Hamid Karzai aspira a reeditar mandato con una cómoda ventaja

September 14, 2009

Kabul, 14 ago 2009.- Instalado en una cómoda ventaja sobre sus rivales, el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, aspira a revalidar su mandato en las elecciones del día 20 haciendo bandera del diálogo con los talibanes más moderados y con el país todavía pendiente del desarrollo prometido.
Karzai, de 51 años, ha estado al frente de Afganistán casi desde la caída del régimen talibán, en el año 2001, primero encabezando un Gobierno de transición y ya más tarde elegido presidente por los ciudadanos, en el año 2004.
En los próximos comicios, el actual presidente aspira a obtener la reelección por encima de sus críticos, que le acusan de tolerar la corrupción, apoyarse en los antiguos “señores de la guerra” y ser incapaz de desarrollar las instituciones del Estado.
Hasta ahora, Karzai ha llegado a pactos con los líderes de distintas minorías étnicas, como los “señores de la guerra” Ismail Khan (tayiko) y Rashid Dostum (uzbeko), y ha incorporado a su candidatura al poderoso Mohammed Fahim, un polémico general que ya fue ministro de Defensa en su Gobierno y que ahora quiere ser su vicepresidente.
Con Fahim, Karzai busca asegurarse el apoyo de los tayikos del norte, la segunda etnia más numerosa del país, mientras él mismo intenta apuntalar el voto de los pashtunes en el sur y el este frente al boicot que promueven los insurgentes talibanes.
Su golpe de efecto más importante es precisamente una oferta de diálogo para los talibanes más moderados, con el objetivo de que estos abandonen las armas y se sumen a la construcción de la democracia afgana en un momento de expansión de la insurgencia.
El pacto sería una nueva vuelta de tuerca en la carrera política de este líder pashtún moderado, que durante la ocupación soviética (1979-1989) sirvió como asesor de los muyahidines y que luego apoyó a los talibanes pensando, como muchos, que traerían estabilidad al país.
Las intensas relaciones que estos últimos mantenían con los servicios secretos paquistaníes le llevaron, sin embargo, a distanciarse de los integristas y comenzó a organizar a la oposición en el extranjero desde antes de los atentados del 11-S.
Con la intervención estadounidense en Afganistán, Karzai se decidió a luchar contra los talibanes y protagonizó una épica entrada por el sur del país acompañado por un puñado de seguidores a lomos de varias motocicletas, según cuenta el escritor Ahmed Rashid en su libro “A descent into chaos”.
Y luego, elegido para liderar el Gobierno interino del país, el todavía presidente se las arregló para mantener un precario equilibrio entre las distintas facciones, etnias y tribus del país, todavía fundamentales en el sistema político.
Aunque la política interior ha recibido críticas de los sectores liberales por ser lenta en sus reformas y por la corrupción imperante, la población afgana valora sus angustiadas condenas de las muertes de civiles a manos de las tropas internacionales en el país.
Vituperado por sus opositores, denostado como “alcalde de Kabul” por lo limitado de su control sobre el país, Karzai sigue sin embargo siendo popular entre los afganos a tenor de las dos últimas encuestas conocidas, que le atribuyen un 44 y 45 por ciento, respectivamente, del voto decidido en las elecciones presidenciales.
Con una veintena de puntos de ventaja sobre su más directo perseguidor, Karzai encara el futuro de Afganistán como favorito y a gusto en su papel de “padre de la nación”, como lo califican algunos de sus carteles electorales.
“Si votas hoy a Karzai, Karzai garantiza tu mañana”, promete a los afganos en su eslogan electoral.
Populismo aparte, el verdadero mérito del actual presidente ha sido su maniobra para ocupar el eje de la encrucijada afgana: entre pashtunes y tayikos, entre las tropas extranjeras y la opinión pública, entre talibanes moderados y el pequeño sector liberal.
Dicen de él, quienes lo conocen, que se siente tan cómodo con traje y corbata como con turbante y túnica

Avance talibán y ansias de desarrollo de la población marcan la campaña

September 14, 2009

Kabul, 14 ago 2009.- Unos 17 millones de afganos están registrados para votar en las segundas elecciones presidenciales desde la caída talibán en Afganistán, marcadas por el avance de los insurgentes talibanes, así como las ansias de reconstrucción y desarrollo de la población.
“Este es uno de los ejercicios electorales más dificultosos que he visto”, dijo hace unos días a los medios el representante especial de la ONU en Afganistán, Kai Eide.
Las autoridades han previsto el envío de casi 3.200 burros para que transporten las urnas a los lugares más inaccesibles de este país de orografía complicada, pero, anécdotas aparte, la preocupación principal es la situación de seguridad.
“Es el factor talibán. No podemos esperar una alta participación en algunas áreas y provincias. En más de 10 distritos será difícil celebrar las elecciones”, precisó a Efe el portavoz de la Fundación afgana para unas Elecciones Libres y Justas (FEFA), Jandar Spinghar.
En las últimas semanas, las tropas internacionales han lanzado varias operaciones en el tradicional feudo talibán de Helmand (sur) en un intento de garantizar la seguridad antes de los comicios presidenciales, que los insurgentes han decidido boicotear.
Y en Kabul, son muchos los ciudadanos que se lamentan de que la situación ha empeorado, algo que reconoció el propio jefe de las tropas extranjeras, Stanley McChrystal, quien admitió en una reciente entrevista al diario “Wall Street Journal” que los talibanes “han tomado ventaja”.
Los insurgentes tienen una fuerte presencia en gran parte del sur y este de Afganistán, las áreas donde es mayoritaria la etnia pashtún, de la que proceden tradicionalmente los talibanes, pero también el presidente, Hamid Karzai, quien aspira a reeditar mandato.
Karzai se presenta con el antiguo “señor de la guerra” tayiko Mohammed Fahim como candidato a vicepresidente, una decisión que los analistas atribuyen a un intento de dividir lealtades en la antigua Alianza del Norte y atraerse el voto de la etnia tayika, la segunda más populosa de Afganistán.
En esa cantera de voto basa sus esperanzas el que las encuestas señalan como más potente rival de Karzai, Abdullah Abdullah, un ex ministro de Exteriores que colaboró estrechamente con el guerrillero asesinado Ahmed Shah Mehsud, de la Alianza del Norte, en su resistencia contra los talibanes previa al 11-S.
Tanto ellos como otro de los 41 candidatos en liza, el ex ministro de Finanzas Ashraf Ghaní, concurren a los comicios como independientes y fuera del paraguas de los partidos políticos, que apenas han cuajado en la frágil y primeriza democracia afgana.
“Los tayikos votan a los tayikos. Los pashtunes a los pashtunes. Cada cual al suyo, este es el gran problema de Afganistán”, comentó a Efe un estudiante kabulí en el transcurso de un mitin de Ghaní.
Lealtades aparte, la difícil orografía y la falta de datos plausibles hacen casi imposible aventurar un pronóstico exacto, más allá de la ventaja que todos los analistas conceden a Karzai, visto desde hace meses por distintos tertulianos como el “vencedor inevitable”.
La dos encuestas más recientes, realizadas en julio de forma separada por el Instituto Republicano Internacional y el centro de análisis estadounidense Glevum, atribuyen, respectivamente, a Karzai el 44 y el 45 por ciento de los votos decididos, 18 y 20 puntos por encima de Abdullah, pero ese resultado obligaría a celebrar una segunda vuelta entre ambos.
Con la lucha antitalibán en manos de las tropas internacionales y el Ejército afgano, todos los candidatos se centran en el desarrollo, la reconstrucción del país y la creación de riqueza, mientras celebran mítines bajo extremas condiciones de seguridad.
“No están desarrollando estrategias. Sólo hay tácticas”, dijo a Efe una fuente de seguridad occidental sobre los candidatos en los comicios, que se celebran junto a las elecciones para los consejos provinciales.
Mientras Kabul se inunda de paneles electorales y grandes imágenes de sus candidatos, las tropas internacionales intentan que las 29.000 urnas para la votación sean emplazadas antes del 20 de agosto, incluso en las áreas bajo control talibán.
Tras esa fecha, un recuento que se promete lento: resultados iniciales para el 3 de septiembre, definitivos el 17 de ese mes, y la segunda vuelta, de ser necesaria, para la primera semana de octubre.

Diputada afgana pide la integración de la mujer en la sociedad de Afganistán

September 14, 2009

Kabul, 13 ago 2009.- La diputada afgana Shinkai Karokhail, ante las elecciones del 20 de agosto, sostiene que la integración de la mujer en la vida social y política del país, es fundamental para la regeneración de Afganistán.
“El futuro Gobierno de Afganistán debería tener en cuenta a la mujer, incluirla en el poder político y dar peso a sus decisiones. Darles educación, atención económica y sanitaria. Hay que empezar a cumplir compromisos”, dijo hoy la diputada afgana Shinkai Karokhail, una de las voces femeninas más importantes del país.
En entrevista con Efe, Karokhail reconoció que la situación de las afganas ha cambiado para bien desde la caída del régimen talibán, aunque denunció que la mujer sigue sufriendo la pobreza, la falta de educación y la dependencia del hombre.
El nombre de Karokhail saltó en marzo a los titulares de prensa por su oposición a una ley promovida por el presidente, Hamid Karzai, por la que las mujeres chíies -una secta del Islam minoritaria en el país- quedaban por debajo de los hombres ante la justicia.
Pese a lograr, junto a otras diputadas la reforma de ese proyecto, Karokhail mantuvo que las mujeres afganas carecen todavía de protección legal y siguen apartadas de la política, pese a los cantos de sirena de las promesas electorales.
En los últimos días, una gran parte de la atención de la campaña se ha centrado en las promesas de los candidatos para mejorar la situación de las mujeres en el país, como hizo hoy el propio presidente, Hamid Karzai.
Pero las activistas como Karokhail, que preside el Centro para la Educación de la Mujer Afgana, se limitan a mostrar “optimismo” de cara al futuro mientras tratan de ganar, peldaño a peldaño, esferas de libertad en la conservadora sociedad de Afganistán.
Y una de las claves para ello, según la diputada, estriba en una justicia y unas fuerzas de seguridad pensadas para mujeres, que sirvan para eliminar el “acoso sexual” al que la policía somete de forma cotidiana a miles de afganas.
“Si la ley no nos protege, ¿quién lo hará? Necesitamos una policía y una justicia para mujeres. Hay muchos casos de mujeres que sufren el acoso sexual de la policía”, apostilló Karokhail, de origen pashtún.
Guiadas por la presión familiar o, en muchos casos, por decisión propia, muchas mujeres de Kabul optan todavía por lucir el burka cuando salen a las calles, aunque también es habitual la imagen de otras mujeres que prefieren el hiyab.
Y la joven portavoz de Karokhail, encargada de guiar a Efe por las polvorientas calles de Kabul hasta alcanzar la espaciosa vivienda con césped de la diputada, se quita el pañuelo nada más entrar en el coche.
Aunque la amenaza talibán no es evidente en la capital afgana, los integristas mantuvieron -y mantienen, en las zonas del sur bajo su control- un estrecho cerco contra la libertad femenina y sometieron a las afganas a un estricto control que les negaba hasta la educación.
La mayoría de ellas (en torno al 80 por ciento) siguen sin poder leer ni escribir y se mantienen en un segundo plano en un país donde es todavía obvio el tradicional predominio de los varones en todas las esferas de la vida cotidiana.
Las elecciones afganas de 2009 señalan la aparición de pequeños brotes liberales capitalinos que buscan una mayor participación tanto para las mujeres como para otro sector secularmente postergado, los jóvenes.
“Déjeme decirle mis prioridades: más oportunidades y un cambio educativo. , comentó a Efe decidida la portavoz Zubaida Akbar, del Foro para la Sociedad Civil de Afganistán (ACSF).
Con la ACSF, Akbar se dispone a hacer llegar a los principales candidatos una hoja de ruta con sus propuestas, encaminadas sobre todo a dar oportunidades a los jóvenes de Afganistán, donde el 68 por ciento de la población tiene menos de 25 años.
“No está bien definido quiénes son los talibanes… ¿Estudiantes del Corán, señores viejos de los pueblos, guerrilleros…? Yo no tengo enemigos, pero si queremos nuestro espacio hay que acabar con ese pensamiento”, matizó.

Los pastunes

September 14, 2009

Los pastunes o patanes son un pueblo etnolingüístico emplazado mayoritariamente en Afganistán, y en las regiones tribales del oeste de Pakistán. Los pastunes tienen como señas de identidad el uso de la lengua pastún y la práctica del código Pastunwali, un antiguo y tradicional código de conducta y honor.

Semilleros pastunes de Afganistán

Semilleros pastunes de Kandahar

La sociedad pastún consta de muchas tribus y clanes que raramente estuvieron unidos a lo largo de la historia, hasta la emergencia del imperio Durrani, en el año 1747. Durante la rivalidad anglo-rusa (conocida como El Gran Juego), desempeñaron un papel vital porque el límite de ambos imperios coincidía con su área de asentamiento. Durante 250 años, los pastunes fueron el grupo dominante en Afganistán, y concitaron la atención mundial con la invasión soviética del país (1979) y con el ascenso y caída de los talibanes, ya que de su etnia procede el principal contingente del movimiento integrista. Los pastunes son también una comunidad importante en Pakistán, donde suponen el segundo mayor grupo étnico.

La población total pastún es, según las estimaciones, de unos 42 millones de personas, pero no existe un censo oficial en Afganistán desde el año 1979. Hay unas 60 tribus importantes y, dentro de ellas, más de 400 subclanes.

Demografía. La gran mayoría de los pastunes habitan una franja que va desde el sureste de Afganistán al noroeste de Pakistán. También hay pastunes en las áreas norteñas paquistaníes y en el este de Irán. Tienen una pequeña presencia en la India, mientras que en los últimos años han aparecido pequeñas comunidades de emigrantes en Europa, América del Norte y la Península Arábiga. Los centros metropolitanos más importantes son Kandahar, Jalalabad y Swat. Peshawar, Quetta, Kabul y Kunduz son ciudades étnicamente variadas, aunque con una gran presencia de población pastún. En Karachi viven 3,5 millones de pastunes.

Sher Ali Khan y compañía sij

Sher Ali Khan y compañía sij

La etnia supone el 15,42 por ciento de la población de Pakistán, unos 25,6 millones de personas. En Afganistán, según estimaciones, el 42 por ciento de la población es pastún, unos 13,3 millones de personas. Entre los 1,7 millones de refugiados afganos en Pakistán, la mayoría son pastunes. Una suma acumulada de los pastunes en la región arroja un total de 42 millones de personas.

Historia y orígenes. La historia de los pastunes sigue sin contar con investigaciones fiables. Desde el segundo milenio antes de Cristo, las ciudades de la región han sido objeto de invasiones y migraciones. Visitadas por pueblos indo-iraníes, indo-arios, medas, persas, mauryas, escitas, kushans, heptalitas, griegos, árabes, turcos, mongoles, británicos, rusos y, más recientemente, los Estados Unidos de América. Varias teorías –tanto académicas como populares- chocan respecto al origen de los pastunes

Referencias antiguas. Existen varios grupos antiguos con epónimos similares a los pastunes, que han sido contemplados como los posibles ancestros de los modernos pastunes. El historiador griego Herodoto mencionó al pueblo “pactiano”, en la frontera oriental de la satrapía Persia Aracosia, ya en el primer milenio antes de Cristo. Su conexión con los pastunes no está clara. Y de modo similar, el Rig Veda menciona a la tribu “paktha” (en la región de Pakhat), es decir, el actual este afgano. Algunos académicos han propuesto una conexión con los modernos pastunes, pero se trata de una especulación.

En la Edad Media, hasta el advenimiento del moderno estado de Afganistán, en 1747, y la división del territorio pastún por la Línea Durand, del año 1893, los pastunes recibían meramente el nombre de “afganos”. Ese gentilicio aparece por primera vez en la historia en el Hudud-al-Alam, en el año 982 de nuestra era; se refería a un antepasado común y legendario de los pastunes, conocido como Afghana.

Ahmad Shah Durrani

Ahmad Shah Durrani

El sabio Alberuni se refiere a los afganos como un conjunto de tribus que viven en las montañas fronterizas entre la vieja India y Persia. En esta localización geográfica, los pastunes tuvieron un estrecho contacto con las tribus indias e iraníes, como atestigua el famoso viajero marroquí Ibn Battuta, en el transcurso de una visita a Kabul del año 1333: “Viajamos hasta Kabul, anteriormente una vasta ciudad, cuyo lugar está ahora ocupado por una tribu de persas llamados ‘afganos”.

Antropología y lingüística.Los orígenes de los pastunes están en el este de Irán. La lengua pertenece a la sub-rama iraní de la familia de lenguas indo-europeas. Los pastunes están clasificados como iraníes, posiblemente como descendientes de los bactrianos y escitas. Las viejas tribus iraníes que se expandieron a los largo de la meseta iraní fueron tempranos precursores de los pastunes. Al igual que otros pueblos iraníes, muchos pastunes se han mezclado con invasores varios, grupos vecinos y emigrantes. En términos de fenotipo, los pastunes son predominantemente un grupo mediterráneo, de forma que el cabello claro y la piel pálida no son infrecuentes, sobre todo entre tribus de montañas remotas.

Tradiciones orales. Algunos antropólogos dan crédito a las tradiciones orales míticas de las propias tribus pastunes. Por ejemplo, según la Enciclopedia del Islam, la teoría de la descendencia israelí de los pastunes está originada en Maghzan-e-Afghani, quien compiló una historia durante el reinado del emperador mongol Jehangir, en el siglo XVII.

Nómadas Ghilzai de Afganistán

Nómadas Ghilzai de Afganistán

Otro libro histórico, el Taaqati-Nasiri, mantiene que en el siglo VII un pueblo llamado Bani Israel se asentó en Ghor, al sureste de Herat, y más tarde emigró al sur y al este. Esas referencias casan con una común visión de la tradición oral pastún, de que cuando las doce tribus de Israel se dispersaron, la tribu de José se asentó en la región. El nombre pastún “Yusuf Zai” se traduce como “los hijos de José”.

Otras tribus pastunes mantienen que descienden de los árabes; y hay hasta quien reivindica (los sayyids) que Mahoma está entre sus antecesores. Algunos grupos de Peshawar y Kandahar (afridis, khattaks y sadozais) se dicen descendientes de los antiguos griegos que llegaron al territorio con Alejandro Magno.

Edad Moderna. Los pastunes están íntimamente ligados a la historia del moderno Afganistán y el Pakistán occidental. Tras las conquistas arabo-turcas de los siglos VII-XI, los ghazis (guerreros de la fe) pastunes invadieron y conquistaron buena parte del noroeste de la India. Su pasado reciente discurre por la dinastía Hotaki y más tarde el imperio Durrani. Los Hotaki derrotaron a la dinastía Safayid de Persia y tomaron bajo control gran parte del imperio persa entre 1722 y 1738. Esta campaña fue seguida por las conquistas de Ahmad Shah Durrani, un antiguo alto comandante bajo el Nadir Shah de Persia. Fundó el imperio Durrani, sobre una gran parte de lo que hoy es Afganistán, Pakistán, Cachemira, el Punjab indio y la provincia de Khorasan (Irán). Tras la caída del imperio Durrani, en 1818, el clan Barakzai se hizo con el control de Afganistán. El país quedó en manos del sub-clan Mohammedzai, desde el año 1826 y hasta el fin del reinado de Mohammed Zahir Shah, en 1973. Este legado continúa en el presente: Hamid Karzai procede de la tribu pastún Popalzai, en Kandahar.

Zahir Shah, el último rey afgano

Zahir Shah, el último rey afgano

Los pastunes afganos se resistieron al diseño británico de su territorio y mantuvieron a raya a los rusos durante el llamado Gran Juego. Pese a la rivalidad de los dos imperios, Afganistán se mantuvo como estado independiente y gozó de alguna autonomía. Pero durante el reinado de Abdur Rahman Khan (1880-1901), las regiones pastunes quedaron divididas por la línea Durand, y lo que es hoy el oeste de Pakistán fue cedido a la India británica en 1893. En el siglo XX, muchos líderes pastunes políticamente activos y viviendo en la provincia británica de la Frontera Noroeste apoyaron la independencia de la India, y se inspiraron en el movimiento pacifista del Mahatma Gandhi. Su región quedó encajada en el recién creado Pakistán.

Los pastunes afganos, sin embargo, alcanzaron la independencia completa de la intervención británica durante el reinado del rey Amanullah Khan, tras la tercera guerra anglo-afgana. La monarquía llegó a su fin en el año 1973, tras un golpe de estado ejecutado por Sardar Daud Khan. Esto abrió la puerta a la intervención soviética, que quedó culminada por la Revolución Saur, en el año 1978. Muchos pastunes se unieron a la oposición mujahidín contra la intervención soviética. Esto sembró la semilla de los modernos talibanes, un movimiento religioso con origen en el sur de Afganistán. A finales de 2001, el gobierno talibán fue depuesto por una nueva invasión, esta vez liderada por los Estados Unidos.

Quiénes son los pastunes. Entre los historiadores, los antropólogos y los propios pastunes está activo el debate acerca de quién compone este pueblo. Entre las distintas definiciones, destaca la etnolingüística, que mantiene como pastunes a quienes se mueven en los parámetros de un origen étnico del este de Irán, tienen una lengua, cultura e historia compartidas, viven en proximidad geográfica y se reconocen como miembros de ese pueblo. Las tribus que hablan dialectos muy distintos del pastún, por ejemplo, se reconocen como miembros del cuerpo común.

Otra definición, más estricta, se refiere a un componente cultural. Requiere de los pastunes que sean musulmanes y respeten el código Pastunwali. Esta es la visión prevalente entre los líderes tribales más conservadores, que niegan el estatus pastún a los judíos, incluso si ellos mismos reivindican tener antepasados de esa religión. La sociedad pastún no es homogénea, en el capítulo religioso: la mayoría son musulmanes suníes, pero hay núcleos chiíes en la Provincia de la Frontera Noroeste, de Pakistán. Los judíos paquistaníes y afganos, que un día se contaron por miles, viven hoy en Israel y los Estados Unidos.

Manifestación de pastunes

Manifestación de pastunes

Una tercera definición se refiere al componente ancestral y patrilinear, basado en una importante ley del Pastunwali, según la cual sólo son pastunes quienes tienen un padre pastún. Esta definición pone menos énfasis en la lengua de cada uno. Por ejemplo, los pastunes indios han perdido su lengua y también muchas costumbres, pero se siguen considerando pastunes, como ocurre con el actor de Bollywood Shahrukh Khan, de antepasados de esa etnia.

Cultura. La cultura pastún se asentó en el transcurso de muchos siglos. Las tradiciones pre-islámicas, probablemente ya presentes durante la conquista de Alejandro en el 330 antes de Cristo, sobrevivieron como danzas tradicionales, mientras que los estilos literarios y la música reflejan todavía una fuerte influencia de la tradición persa. La cultura pastún es una mezcla única de costumbres nativas y fuertes influencias del oeste, este y sur de Asia.

Religión. La gran mayoría de los pastunes sigue el Islam suní, sobre todo de la escuela Hanafi. Una proporción significativa de los pastunes son chiíes, principalmente en el este de Afganistán y el noroeste paquistaní. Existen fuertes enlaces entre la afiliación tribal y la membresía de la comunidad islámica. La mayoría de los pastunes creen ser descendientes de Qais Abdur Rashid, un temprano converso del Islam que llevó la fe a la población pastún. Algunos historiadores creen que los pastunes pudieron ser zoroastrianos, hindúes, judíos o chamanistas antes de la llegada del Islam. Algunos pudieron practicar el budismo. Sin embargo, todo esto es por el momento una conjetura y no existen pruebas concluyentes.

Pastunwali. El término “pakhto” o “pastún” del que los pastunes toman su nombre no sólo se refiere a la lengua, sino al código de honor pre-islámico conocido como Pastunwali. Se cree que su origen está en un tiempo pagano y que, de muchas formas, acabó por fusionarse con las creencias islámicas. El Pastunwali gobierna y regula casi todos los aspectos de la vida, desde los asuntos tribales al comportamiento individual y de honor.

Hamid Karzai

Hamid Karzai

El Pastunwali influye en el comportamiento social de los pastunes. Unos de los principios más conocidos es la Melmastia, el deber de hospitalidad y asilo para todos los invitados que piden ayuda. La injusticia percibida requiere el Badal, la venganza. “La venganza es un plato que se sirve frío” fue tomado en estas tierras por los británicos y luego popularizado en Occidente. Los hombres están obligados a proteger Zan, Zar y Zameen, las mujeres, el dinero y la tierra. Algunos aspectos promueven la coexistencia pacífica, como el Nanawati, la humilde admisión de culpa por un mal cometido, lo cual debería resultar en el perdón automático por parte de la parte ofendida. Otros aspectos del Pastunwali han sido objeto de duras críticas, sobre todo en lo referente a los derechos de las mujeres y los crímenes de honor. El Pastunwali continúa vigente entre muchos pastunes, especialmente en las áreas rurales.

Literatura y medios pastunes. A lo largo de la historia pastún, hubo poetas, profetas, guerreros y reyes que fueron reverenciados. Pero la literatura no desempeñó un papel destacado, principalmente porque el persa era la lengua franca de los países vecinos y dominaba las letras escritas. Los primeros registros del pastún escrito vienen del siglo XVI y describen la conquista del valle de Swat por parte de Sheik Mali. En el siglo XX, la literatura en pastún ganó prominencia gracias a los trabajos de Amir Hamza Shinwari, que cultivó los ghazals. En 1919, Mahmud Tarzi empezó a publicar el primer periódico de Afganistán: Seraj-al-Akhbar.

Con bajísimas tasas de alfabetismo, muchos pastunes continúan aferrándose a las tradiciones orales. Los hombres siguen reuniéndose en los chai khaanas –teterías-, para escuchar relatos orales, historias de valentía y coraje. Pese a que la tradición de los cuentacuentos está dominada por hombres, la sociedad pastún también está marcada por ciertas tendencias matriarcales. Los cuentos relacionados con la reverencia hacia la madre son comunes y pasan de padres a hijos, como la mayoría de la herencia pastún, mediante una rica tradición oral que ha sobrevivido a lo largo del tiempo.

Deporte. Los deportes tradicionales incluyen el naiza bazi, lo que incluye jinetes que compiten en lanzamiento de lanzas. El polo también es un deporte tradicional de la región y es popular entre algunas de las tribus. Los pastunes también participan del buzkashí y de la lucha, a menudo parte de las reuniones deportivas. El críquet quedó como legado del dominio británico sobre Pakistán y la India, países que tienen hoy a algunos pastunes entre sus mejores jugadores.

Lance del tradicional buzkashí

Lance del tradicional buzkashí

Artes escénicas. El pastún es un pueblo que participa en variadas formas de expresión, como la danza, la lucha con espadas y otras actividades físicas. La forma más común de expresión artística puede verse en las distintas formas de danzas. Una de las más prominentes es el atán, que tiene viejas raíces paganas. Modificada por el misticismo islámico, hoy es la danza nacional de Afganistán.

El atán se baila acompañado de varios instrumentos tradicionales, como el tambor, la tabla, el rubab o la tula (flauta de madera). Con un rápido movimiento circular, los bailarines danzan hasta que no queda nadie bailando. La mayoría de los bailes son masculinos, aunque hay algunas excepciones como el Spin Takray y el tumbal, una especie de tamborada realizada por las chicas de los pueblos cuando alguna de ellas se casa.

La música tradicional pastún tiene lazos con la música afgana tradicional, a su vez inspirada por la del Hindustán. Formas populares incluyen el ghazal (poesía cantada) y la música qawali sufí. Los tópicos giran en torno al amor y la introspección religiosa. La moderna música pastún tiene como eje la ciudad de Peshawar, debido a las guerras afganas, y tiene a combinar técnicas propias con rasgos persas y la música india de Bollywood.

Tribus. Una característica destacada del pueblo pastún es su intrincado sistema de tribus. Los pastunes son predominantemente un pueblo tribal, pero la urbanización del mundo ha comenzado a alterar la sociedad pastún: ciudades como Peshawar, Quetta o Kabul están creciendo rápidamente debido al flujo de pastunes rurales y la llegada de refugiados. Pese al desarrollo urbano, muchas personas se identifican todavía con varios clanes.

Reunión de un consejo rural

Reunión de un consejo rural

El sistema tribal tiene varios niveles de organización: la tribu (tabar) está dividida en grupos de parentesco llamados khels, a su vez divididos en grupos más pequeños (pllarina), formados a su vez por varias familias extendidas llamadas kahols. Las tribus pastunes están clasificadas en cuatro grandes grupos tribales: los sarbanes, los batianos, los ghurghushtos y los karlanes.

Otra prominente institución pastún es la Jirga o Senado, compuesto por lugareños veteranos. La mayoría de las decisions en la vida tribal son tomadas por los miembros del consejo, que es la principal autoridad que reconocen los igualitarios pastunes como cuerpo viable de Gobierno.

Mujer. Las vidas de las mujeres pastunes varían entre quienes residen en areas rurales conservadoras, como el cinturón tribal, y aquellas que viven en los centros urbanos, con mayor libertad relativa. Aunque muchas mujeres pastunes continúan sin recibir educación, otras han tenido un acceso al mundo laboral. La ocupación rusa, las guerras afganas y el régimen talibán trajeron tiempos duros para las mujeres, cuyos derechos quedaron limitados por una interpretación intransigente de la ley islámica.

La kandaharí Begum Jan

La kandaharí Begum Jan

El código del Pastunwali a menudo acota a las mujeres en papeles tradicionales que separan sexos. La senda del cambio y las reformas ha quedado obstaculizada por las guerras afganas, y también por el aislamiento y la inestabilidad de la vida tribal en Pakistán. La prueba de las barreras sociales está en que la tasa de analfabetismo entre ellas está muy por encima de la de los varones.

Los abusos contra las mujeres, muy extendidos, cuentan con una oposición cada vez mayor por parte de varias asociaciones femeninas, muy activas, que luchan contra grupos religiosos conservadores y también contra funcionarios del Gobierno tanto en Afganistán como en Pakistán. Las mujeres pastunes ven a menudo que sus derechos quedan a expensas de sus maridos o parientes masculinos. Los hombres pastunes siguen teniendo el dominio de la vida en el Pastunistán.

Afganistán, la polvorienta encrucijada

September 1, 2009

En Afganistán no hay estrategia, solo tácticas. La frase es de un responsable de seguridad que pide no ser nombrado; pero aunque –digamos- anónima, es sentencia de vuelo en el convulso o pacífico (según tomemos la visión pesimista o la optimista) proceso electoral afgano, todavía con ganadores por definir pero desde luego ya encajonado en las acusaciones de fraude, las denuncias de manipulación y la desconfianza generalizada ante el futuro de una guerra que comenzó hace ocho años y no sólo no tiene visos de terminar sino que empeora.

GereshkNada más cerrar los colegios electorales, el pasado día 20 de agosto, entre los periodistas occidentales y la comunidad internacional, quizá con el ejemplo iraní en el subconsciente, comenzó a ganar peso la idea de que las elecciones presidenciales habían sido una pantomima gigantesca orquestada por el Gobierno afgano para perpetuarse en el poder, con la aquiescencia tácita de los poderes occidentales y el silencio sumiso de las organizaciones supranacionales. Y pocos días después saltó la liebre: el principal opositor, Abdulá Abdulá, antiguo ministro de Exteriores y portavoz del señor de la guerra Ahmed Shah Masud, denunció el “fraude masivo”, la “farsa” de recuento, justificada por las más de 2.000 denuncias de irregularidades en el proceso.

No hay aún nada definitivo al respecto (la Comisión de Quejas todavía está evaluando las irregularidades), pero es que lo inusual sería que los comicios fueran intachables: en un país con distritos enteros dominados por los insurgentes talibanes, diarias operaciones de combate y partes de bajas cada vez más nutridos, sin una cultura democrática establecida ni partidos políticos enraizados entre los ciudadanos –por otra parte, mayoritariamente analfabetos. No existe un censo de población fiable y la complicada orografía hizo que la Comisión Electoral tuviera que usar varios miles de burros para llevar las urnas a ciertas áreas aisladas. En estas elecciones, mucha gente ha parecido exigir poco menos que un milagro.

La comunidad internacional se ha gastado cientos de millones de dólares para que Afganistán pudiera celebrar sus elecciones presidenciales; pero con ello y con la masiva abstención quedó refrendada la idea de que en el país hay una democracia sostenida por el extranjero y no compartida por la población, todavía dependiente de los viejos códigos tribales que impiden a la mujer salir de casa y, por ejemplo, registrarse como votante. En muchos pueblos, son los maridos quienes registran a sus mujeres, con el riesgo –denunciado por distintos organismos independientes- de que se emitan tarjetas de votante sobre la base de personas inexistentes, vendidas luego al mejor postor, como hizo público la BBC en una investigación.

Y en esos muchos pueblos, digo, son todavía los viejos líderes tribales quienes deciden el voto de comunidades enteras. Una regla alterada en el sur y el este del país, donde ha sido más palpable la intimidación de los talibanes, que llamaron al boicot de los comicios (“pura propaganda americana”) y amenazaron con represalias a los votantes (cumplidas al menos en tres casos documentados: a dos personas les cortaron los dedos, manchados de tinta en el proceso de votación; y a un campesino le mutilaron la nariz cuando marchaba a las urnas). Se registraron 135 ataques, según el dato oficial.

Mujeres afganas en la cola del voto

Mujeres afganas en la cola del voto

Con todos estos elementos, resulta sorprendente que pese a lo alienígena de la democracia en el viejo sistema tribal afgano, la denunciada sombra del fraude alentado por los barones regionales y las amenazas y atentados de unos insurgentes cada vez más poderosos, haya habido varios millones de afganos decididos a ir a votar limpiamente y con la confianza de que su voto servirá para algo. En el capítulo de lo positivo, y sabiendo que la abstención ha sido masiva, lo mejor que se puede decir es que la democracia tiene algunos adeptos brotes verdes en Afganistán.

Pero esto no obsta para comprender que unas elecciones celebradas con el despliegue de unos 300.000 miembros de las fuerzas de seguridad –de ellos, unos 100.000 soldados extranjeros- son el mejor recordatorio de que Afganistán no solo es un país en guerra, sino que además la situación está más tiempo descontrolada que bajo control: julio fue el mes que marcó el récord de bajas en combate de las tropas internacionales desde la invasión del país, en el año 2001, hasta que esa marca fue superada en agosto. Atentados, explosiones, incursiones rebeldes de baja o media intensidad: un desgaste casi imperceptible pero permanente. Una bomba de relojería.

Los soldados de las tropas internacionales están bien equipados –mucho mejor que sus colegas afganos- y se mueven en unos estrictos protocolos de seguridad que buscan proteger su integridad y minimizar las bajas. Comprensible, pero a la vez con el contratiempo que esto supone -por la inaccesibilidad- para ganarse la simpatía de la población afgana. Y además juegan en desventaja, porque los talibanes no son un cuerpo externo a Afganistán; aparte de su cúpula dirigente, muchos de ellos son pastunes de áreas rurales que no tienen más manera de ganarse la vida que echarse al monte, con un sueldo mejor que el que les pagaría el Ejército (Palabras de alguien de fiar: “¿A quién le interesa que occidente se empantane en Afganistán? Coge un mapa y mira los países limítrofes. Uno a uno”).

Así que son afganos de pura cepa nacidos en el seno de familias igualmente afganas con un código moral tradicional y una lectura ultraconservadora del Islam, pero valores propios y compartidos. Propondrán un orden social anclado en el pasado y unos puntos de vista escalofriantes bajo cualquier estándar internacional, pero a la vez dicen garantizar la seguridad de la población de la que forman parte en la lengua que maneja esa misma población. En esto, tienen un plus esencial sobre las tropas extranjeras, que son un elemento externo y accidental tanto entre las polvorientas colinas de Kabul como no digamos ya en el medio rural.

Los talibanes no atacan a la gente normal, ¿por qué deberíamos tenerles miedo?”, contaba un muchacho pastún venido desde Nangarhar –en el este del país-, a un mítin del muy demócrata Ashraf Ghaní, antes de las elecciones. Es un argumento que la práctica insurgente demuestra falaz, pero lo que importa es que mantiene su calado en una parte no desdeñable de la población, tan cansada de guerras como ansiosa por retornar a una situación de seguridad que se les escapa.

GereshkFíjense: el cuartel de la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad) en Kabul es una muralla de cemento, de pesadas puertas custodiadas por unos soldados macedonios con gafas discotequeras que ni se manejan en inglés (no digamos ya en dari) y apenas señalan con gestos que no hay que acercarse más de lo necesario. Y, no lejos, para llegar al Palacio presidencial de Hamid Karzai hay que pasar estrictos controles de seguridad y caminar a pie por una extensa avenida arbolada. Tan verde y tan vacía que uno se pregunta si de verdad está en Kabul o ha salido andando del país, sin darse cuenta.

Es curioso –decía el traductor a nuestro paso por los jardines del presidente Karzai-. Con los talibanes, este espacio estaba abierto para la gente. Todos podían pasear y acercarse por aquí. Y ahora, lo han convertido en una especie de fortaleza”. Así es Kabul: una ciudad vitalista, pero con un barrio entero arrancado a su población y monumentales atascos (los coches se concentran en las pocas vías alternativas, a veces sin asfaltar y cruzadas por rebaños de cabras). Los estudiantes del céntrico instituto Amani –donde votó Karzai y cerca de palacio-, tienen que pasar controles y registros diarios para ir a clase. Si alguno intenta fumarse una clase y salir del centro, la Policía afgana lo envía al calabozo.

Karzai –tan pastún como los talibanes y por eso mismo, su principal dique de contención- se hizo esperar dos horas en la sala de prensa y habló cinco minutos, los suficientes como para dar una visión bien humorada de las elecciones y mostrarse seguro de su triunfo (necesita más del 50 por ciento para proclamarse vencedor en la primera vuelta); pero no dio pistas de lo que hará si gana: si negociará con los insurgentes moderados, como prometió, si ejecutará sus pactos con los señores de la guerra (a los que ha atraído para ganar votos), si mantendrá firmeza respecto a las tropas internacionales pese a sus desencuentros con los EEUU.

No hay estrategias, sólo tácticas”. Y en estas, el jefe de las tropas internacionales en el país, Stanley McChrystal, pide un viraje en el rumbo de una guerra que, de seguir así, “se perderá”. Se trata, ha escrito el general, de dar prioridad a la seguridad de la población afgana frente a los talibanes y de fomentar la presencia del Ejército afgano en las operaciones contra los insurgentes. Pero se trata, en realidad, de continuar con el estado de guerra sin tener en cuenta que, para un sector de los afganos, los talibanes siguen siendo libertadores levantados contra el invasor. Y sin tener en cuenta que el principal enemigo del progreso sigue siendo la falta de oportunidades entre los jóvenes afganos (el 65 por ciento de la población tiene menos de 28 años).

Ramazán Bashardost

Ramazán Bashardost

Esto último es algo que tiene claro el candidato Ramazán Bashardost –tercero en el recuento de voto-, un ex ministro de Planificación que ha hecho campaña desde una tienda de lona emplazada frente al parlamento afgano, sin ningún tipo de protección de seguridad y sin temor de sufrir ataques (¿quién va a querer matarme a mí?, se pregunta). Bashardost combina una fiera lucha contra la corrupción con ideas algo peregrinas respecto al final de la guerra (propone comandos contra objetivos en Pakistán si ese país se inmiscuye en los asuntos afganos), pero la propuesta que importa aquí es su llamada de atención sobre el subdesarrollo del país.

Bashardost acusa a las ONG occidentales de embolsarse dinero destinado a obras públicas, pone nombre a las ovejas negras de las organizaciones estatales de ayuda, rastrea el desvío de fondos en un país que languidece a la cola de los índices mundiales de corrupción. Quiere, dice, el desarrollo para que las pagas militares o insurgentes dejen de ser una opción atractiva –o la única opción- de los jóvenes en un país “acostumbrado a guerrear desde el Paleozoico” (en palabras de una fuente diplomática) y con un deporte nacional, el buzkashí, que es una pequeña batalla en miniatura. Bashardost no tiene posibilidades de victoria, pero ha atraído a un número de votantes suficiente (ronda el 10 por ciento) como para ser tenido en cuenta. “Los votos de Bashardost –bromeaba un colega periodista el primer día de escrutinio- serán los únicos reales en estas elecciones. Lo demás, puro fraude”.

La tienda de Bashardost es tan pequeña como cualquiera de los dos cañones que adornan la entrada del surrealista palacio de Karzai. En un lugar como Afganistán, donde la vida vale menos que un melón, bastaría con que uno de esos integristas suicidas corriera unos metros desde la carretera para llevarse de un soplo explosivo a Bashardost y a su tienda. Pero, paradójicamente, estar allí mete menos miedo que pasar veinte minutos a las puertas de la ISAF, con los soldados macedonios impidiendo el paso y -es un suponer- en la mirilla de los insurgentes. Y de lo que ocurre en Afganistán con los palacios da buen testimonio el edificio de Darul Amán, la mole inmensa del shá. Hoy yace ruinoso a las afueras de Kabul –bien es verdad que todavía majestuoso- y vigilado por un grupo de aburridos soldados que matan las horas tumbados a pierna suelta en camastros a la sombra, parapetados tras interminables alambradas.

palacio de darulaman, kabul

palacio de darulaman, kabul

Desde los huecos para los ventanales de Darul Amán, vieja morada del rey, se divisa Kabul, a lo lejos. Una ciudad entre montañas tomada por el polvoriento calor del verano y por miles de soldados venidos de muy lejos mientras el mundo se interroga para qué sirve todo esto.

Afganistán es un país partido en tribus y etnias de difícil convivencia –pastunes, tayikos, hazaras, uzbecos-, con dos generaciones enteras que han crecido con la guerra como hábitat natural. Una encrucijada de rutas con vecinos de ambiciones opuestas que la han convertido en tablero de sus intereses propios (país sin mar, hay tres vías de suministro terrestre, pero los occidentales no controlan ninguna), como lleva pasando desde Alejandro Magno. Los mimbres del estado son débiles y a Karzai lo llaman viciosamente el “alcalde de Kabul”, porque su control sobre el país no llega ni a los pilotos del avión presidencial (historia que contaré otro día).

Hablando de aviones: regresaba desde Kabul vía Kandahar, un vuelo de la compañía Ariana que domina a baja altura las montañas de Ghazni y Zabul antes de llegar al pedregoso aeropuerto del bastión talibán. Un azaroso compañero de viaje me iba señalando los accidentes de las sierras, aquí un pueblo, allí un valle, dominado todo por las ocres montañas afganas. “¿Eres tayiko o pastún?”, le pregunté. “Soy afgano”, me respondió con retintín. Y ya más serio, fue detallando los peligros del camino allá abajo: talibanes, salteadores, mujeres atrapadas, pobreza por todas partes. La mayoría de los jóvenes en este país no tienen de qué vivir ni saben qué hacer”, decía, “la demanda de desarrollo es urgente y vital ”.

O sea, me despedí de Afganistán, más estrategia y menos tácticas.

Suerte para Cáceres 2016

August 28, 2009

Se trata del palacio de Darul Aman, a unos 10 kilómetros del centro de Kabul. Fue construido por el gran rey afgano Amanulá en la década de 1920, pero, tras varios incendios y décadas de guerra a tumba abierta, su interior está completamente destruido. Sus únicos habitantes son un pájaro majestuoso, una camada de cachorros recién nacidos y unos cuantos soldados que holgazanean en camastros a la sombra.

Mar de Kabul (F. Wajidi)

August 14, 2009

Vuelan pájaros ciegos bajo los mantos celestes

Atraviesan hilos que se retuercen de deseo

Y lo llenan todo de luces

Inundan el imán de sol sobre el cemento

Flotan como espuma de olas y rompen sin voz

Aquí, tan lejos del océano

Su pleamar se cose a sí misma como la música

Que no se recita y así no se corrompe

Por el tiempo. Pasa sólo fuera de ellas

Como un demonio furioso

Y las deja intactas mientras lo arrebata todo

Los muros ocres como de humana arena

Los huesos caníbales del palacio del shá

Rotos carros de bomba y el avión de combate

Cuánto voló hasta dar caza al alma robada

Y hoy sujeta pero ya para siempre fuera de sí

Camina y canta la niña de la mano

De alguien perdido como un espectro sellado

Que se dejó guardadas las esquinas vencidas

En cajas en sótanos de pura memoria

Para dejar su juventud en el deseo de otros

Arma que apunta como la curiosidad tensa

Lánzalo a volar, en tu ceguera

Averigua por qué cuencas secas navegan los ojos

Si se detienen en alerta

Las mecánicas medusas de su vapor de verano

Y a que corazón sus manos se dirigen

Para estudiar el amor

Hace tanto calor que no se pasa y

Que los pájaros vuelan como si fueran peces

Y como no tiene edad la tentación dura siempre

Por estos secos ríos invisibles de Kabul

Nadan bailes eternos que se remansan de camino al bazar

Y se susurran como gotas de lluvia para los montes sedientos

Oasis en los márgenes escritos que te leen de reojo

En ese risco subterráneo donde te bañabas de noche

Crees que comienza el desierto, pero con la alucinación del mar

Navegan los ojos, y las manos se dirigen

Hacia tu lugar de molusco y mañana y siempre

Y que la marea sigue y que bajo su impulso celeste

Si yo pudiera levantar el mar, al fin y al cabo

El pájaro hace tiempo que voló como los peces

No queda más que viento silencioso

Porque el silencioso aire de la nada

Va contra mi pecho entrecortado y nada más

Es el nombre que toma el infinito

Y contra mi inseguridad tuya el tiempo forja

otras coordenadas de marina estrella

Sin dejar heridas bajo los mantos celestes

De silencio medusa y mar

Todos tan lejos de los demás océanos

Y mi tentación que pregunta si le dejarás hablarte

Y te volverás de repente vieja dispuesta a morir

Consumir tu momento de aire y tu halo enamorado

Tan lejos, al fin y al cabo, de todo lo demás.

« Previous Page