Se cumplen, entre la devoción y el rencor, 25 años del asesinato de Indira Gandhi

November 5, 2009

Nueva Delhi, 31 oct 2009.- La devoción y el rencor se mezclan en el recuerdo de Indira Gandhi a los 25 años de su asesinato, conmemorado hoy con respeto por cientos de millones de indios pero no por la minoría sij, que le recrimina aún el ataque a su templo sagrado.
En los últimos días se han multiplicado las referencias, los especiales de televisión y las muestras de cariño que le dedican sus herederos -su nuera Sonia Gandhi y sus nietos, Rahul y Priyanka-, quienes mantienen el control del gubernamental Partido del Congreso.
“En esta ocasión sombría, debemos recordar y reflejarnos en su simple y austera forma de vivir y conducirse. Sigamos guiados por ella”, pidió la italiana Sonia, hoy líder del partido, en el último número de la revista interna de la formación.
El 31 de octubre de 1984, Indira Gandhi, por entonces primera ministra, fue tiroteada por dos de sus guardaespaldas sijs cuando salía de casa camino de una entrevista con el actor británico Peter Ustinov.
Indira pagó así haber ordenado el asalto a sangre y fuego en junio anterior del Templo Dorado de Amritsar, donde se habían atrincherado radicales armados, en una operación que causó cientos de muertos.
El magnicidio desencadenó gravísimos disturbios y una matanza callejera de sijs en Delhi que se cobró la vida de 3.000 personas, unos hechos que las organizaciones sijs más radicales recordarán el 3 de noviembre con una huelga.
“Al atacar el Templo Dorado, Indira escribió la historia negra de los sijs. Su asesinato no fue sino una reacción emocional, pero ahora los sijs hemos pasado página”, aseguró a Efe Darmegh Singh, secretario de la organización que controla los templos de esta fe, el SGPC.
A diferencia de los sijs, millones de indios valoran todavía el legado político de Indira Gandhi y citan como su mayores logros el haber partido Pakistán en dos con la creación de Bangladesh en 1971 -el Ejército indio ayudó a los bangladeshíes en esa guerra- y las primeras pruebas atómicas indias, desarrolladas tres años después.
Pero sus detractores critican su autoritarismo y, sobre todo, el haber estado detrás del episodio más negro desde la independencia india: la declaración de un estado de excepción, en 1975, que llevó a miles de opositores a la cárcel e impuso la censura en los medios.
Indira justificó la medida por la tensión política y social que sufría el país, pero la mayoría de los historiadores coinciden en que sólo pretendía desbaratar un proceso judicial por irregularidades electorales que la habría apartado del poder.
La primera ministra revocó el estado de excepción un año y medio después, y aunque los ciudadanos la castigaron con una derrota en las urnas, volvió al poder en los comicios de 1980, meses antes de la muerte en accidente de su hijo menor y delfín político, Sanjay.
“Ella era mi ídolo en aquellos momentos -dijo hace unos meses su nieta Priyanka, hija del también asesinado Rajiv Gandhi-. Supongo que la gente la recuerda como una persona dura, pero para sus nietos era la mejor abuela y la más dulce”.
Indira buceó en las políticas de su padre, Jawaharlal Nehru: se alineó con la Unión Soviética -el presidente de EEUU Richard Nixon se refirió a ella como una “bruja“- y trató de desarrollar la industria y acabar con la pobreza endémica de la India.
Pero lejos del estilo de su padre, Indira inauguró la era del populismo político: nacionalizó la banca, se rodeó de fieles -no necesariamente capaces- y gobernó a golpe de eslóganes como “Acabemos con la pobreza” o el famoso “India es Indira” que coreaban sus partidarios.
Todavía hoy da sus frutos aquella manera de entender la política, si se toma como referente de popularidad el memorial capitalino establecido en su casa, donde los visitantes pueden ver fotografías familiares o el sari marrón que llevaba cuando murió.
Cada mañana, la vivienda de Indira, adyacente a su oficina, se llena de miles de modestos gujaratíes, bengalíes de cara acolchada e indios sureños de piel oscura que vienen a Delhi tras días de autobús y se detienen en primer lugar ante la placa en el punto donde fue tiroteada.
El texto de la placa es suyo: “Si muero violentamente, como algunos temen y unos pocos planean, sé que la violencia estará en el pensamiento y la acción del asesino, no en mi muerte, porque no hay odio tan oscuro que eclipse el amor por mi gente y mi país”.

El río Ganges

September 30, 2009

GangesDe todos los ríos del subcontinente indio, el Ganges, por cultura y tradición, es el más significativo. Fluye por las llanuras gangáticas del norte de la India hacia Bangladesh, desde su nacimiento en los Himalayas occidentales, en la región política india de Uttarakhand. Culmina un largo viaje de 2.510 kilómetros hasta llegar al delta de Sundarbans, en la bahía de Bengala. Durante mucho tiempo ha sido considerado un río sagrado por los hindúes, y ha sido objeto de culto, entendido como una encarnación de la diosa Ganga. También ha sido importante históricamente: muchas antiguas capitales provinciales o imperiales (como Pataliputra, Kannauj, Kara, Allahabad, Murshidabad o Calcuta) fueron edificadas en sus bancos. El Ganges y sus ríos afluentes riegan una cuenca de un millón de kilómetros cuadrados que sirve como base alimenticia a millones de personas, con una de las mayores densidades de población del mundo.

Los significados simbólicos del río para el subcontinente indio fueron referenciados en el año 1946 por el padre de la independencia india, Jawaharlal Nehru, en su Discovery of India.

“El Ganges es sobre todo el río de la India, el que ha mantenido cautivo el corazón de la India y atraído a incontables millones a sus bancos desde el amanecer de la historia. La historia del Ganges, desde su fuente al mar, desde los viejos tiempos a los nuevos, es la historia de la civilización y la cultura de la India, del auge y caída de imperios, de magníficas y orgullosas ciudades, de aventuras del hombre…”

Actualmente, la contaminación extrema que sufre el río afecta a unos 400 millones de personas que viven en las proximidades.

mapadelaindiaCurso. La fuente del Ganges está en los Himalayas, en la zona geográfica del pequeño estado de Uttarakhand, en el norte de la India. Está formado a su inicio por muchas corrientes y confluencias de fuentes, aunque los riachuelos más importantes son el Alaknanda, el Nandakini, el Pindar, el Mandakini y el Bhagirathi. Este último es la verdadera fuente: nace a los pies del glaciar Gangotri, a una altura de 3.892 metros.

Tras fluir 200 kilómetros por estrechos valles del Himalaya, el Ganges desemboca en la llanura gangática a la altura de la ciudad de peregrinación de Haridwar. Allí, un pantano desvía parte de sus aguas al canal del Ganges, que irriga la región del Doab, en el estado indio de Uttar Pradesh. El Ganges, que hasta ese momento viaja hacia el suroeste, da un giro y se dirige rumbo sureste, por las llanuras del norte de la India.

Traza una curva de 800 kilómetros y visita la ciudad de Kanpur antes de unirse con el río Yamuna, a la altura de la ciudad de Allahabad. Este punto es conocido como el Sangam de Allahabad. El Sangam es un lugar sagrado en el Hinduismo. De acuerdo con textos hindúes antiguos, un tercer río, el Sarasvati, se unía en este punto con los otros dos.

A partir de Allahabad, varios importantes ríos corren al encuentro del Ganges -el Kosi, el Son, el Gandaki o el Ghaghra- con lo que se forma una corriente formidable entre aquella ciudad y Malda, ya en Bengala. Entre ambas se encuentra la ciudad de Benarés. Ya cerca de Bengala Oriental (Bangladesh), la India levantó en 1974 el pantano de Farakka, que controla el flujo del río.

La entrada del río en Bangladesh marca una maraña de relaciones con algunos grandes ríos, como el Jamuna o el Meghna, los dos mayores afluentes del Brahmaputra. El Ganges se desparrama en un gran delta de 350 kilómetros de ancho, y muere finalmente en la Bahía de Bengala. Sólo dos ríos, el Amazonas y el Congo, transportan un flujo acuático mayor que el sistema de los ríos Ganges, Brahmaputra y Surma-Meghna.

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Significado religioso. Situada en los bancos del río Ganges, la ciudad de Varanasi está considerada por algunos como la más sagrada del hinduismo y hay quien esparce en sus aguas las cenizas de los seres queridos muertos. El Ganges es mencionado por el Rig Veda, la más temprana de las escrituras hindúes. Aparece en el Nadistuti sukta (Rig Veda 10.75), que lista los ríos desde el este al oeste. Hay otra referencia a la palabra “Ganga” (RV 6.45.31) en el texto, pero no está claro si se refiere al río.

De acuerdo con la religión hindú, el famoso rey Bhagiratha llevó a cabo constantes períodos de sacrificio durante muchos años para lograr que el río Ganges -entonces en el cielo- bajara a la tierra, y con ello diera salvación a sus antepasados, afectados por una maldición. Ganga bajó a la tierra utilizando el moño de Shiva, para hacer que la tierra se volviera fértil y pía, y sin pecados humanos. Para los hindúes de la India, el Ganges es más que un río: es una madre, una diosa, una tradición, una cultura.

Algunos hindúes creen además que la vida está incompleta si no se bañan en el Ganges al menos una vez en la vida. Muchas familias hindúes mantienen una urna de agua del Ganges en su vivienda. Esto se hace porque da prestigio mantener en casa agua del sagrado Ganges, de forma que si alguien muere, pueda beber un poco de esa agua. Para muchos hindúes, beber del Ganges puede limpiar el alma de la persona de todos los pecados pasados, y también puede curar la enfermedad. Las viejas escrituras afirman que el agua del Ganges lleva la bendición de los pies de Vishnú; por eso la madre Ganges es conocida como Vishnupadi, que significa “emanante de los pies de loto del dios supermo Sri Vishnu“.

El Ganges acoge algunos de los festivales hindúes y congregaciones religiosas más importantes. Destaca especialmente la Kumbh Mela, que se celebra cada doce años en Allahabad. Benarés -conocida en la India como Varanasi- tiene cientos de templos a lo largo de los bancos del Ganges; a menudo se inundan en la estación de lluvia. La ciudad es también un punto de oración y de cremación para los fallecidos.

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Pantanos. Hay dos grandes pantanos en el Ganges. Uno, cerca del nacimiento, en la ciudad de Haridwar, desvía gran parte de la nieve derretida de los Himalayas al Canal del Alto Ganges, construido por los británicos en el año 1854 para irrigar las tierras cercanas. Esto causó un grave deterioro del flujo de agua, y es una de las causas principales de la inadaptación del río para usos fluviales.

El otro gran pantano está en Farakka, cerca de del punto en el que el flujo principal del río entra en Bangladesh. La barrera alimenta la rama del río conocida como Hooghly a través de un canal de 26 millas, que ha sido motivo de constantes disputas con Bangladesh. Aunque el conflicto parece en vías de solución, el fracaso de las negociaciones ha perjudicado a ambos países durante dos décadas. Bangladesh protesta porque la falta de corriente en verano ha causado un aumento de la sedimentación y ha expuesto al país a las inundaciones. De la misma forma, es objeto de polémica el plan para mejorar el flujo de agua en el Ganges. El problema de gestión de agua puede de hecho afectar a otros países de la cuenca, como Nepal, donde se ha producido una masiva desforestación y un aumento del cieno.

Es probable que el Ganges transportara más agua en tiempos del Imperio Romano, cuando la actual Patna era la gran ciudad portuaria de Pataliputra. Todavía en el siglo XVIII, los barcos de la Compañía de las Indias orientales llegaban hasta Allahabad. Hoy, el cieno impide este tipo de comunicaciones para embarcaciones profundas.

Historia. Durante el período Védico temprano, el Indo y el río Sarasvati -y no el Ganges- eran los principales. Pero los tres Vedas tardíos parecen dar mucha más importancia al Ganges, si se observan las referencias.

El primer occidental que mencionó la existencia del Ganges fue posiblemente Megástenes. Lo hizo varias veces en su trabajo “Indika”.

La India, de nuevo, posee muchos ríos largos y navegables, que tienen sus fuentes en las montañas de la frontera septentrional y atraviesan el país plano; y no pocos de ellos, tras unirse unos con otros, desembocan en el río llamado Ganges. Este río, que en su fuente tiene 30 estadios de ancho, discurre de norte a sur, y vacía sus aguas en el océano, con lo que forma la frontera oriental del Gangaridai, una nación que posee una vasta fuerza de grandes elefantes”.

En la emblemática Plaza Navona de Roma, una famosa escultura, la Fontana dei Quattro Fiumi (fuente de los cuatro ríos), diseñada por Gian Lorenzo Bernini, consagra la importancia del Ganges. Construida en el año 1651, simboliza cuatro de los grandes ríos del mundo (aparte del Ganges, el Nilo, el Danubio y el Río de la Plata).

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Economía. La cuenca del Ganges, con su fértil suelo, es clave para la producción agrícola de la India y Bangladesh. El Ganges y sus afluentes proporcionan una perenne fuente de irrigación a una gran zona. Los principales cultivos de la zona incluyen el arroz, la caña de azúcar, las lentejas, las semillas de aceite, las patatas y el trigo. En los bancos del río, la presencia de pantanos y lagos favorecen una zona de cultivos como legumbres, pimienta, mostaza, sésamo, caña de azúcar y yute. El río ofrece zonas de pesca, aunque está muy contaminado.

El turismo es otra actividad relacionada. Tres ciudades sagradas -Haridwar, Allahabad y Benarés atraen a miles de peregrinos cada año a sus aguas. Miles de hindúes llegan para darse un baño en el Ganges, porque piensan que el río les limpiará los pecados y los ayudará a alcanzar la salvación. Los rápidos del Ganges son populares para hacer rafting y atraer a cientos de aventureros en los meses de verano. Los musulmanes de la India y Bangladesh recurren al wudu, una limpieza religiosa del cuerpo para el rezo en el río Ganges.

Gente. Los sedimentos del Ganges forman islotes temporales en la zona de Bengala. Cada uno proporciona terreno para unas 20.000 personas. Su terreno es muy fértil y proporcionan una buena alimentación al ganado, pero pueden desaparecer en cuestión de horas, según subidas de nivel del río, como ocurre durante el monzón. Los habitantes de estas islas sedimentarias (“chars”) suelen ser refugiados bangladeshíes, de forma que el Gobierno indio no reconoce su existencia de hecho ni emite tarjetas de identidad. La higiene en estos sedimentos es nula y no existen servicios sanitarios ni escuelas, de forma que el analfabetismo es rampante. Estos habitantes deben pagar impuestos.

Contaminación y ecología. El río Ganges ha sido considerado uno de los más sucios del mundo. Las aguas del río comienzan a sufrir contaminación desde la fuente. La explotación comercial del río fue en proporción al aumento de la población, como sucede en las ciudades de Gangotri y Uttarkashi: Gangotri tenía sólo unas pocas chozas de sadhus hasta los años 70, y la población de Uttarkashi se ha multiplicado en los últimos años. En su discurrir por áreas densamente pobladas, el Ganges sufre la contaminación humana -bacteriológica, fecal-, por lo que el consumo de sus aguas presenta un alto riesgo de infecciones. Se han hecho propuestas para remediar la situación, sin éxito. En Benarés, es evidente la contaminación del río, sometido a vertidos industriales. A su paso por la ciudad, el río contiene 60.000 bacterias fecales por cada 100 mililitros, 120 veces más del límite considerado seguro para el baño.

varanasigangesCambio climático. El aumento global de las temperaturas está dejando sentir sus efectos sobre los glaciares tibetanos, y con ello sobre el Ganges. Se cree que la desaparición progresiva de los glaciares pondrá en peligro el suministro acuático de los ríos Indo y Ganges. Según un informe del clima de la ONU publicado en el año 2007, los glaciares del Himalaya que alimentan el Ganges podrían desaparecer en el año 2030. A partir de ese momento, la corriente del río sería estacional y fruto puramente del monzón.

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Un complejo de presas dejará sin casa a 200.000 personas en la India

December 14, 2008

Nueva Delhi, 2 ene 2007.- Unas 200.000 personas verán sus tierras y casas anegadas por las aguas tras la inauguración de una de las mayores presas indias, en el río occidental de Narmada, según denunciaron hoy cientos de activistas reunidos frente al Ministerio de Justicia Social, en Nueva Delhi.
Inaugurada este pasado fin de semana, la presa “Sardar Sarovar“, con 121,92 metros de alto y una longitud de 1.250 metros, proporcionará agua a 36 millones de personas y tendrá una capacidad generadora de 1.450 megavatios de electricidad, tras unas obras de construcción maratonianas que comenzaron en 1987.
Y, sin embargo, el proyecto, uno de los más costosos del país, ha alimentado una poderosa controversia porque supondrá el desplazamiento de 200.000 personas procedentes de 244 pueblos, y anegará una superficie de 380 kilómetros cuadrados (mayor que la isla de Malta), con gran impacto patrimonial y medioambiental.
Desde su inicio, las protestas han sido canalizadas por el grupo Narmada Bachao Andolan (Movimiento para Salvar Narmada), que se manifestó hoy frente al Ministerio de Justicia Social para que las 40.000 familias afectadas reciban ayudas.
“Este es un proyecto criminal que conculca todas las leyes. En la zona hay 200.000 personas que perderán la tierra cultivable y carecen de ayudas para irse de allí. El Gobierno debe saber que no dejaremos Narmada mientras la gente no reciba sus compensaciones”, dijo a EFE la líder del movimiento, Medha Patkar.
Sardar Sarovar es la mayor presa del proyecto, un macro-complejo de 30 pantanos en el río Narmada que afectará a cuatro regiones del oeste de la India, después de un largo proceso judicial en el que los tribunales modificaron en cinco ocasiones la altura permitida de la construcción.
Aunque el gobernador de la occidental región de Gujarat, Narendra Modi, inauguró la presa este fin de semana, Patkar subrayó que algunos de los canales del proyecto aún están incompletos, y que las autoridades no han previsto todavía ayudas ni medidas para nuevos asentamientos de la población.
“Con la llegada del monzón, las aguas anegarán el sustento y la vivienda de más de 40.000 familias”, denunció Patkar, entre cánticos de los manifestantes.
La primera piedra fue depositada simbólicamente por el entonces primer ministro, Jawaharlal Nehru, en el año 1961, pero los trabajos de la presa comenzaron mucho más tarde, en 1987, con la oposición de varios grupos de activistas y personalidades como la escritora Arundhati Roy.
El Banco Mundial también se desmarcó del proyecto en la década de 1990 por estimar que las críticas estaban bien fundamentadas, tras haber dado un apoyo inicial a la presa de 440 millones de dólares (340 millones de euros).
No obstante, el Gobierno de la región de Gujarat no comparte los reproches al complejo, y, según dijo a EFE su portavoz, Bagesh Jha, la presa tendrá un “gran impacto positivo sobre las irrigaciones, la electricidad y el abastecimiento de agua”, además de simbolizar “el ‘boom’ económico que vive la India“.
“No es justo que haya quejas. El pantano ha creado mucho empleo, y estamos teniendo cuidado con los afectados y hemos otorgado ayudas suficientes”, aseveró.
Sardar Sarovar, que ha dado trabajo a cientos de miles de personas anualmente, prevendrá inundaciones y contendrá el avance de las arenas del desierto, con irrigaciones que alcanzarán 18.000 kilómetros cuadrados y abastecerán de agua a 8.215 pueblos, según los datos oficiales.
Entre familias afectadas, fondos escasos y problemas con la Justicia, la construcción ha seguido un tortuoso proceso desde que Nehru puso hace 46 años la primera piedra, hasta que el último día del año una máquina activada por el gobernador de Gujarat depositó el último cubo de cemento en la estructura.
La India ha dado un gran salto adelante. El pantano cambiará el futuro del país”, dijo Modi al pulsar el botón.

Los hijos de Jawaharlal Nehru

December 14, 2008

EVM maquina electoralLas urnas más cercanas (o debería decir “la máquina”) están situadas en la escuela pública del barrio. La policía ha puesto barreras para limitar el tráfico y facilitar los accesos a los votantes, que acuden acicalados y bien vestidos; deben elegir a su representante para la conurbación de Nueva Delhi, un cuerpo electoral del tamaño de Holanda o Chile. Esto no debería estar pasando: en realidad, las elecciones tuvieron lugar hace semanas y los resultados se conocieron hace unos días: amplia victoria –la tercera consecutiva- para el Partido del Congreso.

Pero en mi barrio –Rajinder Nagar- las elecciones quedaron suspendidas hasta hoy, porque el candidato del Bharatiya Janata Party (radicales hindúes) se suicidó en plena campaña. Saber ya cuál es el partido vencedor no disuade del voto a muchos electores, que guardan cola pacientemente hasta recibir el permiso de entrada de la policía.

Las elecciones de Delhi son sólo un preludio de las generales, previstas para la primavera, pero su funcionamiento es escrupulosamente el mismo de lo que vendrá: nada más llegar, el votante debe identificarse y firmar en un pliego en el que figura su nombre y fotografía. Se le entrega un impreso rosa y un funcionario le pringa una uña con tinta indeleble. Es el modo de evitar que alguien vote más de una vez.

Y resueltos los procedimientos previos, el votante marcha hacia una esquina, donde recoge su elección una “máquina” convenientemente camuflada con un modesto cartón cóncavo para garantizar el secreto del voto. Las EVM (Electronic Voting Machine) son uno de los fenómenos más llamativos de las elecciones en la India. El votante apenas debe pulsar un botón. Y un pitido confirma que la elección está hecha.

A pocos metros de la EVM, un oficial dispone de una terminal de control que garantiza la transparencia y la corrección del proceso. Ver la máquina está prohibido, pero el oficial de la escuela me enseña la plantilla marco de las EVM: figura el nombre del candidato junto al símbolo de su partido, muy útil para analfabetos. A la derecha, un botón azul y una marca de luz que se encenderá al pulsado.

Partido del Congreso“Echa un vistazo rápido”, se aviene al final. Tras el cartón, me da tiempo a ver una EVM del tamaño de un portátil. La máquina se adivina sencilla también para quienes no saben leer. Se trata sólo de pulsar el botón del partido preferido: la mano, del Partido del Congreso; el loto, del BJP; el elefante, de los castibajos del Bahujan Samadi Party. Así hasta una docena de símbolos.

Con las EVM, la Comisión Electoral india se ahorra tiempo –imaginen contar 670 millones de papeletas- y dinero: unos 40 millones de dólares, según cálculos oficiales, dejan de gastarse en imprentas, transportes, almacenamientos o seguridad.

La primera idea de contar con máquinas electrónicas proviene de finales de los años 70. Aunque su desarrollo llevó unas dos décadas, hoy la Comisión Electoral presume de una tecnología que funciona en áreas sin electricidad (admite pilas), no causa errores y es rápida, manejable y fácil de transportar. El voto permanece secreto y además, las máquinas son reutilizables.

Da facilidades, en fin, para aligerar los procedimientos en la “mayor democracia del mundo”. Esta idea –el gigantismo democrático- tiende a causar más orgullo que preocupación a los escribas indios, atentos a las grandes cifras: 670 millones de votantes, más de 600.000 pueblos, más de un millón de máquinas que reúnen a los indios con su mayor fiesta. Desafortunadamente, las EVM no sirven sin embargo para mejorar ni la representatividad de la población india, tan sometida a privaciones, ni la calidad democrática del día a día. Sólo son máquinas.

Durante décadas, los indios han estado fijados a los procedimientos de una burocracia virtualmente omnipotente, y por eso mismo la proverbial dejación de muchos de sus mandarines ha tenido efectos demoledores no sólo para resolver cuitas por lo civil o acceder a las cartas de racionamiento. También para certificar la insalvable distancia existente entre los centros de decisión y los ciudadanos.

Por ponerlo en palabras del profesor Amartya Sen, que recurre a la vieja escuela de la “nyaya”: la legitimidad de la democracia india no debería quedar sólo en el ritual de acudir a las urnas cada cierto tiempo. También hay que incidir en la capacidad de los legisladores para alcanzar prácticos avances sociales, más allá de las reglas y las organizaciones.

Sesenta años después de la independencia, el balance es todavía deficiente.

“Las debilitadas instituciones –escribe el historiador Ramachandra Guha- significan que la democracia india puede ser descrita como un éxito parcial. La India es mayormente democrática cuando se trata de celebrar elecciones y en permitir la libertad de movimientos y expresión. Pero mayormente no lo es si se atiende al funcionamiento de los políticos y las instituciones”.

“¿Podría usted inventar un software para que nuestra democracia funcione?”, le preguntó un anciano al co-presidente de Infosys, Nandan Nilekani, durante la presentación de su libro “Imaginando India”. El joncho dijo secamente “No”.

Hay, sí, caciques locales, gremialismo, un culto al liderazgo, una ausencia de control efectivo del poder. En muchos casos, los cargos políticos o funcionan a dedo o se heredan dentro de la propia familia, empezando por la propia dinastía Nehru-Gandhi. Pero tampoco hay que hacer sangre del sistema. Si uno mira las décadas pasadas y si uno mira a los turbulentos países de la zona, tendrá que convenir en que el gran triunfo de la democracia india ha sido su resistencia.

Y el debate, en realidad, no debería ser tanto el hincapié en sus insuficiencias, que a la vista están, como el determinar si el sistema político está obteniendo su cuota de beneficio de las reformas económicas de los años 90 o, por el contrario, si los indios deben todavía ventilar las viejas y torcidas prácticas administrativas y el circuito paralelo y sin control en el que se manejan sus políticos.

No lejos de Rajinder Nagar se conserva el palacete que sirvió de residencia a Jawaharlal Nehru en sus años delhíes, ya durante sus sucesivos mandatos como primer ministro. Hoy, el edificio alberga un museo y un planetario anexo al que acuden los colegiales en sus excursiones organizadas –algo que agradaría a Nehru, que profesaba una legendaria adoración por los niños.

Nehru y Gandhi charlandoAunque en Occidente –y más aún en el mundo hispano- es el “Mahatma” Gandhi quien monopoliza el brillo simbólico de la lucha pacífica por la libertad india, en el asunto de la democracia el país debe más bien su trazado a Jawaharlal Nehru y el puñado de demócratas a la británica que le acompañaban en el albor de la independencia.

A toro pasado, es fácil concluir que Nehru no se equivocaba en su apuesta por la democracia: que un país tan diverso, plural e inabarcable como la India no podía prosperar salvo haciendo de la democracia el salón para la puesta en común de sus intereses. La suya era una democracia secular, principialista, que incorporaba elementos del socialismo fabiano y del Parlamentarismo británico dentro de un teórico no-alineamiento en los asuntos internacionales.

Visto ahora, digo, su vía parecía sensata. Pero en aquel momento, la prédica no era tan sencilla: la idea de Nehru era cuestionada por Gandhi, que prefería una organización semi-mítica de consejos rurales. Por la izquierda, los comunistas defendían su dictadura del proletariado (olvidaban que en India no había proletarios), y por la derecha, vociferaban los radicales religiosos que buscaban hacer del hinduismo la piedra de toque del estado.

El museo Nehru guarda varias reliquias preciosas para quien quiera acercarse: el despacho que hacía de ministerio de Asuntos Exteriores, su austero lecho de muerte, los altos techos de la habitación de Indira, cientos de míticas fotografías de la lucha por la independencia. Hay salones enmoquetados con chimenea, constantes centros de reunión, referencias de Gandhi en paredes y estantes.

Y, sobre todo, el despacho en el que se quedaba “trabajando hasta altas horas”, según la placa. Una gran mesa con un icono de Buda –Nehru se decía ateo- y varios tinteros, tres viejos teléfonos. Sillones, sofás. Retratos de su hija Indira Gandhi, del “Mahatma”, de Abraham Lincoln. Sobre una repisa descansa un globo terráqueo. Hay centenares de libros en estantes y otros fuera: los muy europeos Sartre, Gunnar Myrdal.  Sólo uno está sobre la mesa, todo un manual del buen “gentleman”: el Diccionario Oxford de inglés, versión concisa.

El británico Nehru terminó por salirse con la suya. Aunque sus sucesores reescribieron su guión con mayor o menor fortuna, la nave india continúa en sus tareas. De los cuatro legados nehrudianos, democracia, secularismo, socialismo y neutralidad, el primero es el que mantiene mayor pujanza simbólica –y real-, por evidentes que resulten sus deficiencias. Como la población continúa creciendo, cada vez que la India celebra elecciones generales, el proceso se convierte en el mayor ejercicio democrático jamás realizado sobre la tierra.

Y ahora, para participar en él, basta con pulsar un botón. O esperar el accidente: mientras la gente todavía vota en Rajinder Nagar, alguien llama a la puerta. “¿Ha votado ya toda la gente de esta casa?”, dice una mujer de mediana edad. “Si no han votado, acompáñeme, yo iré con usted, si lo desea. Y podemos hablar por el camino”, añade.

Aclaro que todos hemos (han) votado. “Habrán votado al elefante, espero”, se despide. Y para esta “invitación al voto”, no hay máquina EVM que nos salve. Curiosa democracia.