen ante la sola idea de una fotografía.
Con ellos y con el proyectil talibán que cayó de madrugada cerca de la embajada estadounidense puede uno dar por hecho que las elecciones parlamentarias de 2010 han empezado en Afganistán.
El ataque de madrugada no lo sentí; sí me atribuló, horas antes, un terremoto de 6,3 grados y epicentro en los montes del Hindu Kush que hizo temblar los muros del Heetal y me hizo saltar de la cama. ¿Un avión volando bajo? ¿Han llegado los fedayines?
La mañana kabulí es mucho más tranquila: todas las tiendas están cerradas. La Policía está desplegada para controlar los vehículos en los “anillos de acero”, los pretenciosos jalones de su plan de seguridad. Ando tomando imágenes cuando se acercan despacio dos Corollas blancos.
Cada vez que pienso en los fedayines me viene a la cabeza la imagen fotográfica del talibán que mató a Benazir Bhutto en Pakistán: gafas oscuras, ropa occidental y pelo corto. Los visualizo en Corollas blancos. Hay que reconocer que a ratos en Kabul le entra a uno cierta intranquilidad.
Se alejan los Corollas y viene un policía. Que qué hago grabando. Mi tarjeta no le convence; me registra. Vaya momento para un rifirrafe. Los medios afganos han empezado a denunciar casos de fraude por todo Afganistán, pero pasarán días antes de disponer de una película concluyente.
Los talibanes han pasado una lista de 150 colegios electorales atacados. Antes de la jornada, la Comisión decidió no abrir otros 1.000, porque no podía garantizar la seguridad. Y el Gobierno reconoce que no tiene presencia en nueve distritos del país.
En algunos colegios ha habido colas; los hombres a un lado, las mujeres a otro. Pero termina el día y la sensación es que la gente ha votado poco. “Yo no quiero ser periodista”, dice Obai. “Se trabaja mucho y sin paz”. Luego se va a un rincón a rezar y se queda dormido.
La plana mayor de seguridad afgana va a hablar a las 20.00 horas, en la sede de la Comisión Electoral. Allí me encuentro a Ibrahimi, un simpático periodista de Wakht que se tira a degüello tras los grandes hombres afganos. Suele salirle bien.
Ibrahimi no conoce el paradero de Habibullah Rafí, pero me pasa el número de un profesor suyo de la universidad de Kabul, “un poeta, un sabio”, dice con reverencia. Si tuviera tiempo…
“Los talibanes son mucho más débiles. Si miras los sucesos violentos que ocurren, son en muchos casos minas o IEC, lanzamientos de proyectiles, muertes de inocentes. Matar o amenazar a la gente ordinaria no muestra fortaleza, sino debilidad” dice el jefe de los servicios secretos afganos, Rahmatullah Nadil.
Las respuestas moralizantes son un mal enemigo de la verdad.
Salgo del edificio con el ministro de Defensa, el primero muyaidín y luego general Abdul Rahim Wardak. No le gusta la prensa, pero tiene ganas de hablar.
“Gradualmente podremos tomar responsabilidades de seguridad en nuestro país. Esa es nuestra responsabilidad histórica. Es la primera vez en nuestra historia que chicos y chicas vienen de suelo extranjero para defendernos”.
“A lo largo de la historia, ha sido siempre nuestro orgullo el haber derrotado a todos los invasores de todas las superpotencias. Y queremos restaurar este honor otra vez”.
La retórica del aparato afgano señala que los talibanes están pagados por Pakistán. La retórica talibán señala que está es una invasión como la de Malalai y las otras.
Es la una de la mañana y la cabeza me arde. Recuerdo pocos días tan duros.
Pero han pasado las elecciones y no ha habido hecatombe: Afganistán sigue aquí.
Obai me deletrea por teléfono un par de preguntas en pashto para los portavoces de los talibanes. Tengo poca confianza en que respondan. La ISAF sí lo hace: “los talibanes están matando más que nunca porque les estamos combatiendo en más lugares que nunca”. Algo aquí huele a tautología.
Entre enero y junio murieron, según la ONU, 1.271 civiles en la guerra afgana. Junio, con 102 soldados muertos, fue el mes más sangriento para las tropas de la ISAF desde su llegada al país, en 2001. En los últimos tres años los talibanes se han expandido por gran parte del país, incluidas áreas del norte antes tranquilas.
Leo en una revista que las décadas de guerra han puesto en peligro al leopardo de las nieves, expuesto a la caza furtiva y perseguido por su piel. También habla un fotógrafo que presume de adorar el zumo de granada, por lo visto mandamiento número uno de la “afganidad”.
“Anor”, pido a un tendero. Zumo de granada. A ver qué tal.
- Obai, ¿conoces la Facultad de Letras?
- Sí
- Quiero que vayas y preguntes si saben algo de Habibullah Rafí.
La cultura afgana conserva un potente legado oral. Las “moshairas” o recitales poéticos reúnen todavía a miles de personas que se deleitan con los “ghazales” y “landays” de sus poetas. En Jalalabad hay todos los años una “moshaira” especialmente famosa, dedicada a las naranjas.
“Traigo una flor conmigo. Tómala o déjame marchar”, cantan todavía las mujeres en los pueblos, supone uno que a buen recaudo de los curiosos.
Kabul – Jalalabad – Peshawar . Una ruta como las perlas de un collar. Afganistán sigue sin reconocer la Línea Durand, una frontera de 2.600 kilómetros trazada por los británicos en 1893, que parte en dos al pueblo pastún. Hoy separa a Afganistán de Pakistán.
La Comisión Electoral ha convocado una rueda de prensa en su sede de la carretera de Jalalabad. Hay varios periodistas españoles. Los de la Comisión han empezado a recibir sobres con votos y con quejas. Los sobres normales son blancos; los de las quejas, marrones.
Unos 50 muertos durante las elecciones. Parece que todo ha ido bien.
Mientras me registran, pregunto a los vigilantes si les gusta Shafiq Mureed. El pueblo afgano está enamorado de la música.
Con la llamada al rezo del bilal y el grito de Malalai, oh, yo me sacrifico, por mi tierra y mi amor, por mi Afganistán hermoso. Hago una pequeña encuesta: todos los seguratas de la puerta en la Comisión Electoral se declaran aficionados a la radiofórmula.
Los talibanes prohibieron los instrumentos de música. En su lugar, potenciaron la “trana”, música vocal cantada por jovencitos. Como Abdul Hakim Sajad. Cantaba:
“Toma tu espada y tu pistola, ha llegado el momento del martirio/la yihad es necesaria para todos/vamos, marchemos a la trinchera, ha llegado el momento de la valentía y el honor”.
Tras una semana negociando una entrevista con el presidente del Parlamento, Yunus Qanuni, la opción se cae y con ella se complica mi tema de hoy, una panorámica sobre los señores de la guerra.
Y además, Habibullah Rafi tampoco estaba en su oficina.
“La guerra era así, te terminabas acostumbrando. Paseaban por tu calle. Se parapetaban en tu patio. Se apostaban en tu tejado. Todos aquí lo hemos vivido”, dice en la Universidad un estudiante, Farooq. “Por eso somos tíos duros”, ríe.
Tras la retirada de los soviéticos, las diferentes facciones afganas se enzarzaron a tiros y bombas durante años en el barro de Kabul. Muchos dieron la bienvenida a los talibanes en 1996 como una forma de restablecer el orden.
Luego, tuvieron que dejarse la doble b de los talibabas, burqas o barbas, y se desencantaron.
La invasión de los estadounidenses en 2001 fue como una tectónica de placas: la mayoría de los señores de la guerra se alinearon con las tropas internacionales; unos pocos, como Hekmatyar, se echaron al monte.
Los primeros se convirtieron en hombres respetables. Llegaron al Gobierno, al Parlamento. En 2007, aprobaron una amnistía en virtud de la cual quedaban perdonadas las tropelías cometidas antes de la caída del régimen talibán y la invasión del país por las tropas occidentales.
El poeta Abdul Samay Hamid protestó entonces: ¡Salid a las calles!/ Porque esa chica/ en el tejado de tu tienda, bañada en sangre/era quien jugaba con tu hija.
“Creo que todavía puedes conseguir en el mercado negro vídeos con (….) matando literalmente a gente”, cuenta Emal Haidary.
El Parlamento afgano tiene 249 escaños (68 están reservados para mujeres). Se han abierto paso líderes como Abdul Rasul Sayyaf, Burhunudín Rabbani, el mulá Ezat, Sayed Ansari, Hazrat Alí, Mohammed Mohaqiq.
Hasta se especula sobre si Hazrat Alí ayudó a Osama Bin Laden a escapar por las cuevas de Tora Bora. Obai y yo logramos contactar con Mohaqiq:
El equivalente al “¿Sí?” telefónico es en Afganistán: “¿Vale?”.
“Esta es la tierra de la yihad, y los yihadíes son la gente que rescató al país de la ocupación de la Unión Soviética. Tienen derecho a presentarse a las elecciones y su existencia es buena para el pueblo”, dice Mohaqiq. Habla en tercera persona.
¿Debe una democracia perdonar los crímenes pasados de quienes la abrazan?
El talibán Mujahid responde diciendo que no entiende las preguntas que le hice en pasto.
Ya es lunes.
La ISAF tiene mi acreditación esperando desde hace días. La entregan en la puerta de su base, junto al aeropuerto. Yo debo salir hoy de Afganistán; será una buena idea recogerla de paso. Voro.
El año pasado, los de la ISAF me hicieron esperar 20 minutos en la puerta. Del lado civil, el exterior, de sus muros de hormigón en la sede central de Kabul. Veinte largos minutos con la imagen de tíos con gafas negras y pelo corto.
Esta vez han sido mucho más rápidos. Las tarjetas están listas en la entrada.
- Estáis patrullando menos en la calle que el año pasado, ¿verdad? –pregunto al soldado a cargo de las tarjetas, el teniente Gabriel.
En la calle sólo he visto un par de convoyes turcos. Una maniobra inteligente, la de dejar a los turcos a cargo. Esto, vienen a decir los de la ISAF, no es una guerra entre cristianos y el Islam. (Luego llega uno amenazando con quemar el Corán: todo al traste).
-No tengo ni idea. Quizá es que ahora nos hemos vuelto más sutiles –dice Gabriel mientras me entrega mi acreditación tardía.
Qué satisfacción cuando uno encuentra sentidos.
Salgo del Corolla rojo y me despido de Nazir. Sois muy grandes. El año que viene, le digo, sí que lograré hablar con Habibullah Rafí. Ríe.
Me registran los guardas del aeropuerto. Mi maleta se desliza lentamente por el escáner. La para la Policía. “¿Esto qué es?”, señala. “¿Una piedra?”.
Mierda.
La piedra azul.
- ¿Dónde están los papeles?
- No tengo papeles. Es sólo un recuerdo afgano. ¿Hacían falta papeles?
- No está permitido viajar con ella.
Y sin embargo insisto. El guarda me pregunta quién soy, qué he hecho en Afganistán, adónde me dirijo. Le digo que soy español (“ah, isbaniya”), que viajo a la India. Le muestro mis tarjetas para probar que no miento. Mueve la mano.
- Dale.
Y qué satisfacción cuando uno encuentra sentidos.
Karzai y Abdulá cantan victoria mientras prosigue el recuento de los votos
September 14, 2009
Kabul, 21 ago 2009.- Los equipos de campaña de los dos principales contendientes a la Presidencia afgana, Hamid Karzai y Abdulá Abdulá, dieron hoy por segura su victoria en las elecciones de este jueves, aunque la Comisión Electoral rechazó sus estimaciones.
“Nuestras indicaciones iniciales demuestran que nuestro candidato va en cabeza (…) Por supuesto, esperaremos al escrutinio pero podemos predecir ya que nuestro candidato tendrá más del 50 por ciento de los votos y por tanto ganará en la primera vuelta”, dijo a Efe un portavoz del equipo de Karzai, Sediq Sediqqi.
Sediqqi reconoció que todavía es “demasiado pronto para cantar victoria” y que habrá que esperar al recuento de la Comisión Electoral, pero se mostró seguro de que la candidatura del actual presidente lleva una ventaja definitiva.
El pastún Karzai, el gran favorito según las encuestas previas a los comicios, necesita superar el 50 por ciento de los votos para proclamarse vencedor en la primera vuelta, una posibilidad descartada por el equipo de su principal rival.
“Es falso que Karzai tenga ventaja. Estamos en la mejor situación. Abdulá, por el momento, lleva el 62 por ciento de los votos, mientras que Karzai apenas tiene un 32 por ciento”, dijo a Efe el portavoz del tayiko opositor, Fazel Sangcharaki.
Aunque Karzai partía con una amplia ventaja en intención de voto sobre sus rivales antes de los comicios, las reivindicaciones de su equipo de campaña -y también del de su rival- sólo un día después de los comicios fueron censuradas por la Comisión Electoral.
“Ni confirmamos ni aceptamos esas reivindicaciones. Comenzaremos a informar sobre el recuento de resultados a partir del 25 de agosto. Así que ningún candidato puede atribuirse la victoria”, dijo a Efe el portavoz de la Comisión Electoral, Noor Mohammad Noor.
Esa apreciación fue refrendada poco después por el secretario del organismo, Daoud Ali Najafi, quien calificó en rueda de prensa los anuncios de los candidatos como “poco fiables” y pidió a la prensa y a la población que crea sólo los datos de la Comisión.
En las últimas horas se ha producido un goteo de denuncias de fraude electoral, con casos de niños depositando el voto, personas que lo hicieron dos veces y colegios sin control de observadores independientes ni interventores de los candidatos.
De esas críticas se hizo eco ya ayer el tercer candidato en liza, el hazara Ramazán Bashardost, quien utilizó lejía para demostrar que podía borrarse la tinta impregnada en el dedo para controlar el voto y hoy criticó a los dos favoritos.
“Lo que están haciendo Karzai y Abdulá muestra que no respetan la ley electoral. Y si no respetan la ley ahora, ¿qué harán cuándo lleguen al poder”, preguntó hoy a Efe tras conocer las reivindicaciones de sus rivales.
Bashardost prefirió esperar a tener más datos sobre las posibles irregularidades, que el secretario de la Comisión prometió evaluar caso por caso en el procedimiento abierto por su organismo para depositar todas las posibles quejas.
“El fraude masivo está descartado -aseguró a Efe Najafi tras la conferencia de prensa-. En todo caso hay irregularidades en distintos puntos que deberemos estudiar hasta llegar a una decisión al respecto”.
Tanto Najafi como Noor confirmaron que la Comisión Electoral ha terminado prácticamente el cómputo de los votos, y a falta de los datos en cuatro de las 34 provincias, el portavoz estimó que la participación estará entre el 45 y el 50 por ciento de los electores.
Los analistas temían una escasa participación, después de que los insurgentes talibanes pidieran el boicot del proceso y amenazaran con represalias a aquellos ciudadanos que acudieran a votar, entre los 17 millones de personas llamadas a las urnas.
Aunque la cúpula de seguridad contabilizó unos 130 actos violentos y una cincuentena de víctimas mortales, tanto el presidente afgano, Hamid Karzai, como sus aliados internacionales dijeron tener peores expectativas y se felicitaron por la celebración de los comicios.
Entre quienes han expresado su satisfacción por la marcha del proceso está el comandante de las tropas extranjeras desplegadas en el país, Stanley McChrystal, que alabó en un comunicado el “trabajo encomiable” de las fuerzas de seguridad para proteger el voto.
Distintas fuentes internacionales consultadas por Efe valoraron el ejercicio electoral como un “éxito moderado”.
Millones de afganos acuden a votar pese a las amenazas de los talibanes
September 14, 2009
Kabul, 20 ago 2009.- Millones de afganos ejercieron hoy su derecho al voto para elegir a su nuevo presidente, en una jornada que dejó medio centenar de muertos víctimas de la violencia talibán, que tuvo una intensidad menor de la esperada por las autoridades.
Los colegios cerraron una hora más tarde de la fijada -las 16.00 del horario local (11,30 GMT)- para que más personas pudieran ejercer su derecho al voto y la Comisión Electoral se felicitó por el hecho de que 6.199 colegios (el 95 por ciento del total) pudieran abrir sus puertas.
“Las elecciones han transcurrido de forma pacífica -dijo en rueda de prensa el presidente, Hamid Karzai. Doy la enhorabuena a nuestro pueblo por su valentía y por su deseo de que nuestro país tenga éxito”.
Según los máximos dirigentes de seguridad, durante la jornada electoral se produjeron 130 ataques, muchos con proyectiles y cuatro de ellos suicidas, que causaron la muerte de 17 miembros de las fuerzas de seguridad y de 9 civiles, así como heridas a otras 52 personas.
Además, 21 talibanes murieron y otra veintena fueron heridos, según la Policía, en un tiroteo contra las fuerzas de seguridad en la región norteña de Baghlan, donde la Comisión Electoral decidió ampliar el horario de votación una hora más, hasta las seis, tras lo sucedido.
También falleció un soldado estadounidense de la ISAF en un ataque de mortero en el este del país.
Pero pese a los esporádicos actos de violencia por casi todo el país, la misión de la ONU (UNAMA) mantuvo que los intentos de los talibanes por desestabilizar el proceso e intimidar a los electores fueron “menores de los esperados”.
“Somos optimistas con cautela, porque sabemos que millones de personas han desafiado al peligro. Creemos que las predicciones de una masiva situación de inseguridad han fallado”, dijo a Efe el portavoz de la UNAMA, Aleem Siddique.
Las autoridades habían declarado festivo el día para facilitar el voto de los ciudadanos y las calles -al menos, en la capital- amanecieron sin peatones ni el habitual tráfico y con la inmensa mayoría de las tiendas cerradas.
Los controles de seguridad eran más intensos de lo habitual y la Policía se empleó en dar el alto a los escasos vehículos en circulación para registrarlos minuciosamente con perros adiestrados en explosivos.
Karzai abrió la votación muy de mañana en su colegio electoral, un instituto del centro de Kabul fuertemente protegido, desde el que pidió a los ciudadanos un voto por la estabilidad y la paz “para construir un país mejor”.
“¡No a la violencia. Votad no a la violencia!”, exhortó Karzai, preguntado por Efe, al marcharse del colegio, con los primeros electores listos para ejercer su derecho al sufragio.
De acuerdo con los datos de UNAMA, la votación transcurrió mejor de lo esperado en el norte -con mucha participación femenina- y se resintió en el sur, el tradicional feudo de los talibanes, donde es más agudo el conflicto y más fácil la intimidación.
La Comisión Electoral se ha lanzado ya al recuento de los votos sin hacer públicos aún los datos de participación, que, según el ministro de Interior, Mohamed Hanif Atmar, ha sido de un 70 por ciento pese al boicot y las amenazas de los insurgentes.
A las urnas estaban llamados unos 17 millones de afganos encargados de elegir jefe del Estado en las segundas elecciones presidenciales desde la caída del régimen talibán en 2001, con Karzai como favorito principal.
En los últimos días varios de sus rivales han comentado sus sospechas de que el Gobierno preparaba un fraude -registros ficticios, compra de votos- para garantizarle la reelección sin necesidad de segunda vuelta.
“Se han detectado fraudes -confirmó Siddique-. Pero nada sugiere que hayan sido sistemáticos. Donde ocurrieron, se tomaron medidas, así que no vulneran la integridad del proceso”.
Las dudas sobre la limpieza del proceso están fundamentadas en la ausencia de un censo, el rampante analfabetismo y las dificultades logísticas por la difícil orografía y el grave conflicto contra los talibanes.
“Es demasiado pronto para juzgarlo. Con todas sus limitaciones, el país ha demostrado al mundo que pueden hacerse unas elecciones. Es un buen día para Afganistán”, concluyó el portavoz de la ONU.
Karzai, que necesita más del 50 por ciento de los votos para ser reelegido en la primera vuelta, contaba en las encuestas con mucha ventaja sobre sus rivales, el ex titular de Exteriores Abdulá Abdulá y su antiguo ministro de Planificación, Ramazán Bashardost.
Los primeros resultados oficiales se conocerán el 3 de septiembre, según la Comisión Electoral.
Afganos eligen mañana a su presidente con Karzai como favorito
September 14, 2009
Kabul, 19 ago 2009.- Afganistán celebra mañana, jueves, las segundas elecciones presidenciales desde la invasión estadounidense y la caída a finales de 2001 del régimen de los talibanes, que han llamado al boicot y hoy han vuelto a sembrar de violencia la campaña con el asalto a un banco en Kabul y un atentado en Kandahar.
Según el Ministerio afgano del Interior, el asalto a la entidad bancaria se resolvió con la muerte de tres insurgentes a manos de la Policía, tres de cuyos agentes que tuvo tres heridos.
Además, un jefe de distrito y un líder tribal murieron y otra persona resultó herida por la explosión de una bomba al paso de su vehículo en la provincia sureña de Kandahar, informó a Efe una fuente policial.
Durante la campaña, los talibanes han intensificado sus ataques tanto a las fuerzas extranjeras como a las autoridades afganas, en un intento de disuadir a los 17 millones de afganos convocados a las urnas mañana para elegir presidente y miembros de los consejos provinciales.
Para contrarrestar el boicot talibán y “asegurar una amplia participación” electoral, el Gobierno afgano no dudó hoy, cuando se celebra el Día de la Independencia, en recurrir a la censura al prohibir la difusión de noticias sobre “cualquier suceso de violencia” durante las horas de votación.
El presidente afgano, Hamid Karzai (de la etnia pastún, mayoritaria en el país), parte como favorito según una encuesta del instituto norteamericano IRI, que augura una segunda vuelta con el tayiko Abdulá Abdulá, ex ministro de Exteriores y antiguo lugarteniente del comandante afgano que lideró la resistencia antitalibán y fue asesinado días antes del 11-S, Ahmed Shah Masud.
Según ese sondeo, la gran sorpresa de los comicios podría darla el hazara (etnia de religión musulmana chií ubicada sobre todo al este de Afganistán) Ramazan Bashardost, que se ha postulado desde una sencilla tienda de campaña frente al Parlamento y figura tercero en intención de voto, por encima del ex ministro de Finanzas Ashraf Ghaní.
De los 41 candidatos originales, dos de ellos mujeres, una decena han pasado a apoyar a Karzai, quien en el último minuto se ha atraído también el apoyo del uzbeko Rashid Dostum, un polémico caudillo del norte afgano acusado de crímenes de guerra y de traicionar a todos sus antiguos socios.
Con unos 100.000 soldados de la OTAN o de EEUU empeñados en garantizar un ambiente seguro para votar -en semanas previas se han efectuado operaciones especiales en los feudos talibanes de la provincia meridional de Helmand- la seguridad es el gran reto de estos comicios.
Karzai busca la reelección ante un pueblo sometido cada vez a mayores niveles de violencia -más de 2.100 civiles muertos en acciones militares en 2008- y que sigue figurando entre los más pobres del mundo, con un tercio de la población (7,3 millones de personas) amenazada por el hambre, según denunció hoy la ONG Oxfam.
Oxfam se sumó a las voces críticas contra la corrupción que ha caracterizado el mandato de Karzai, quien ha impedido que las ayudas lleguen a sus verdaderos destinatarios, y demandó “grandes reformas” al futuro Gobierno para evitar que se sigan derrochando fondos.
Los opositores del presidente afgano también han cuestionado su política de alianzas y su connivencia con distintos sectores para asegurarse el poder, en particular con el denostado Dostum pero también con otros cabecillas afganos, como Mohamed Fahim o Ismail Khan.
La cadena británica BBC contribuyó ayer, martes, a las sospechas de fraude al difundir una investigación propia que constató intentos de venta de cientos de tarjetas de votantes y de compra de apoyos para determinados candidatos.
“Ha habido fraudes tradicionales en Afganistán y este año habrá auditorías para detectarlo. La comisión electoral afgana cuenta con asistencia internacional y me consta que su preparación de las elecciones, si no impecable, se queda cerca”, dijo a Efe María Espinosa, de la misión de observación de la UE.
Los analistas destacan que tras casi ocho años de esfuerzo en Afganistán, la comunidad internacional no se puede permitir unas elecciones fallidas y está dispuesta a ser benevolente con el proceso electoral afgano, que se efectúa sin censo alguno.
Bashardost ha manifestado que no le cabe duda de que se ha hecho todo lo posible para favorecer a Karzai, con intentos de inducción al voto como la reciente publicación de la encuesta del instituto de EEUU que lo da por vencedor.
Hasta el día 3 de septiembre no se conocerán los resultados provisionales de los comicios, que serán definitivos el 17. Caso de que se tuviera que celebrar una segunda vuelta, ésta sería en octubre
Ataques y clima de inseguridad en vísperas de elecciones en Afganistán
September 14, 2009
Kabul, 18 ago 2009.- A sólo dos días de los comicios presidenciales, los talibanes afganos volvieron a actuar hoy con dos atentados suicidas que dejaron al menos una docena de muertos y un ataque con proyectiles sobre el Palacio Presidencial de Kabul, una ciudad en alerta y tomada por completo por las fuerzas de seguridad.
El atentado más grave tuvo lugar en la peligrosa carretera que conduce a Jalalabad (este) desde Kabul, objetivo frecuente de los insurgentes porque a la salida de la capital se encuentran varios cuarteles de las tropas estadounidenses y de la ISAF.
El suicida lanzó su vehículo contra un convoy militar de la ISAF y causó la muerte de siete personas y heridas a otras cuarenta, según distintas fuentes oficiales afganas.
Pero en un comunicado, la OTAN aseguró que la última información de la que dispone “indica que entre los muertos hay un soldado de la ISAF, siete civiles afganos y dos empleados afganos de la misión de la ONU en Afganistán”, este último dato confirmado por las Naciones Unidas.
La ISAF también elevó el número de heridos a 55, entre ellos dos militares de la OTAN.
El atentado fue condenado por el presidente afgano, Hamid Karzai, horas después de que dos misiles cayeran en las inmediaciones de su Palacio sin causar víctimas.
Y además, según una fuente policial consultada por Efe, otro ataque suicida acabó con las vidas de dos civiles y tres soldados afganos e hirió a otras cinco personas en la región centro-meridional de Uruzgán, donde los talibanes tienen una amplia presencia.
Este mes se han registrado ya varios ataques con cohetes lanzados desde las afueras contra Kabul, una ciudad relativamente aislada del conflicto armado y cuyos habitantes aún recuerdan el martirio al que fueron sometidos durante la guerra civil en la década de 1990 y conviven casi diariamente con los atentados.
Ataques como el de hoy contra el convoy de la ISAF y otros contra instalaciones militares o sedes oficiales se cobran siempre una mayoría de víctimas entre los civiles que se encuentran en las proximidades.
En vísperas de las elecciones, Kabul se encuentra tomada por miles de soldados del Ejército, policías y guardas privados de seguridad armados con “kalashnikov” o con ametralladoras para proteger los edificios importantes.
La zona de las embajadas cuenta con sucesivos controles de paso y los edificios estratégicos están amurallados con alambradas y densos bloques de cemento para protegerse de los atentados de los talibanes, quienes han demostrado su capacidad de golpear la ciudad.
“La seguridad -dijo a Efe el jefe de los servicios secretos afganos, Amrullah Saleh- es como el pan. Un bien que necesitas sin cesar. Será para siempre nuestra preocupación y es un bien que necesitaremos siempre. Nuestras medidas y esfuerzos no se detendrán tras las elecciones”.
La masiva presencia de las fuerzas del orden no ha hecho mella en la percepción de los afganos: según un reciente estudio del instituto norteamericano IRI, la seguridad es uno de los dos principales problemas de Afganistán para el 56 por ciento de los ciudadanos consultados, 21 puntos por encima de la situación económica.
“Yo la tengo (la pistola) por seguridad. Aquí en Kabul hay robos y secuestros constantes”, relata a Efe un tayiko de 22 años preocupado por el alza del crimen, mientras empuña una Beretta italiana de calibre 9 mm Parabellum en el interior de un coche.
De acuerdo con distintos informes, las carreteras afganas están infestadas de bandidos que tienden emboscadas a camioneros y viajeros, sin que esté clara en muchas ocasiones la frontera que separa al delincuente común del insurgente talibán.
“No me siento seguro, claro que no. La Policía no está activa y no tiene equipamiento para resolver los problemas. Los secuestros y robos de Kabul son perpetrados por gente con uniforme. La corrupción es del cien por cien”, sostiene el empresario Mohamad Nader en el barrio capitalino de Makroyan.
Ante la amenaza talibán y el clima de inseguridad generalizado, las embajadas extranjeras se apresuran en Kabul a aconsejar a sus ciudadanos que extremen las precauciones, sobre todo durante el período electoral.
“Conviene salir sólo lo imprescindible, vestirse de forma que no llame la atención, lo menos elegantemente posible. El nivel de alerta es permanente y no hay que bajar la guardia”, dijo a Efe una fuente diplomática.
En Afganistán hay unos 100.000 policías, pero la mayoría están mal formados y equipados, tienen salarios bajos y apenas cuentan con infraestructuras adecuadas, expuso a Efe el portavoz de la misión policial de la UE en Afganistán (Eupol), Andrea Angeli.
Sólo en la capital, hay unos 8.500 agentes encargados de velar por el orden, pero según Angeli son precisos muchos más en una ciudad asolada por los robos y los secuestros, con los empresarios y los extranjeros como objetivos principales.
Termina la campaña con un masivo mitin opositor y llamada talibán al boicot
September 14, 2009
Kabul, 17 ago 2009.- Miles de afganos marcharon hoy hasta el estadio de Kabul para dar su apoyo al principal candidato opositor, Abdulá Abdulá, en el último día de la campaña para las elecciones presidenciales de Afganistán, en el que los talibanes reiteraron su llamada al boicot.
Las elecciones, en las que parte como favorito el actual presidente, Hamid Karzai, tendrán lugar el próximo día 20 en un clima de completa incertidumbre por las amenazas de los insurgentes talibanes, que las calificaron de “propaganda” norteamericana en un comunicado colgado en Internet.
Los talibanes negaron que hayan alcanzado pacto alguno para permitir el proceso -las autoridades habían anunciado uno en julio en la occidental Bagdhis- y aseguraron que “la mayoría de Afganistán” está bajo control suyo, por lo que “no hay posibilidad de celebrar elecciones”, dijeron, “salvo en unas pocas ciudades y centros provinciales”.
Pese a la amenaza integrista, miles de personas con gorras y banderas celestes acudieron hoy al estadio de la ciudad para arropar a Abdulá, un odontólogo y ex ministro de Exteriores al que las encuestas sitúan como principal rival de Karzai.
El propio candidato llegó hasta el estrado entre empellones y arrastrado por una horda de seguidores que su guardia privada -un grupo de tayikos armados con “kalashnikov”- apenas pudo contener, hasta el punto de que varias personas sufrieron contusiones.
En el estadio, los seguidores de Abdulá proferían gritos de apoyo para su candidato, un antiguo lugarteniente de Ahmed Shah Masud -el líder de la Alianza del Norte asesinado por integristas en 2001-, cuyas fotografías dominaban el estadio.
“Todo el mundo en Afganistán quiere un cambio y estamos seguros de que ganaremos”, dijo a Efe un portavoz de la campaña, mientras un helicóptero blanco arrojaba panfletos sobre el estadio para delicia de los asistentes, con un mensaje a favor del cambio.
La última encuesta conocida, publicada por el instituto estadounidense IRI, otorga a Abdulá un 26 por ciento de los votos, por detrás del 44 por ciento adjudicado a Karzai, resultado que llevaría a los dos candidatos a una segunda vuelta.
“Ayudaré a la juventud, todos debéis apoyarme para el desarrollo nacional de Afganistán. Ayudadme a ganar y yo os ayudaré”, se desgañitaba el candidato ante los micrófonos mientras la multitud coreaba su nombre y llamaba “inútil” a Karzai.
Según los expertos, el voto de Abdulá, de padre pastún y madre tayika, procederá sobre todo de los miembros de esta última etnia, la segunda del país y masiva hoy en el estadio de Kabul, el lugar que usaban los talibanes para ajusticiar a los reos.
Las elecciones presidenciales están marcadas precisamente por la amenaza de boicot de los talibanes y sus intentos por desbaratar el proceso con acciones, como el atentado del sábado ante el cuartel general de la ISAF en Afganistán, que causó siete muertos.
Aunque el Gobierno ha prometido movilizar todos sus recursos para proteger los comicios, el ministro afgano de Interior, Mohamed Hanif Atmar, reconoció a Efe este domingo que sus fuerzas no serán capaces de garantizar la seguridad al cien por cien.
En su carrera por proclamarse vencedor sin necesidad de segunda vuelta -para lo que necesita más del 50 por ciento de los votos-, Karzai dedicó el día de hoy a descansar y su equipo anunció la retirada de cuatro candidatos que darán su apoyo al presidente.
“Nos reunimos con él y vimos que está comprometido con la democracia y el desarrollo de Afganistán”, dijo a Efe uno de ellos, el doctor Nasín Anís, quien negó haber negociado un puesto en un hipotético futuro Gobierno de Karzai.
El presidente, pastún, ha sumado hasta ahora una decena de apoyos de candidatos y apuesta por sumar votos de las distintas etnias afganas, aunque sus rivales le acusan de haberse entregado para ello a los caudillos regionales y antiguos “señores de la guerra”.
“Viendo el tipo de participación política y nacional que hemos creado y el hecho de que una decena de candidatos nos apoye, las cosas han funcionado bien”, explicó a Efe el portavoz de la campaña de Karzai, Waheed Omar.
Abdulá visitó hoy por la tarde distintas provincias, como también hicieron los aspirantes Ashraf Ghaní y Ramazan Bashardost, este último un excéntrico candidato que ha dirigido su actividad desde una tienda de campaña en Kabul y se ha aupado hasta la tercera posición en estimación de voto.
Karzai apoya tropas extranjeras en única participación en debate televisado
September 14, 2009
Kabul, 16 ago 2009.- El presidente afgano, Hamid Karzai, aseguró hoy que garantizará la presencia de tropas extranjeras en Afganistán mientras el país no esté preparado para afrontar su seguridad, durante su única participación en un debate televisado con motivo de los comicios presidenciales.
La campaña electoral terminará mañana, pero hasta ahora Karzai -principal favorito según las encuestas-, se había negado a acudir a los estudios del canal estatal RTA para comparar sus ideas con las de sus principales rivales.
“Necesitamos a las tropas extranjeras hasta que el país sea autosuficiente”, aseguró Karzai, quien repasó los logros de su gobierno en estos años y se esforzó por mostrar que posee una idea a largo plazo para Afganistán.
En el país hay en la actualidad unos 100.000 soldados foráneos procedentes de una cuarentena de países, pero a pesar de los sucesivos incrementos de soldados ordenados en los últimos meses por distintos gobiernos la actividad talibán se ha incrementado.
Hoy mismo, el secretario general de la OTAN, Andreas Fogh Rasmussen, calificó de “vital” la misión que la Alianza desempeña en Afganistán, donde la alerta es máxima tras el atentado registrado el sábado en el cuartel general de la organización en Kabul.
Pese al deterioro de la situación de seguridad, gran parte del debate estuvo sin embargo centrado en las propuestas de mejora económico y soluciones para el subdesarrollo que sufre Afganistán, golpeado por casi tres décadas de guerra.
En el estrado acompañaron a Karzai dos de sus más importantes rivales, Ashraf Ghaní y Ramazan Bashardost, quien se ha aupado -según la última encuesta conocida- al tercer puesto en las preferencias de los votantes por su percibida cercanía con el pueblo afgano.
“Creo que lo he hecho muy bien, pero no he ganado yo, sino la gente. Me votarán porque estoy solo, pero soy limpio y honesto”, valoró a Efe Bashardost su papel televisivo minutos después del debate.
El candidato ha hecho campaña desde una tienda emplazada en Kabul, y su mensaje populista de apoyo a los pobres -dejó de beber Coca Cola porque decía que no todo el mundo podía pagarla- ha calado entre los votantes, según los analistas.
El debate, emitido por el canal estatal afgano, consistió en dos ronda de preguntas partidas por un rezo islámico y realizadas por un periodista local, a las que los tres candidatos contestaban de uno en uno y sin intercambiar opiniones entre sí.
Tanto Ghaní como Bashardost -ambos antiguos ministros de Karzai- atacaron al actual presidente durante el debate, con menciones a las supuestas ineficacia y corrupción de su Gobierno, aunque el presidente se defendió con la mirada puesta en el próximo mandato.
“Al inicio de mi Gobierno los ingresos por persona eran de 170 dólares. Ahora son de 490 y seguirán subiendo. Tengo completa confianza en el mercado libre, y en Afganistán hay un mercado libre”, dijo Karzai.
Sin embargo, la gran sorpresa del debate fue la ausencia del máximo rival de Karzai según las encuestas, Abdulá Abdulá, quien, dijo el presentador, rechazó días atrás las condiciones de la comparecencia, sin que su portavoz quisiera comentar a Efe la razón.
La última encuesta conocida, publicada por el Instituto Republicano Internacional, vaticina un 44 por ciento de los votos para Hamid Karzai, seis puntos por debajo de la mayoría necesaria para proclamarse vencedor en la primera vuelta.
El sondeo, divulgado el 14 de agosto, da un 26 por ciento de los votos a Abdulá y 10 por ciento al diputado Bashardost, pero sólo los dos candidatos más votados pasarán a la segunda vuelta si ninguno logra más de la mitad de los sufragios.
Con su participación hoy en el debate, los políticos afganos agotaron una de sus últimas oportunidades para presentarse a la opinión pública, ya que la campaña electoral terminará oficialmente en la medianoche del lunes al martes.
Las votaciones tendrán lugar el próximo día 20 de agosto y para garantizar la seguridad de los colegios el Gobierno prometió hoy poner sobre la mesa todos sus recursos, tras reconocer que los talibanes llevarán a cabo una masiva campaña de intimidación.
Gobierno asume que talibanes practicarán intimidación masiva en los comicios
September 14, 2009
Kabul, 16 ago 2009.- Las autoridades afganas anunciaron hoy que sus fuerzas observarán un alto el fuego el 20 de agosto, día de los comicios presidenciales, y reconocieron a Efe que prevén una campaña insurgente de “intimidación masiva” con vistas a los comicios.
El ministro afgano de Defensa, Abdul Rahim Wardak, su colega de Interior, Mohammad Hanif Atmar, y el jefe de los servicios secretos afganos, Amrullah Saleh, protagonizaron una rueda de prensa para calmar los ánimos un día después del atentado talibán que causó siete muertos ante el cuartel general de la ISAF de Kabul.
“Decir que habrá completa paz sería difícil, pero debemos estar preparados para cada eventualidad”, admitió a Efe tras la conferencia el ministro de Defensa, quien prometió “trabajar duro” para asegurar el proceso.
Warzak anunció a los medios que las autoridades afganas establecerán una triple red de seguridad, compuesta por la Policía, el Ejército afgano y la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) para el día de las elecciones.
Según dijo a Efe el ministro, las tropas afganas se abstendrán además de desarrollar operaciones ofensivas el día de las elecciones, aunque responderán cualquier posible ataque de los talibanes, que han llamado a la población a boicotear el proceso.
La comisión electoral ha dispuesto 6.500 centros electorales, 400 más que en el año 2004, pero existe el temor de que los insurgentes, presentes sobre todo en el sur y el este del país, perpetren ataques y atentados para impedir la celebración de las elecciones.
La rueda de prensa conjunta se produjo de hecho sólo un día después del atentado suicida perpetrado por un insurgente contra el cuartel general de la ISAF, en pleno corazón de Kabul, que causó la muerte de siete personas y heridas a otras 91.
El titular de Interior, Hanif Atmar, reveló que las fuerzas de seguridad han desbaratado 62 intentos de atentado en los últimos seis meses y garantizó la implicación de la Policía en los comicios hasta donde lleguen sus capacidades.
“Desplegaremos todos nuestros recursos para proteger a nuestra gente -dijo a Efe Atmar-. Pero sabemos con seguridad que los enemigos de Afganistán harán lo mismo para herirlos”.
Atmar reconoció sin embargo que su Gobierno no puede asegurar al cien por ciento la seguridad de las votaciones, en un momento en el que los talibanes han intensificado sus actividades y aumentado su presencia a nuevas partes de Afganistán.
Los insurgentes, embarcados en una campaña de asesinatos y ataques contra los activistas políticos y los candidatos -sobre todo en áreas rurales- han llegado a emitir panfletos amenazando a los ciudadanos que se decidan a emitir su voto el próximo día 20.
“Sabemos -añadió Atmar- de que los talibanes recurrirán a la intimidación masiva, atentados terroristas, bombas suicidas y atacar los convoyes y las personas con material electoral”.
Frente a las previstas acciones insurgentes, el jefe de los servicios afganos de inteligencia (Directorio Nacional de Seguridad) reveló a Efe que su organización está desarrollando tareas para fomentar la participación y movilización de los votantes.
“Estamos acudiendo a los líderes de las tribus para que nos ayuden a movilizar a la gente. La prueba está en que ayer, en Helmand (sur) un candidato logró reunir una multitud en un acto sólo 24 horas después de un atentado suicida”, confió Amrullah Saleh, en referencia a un mítin del actual presidente, Hamid Karzai.
“No se trata necesariamente de que apoyen a un candidato en particular, sino de que aumente la participación”, añadió.
Ni Saleh, ni Wardak ni Atmar pudieron cuantificar en cuántos de los 6.500 centros electorales será imposible garantizar la seguridad, aunque una observadora de la Unión Europea aclaró a Efe que hasta el momento no hay indicios de fraude en la campaña.
Según las encuestas, el actual jefe del Estado, Hamid Karzai, cuenta con una amplia ventaja en estimación de voto sobre sus rivales, aunque con un porcentaje que no llega al 50 por ciento necesario para ser declarado presidente en la primera vuelta.
Un atentado talibán frente al cuartel de la ISAF enturbia la campaña afgana
September 14, 2009
Kabul, 15 ago 2009.- Los talibanes enturbiaron hoy la campaña electoral afgana con un atentado suicida que causó siete muertos frente al cuartel general de la ISAF en Kabul, perpetrado sólo horas después de un ataque con siete proyectiles contra la base militar española de Herat, en el oeste del país.
A las 08.30 de la mañana (04.00 GMT), un estruendo ensordecedor dejó paso a una densa columna de humo blanco procedente del fortificado barrio de Wazir Akbar Khan y visible desde varios puntos de Kabul.
Allí tienen su sede, entre otros edificios, la embajada estadounidense y el cuartel general de la ISAF -la misión de la OTAN en el país-, hasta donde llegó el suicida a bordo de un vehículo que hizo estallar pese a las fuertes medidas de seguridad.
El Ministerio afgano de Defensa confirmó que el atentado causó la muerte de siete personas y heridas a otras 91, la mayoría trabajadores afganos que esperaban a las puertas del cuartel general de la organización para entrar en el recinto.
En un comunicado, la ISAF reconoció que la explosión acabó con las vidas de varios civiles y que también resultaron heridos varios militares extranjeros, pero sin llegar a precisar el número de víctimas.
El atentado fue reivindicado por los talibanes, cuyo portavoz, Zabiullah Mujahid, aseguró a Efe por teléfono desde un lugar no especificado que el objetivo del suicida era atacar la embajada de Estados Unidos y el cuartel general de la ISAF.
“(El ataque) fue ejecutado con un todoterreno cargado con 500 kilogramos de explosivos”, precisó Mujahid, quien dijo haber causado la muerte de 25 personas.
Los canales locales emitieron imágenes de los equipos de bomberos y los servicios de rescate esforzándose por apagar el incendio causado por la explosión, entre los bloques de cemento y barreras de seguridad que protegen la céntrica zona capitalina.
La ciudad de Kabul está sometida a una fuerte vigilancia de patrullas de la ISAF, tropas afganas y la Policía local, que rodean los edificios gubernamentales y controlan el acceso a las vías donde tienen sus sedes las embajadas extranjeras.
Pese a ello, el aeropuerto de Kabul recibió ayer el impacto de dos proyectiles -según el Ejército estadounidense-, después de que otros ocho cohetes cayeran en la ciudad el pasado 4 de agosto, lanzados desde áreas rurales cercanas a la capital.
En el resto de país, pese al despliegue adicional de tropas con motivo de los comicios, los talibanes han incrementado durante las últimas semanas sus ataques y ayer varios cohetes fueron lanzados sobre la Base de Apoyo Avanzado española por segunda vez en una semana.
El Estado Mayor de la Defensa español (EMAD) detalló en Madrid que fueron lanzados entre las 22.35 y las 22.55 horas locales (18.05 y 18.25 GMT) sobre la base, aunque no se produjeron muertos ni heridos.
Afganistán celebrará el próximo día 20 de agosto las elecciones presidenciales y a los consejos provinciales, pero los insurgentes talibanes han pedido a la ciudadanía que boicotee los comicios y han emprendido ataques contra el proceso por todo Afganistán.
Además de amenazar a quienes voten con cortarles los dedos, los insurgentes han protagonizado saqueos de oficinas de candidatos, han asesinado a activistas y han intentado acabar con las vidas de varios importantes políticos afganos.
El pasado jueves, el ex presidente afgano Burhanudín Rabani, partidario del candidato opositor Abdulá Abdulá, salió ileso de una emboscada talibán contra su convoy cuando viajaba por el distrito norteño de Kunduz.
El candidato a vicepresidente Mohamd Qasim Fahim, un antiguo “señor de la guerra” que concurre en la lista del actual jefe de Estado, Hamid Karzai, sufrió otro ataque similar a finales de julio, aunque también resultó ileso.
“Los enemigos de Afganistán, con estos ataques en vísperas de las elecciones, quieren crear temor en el pueblo. Pero deben saber que los afganos conocen la importancia de ir a votar”, dijo hoy Karzai tras el atentado suicida en Kabul en un comunicado oficial.
Su jefe de prensa, Sediq Sediqqi, confirmó a Efe que Karzai mantendrá sus actos de campaña y mantuvo que los talibanes “no lograrán cambiar la voluntad de los ciudadanos” pese a sus esfuerzos por sacudir el proceso electoral.
Hamid Karzai aspira a reeditar mandato con una cómoda ventaja
September 14, 2009
Kabul, 14 ago 2009.- Instalado en una cómoda ventaja sobre sus rivales, el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, aspira a revalidar su mandato en las elecciones del día 20 haciendo bandera del diálogo con los talibanes más moderados y con el país todavía pendiente del desarrollo prometido.
Karzai, de 51 años, ha estado al frente de Afganistán casi desde la caída del régimen talibán, en el año 2001, primero encabezando un Gobierno de transición y ya más tarde elegido presidente por los ciudadanos, en el año 2004.
En los próximos comicios, el actual presidente aspira a obtener la reelección por encima de sus críticos, que le acusan de tolerar la corrupción, apoyarse en los antiguos “señores de la guerra” y ser incapaz de desarrollar las instituciones del Estado.
Hasta ahora, Karzai ha llegado a pactos con los líderes de distintas minorías étnicas, como los “señores de la guerra” Ismail Khan (tayiko) y Rashid Dostum (uzbeko), y ha incorporado a su candidatura al poderoso Mohammed Fahim, un polémico general que ya fue ministro de Defensa en su Gobierno y que ahora quiere ser su vicepresidente.
Con Fahim, Karzai busca asegurarse el apoyo de los tayikos del norte, la segunda etnia más numerosa del país, mientras él mismo intenta apuntalar el voto de los pashtunes en el sur y el este frente al boicot que promueven los insurgentes talibanes.
Su golpe de efecto más importante es precisamente una oferta de diálogo para los talibanes más moderados, con el objetivo de que estos abandonen las armas y se sumen a la construcción de la democracia afgana en un momento de expansión de la insurgencia.
El pacto sería una nueva vuelta de tuerca en la carrera política de este líder pashtún moderado, que durante la ocupación soviética (1979-1989) sirvió como asesor de los muyahidines y que luego apoyó a los talibanes pensando, como muchos, que traerían estabilidad al país.
Las intensas relaciones que estos últimos mantenían con los servicios secretos paquistaníes le llevaron, sin embargo, a distanciarse de los integristas y comenzó a organizar a la oposición en el extranjero desde antes de los atentados del 11-S.
Con la intervención estadounidense en Afganistán, Karzai se decidió a luchar contra los talibanes y protagonizó una épica entrada por el sur del país acompañado por un puñado de seguidores a lomos de varias motocicletas, según cuenta el escritor Ahmed Rashid en su libro “A descent into chaos”.
Y luego, elegido para liderar el Gobierno interino del país, el todavía presidente se las arregló para mantener un precario equilibrio entre las distintas facciones, etnias y tribus del país, todavía fundamentales en el sistema político.
Aunque la política interior ha recibido críticas de los sectores liberales por ser lenta en sus reformas y por la corrupción imperante, la población afgana valora sus angustiadas condenas de las muertes de civiles a manos de las tropas internacionales en el país.
Vituperado por sus opositores, denostado como “alcalde de Kabul” por lo limitado de su control sobre el país, Karzai sigue sin embargo siendo popular entre los afganos a tenor de las dos últimas encuestas conocidas, que le atribuyen un 44 y 45 por ciento, respectivamente, del voto decidido en las elecciones presidenciales.
Con una veintena de puntos de ventaja sobre su más directo perseguidor, Karzai encara el futuro de Afganistán como favorito y a gusto en su papel de “padre de la nación”, como lo califican algunos de sus carteles electorales.
“Si votas hoy a Karzai, Karzai garantiza tu mañana”, promete a los afganos en su eslogan electoral.
Populismo aparte, el verdadero mérito del actual presidente ha sido su maniobra para ocupar el eje de la encrucijada afgana: entre pashtunes y tayikos, entre las tropas extranjeras y la opinión pública, entre talibanes moderados y el pequeño sector liberal.
Dicen de él, quienes lo conocen, que se siente tan cómodo con traje y corbata como con turbante y túnica



















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