Cientos de mujeres afganas apoyan a candidato opositor en un mitin en Kabul

September 14, 2009

Kabul, 12 ago 2009.- Tocadas con celestes burkas, hiyabs o velos de colores, cientos de mujeres afganas se sumaron hoy a la campaña de las elecciones presidenciales del 20 de agosto en Afganistán en un acto de apoyo al candidato opositor Ashraf Ghaní y de reivindicación propia.
“Nos merecemos por fin un gobierno bueno. Votaremos por la seguridad y para traer la paz a Afganistán. Ya estamos cansadas de lucha y guerra”, dijo a Efe entre tímidas sonrisas la estudiante Farishta Baseri, poco antes del comienzo del acto en la capital.
Con las mujeres en los asientos delanteros y algunos hombres -menos- apostados detrás, Ghaní se ciñó a su eslogan electoral, “Nuevo comienzo”, y prometió invertir en las “hijas del país”, que serán, dijo, las “próximas empresarias”.
“El régimen (del presidente, Hamid Karzai) no ha dispuesto ni jueces ni policía para mujeres. Yo sí lo haré, y además les daré propiedades y atención sanitaria”, aseguró Ghaní entre aplausos de sus seguidoras y gritos ocasionales de “Alá es grande”.
El candidato, ex ministro de Finanzas en el Gobierno de Karzai, apareció caminando a pie por el lateral de una gran carpa rosa instalada en el jardín de su casa, a un paso del centro de Kabul pero, como tantos otros edificios, bien amurallada.
De formación intelectual y con experiencia de más de una década en el Banco Mundial, Ghaní estaba considerado como uno de los candidatos con más posibilidades de poner en apuros al candidato Karzai, pero la última encuesta le otorga apenas un 3 por ciento del voto.
Sin embargo, tanto Ghaní como Karzai tienen entre los pastunes su principal cantera de seguidores, de modo que el resultado del primero puede influir en la carrera a la reelección del actual presidente, que aspira a imponerse sin necesidad de segunda vuelta.
Los adversarios de Karzai citan la ineficacia del Gobierno, la corrupción generalizada y su tolerancia hacia los “señores de la guerra” como principales manchas en su labor gestora de estos años, un mensaje que Ghaní, de 60 años, recalcó durante su intervención.
“Mi objetivo es proporcionar un Gobierno honrado. Los afganos votarán a una persona honrada”, mantuvo, tras pedir el apoyo femenino y prometer nuevas oportunidades de trabajo para las mujeres afganas, que sufren una secular discriminación.
Tras años de estricta reclusión bajo el régimen talibán, las mujeres afganas todavía se enfrentan a demoledores desafíos: su tasa de alfabetización ronda apenas el 21 por ciento, y en estas elecciones sólo hay dos mujeres entre los 41 candidatos.
“La participación femenina será baja. En algunas provincias, se han registrado pocas mujeres. Y en otras, el líder tribal venía a recoger la tarjeta de voto para todas ellas, así que el proceso puede quedar adulterado”, dijo a Efe el portavoz de la Fundación afgana para unas Elecciones Libres y Justas (FEFA), Jandar Spinghar.
Las dos mujeres candidatas, dijo Spinghar, no han podido desplazarse a hacer campaña a las áreas rurales debido a la situación de seguridad, que se ha deteriorado en los últimos años, con un incremento de las actividades de los talibanes en grandes zonas del sur y el este.
En los actos de campaña, sin embargo, los candidatos exponen sus ideas para el desarrollo y reconstrucción del país y prometen trabajos y oportunidades como las que reclama Nargis Madadi, una joven estudiante venida a Kabul desde Wardak (este) que quiere ser doctora.
“Hoy en día vivimos algo mejor que con los talibanes, pero no creo que las elecciones cambien las cosas. Yo quiero estudiar medicina, pero la situación actual no me facilita el camino”, cuenta a Efe durante el acto de Ghaní.
Su deseo, dice ella misma entre aplausos, depende en buena parte de que Afganistán retome la senda de la paz tras décadas de destrucción y un conflicto armado que le envenena el futuro.

Los musulmanes de Gujarat miran adelante seis años después de la matanza

February 3, 2009

Ahmedabad (India), 27 feb 2008.- En barrios casi segregados por su religión, los musulmanes de la región india de Gujarat, en el oeste del país, tratan de salir adelante y olvidar las matanzas de hace justo seis años, en las que murieron más de mil personas.
En la pujante y ruidosa ciudad de Ahmedabad, la más importante de la región, apenas quedan huellas de la ola de violencia extremista que asoló Gujarat, salvo unos cuantos muros ennegrecidos y un predominio hindú más claro en áreas donde antes había convivencia.
Pero la procesión va por dentro. “Antes, había barrios de dominación hindú y otros de dominación musulmana. Pero tras los hechos de 2002, ese problema, sin llegar a ser por completo un ‘apartheid’, se ha agravado”, dijo a Efe Somnath Vatsa, un abogado de Ahmedabad que ha defendido a las víctimas de las matanzas.
Estas comenzaron como reacción al incendio -según los extremistas hindúes, provocado por musulmanes- de un tren atestado de peregrinos (“karsevaks”) el 27 de febrero de 2002, un suceso en el que 58 personas perdieron la vida, entre ellas mujeres y niños.
En las horas siguientes, los musulmanes de distintas ciudades sufrieron las acometidas de grupos de radicales hindúes que violaron mujeres, quemaron casas, dañaron mezquitas y mataron a cuantos se pusieron por delante.
Tras aquellos hechos, miles de musulmanes de Gujarat tuvieron que buscar casas de acogida, hasta que sus propias asociaciones de ayuda compraron tierras para edificar nuevos barrios que han consagrado una separación de facto en la región.
Uno de los nuevos barrios es Juhapura, una aglomeración de 300.000 personas y casas recién construidas que ha sido calificada, sin eufemismos, como el mayor gueto musulmán de Gujarat, entre quejas de desatención de sus residentes.
“El país no hizo entonces nada por ellos y hoy la situación sigue siendo preocupante -remata el abogado Vatsa-. Para que haya más interacción entre musulmanes e hindúes el Gobierno debe desarrollar programas públicos”.
Los musulmanes indios, unos 140 millones de personas, componen un 13,4 por ciento de la población, aunque ocupan apenas un 5 por ciento de los puestos públicos en las instituciones oficiales y su acceso a la educación sigue siendo muy deficiente.
Además, los fieles sufren un problema de imagen que data de tiempos de la independencia y la partición del subcontinente en la India y Pakistán (1947), cuando la mayoría de las clases medias musulmanas optaron por pasar a terreno paquistaní.
Los musulmanes que decidieron quedarse en la India pertenecían en su mayoría a los estratos sociales más bajos, de menor formación y con costumbres más atávicas, lo que siguió dificultando su inserción en la nueva sociedad independiente.
Cobardes -según las malas lenguas paquistaníes- y leales a Pakistán -según las indias-, los musulmanes de la India han tenido además que soportar crecientes acusaciones de connivencia con el terrorismo tras la emergencia del discurso fundamentalista y los constantes atentados de los grupos radicales en el subcontinente.
“Los musulmanes estamos sobrepasados… Preferimos una aproximación no violenta, que tenga un impacto en nuestra comunidad. Apenas hay musulmanes en el Gobierno y nuestra solución debe ser la educación. Especialmente para las mujeres”, dijo a Efe el profesor J.S. Bandukwala, cuya casa ardió durante los disturbios de Gujarat.
Estos, la peor masacre de las últimas décadas, pusieron en los labios de muchos analistas las palabras “genocidio” y “pogromo”, debido a la inacción por parte de las fuerzas de seguridad y del Gobierno regional, dirigido entonces y ahora por el conservador Narendra Modi.
La India es un país construido sobre una Constitución secular y una ensalada de religiones y culturas, de ahí que, en palabras del periodista Tarun Tejpal, los hechos de Gujarat no fueron sólo una “vergüenza nacional”, sino “la mayor bofetada en la cara de la idea de India”.
Seis años después de esa “bofetada”, los ciudadanos de la vibrante Ahmedabad transitan, compran, venden y trabajan por las calles mezclados e indistintos, hasta que, al llegar la noche, vuelven a sus barrios convertidos en hindúes y musulmanes.

Los joyeros de Puna, en huelga contra el “burka” por temor a más robos

December 14, 2008

Nueva Delhi, 29 dic 2006.- Miles de joyeros de la ciudad occidental india de Puna cerraron hoy sus tiendas para pedir protección policial ante una ola de robos que les llevó incluso a amenazar con prohibir el acceso a sus tiendas de mujeres vestidas con el “burka” musulmán.
El temor de los joyeros al “burka” no tiene base religiosa ni feminista, sino que radica en el hecho de que, en tres de los atracos más recientes, los ladrones entraron en los establecimientos enfundados en la prenda, que cubre cuerpo y rostro por entero y es, por lo tanto, muy útil para los delincuentes.
Cubriendo su identidad con los “burkas“, los ladrones se llevaron 17.000 euros de tres tiendas en el barrio de Raviwar Peth, que concentra las joyerías de Puna, en la región india de Maharashtra.
Sin embargo, la cantidad total robada es de casi dos millones de euros en los últimos seis meses en las joyerías del área de Puna, una ciudad de aproximadamente 4,5 millones de habitantes que ha registrado ocho robos, según fuentes del sector.
Los joyeros, cansados de la inseguridad, escribieron este miércoles una petición al consejero de Interior de la región, R.R. Patil, para que les permitiera poner una restricción a la entrada de mujeres con “burkas” en sus tiendas, y decidieron cerrar los establecimientos hoy como medida de presión.
Según afirmó a EFE el presidente de la Asociación de Joyeros de la región de Maharashtra, Fatechand Ranka, más de 5.000 comercios en un radio de 150 kilómetros echaron los candados, a la espera de que el Gobierno reaccione ante la cantidad robada.
“No hay problema en permitir el paso a una mujer con velo, pero uno no sabe si es una mujer o un hombre hasta que enseña la cara”, aseguró al periódico “Hindustan Times” el joyero Ravi Aganani.
Aunque el consejero de Interior negó ayer estar al tanto de la controversia, la iniciativa de prohibir los “burkas” atrajo las críticas de la Comisión de Minorías de la región, que la ha calificado como “peligrosa” pues “infringe los derechos de la mujer”.
“Una mujer tiene derecho a vestir lo que ella quiera; debería tener la opción de vestir un ‘burka‘ o unos vaqueros. Pedimos a todas las comunidades que condenen la decisión” de los joyeros, afirmó Nasim Siddiqui, consejero de la Comisión, citado por la agencia IANS.
Sin embargo, los joyeros lo ven de otra manera: “no tenemos ninguna prejuicio religioso -puntualizó Ranka-, pero no hay otra opción para salvaguardar nuestros intereses comerciales”.
Ante la polémica suscitada, los joyeros decidieron hoy retirar su demanda contra la prohibición de los “burkas“, aunque pidieron que, al menos, las mujeres se quiten el velo frente a las cámaras de seguridad de las joyerías, para grabar sus rostros antes de acceder al interior de los establecimientos y prevenir así los robos.
Después haber amenazado con poner en las puertas de las tiendas carteles con la leyenda “burkas no“, los joyeros están dispuestos a negociar para no “herir la sensibilidad de ninguna comunidad”, dijo Ranka, porque no actúan animados por “ningún sentimiento antimusulmán“.
“Sólo queremos proteger nuestra seguridad”, concluyó el joyero, a la salida de una reunión con las autoridades policiales que resultó “satisfactoria”.
Con 138 millones de practicantes, los musulmanes componen la principal minoría religiosa (13,4 por ciento de la población) en la India, un país mayoritariamente hindú.

Las mujeres indias, en ayunas por el bienestar de sus maridos

December 14, 2008

Nueva Delhi, 10 oct 2006.- Las hindúes casadas celebran hoy en la India el festival “Karwa Chauth“, un día de ayuno preceptivo con el que pretenden asegurar, mediante su devoción, una larga vida y bienestar para sus maridos.
Durante todo el día, las mujeres no sólo no pueden comer o tomar líquidos, sino que también tienen prohibido tragar saliva, para evidenciar que están dispuestas a asumir sacrificios por su cónyuge.
“No hay ningún problema en resistir, lo conseguimos gracias al amor y al poder de Dios. Además, las mujeres que ayunan sustituyen el hambre acudiendo al salón de belleza y vistiendo sus mejores brazaletes y joyas”, dice a Efe Gagandeep Kaur.
Los hindúes fundamentan la festividad en la creencia de que actividades como el ayuno o la oración sirven para proteger a terceras personas, en este caso los esposos indios, así que posiblemente habrá quien ayune con placer.
Antes del amanecer, las mujeres se levantan y comen dulces y alimentos tradicionales, según una dieta estrictamente vegetariana, además de beber todo el líquido posible, como ocurre durante el Ramadán musulmán, que también se celebra estos días.
Aprovechando el “Karwa Chauth“, las esposas indias se dedican a ir de tiendas y dibujarse las manos con “henna” o “mehndi” (en español, alheña), una sustancia anaranjada que sirve para tatuar las partes más superficiales de la piel con carácter temporal.
Se trata de ocupar el tiempo como pueden para no pensar en comer, de ahí que, por ejemplo, los mercados de joyas estén a rebosar en días como hoy.
Cuenta Gagandeep Kaur que, justo antes del ocaso del sol, las mujeres que ayunan “se sientan en corro para escuchar la lectura de la historia a la que se refiere el festival, de labios de una sacerdotisa brahmanica”.
La leyenda del “Karwa Chauth” cuenta la historia de la reina Veeravati, a la que un hermano induce a comer en un día de ayuno mediante engaño, lo que causa la muerte de su marido, el rey.
Desconsolada, la reina encuentra a los dioses Shiva y Parvati y les ruega que revivan a su esposo, merced que éstos le conceden bajo promesa de guardar el ayuno del “Karwa Chauth” con condiciones estrictas.
Tras escuchar la historia, mujeres como Gagandeep Kaur van a casa y se visten con sus mejores joyas y el sari más vistoso para esperar la llegada de su marido y contemplar junto a él, tapadas por una redecilla que impida ver sus rostros, la salida de la luna.
Una vez que esto ocurra, las mujeres deben mirar alternativamente al cielo y a su esposo como símbolo de devoción y deseo de fortuna, buena salud y longevidad, a la par que los maridos dan de comer y beber a sus esposas con sus propias manos.
La ceremonia termina cuando ellas tocan los pies de sus cónyuges para mostrarles su amor.
El “Karwa Chauth“, popular sobre todo en el norte de la India, se celebra en el período en que tienen lugar la mayoría de las festividades en este país, cuando el clima comienza a ser más soportable.
Como sucede durante la Navidad cristiana, los hindúes aprovechan estas fiestas para visitar a sus familiares, intercambiar regalos y consumir dulces.
En realidad, el “Karwa Chauth” viene a ser la antesala de la fiesta más emblemática de la India, el “Diwali“, que conmemora el regreso del dios Rama tras su victoria sobre el diablo Rávana y que llena el país de luces.

Orientalismo

August 22, 2008

El término “orientalismo” se refiere a la imitación o la muestra de aspectos de las culturas del este en Occidente por parte de escritores, diseñadores y artistas, aunque también hace referencia a la actitud empática hacia la región por un escritor o cualquier otra persona. Un “orientalista” puede ser, además, la persona que se ocupa académicamente de los Estudios Orientales.

El significado del término adquirió un giro con la controvertida obra de Edward Said del mismo nombre, publicada en el año 1978. Said usa el término para describir una doble tradición, artística y académica, de visiones hostiles y despectivas del Este por parte del oeste, en parte influidas por la era del imperialismo europeo de los siglos XVIII y XIX. Usado con este sentido, el “orientalismo” engloba interpretaciones de la cultura oriental marcadas por prejuicios. Said criticó esta tradición académica, personalizada en autores como Bernard Lewis. En contraste, el término también ha sido usado por otros estudiosos para referirse a escritores de la edad imperialista con actitudes favorables a la cultura oriental.

Significado del témino. Orientalismo proviene de la palabra latina “oriens” (naciente) y también del griego he’oros’ (la dirección del sol naciente). Oriente es el opuesto a Occidente, cuestión no baladí en el viejo orden del mundo conocido: Europa era considerada Occidente, y el extremo más al este conocido del mundo era Oriente. De ahí que la concepción de Oriente, con su barniz eurocéntrico, haya cambiado con el tiempo: para el imperio romano “Oriente” se refería al actual Oriente Próximo. No se conocían entonces las culturas florecientes del Extremo Oriente, del mismo modo que en el extremo Oriente se desconocía Europa.

Con el tiempo, el significado de “Oriente” fue trasladándose al este, a medida que los exploradores occidentales alcanzaban nuevos límites. Los “magos” bíblicos de “Oriente” procedían del “Este”, con el significado probable de Arabia o el Imperio Persa. Europa, sin embargo, adquirió consciencia de ese más allá del este, hasta alcanzar las costas del Pacífico, cuyo espacio fue denominado el Lejano Oriente. En Occidente, esos cambios de significado en el tiempo añaden confusión (histórica y geográfica) a los estudios orientales.

Quedan sin embargo campos donde “Oriente” y lo “oriental” denotan definiciones ya anticuadas. Las “especias orientales” provienen de regiones entre Oriente Próximo y la Indochina. Los viajes en el “Orient Express” apenas llegan a Estambul, en la ladera este de Europa.

En español, “oriental” es un término referido a los pueblos, culturas y dioses de las áreas del este y sureste de Asia pobladas por razas mongoloides.

Las artes. Imitación del estilo oriental. Una de las acepciones del orientalismo es la adopción de motivos, estilos y argumentos en el arte, la arquitectura y el diseño. La “turquerie”, como se denominaba aquella vieja moda, comenzó en el siglo XV y llegó hasta el XVIII.

El uso temprano de motivos tomados del subcontinente indio ha sido en ocasiones denominado el “estilo hindú”. De esta corriente existen abundantes ejemplos en el Reino Unido, principal actor del imperialismo en la zona, como Guildhall o la casa Sezincote, pero también en Postdam, Stuttgart o Toronto.

El término “chinoiserie”, del francés, engloba la moda por los motivos chinos en la decoración del arte occidental, en olas sucesivas desde el siglo XVII, con especial presencia durante el período Rococó. Ya desde el Renacimiento, los diseñadores europeos intentaban imitar la sofisticación técnica de las cerámicas chinas, con éxito modesto. La “chinoiserie” (chinería) aparece con más fuerza en los países con activas Compañías de Indias Orientales, como el Reino Unido, Dinamarca, Holanda o Francia. En el imaginario europeo tenía una especial importancia la porcelana china, imitada en la ciudad holandesa de Delft o la alemana de Meissen.

Con sabor chino aparecieron jardines y áreas de recreo en los palacios alemanes del Rococó y en los azulejos del palacio de Aranjuez, en Madrid. Mesas para el té y tocadores chinos, sobrias imágenes de los muebles Xing comienzan a poblar los salones más nobles de Europa. Aparecen pequeñas pagodas en las chimeneas y otras más grandes en los parques.

Para el arte inspirado en Japón, la fecha clave es el año 1860, con la llegada de las impresiones xilográficas japonesas y su influencia sobre artistas como Monet o McNeill Whistler.

Representación de oriente en el arte y la literatura. La representación de los “moros” o los “turcos” comienza en el Medioevo y continúa durante el Renacimiento y el Barroco. Los primeros esbozos del orientalismo en el arte occidental aparecen en escenas bíblicas de la primera pintura holandesa, donde algunas figuras secundarias, como romanos o judíos, están vestidos con exóticos trajes que incluyen turbantes y otras prendas del cercano este coetáneo. La Venecia renacentista muestra un particular interés por el Imperio Otomano en pintura, con Gentille Bellini y Vittore Carpaccio a la cabeza. Por entonces, las representaciones eran ya más precisas; y los hombres vestían ya de blanco.

En el siglo XIX, aumentan las escenas orientales. En muchos de los trabajos se repite el mito de un Oriente exótico y decadente, dominado por la corrupción. Son obras centradas en las culturas islámicas del Oriente Próximo. Artistas como Delacroix, Gérôme o Roubtzoff reflejaron el Islam en sus pinturas, a menudo recogiendo odaliscas. Ingres, director de la Academia francesa de Pintura, pintó un baño turco en el que generalizó el erotismo oriental y lo hizo socialmente aceptable a los ojos de Francia. Aunque todos los cuerpos correspondían probablemente a la misma modelo, de haber titulado la obra “Un burdel de París”, esta hubiera resultado polémica. La sensualidad se consideraba así parte integrante de Oriente, y esa visión persistía a comienzos del siglo XX, como puede verse en los desnudos de Matisse. En esas obras, el “oriente” es a menudo un espejo de la propia cultura occidental, incluso como manera para expresar sus caras ocultas o ilegales.

El uso de Oriente como fondo exótico pasó también al mundo del cine, particularmente en algunos éxitos de Rodolfo Valentino. Más tarde, el rico árabe se convirtió en un recurso popular, especialmente durante la crisis del petróleo de los años 70. En los noventa, esa imagen dio paso a otra más negativa: la del terrorista, villano común en las películas occidentales.

Edward Said, “Orientalismo”. Una idea central de Edward Said es que el conocimiento occidental sobre Oriente no se edifica sobre hechos, sino sobre constructos imaginados que ven las sociedades orientales como fundamentalmente similares con características cruciales compartidas y diferentes a las de Occidente. Hay así un conocimiento apriorístico que establece un Oriente opuesto a Occidente. El conocimiento de Oriente se construye con textos literarios y datos históricos que a menudo tienen una comprensión limitada de los hechos de Oriente Medio.

Antes del libro de Said, “Oriental” se usaba por oposición a “Occidental”. Las comparaciones entre ambas entidades eran a menudo desfavorables para Oriente, si bien el término era usado por instituciones respetables. Pero la palabra “Oriente” cayó en disputa con el nacimiento del término “orientalismo”. Siguiendo ideas de Michel Foucault, Said puso énfasis en la relación entre el poder y el conocimiento en materia del pensamiento –tanto académico como popular-, sobre todo con la visión europea del mundo islámico. Para Said, Oriente y Occidente actuaban como dos caras de la moneda, en la que Oriente no era más que un complemento negativo de la cultura occidental. El trabajo de otro pensador, Antonio Gramsci, también influyó en la percepción de Said. En particular, Said utilizó el concepto de hegemonía para analizar la omnipresencia de los constructos orientalistas y sus representaciones entre los académicos occidentales.

Said limitó su discusión académica al estudio de Oriente Medio y la cultura y la historia de África y Asia, pero también aseguró que el orientalismo supone una dimensión significativa de la moderna cultura política e intelectual. Su perspectiva parte de finales del siglo XIX, cuando los departamentos del área habían abandonado el paradigma colonial. Aun así, ese paradigma continuó en trabajos como el de Bernard Lewis en fechas tan tardías como 1977. La idea de un Oriente es clave para poder definir un Occidente. Por eso, el estudio de las guerras greco-persas inciden en la comparación entre la tradición democrática de Atenas y el sistema autoritario del Imperio Persa, pero como manera de extrapolarlo a una comparación más general entre griegos y persas y también entre el Este y el Oeste, entre Europa y Asia, sin hacer referencia a las muchas ciudades griegas que también eran regidas por regímenes autoritarios.

Said intenta desentrañar las relaciones de poder colonizador – colonizado latentes en los textos de los escritores y académicos europeos. Su trabajo tiene implicaciones más allá del Oriente Medio, en particular sobre las actitudes respecto a China o la India. “Orientalismo” es uno de los textos fundacionales de los estudios poscoloniales. Más tarde, Said desarrolló y modificó sus ideas en el libro de 1993 “Cultura e Imperialismo”.

Muchos estudiosos usan ahora el trabajo de Said para intentar paliar las bases ideológicas occidentales, a menudo dadas por supuestas sin discusión crítica. Hay quien ha llegado a mantener que la idea que Occidente tiene de sí mismo fue construida a partir de la diferencia con los otros. Si Europa salió de la cristianidad como la no-Bizancio, la Europa moderna de finales de finales del XVI se definió a sí misma como la “no-Turquía”.

Said expone algunas definiciones de “orientalismo” en la introducción a su obra. Algunas han sido más influyentes que otras.

  • “una forma de acercarse a Oriente basada en el lugar especial que Oriente ocupa en la experiencia europea occidental.
  • “un estilo de pensamiento basado en la distinción ontológica o epistemológica hecha entre “Oriente” y “Occidente”.
  • “un estilo occidental para dominar, reestructurar y mostrar su autoridad sobre Oriente”.
  • “el orientalismo es particularmente valioso como signo del poder atlántico-europeo sobre oriente más que como discurso verídico de Oriente”.
  • “una distribución de conciencia geopolítica en los textos estéticos, académicos, económico, sociológicos, históricos y filológicos.

En su prefacio a la edición de 2003,  Said realizó una advertencia contra las “rúbricas falsamente unificadoras que inventan identidades colectivas”, con términos como América, el Oeste y el Islam, “que conducen hacia lo que considera un “choque de civilizaciones” prefabricado.

Posiciones contrarias a Said. Los críticos de la teoría de Said, como el historiador Bernard Lewis, argumentan que su repaso contiene errores conceptuales, metodológicos y de hechos. Said ignora muchas contribuciones genuinas al estudio de las culturas orientales realizadas por occidentales durante la Ilustración y la era Victoriana. La teoría de Said no explica por qué los franceses y los ingleses estudiaron el Islam en los siglos XVI y XVII, mucho antes de que controlaran Oriente Medio. Y se le critica por haber soslayado las contribuciones de estudiosos italianos, holandeses y, sobre todo, alemanes. Para Lewis, los intelectuales de estos países son más importantes en el orientalismo europeo que los franceses o los ingleses, a pesar de la desconexión entre los estudios y su presencia colonial. Y la teoría de Said, dice Lewis, no explica por qué los estudios orientalistas no lograron avanzar las causas del imperialismo.

“¿A qué propósito imperial servía el desciframiento del egipcio antiguo, por ejemplo, y la restauración del conocimiento y orgullo egipcios por su pasado anciano y olvidado?” (B. Lewis).

Lewis argumentó que el orientalismo nace del humanismo. Una ideología distinta del imperialismo, y a veces opuesta a él. El estudio orientalista del Islam nace del rechazo del dogma religioso, y sirvió para espolear el conocimiento de culturas alternativas. Lewis califica de “proteccionismo intelectual” el argumento de que sólo aquellos más allá de una cultura pueden discutir sus componentes con utilidad.

Said responde a Lewis diciendo que los argumentos de este deben ser situados en su propio contexto. Uno de los principales argumentos de Said es que el orientalismo fue usado como instrumento del Imperio, y el autor asegura que la crítica de Lewis no es desinteresada, sino que parte de las posiciones neo-imperialistas de Lewis, a veces enmascaradas.

Lewis está alineado con escuelas de pensamiento que promueven visiones neocon para la política de Estados Unidos en Oriente Medio. La mayoría de los intelectuales se alinean con Said, lo cual es criticado por los partidarios de Lewis como un prejuicio que ha llevado a un recorte de fondos en esos departamentos académicos. La página web www.campuswatch.org, por ejemplo, anima a los estudiantes a informar de los prejuicios de sus docentes.

Bryan Turner critica el trabajo de Said diciendo que hay múltiples formas y tradiciones del orientalismo. Por eso critica los intentos de Said de situarlas todas bajo la misma luz. Otros críticos puntualizan que, a pesar de las fantasías y las distorsiones, la noción de “Oriente” como espejo negativo de Occidente no es general porque la visión cambia según las diferentes culturas. En cualquier caso, es una necesidad lógica el hecho de que otras culturas sean identificadas como “diferentes”. Y no falta quien mantiene que Said critica el “esencialismo” de los orientalistas al categorizar Oriente, pero cae él mismo en el estereotipo de las características de Occidente.

El oeste visto desde el este. Como contraste, muchos de los conceptos despectivos asociados con el “Orientalismo” occidental se resumen –pero con una dirección inversa- en el epílogo del “Capítulo de las Regiones Occidentales” del Hou Hanshu. Esta es la historia oficial de la dinastía Han (años 25-221). El libro es compilado por Fan Ye (muerto en el año 445) y expresa sucintamente la opinión Han de la cultura “occidental” Hu, en el actual oeste de China.

Los occidentales Hu están lejos

Viven en una zona exterior.

Los productos de su país son preciosos

Pero su carácter es corrupto y frívolo.

No siguen los ritos de China

Han tiene los libros canónicos.

No obedecen el camino de los dioses.

¡Qué lamentable!

¡Qué obstinado!

Aunque esta cita se refiere al oeste de China, no faltan las representaciones estereotipadas de los occidentales en trabajos de los artistas indios, japoneses y chinos. Pero, como contraste, algunos artistas orientales adoptaron estilos de occidente. El pintor indio Ravi Varma pintó obras indistinguibles de algunas imágenes orientalistas occidentales. A finales del siglo XX, muchos motivos culturales occidentales e imágenes comenzaron a aparecer en la cultura y el arte asiáticos, sobre todo en Japón. Las frases y palabras inglesas ocupan un lugar prominente en la cultura popular y la publicidad de Japón. Muchos caracteres, temas y figuras mitológicas del “anime” japonés se derivan de variadas tradiciones culturales occidentales.

Recientemente, el término “Occidentalismo” ha sido acuñado para referirse a la visión negativa de Occidente presente en ocasiones en las actuales sociedades orientales.