La corrupción corroe las perspectivas de desarrollo de la India
November 5, 2009
Nueva Delhi, 2 mar 2009.- Con su poderosa burocracia, su clase política intocable y los ubicuos intermediarios, la India se enfrenta mal armada a una corrupción masiva, que resta al PIB, según estimaciones de economistas, 1,5 puntos de crecimiento anual.
Aunque no existe un cuadro completo de la corrupción en la India, hay datos que apuntan a un fraude generalizado en algunos de los planes de financiación pública: al menos el 70 por ciento de los fondos rurales no llega a su destino, según los expertos citados en “La hora de las reformas económicas” de Gilbert Étienne.
“Hemos establecido tres tipos de corrupción: la del sector corporativo, la corrupción política y la que afecta al hombre común, en el día a día”, dijo en entrevista con Efe el vicepresidente de Transparencia Internacional en la India (TII), S.K. Agarwal.
Su organización presentó en 2008 un informe sobre la percepción que tienen las familias más pobres sobre la corrupción, con resultados demoledores para instituciones como la Policía, los partidos políticos o los organismos encargados de la distribución de comida.
Más de un 40 de los encuestados, procedente de familias que viven bajo el umbral de la pobreza, aseguró haber pagado sobornos o usado contactos en su relaciones con la Policía y los servicios de vivienda y propiedad.
El total de las cantidades ilegales aportadas por los más pobres para obtener servicios básicos, según TII, ascendió el año pasado a 180 millones de dólares, una cantidad importante si se tiene en cuenta que viven con apenas 12 rupias (0,23 dólares, al cambio actual) por persona y día.
“No hay interés político en acabar con la corrupción, se lamentó Agarwal. Burócratas y políticos son responsables y se benefician del fraude, por ejemplo, financiando campañas electorales. Así que no serán ellos quienes cambien las cosas”.
En los últimos años han sido notorios en la India varios casos de asesinato o degradación laboral de “whistle-blowers” (delatores), como se conoce a quienes denuncian los casos de fraude y corrupción dentro de su institución.
Uno de ellos es el funcionario M.N. Vijayakumar, quien lucha contra la corrupción de las instituciones públicas de la región de Karnataka (suroeste) y está siendo sometido a un acoso incesante, aseguró a Efe por teléfono su esposa, Jayashree.
“Está luchando solo. Ha sido cambiado de puesto ocho veces y ha sufrido tres intentos de asesinato. Nadie investiga. La corrupción es masiva, ocurre abiertamente”, denunció este ama de casa de Bangalore, que creó una página web para denunciar el fraude y ha llegado a pedir la suspensión de su marido “para protegerle”.
Según Jayashree, los policías de la región deben pagar cantidades de hasta 30.500 dólares para obtener ascensos, lo que los lleva a endeudarse y a aceptar luego sobornos y practicar la extorsión para pagar esa deuda.
En Karnataka, una de las regiones más corruptas de la India, ha llegado a circular un impreso con las “tarifas” para la cremación de los muertos: dos dólares por sacarlo de la furgoneta, tres por lavar el cadáver, 20 dólares por enterrarlo.
Según el economista Sanjay Sanyal, de cada 100 dólares destinados para construir carreteras en la capital regional, Bangalore, sólo 40 se emplean en ello: 20 dólares son el margen de beneficio del constructor y los otros 40 van al bolsillo de los políticos.
“Los tentáculos de la corrupción afectan al mundo corporativo, a la pequeña y la gran empresa. Salvo quizá la familia Tata, los grandes nombres de las compañías indias, ¿llegaron a lo más alto sin tacha?“, se cuestionó Agarwal.
De acuerdo con Transparency International, las empresas indias están entre las que pagan más sobornos del mundo cuando hacen negocios, por detrás de Rusia, China o México y por delante de Brasil.
La India sufre impagos de las facturas de teléfonos, robos de carbón en las minas y de conexión eléctrica, una multimillonaria evasión fiscal, malos créditos bancarios y malversaciones de fondos públicos a menudo sin castigo por la lenta marcha de la justicia.
Según Agarwal, una solución a largo plazo vendrá del gobierno electrónico: si los ciudadanos pueden resolver sus problemas en la red, dijo, se reducirá su dependencia de los intermediarios.
Y a la busca de arreglo, en la India proliferan originales pero insuficientes iniciativas privadas contra la corrupción, como la de una asociación que creó billetes de cero rupias para pagar con ellos a los guardas de tráfico corruptos.
La promesa del mercado indio sigue esperando a la desconocida España
November 5, 2009
Nueva Delhi, 5 dic 2008.- El desconocimiento mutuo, la falta de imagen de marca y la ausencia de conexión directa aérea son algunos de los desafíos que España debe superar para entrar con fuerza en el mercado indio, donde ocupa un modesto puesto 42 entre los exportadores.
“Necesitamos tener unas relaciones mucho mayores, algo que está en proceso. Vemos ya signos de que crecerán y hay que darles un gran empujón”, dijo a Efe el presidente de las Federación de Cámaras de Comercio e Industria Indias (FICCI), Amit Mitra.
Con ese objetivo tendrá lugar en la capital india la próxima semana el “foro India-España de inversiones y cooperación comercial”, organizado por el FICCI y la Oficina Comercial española, que contará con la presencia del ministro de Industria, Miguel Sebastián.
Al evento, el cuarto de este tipo organizado en la India, acudirán 46 empresas españolas que tendrán ocasión de explorar “nuevas oportunidades de inversión y colaboración empresarial”, según el comunicado oficial.
El reto es reforzar la imagen y la presencia de las empresas españolas en un mercado donde sus exportaciones suponen sólo el 0,39 por ciento del total en la India, con un valor de 742 millones de euros en 2007.
“Necesitamos potenciar nuestra imagen de marca España, todavía una gran desconocida en la India. Además, debemos intensificar los contactos empresariales, que las empresas se animen a tener una presencia constante en la India”, expuso a Efe la consejera comercial de España en Nueva Delhi, Teresa Solbes.
España se propone alcanzar un comercio bilateral con la India por un valor de 7.000 millones de euros en 2012, desde los 2.929 millones en 2007, según datos del informe anual de la Oficina Comercial española en Nueva Delhi.
Las relaciones comerciales entre ambos países han crecido un 337 por ciento en la última década -un 22,74 en el último año-, pero la Oficina continúa considerando el monto total como “reducido”.
“El valor es todavía bajo, pero debemos mirar la tendencia, que es muy positiva. España ha estado tradicionalmente centrada en Latinoamérica y ahora ha comenzado a mirar también a Asia. Nuestras empresas deben competir en un mundo globalizado”, añadió Solbes.
España arrastra una balanza comercial desfavorable con la India, con importaciones el año pasado de 2.187 millones de euros, sobre todo en el sector textil, el cuero, el calzado, los químicos, el pescado y la siderurgia.
Y en el capítulo exportador, España ha basado su comercio con la India en los bienes industriales y la maquinaria, que concentran el 88,4 por ciento del total, debido en parte a las dificultades técnicas y los altos aranceles que sufren otros sectores.
“Nuestro déficit comercial es un problema estructural. Yo creo que una solución pasa por desarrollar los servicios. Nuestra tecnología es sofisticada y casa bien con las necesidades indias, así que lo que podemos vender se ajusta al país”, mantuvo Solbes.
La evolución de las relaciones comerciales vendrá marcada por la designación del país asiático como “prioritario”, la apertura de una Oficina Comercial en Bombay y la firma de un Acuerdo de Comercio entre la India y la Unión Europea.
Pero para alcanzar los objetivos, las empresas españolas deben mostrar más interés en la India: “Deben animarse a venir en un número mucho mayor”, reclamó Mitra, quien mencionó la falta de conexión aérea directa como un “constreñimiento”.
La Oficina Comercial en Nueva Delhi tiene constancia de 114 empresas españolas operando en la India, frente a las 34 de 2004, un aumento superior al 300 por ciento en menos de cinco años, pero que parte de niveles muy bajos.
“Este es un mercado complejo que tiene características propias, así que requiere constancia -explicó Solbes-. No es un mercado tan intuitivo, por ejemplo, como el alemán. El mercado indio tiene unas condiciones que hacen necesaria una adaptación”.
Al menos, en los ocho primeros meses de 2008 la tendencia ha sido positiva: las exportaciones a la India crecieron un 11,88 por ciento respecto al mismo período de 2007, con un valor de 535,7 millones de euros.
Queda por ver qué impacto tendrá sobre las expectativas la crisis económica, que ya deja sentir sus efectos también sobre la India.
A punto de acceder a mercado nuclear, India proyecta inversiones millonarias
November 5, 2009
Nueva Delhi, 21 ago 2008.- A punto de ver abiertas las puertas del mercado nuclear internacional, la India proyecta inversiones de 300.000 millones de dólares para un programa atómico civil con el que busca paliar la carestía energética que lastra su crecimiento.
El país asiático tiene operativos en la actualidad 17 reactores con una producción teórica de 4.120 megavatios, que se convertirán en 15.180 con los nuevos proyectos que se ha fijado la Comisión Atómica de la India hasta el año 2020.
“La energía nuclear supone en el país un 3 por ciento de la producción total de energía. Confiamos en alcanzar el 10 por ciento en el año 2020″, explicó a Efe Sudhinder Thakur, director ejecutivo del consorcio público nuclear de la India (NPCIL).
Los proyectos de expansión y de nuevos reactores tienen un valor de 300.000 millones de dólares y se estima que se crearán 100.000 puestos de trabajo, pero no solucionan la principal carencia estructural india en materia nuclear: la falta de uranio.
La capacidad de 4.120 megavatios es apenas un valor teórico; en realidad, la India produce sólo 1.790, debido a problemas técnicos “temporales”, al mantenimiento de reactores o a la falta de permisos políticos para acceder a nuevas minas de uranio, según los expertos.
Aquí es donde entra en escena el “nuclear deal”, como es conocido en el país el acuerdo alcanzado en 2007 con Estados Unidos, que permitirá a la India acceder al mercado nuclear internacional a cambio de separar sus instalaciones nucleares militares de las civiles.
El acuerdo ha requerido la firma de salvaguardas con el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y aún precisa el visto bueno del Grupo de Suministradores Nucleares, ante los que la India expone hoy su caso en Viena.
“Lo que hará el acuerdo nuclear será traer recursos extras. No tenemos tanto uranio en la India como para cubrir el 100 por ciento de nuestras necesidades. Así que yo veo esto como un comercio”, comentó a Efe el portavoz de la Comisión Atómica india, Anil Malhotra.
“El acuerdo será importante por el comercio internacional nuclear. Vendrán reactores foráneos. Las compañías de la India podrán fabricar componentes. Aquí los costes son más baratos, así que muchas empresas internacionales podrían inclinarse por instalarse aquí, como ya pasó con los automóviles”, agregó.
Según el secretario de la Federación de las Cámaras Indias de Comercio e Industria (FICCI), Amit Mitra, citado por la agencia IANS, el acuerdo nuclear traerá consigo mejoras tecnológicas, creará oportunidades para 400 empresas del país y contribuirá a aliviar el déficit eléctrico.
La India es el quinto país del mundo con más generación de electricidad, pero la nimia producción per cápita obliga a decenas de millones de personas a encender velas o lámparas de aceite cuando cae la noche, y los frecuentes cortes de suministro causan pérdidas cuantiosas a la industria.
Con una producción anual de 653.172 millones de kilovatios-hora, el país arrastra un déficit energético de 73.050 millones, que el pacto atómico no eliminará salvo que lleve a la India a quintuplicar su producción nuclear actual (en torno a 17.000 millones).
El acuerdo no ha estado exento de polémica: a la reserva que suscita en Occidente el hecho de que la India no haya suscrito el Tratado de No Proliferación Nuclear, el Gobierno indio debió unir una férrea oposición interna que le puso contra las cuerdas.
Tras meses de debate incesante, el Gobierno debió superar en julio una moción de confianza sometido a dos argumentos de la oposición: los comunistas no aceptaban el pacto con el “amigo americano”, y los radicales hindúes del BJP le acusaban de poner en peligro la independencia del programa militar estratégico.
“Todo era fruto de la desinformación. Es un acuerdo comercial que no nos atará las manos. Nuestra soberanía no quedará comprometida, porque sólo pondremos bajo control los reactores civiles. En los militares, podremos seguir usando el plutonio”, mantuvo Malhotra.
La India sólo podrá usar el uranio extranjero en los 14 reactores que quedarán bajo vigilancia del OIEA, pero los científicos aplauden el fin del “apartheid nuclear” vigente desde que el país inició la carrera atómica, en 1974.
Los Ambani mantienen nuevo duelo en la cumbre de la economía india
November 5, 2009
Nueva Delhi, 17 jun 2008.- Un pacto con una empresa surafricana, MTN, ha hecho aflorar de nuevo la enconada rivalidad que mantienen los hermanos millonarios indios Anil y Mukesh Ambani, que poseen una fortuna conjunta de casi 100.000 millones de dólares.
MTN está en conversaciones con Reliance Communications (RComm) -propiedad de Anil- para intercambiarse acciones, pero esta semana entró en liza la compañía emblemática de Mukesh, Reliance Industries, que envió una carta a MTN asegurando que su grupo mantiene un derecho de veto sobre cualquier oferta.
El embrollo se explica porque Anil y Mukesh dividieron en 2006 el imperio paterno a la muerte de éste, aunque el acuerdo al que llegaron ha sido hasta ahora respetado a duras penas por los hermanos, embarcados en una constante rivalidad profesional.
Tan determinante es su competencia, que hasta el ministro indio de Finanzas, P. Chidambaram, ha hecho referencia a las diferencias entre ambos: “¿A quién le importa si se pelean? Los mercados crecen por la rivalidad entre ambos”, reconoció.
El patriarca de los Ambani, Dhirubhai, era originariamente un empleado de gasolinera que había fundado la compañía Reliance Industries y construido un enorme imperio textil y siderúrgico con un entramado de más de 300 filiales.
“La gente pensó que con la separación el negocio sufriría, pero ha sucedido al contrario. Los hermanos están multiplicando su riqueza. Ambas empresas son complementarias y el grupo tiene un papel muy importante en la economía india”, dijo a Efe una fuente de la compañía.
A la muerte en 2002 del patriarca, Reliance era ya la mayor empresa de la India y lideraba la lista mundial por número de accionistas, con operaciones en el campo petroquímico, telecomunicaciones, mercado textil y las finanzas.
Pero la brecha se abrió a su muerte: apenas dos años después estallaron las diferencias entre los dos herederos, cuando Mukesh reconoció “problemas de propiedad” con su hermano por la empresa, cuya actividad suponía el 4 por ciento de la economía india.
“El acuerdo llegó a mediados de 2006. La madre, Kokilaben, se quedó el 30 por ciento de las acciones; dio un 30 por ciento a cada hijo varón y un 5 por ciento a sus dos hijas. Anil y Mukesh no tienen problema en saludarse, al menos en público”, asumió la fuente de Reliance.
En virtud del pacto, Mukesh, de profesión ingeniero, mantuvo el control de Reliance Industries en los sectores petroquímico y del gas, mientras que su hermano Anil se hizo cargo de la rama de Energía, las telecomunicaciones (RComm) y el brazo financiero del grupo.
Ambos firmaron una cláusula que les impedía entrar en competencia durante diez años, aunque apenas un año después pugnaban ya por la construcción de un puente y el desarrollo del aeropuerto de Bombay, y Anil ha mostrado últimamente interés en prospecciones de petróleo.
El pequeño intenta desarrollar su propia marca (ADAG, Anil Dhirubhai Ambani Group), pero ambos grupos, que no pierden de vista la actividad del otro, han conservado la denominación Reliance como emblema y usan el nombre en todas sus actividades.
Y, sobre todo, los dos hermanos han ejecutado ambiciosos planes de expansión que tocan ya cada rincón del mercado indio y han dado fuelle a los desbocados ascensos bursátiles anteriores al estallido en enero de la crisis financiera estadounidense.
Anil ha diversificado sus intereses en energía, entretenimiento, hoteles, propiedad y comunicaciones, mientras que Mukesh ha aumentado su presencia en el mercado de hidrocarburos, ha invertido en refinerías y ha saltado al sector de la distribución comercial.
Su competencia ha disparado sus fortunas: Mukesh posee, se estima, unos 49.000 millones de dólares, pero su hermano le pisa los talones en lo alto de las listas de multimillonarios del mundo, con 45.000 millones de dólares.
Esa competición oficiosa tiene todavía visos de aumentar con la aparición de MTN y la amenaza de acciones legales para dirimir la siempre difícil relación de los dos hermanos por Reliance, el mayor titán de la economía india.
“La gente lee ‘Reliance’ y compra sin preguntar nada. Con el nombre basta: la compañía es tan popular para la India como la estatua de la libertad lo es para Estados Unidos“, dice a Efe el analista de mercados Basant Maheswari.
La India abre la puerta al aceite de oliva
November 5, 2009
Nueva Delhi, 4 abr 2008.- Las virtudes saludables del aceite de oliva han convencido a las autoridades indias para reducir los aranceles hasta el 7,5 por ciento, aunque el reto sigue siendo dar a conocer el producto entre los consumidores del país asiático.
“En la India existe la tendencia a poner aranceles altos a productos considerados lujosos, como el aceite de oliva. Pero al mismo tiempo este aceite es muy saludable, así que lo discutimos específicamente”, declaró a Efe el vicepresidente de la Comisión Planificadora (PC), Montek Singh Ahluwalia.
Hasta ahora, el aceite de oliva virgen estaba gravado con un arancel del 45 por ciento, mientras que el impuesto sobre el aceite de oliva refinado y para loción era del 40 por ciento, muy por encima de otros tipos de aceite.
“Anteriormente, el consumo del aceite de oliva era ignorado y, debido a los impuestos, estaba restringido a las elites, porque el consumidor medio lo encontraba demasiado caro”, declaró tras conocer la decisión el presidente de la Asociación India de la Aceituna (OIA, siglas en inglés), V.N. Dalmia.
Con los aranceles vigentes hasta ahora, un litro de aceite de oliva virgen podía llegar a costar en la capital india unas 720 rupias (11,48 euros), aunque la OIA espera ahora que esos precios disminuyan en torno a un 15 por ciento.
Esta asociación, que agrupa a los importadores y distribuidores del sector, había pedido varias veces al Gobierno la supresión de los aranceles con el doble argumento de que es un alimento “saludable” y de que no existen productores indios.
“Es el producto más sano del mundo para cocinar, con una protección incomparable contra las enfermedades cardiovasculares“, había dicho Dalmia, en un país donde cincuenta millones de personas tiene problemas del corazón.
Pero, aparte de la bajada de precios y sus virtudes sobre el papel, el nuevo reto que deben afrontar los importadores es dar a conocer el aceite de oliva entre las clases medias, ya que hasta ahora el producto era coto cerrado de los más pudientes.
“El principal problema no son los impuestos, sino que la población aún no ve los beneficios de consumirlo”, explicó a Efe Sudhir Nayar, el representante en la India de la compañía aceitera italiana Bertolli.
Los consumidores indios limitan el uso del aceite de oliva al aliño de ensaladas y también como cosmético para el cuidado de la piel, pero aún no han sacado de la sartén otras variedades más típicas, como el aceite hidrogenado de palma (“vanaspati“), nefasto para el colesterol.
“No tenía lógica reducir aranceles de aceites menos saludables y no el impuesto sobre el aceite de oliva. Porque la gente normal podría consumir sólo los aceites de peor calidad, mientras el aceite de oliva quedaba en manos de la gente rica”, asumió el vicepresidente de la Comisión Planificadora.
Con la decisión de bajar los aranceles, la India se ha puesto por delante de otros países asiáticos, como China, que aplica un arancel del 10 por ciento, y de Taiwán o Corea del Sur, que gravan las importaciones con un 8 por ciento.
Pero además, ese ansiado 7,5 por ciento dará aún más alas a un mercado que crece rápidamente: en el año 2007, la India importó 23.000 toneladas de aceite de oliva, y en 2012 se prevé un aumento de un 80 por ciento, hasta alcanzar las 42.000 toneladas.
Esa perspectiva es la que ha llevado a la empresa española Sojivit a entrar en el mercado indio con todas las consecuencias: cultivando aceite ecológico en la región india de Himachal Pradesh (norte) y empezar a comercializarlo a partir de 2012.
Pese a que las condiciones climáticas de la India dificultan la producción de un aceite de oliva de calidad, desde Sojivit aseguran contar con pruebas satisfactorias y recuerdan que los ingleses ya plantaron olivos cuando este país era colonia británica.
Y la idea es bien vista por las autoridades.
“Con la globalización, la gente está empezando a amar cosas parecidas. Así que aquí también deberíamos ser capaces de producir aceite de oliva, siempre que encontremos el lugar donde puedan crecer las aceitunas”, concluyó Montek Singh Ahliwalia.
Apreciación de la rupia frente al dólar, nuevo dolor de cabeza para Gobierno
November 5, 2009
Nueva Delhi, 20 sep 2007.- Pese a rubricar hoy su apreciación más rápida en tres décadas frente al dólar, el Gobierno mira con preocupación el rápido ascenso de la rupia, que representa un peligro para los exportadores y amenaza la balanza comercial.
La divisa india rompió hoy la barrera simbólica de las 40 rupias por dólar y cerró en 39,91, una cifra que sirve para culminar una subida superior al 10 por ciento desde septiembre de 2006.
Guiada por la fortaleza de la economía india, la apreciación de la divisa frente al dólar en los últimos dos días radica en parte en la decisión de la Reserva Federal estadounidense de recortar medio punto los tipos de interés.
Esa medida, según varios expertos en el mercado, podría llevar a nuevas entradas de capitales en el parqué indio, porque los inversores prefieren invertir en monedas de alto rendimiento, como es el caso de la rupia.
“La rupia demuestra que hemos crecido. Es el mercado quien la empuja y confío más en el mercado que en los juicios del banco central indio o del ministro de Finanzas”, comentó hace unos días el consultor Jamal Mecklai en declaraciones al diario “The Times of India”.
La fortaleza de la divisa india y la debilidad del dólar han causado una apreciación de la rupia de más de un 10 por ciento en los últimos seis meses, en la mayor subida en tres décadas.
Pero la rupia no sólo crece respecto al dólar: entre enero y mayo de este año, el valor de la moneda india aumentó un 8 por ciento respecto a la libra, un 6,9 respecto al euro y un 11,2 por ciento respecto al yen, cantidades apreciables que, sin embargo, causan dolores de cabeza a los exportadores indios.
A pesar del orgullo de algunos inversores, un sondeo realizado por la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria de la India (ASSOCHAM) mostró que un 80 por ciento de los exportadores se queja por la apreciación de la moneda, que les ha dejado en una situación “poco competitiva”.
El Gobierno anunció en julio un paquete de ayudas de 14.000 millones de rupias para ayudar a paliar sus efectos, pero ello no ha servido para hacer disminuir su “preocupación” por el estado de las exportaciones y por el aumento del déficit comercial.
“Las exportaciones son un motor del crecimiento y debemos asegurar que el crecimiento no se ve afectado”, dijo al respecto el ministro de Comercio e Industria, Kamal Nath, que se negó hoy a revisar a la baja la previsión de exportaciones para este año, fijada en 160.000 millones de dólares.
Pero una fuente oficial que pidió el anonimato ya adelantó en julio pasado que el objetivo no sólo no se cumplirá, sino que además la apreciación de la rupia amenaza 275.000 empleos.
“Con una tasa de cambio de 40 rupias por dólar, intentaremos mantener la cifra de exportaciones del año pasado. Nuestra mejor apuesta sería rondar los 140.000 millones de dólares”, dijo.
En su carrera loca contra el dólar, la rupia cuenta además con el apoyo del índice Sensex de la Bolsa de Bombay, que superó este miércoles por primera vez los 16.000 puntos con la máxima subida en un sólo día (653 puntos).
La mayoría de las monedas asiáticas han subido estos días respecto al dólar, aunque la rupia es la que mayor apreciación ha registrado en los últimos años, sólo por detrás del real brasileño.
“En el pasado, los costes de las transacciones y la falta de buenas infraestructuras, unidos al escaso apoyo del Gobierno a los exportadores, han amenazado sus beneficios”, dijo el presidente de ASSOCHAM, Venugopal N. Dhoot, a la agencia india IANS.
Ahora, con los sectores de joyería, pieles y el textil (cuyas exportaciones cayeron un 25-40 por ciento en abril y mayo) sufriendo los efectos de una rupia poderosa, parece que los exportadores tienen un nuevo problema.
Mientras los negocios de exportación sufren, hay sin embargo quien saca partido a la nueva situación: los operadores de viajes y los consumidores.
“Cada vez más indios viajan al exterior. Los precios de los paquetes turísticos en el extranjero han caído un 10 por ciento”, declaró a “The Times of India” uno de los responsables del ramo.
Y, a la espera de que la fuerte rupia reduzca los precios de los productos importados, los consumidores de la nueva clase media se preparan para llenar sus casas de televisores japoneses, móviles europeos y ordenadores norteamericanos.
El sari
October 24, 2009
Haciendo honor a una vieja promesa, hablaremos hoy del sari, la prenda de vestir tradicional utilizada por millones de mujeres en el sur de Asia. Repasaremos su historia y los estilos tradicionales, pero: “Los lectores que solo deseen saber cómo ponerse un sari, pueden bajar directamente hasta el final del texto, donde hay una descripción paso a paso“. Y los demás, pasemos al meollo:
Concepto. Un sari es un colorido atuendo femenino que prevalece en el subcontinente indio. Consiste de una larga tira de tela sin puntadas, que va desde cuatro a nueve metros de longitud y se ajusta al cuerpo de la portadora según diferentes usos y estilos. La forma más común de ponerse un sari es envolviendo la cintura femenina por uno de los extremos, mientras el otro borde pasa por encima del hombro, con el estómago descubierto.
Normalmente, las mujeres del subcontinente se ponen el sari por encima de una pequeña blusa denominada choli o ravika. El choli tiene mangas cortas, un cuello bajo y se presenta cortado, para ayudar a las mujeres a soportar el duro verano del sur de Asia. El calor es tal que en algunos lugares, como la región de Orissa, las mujeres se recubren los pechos directamente con la tela del sari. Los cholis pueden no cubrir la espalda y son de grosor variado. Vienen provistos de motivos variados, como espejitos, y diseños recargados si se comparan con la ropa occidental. El sari es una prenda común a toda la India.
Origen e historia. La palabra “sari” evolucionó desde la palabra en prakrit (derivada del sánskrito) “sattika”, mencionada en la temprana literatura jainí y budista.
La historia india del textil traza los orígenes del sari en la Civilización del valle del Indo, que floreció nada menos que entre los años 2.800 y 1.800 antes de Cristo en la parte oeste del subcontinente, en parte del territorio que ocupa actualmente Pakistán. La primera representación conocida del sari es la de una estatua de una sacerdotisa del valle del Indo, ataviada con una tela.
Viejos poemarios tamiles, como el Silappadhikaram o el Kadambari, describen mujeres vestidas con sensuales saris. En la tradición clásica india y según el tratado Natya Shastra (que describe el baile y los trajes clásicos), el ombligo del ser supremo es considerado la fuente de la vida y la creatividad, y por ello el sari debe dejar el estómago al descubierto.
Algunos historiadores de la vestimenta creen que el dhoti, una especie de calzón envolvente y la más vieja prenda India, es el precursor del sari. Aunque hoy es exclusivamente cosa de hombres, hasta el siglo XIV fue portado indistintamente por ambos sexos.
Todavía hoy se conservan esculturas de las escuelas Gandhara, Mathura y Gupta (siglos I-VI después de Cristo) que muestran diosas y bailarinas mostrando lo que parece ser un dhoti en versión amplia, que recubre las piernas ampliamente y entonces flota hasta marcar un largo y decorativo pliegue por delante de ellas. El corpiño no es visible.
Otras fuentes mantienen que la ropa de cada día consistía en un dhoti, combinado de una banda para el pecho y un velo que podía ser usado para cubrir la parte superior del cuerpo o la cabeza. Todavía existe en Kerala (sur de la India) una prenda parecida.
Lo que se acepta generalmente, sin excepciones, es que los atuendos relacionados con el sari, los chales y los velos, han sido llevados por las mujeres indias en su forma actual desde hace cientos de años.
Pero persiste la polémica en torno al choli o blusa y la ropa interior. Algunos investigadores creen que estos componentes no existían antes de la llegada de los británicos a la India, y piensan que fueron introducidos para satisfacer la conservadora idea victoriana del recato y el pudor. Lo que ellos dicen es que antiguamente las mujeres solo llevaban la tela, y dejaban expuestos los pechos y la parte superior del cuerpo.
Aunque hay historiadores que presentan ejemplos para desmentir esta versión, en Kerala y Tamil Nadu (sur) y en Orissa (este) todavía es possible ver algunos ejemplos de esta práctica. Y textos poéticos clásicos indican que durante el período sangam, una sola pieza de tela servía para cubrir tanto la parte baja del cuerpo como la cabeza, con lo que el estómago y los pechos quedaban al aire.
Estilos del sari. La forma más común de ponerse un sari es envolviendo la cintura, y llevar entonces el extremo suelto de la tela hacia arriba hasta pasarlo por encima del hombro, pero dejando al aire el estómago. Aunque el sari puede ser vestido de distintas formas, algunas de ellas requieren una tela de particular forma o longitud. Así, los expertos categorizan el estilo bengalí, el gujaratí, el maratí, el dravida, el madisara, el kodagu, el gond o los estilos tribales. Pero el más popular de todos ellos es el estilo “nivi”, originario de la región de Andhra Pradesh, en el sureste de la India.
La tela nivi comienza con un extremo del sari metida en la faja. La tela es envuelta una vez por la parte baja del cuerpo, y entonces se une en pliegues justo delante del ombligo. El extremo superior de los pliegues también se mete por la parte de la cintura de la faja. Esto crea un efecto muy decorativo, que los poetas indios comparaban en el pasado con los pétalos de una flor. El tutorial ofrecido al final del artículo sigue este estilo.
Tras un nuevo giro alrededor de la cintura, el extremo suelto es pasado por encima del hombro. Este extremo es denominado el pallu o pallav. Hay que pasarlo diagonalmente por delante del torso. Se lleva cruzado desde la cadera derecha hacia el hombro izquierdo, con lo que el estómago es parcialmente visible. El ombligo puede quedar oculto o a la vista en función de la preferencia de la portadora. El extremo largo del pallu que llega hacia la espalda está a menudo muy decorado. El pallu puede quedar colgando libremente o ser usado para cubrir la cabeza, o simplemente la nuca, pasándolo por el hombro derecho.
Este estilo fue popularizado por las pinturas de Raja Ravi Varma, que modificó el estilo del sur. En una de sus pinturas, el subcontinente indio fue representado como una mujer que llevaba un etéreo sari en estilo nivi.
El sari como prenda. En el pasado, los saris eran de seda o de algodón. Los ricos podían permitirse tejidos finamente bordados, diáfanos saris de seda que, según el folklore, podían pasar a través de un anillo anular. Los pobres vestían saris de algodón, con tejidos baratos. Todos estaban hechos a mano, y suponían un considerable desembolso monetario y de tiempo.
Los saris más simples de las aldeanas están a menudo decorados con líneas cosidas en el tejido. Los saris baratos eran además tratados con impresión por bloque, utilizando madera, secados vegetales o planchados. Los más caros tienen ornamentos o brocados geométricos, florales o figurativos como parte del tejido. A veces, los hilos son planchados y luego tejidos. A veces, los hilos de diferentes colores eran tejidos en un borde ornamentado, un pallu elaborado y, a menudo, pequeños acentos repetidos en la tela. Para los saris de élite, esos patrones podían ser cosidos con hilos de oro o plata, el estilo “zari”.
A veces, los saris tenían aún más decoración, con varios tipos de bordados, ya sea de seda coloreada (resham), o hilos de plata, oro o piedras preciosas (zardozi). Las versiones baratas del Zardozi usan hilos metálicos sintéticos y piedras de imitación, como perlas falsas y cristales Swarovski.
En tiempos modernos, los saris son tejidos en máquina mecánica y son confeccionados con fibra artificial, como poliéster o nylon, que no requieren planchado. Se imprimen a máquina, o se cosen con patrones simples hechos con flotaciones en la parte trasera del sari. Esto puede crear una apariencia elaborada en la parte frontal, pero fea en la trasera.
Naturalmente, los saris confeccionados y decorados a mano son mucho más caros que las imitaciones de máquina. Aunque están perdiendo cuota de mercado rápidamente, los saris manuales son todavía populares para las bodas y las grandes ocasiones sociales.

Cómo ponerse un sari
Cómo ponerse un sari. A continuación, proporciono los detalles para ponerse un sari paso a paso, siguiendo el estilo nivi. Naturalmente, la condición fundamental es disponer de uno (aunque conozco casos de hard-liners que se lo montaron con una cortina), y también es muy útil ejecutar los pasos delante de un espejo. Espero que os sirva. Voilà.
1. Ponte una falsa falda. Sujeta con firmeza el extremo superior de la tela (por la parte interna) alrededor de tu cintura.
2. Envuelve la cintura con el sari y mete con firmeza la parte superior de la tela (de nuevo, por la parte interna) por la cintura de la falsa falda.
3. Ajusta a tu cintura la tela manteniendo la misma altura, y al llegar a la parte delantera, sujeta la parte que corresponda del sari a la cintura de la falsa falda.
4. Comenzando desde la derecha, pliega con la izquierda cuantas veces sea necesario la tela sobrante por delante del ombligo.
5. Haz cuantos pliegues creas necesarios, aunque normalmente su número oscila entre siete y doce.
6. Agarra todos los pliegues a la vez y del mismo modo, y ajusta la altura respecto al suelo de forma que esta coincida con el resto de la tela.
7. Mete el extremo superior de los pliegues en la falsa falda para sujetarlos, y pasa de nuevo por la espalda la tela restante.
8. Toma el resto disponible de la tela con tu mano derecha y pásala a la mano izquierda.
9. Sujeta bien la tela con tu mano izquierda y realiza los ajustes necesarios en el pallu con la derecha.
10. Baja el pallu por tu hombro izquierdo para que el sari pase con naturalidad hacia la espalda. Puedes usar un imperdible para evitar que se mueva. Y disfruta.
A continuación, puedes un vídeo en inglés con una demostración práctica de los pasos descritos anteriormente. Espero que esta información te haya servido de ayuda.
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De castas y colores en la India urbana
October 19, 2009
Cuando las ciudades se hagan con la centralidad cultural de la civilización india, las castas perderán su preponderancia, asentada con más solidez en la India rural. En las grandes ciudades -indias o euroamericanas-, los contactos personales cotidianos son mucho más flexibles y menos identitarios. Con un mero intercambio visual o una breve transacción de servicios, no hay manera de adscribir una persona a la casta rajputa, por poderoso que fuera su sentimiento de pertenencia o mi deseo de averiguarlo. La casta no deja marcas étnicas y opera como un magma que supera brechas lingüísticas, regionales y, en algunos casos, hasta religiosas y laborales. Por eso se diluirá cuando deje de ser útil. Pero esta verdad, intuitiva si no fuera porque la suscribe una parte no desdeñable de los sociólogos indios, no significa que vaya a desaparecer la desigualdad, así, de un plumazo.
En los últimos años, la élite india se precia de que su poder adquisitivo y cultural ha acortado la distancia con respecto a Occidente. Y en un sentido, tienen razón: en la India urbana es mucho más efectiva la clase como instrumento de segregación social (¡si me escuchara Lenín!), el tradicional cleavage entre el rico y el pobre, más atento a las disquisiciones de bolsillo y consumo que de cuna e hidalguía. Esto lo comprobé de lleno en la pasada fiesta del Dashera, apología del bien sobre el mal. Cada año, la autoridad de la barriada monta un escenario improvisado, con unos centenares de sillas de terraza y tres gigantescos diablos cabezones que irán directos a la pira fallera una vez que el dios Ram concrete su victoria sobre el demonio Rávana.
De la suma de representación teatral, parafernalia religiosa y final quema de los malísimos, el resultado es la típica riada humana que colorea cada festival religioso de la India. Pero esta vez había guardas vigilando el paso y requiriendo selectivamente un supuesto ticket gratuito. Esto lo supe luego –pasé la barrera improvisada sin saber nada de la historia. Al ver cómo se organizaba el respetable, empecé a comprender que lo estaba pasando: el parque se llenaba de “kameez” de seda, jóvenes en vaqueros y niños con criada. Y contra la verja, se apiñaba luchando por ver algo la casta de los sirvientes: los ruidosos adolescentes con ropa chillona, los saris de tela mala, o sea, la gente repeinada con el cabello apegotado de bañarse en barreños sin bote de champú.
Los guardas, más que organizar el acceso, estaban separando el grano de la paja, la India que manda de la que no cuenta, con la excusa de un ticket que a mí ni me pidieron porque no existía. Es que tú no tienes mala pinta, llegó a decirme un vecino con un argumento de garito nocturno. This is India, my son. Es verdad que con el tiempo de espera, la alerta del guarda se relajó y los chavales más avispados lograron, de una forma u otra (escalando verja, despistando al vigilante) entrar en el parque y apuntarse al jolgorio, aunque sin derecho a silla. Pero para entonces, yo ya había olvidado al dios Ram y me encontraba ocupado observando a los sirvientes Ram y Sita Prasad, de Nueva Delhi.
Los Ram y Sita que harían suyas las palabras de Balram, el chófer de la novela premiada con el Booker británico “Tigre Blanco”, hablando de la camiseta de su jefe: “No era como la camiseta que yo llegaría a comprar en una tienda. La mayor parte de ella estaba vacía y blanca, y había un pequeño diseño en el centro. Yo habría comprado algo muy colorido, con un montón de palabras y diseños en ella. Más valor por el mismo dinero”. A los tigres blancos se les reconoce por su ropa de diseños recargados, líneas turbulentas de inequívoco bajo precio; y también por la piel más oscura, de trabajar a pleno sol, empleados como chicos de los recados, chóferes, limpiadoras. En todos los casos, con sueldos que causan sonrojo y una vida que sólo excepcionalmente se eleva por encima del rasero de dignidad.
La primera mención histórica de las castas o varnas (“colores”) primordiales está en el mítico “Rig Veda“, cantos con más de 3.000 años. Pero en la India actual de las ciudades septentrionales, la brecha visual no es de varna, sino de ropa y sobre todo de sol, en función de la bien valorada tez suave de las clases sociales altas –hay cremas blanqueadoras en cada tocador para esta lucha constante- y la tez agromán de la gente de sueldos por debajo de 100 euros, que tiene tan prohibida la entrada en los centros comerciales como la mención de su existencia en la India de la “historia de éxito”, es decir, la versión que sus élites se esfuerzan por vender en el exterior y ser así tomadas en serio en los foros internacionales.
“En la India –decía el otro día el sociólogo Dipankar Gupta- los ricos dependen de los pobres. No podrían vivir en su nivel sin ellos. Tome como ejemplo el sector de las tecnologías de la información, supuestamente una historia de éxito. Ellos mismos reconocen que sus beneficios provienen de los escasos costes laborales, y que se basan en tareas de nula formación técnica. Conozco grandes ricos que dan dos dólares de propina al portero del hotel y al mismo tiempo se enfurecen cuando un sirviente les pide un pequeño aumento”.
Campañas propagandísticas y libros de mantra empresarial aparte, ahí van los datos: según el Banco Mundial (2005), el 41,6 por ciento de los indios viven con menos de 1,25 dólares diarios, la línea internacional de pobreza (según el indicador nacional indio, el porcentaje baja hasta el 27,5 por ciento). Las cifras son alarmantes, pero además hay que ponerles dos cláusulas. La primera es que vivir con más de 1,25 dólares al día no significa que uno viva con desahogo. Si ponemos el límite en 2 dólares diarios, resulta que el 75,6 por ciento de la población india no lo rebasa: esto quiere decir que en la India, 800 millones de personas viven con menos de dos dólares al día. La “great indian middle class” (gran clase media india) es menos grande en una sociedad donde sólo el 3 por ciento de la población posee un coche.
La segunda puntualización se refiere al modelo indio. Como recuerda el propio Gupta en su libro “The caged phoenix“, esa forma de medir la pobreza es un triste eufemismo, porque lo que marca la línea es si la gente puede comprar la comida suficiente como para garantizar su propia supervivencia. Esto quiere decir que ese 27,5 por ciento de la población incapaz de llegar a la cantidad fijada por el rasero no está solo en condiciones de pobreza, sino de pura inanición. O sea, mal que bien, pasando hambre.
En la ciudad, aun siendo refugio del cuarto mundo, la situación no es tan dramática y urgente como en las zonas rurales más depauperadas. El grueso del crecimiento indio en los años postreforma se lo ha llevado la cúspide de la pirámide, es decir, las empresas manufactureras y del sector servicios. Pero esto no quiere decir que los pobres de las urbes no estén sometidos a un drama brutal. En plena fiesta del Dashera supe de la muy ilustrativa historia de una de las planchadoras de la zona: tuvo la suerte o mala suerte de dar a luz a una niña de piel muy blanca, una característica tan apreciada –a las chicas de piel clara se les presupone un futuro marido mejor posicionado y mayor consideración social- que su vecina la raptó y trató de arrebatársela, hasta que intervino la Policía para poner paz y nada más .
Miento, para algo más: sólo unos días después de la fiesta en el parque, tuve ocasión de presenciar qué tipo de plaga aqueja a la Policía. Era noche de mercado y una patrulla de agentes andaba apostada junto a los tenderetes, especializados en los petardos del Diwali (la fiesta de las luces). A las diez de la noche, hora de cerrar, se entabló una susurrante discusión entre las vendedoras –todas mujeres, en un ir y venir silenciosamente agitado- y uno de los agentes, apoyado discretamente en un poste junto a la carretera. “Nos piden –me confesó una de las ellas- 500 rupias para dejarnos continuar una hora más de venta”. Haciendo honor a la demoledora reputación policial entre los pobres, víctimas principales de la corrupción y el pago de sobornos, una pasó un billete al bolsillo del policía, apellidado Bhardwaj (según la placa), al fin y al cabo otro superviviente.
El poder de los agentes de barrio –piel curtida bajo el sol, para más señas- llega a la gente del barrio: la Policía no hablaría jamás de la misma forma a los tigres blancos sometidos al jornal diario que a sus amos. Ricos y pobres están estrechamente conectados, pero la segregación social es la del calibre que separa al ciudadano del súbdito, cierto que con el paréntesis ocasional de las elecciones: unos salen de los centros comerciales, los otros siguen fieles –no pueden elegir- a sus polvorientas “dhabas” de tés a cinco rupias.
Un país tan grande –se indignarán con razón los estudiosos- es mucho más que la brecha de clase, es simplista reducirlo a una dicotomía de ricos y pobres. Vale, la desigualdad por razón de riqueza explica sólo una parte de la India, pero tiene una importancia fundamental: las castas, las religiones, las lenguas, los dimes y diretes regionales operan en el interior de la India y fundamentan la organización del país. También las clases: pero además, añaden que de cara al exterior son los más pudientes –entre quienes se cuenta la muy poderosa diáspora- quienes actúan como embajadores del país, porque con sus usos más cercanos a Occidente manejan la estrategia de su relato nacional.
Me explico con un ejemplo: al poco de llegar a la India, me sorprendían los abracadabrismos de la prensa anglófona, que es la que usan (usamos) los occidentales para tomar el pulso al país. En la calle, yo veía riadas de gente bregando por la supervivencia, el constante recurso a los trucos de Lazarillo de Tormes. Pero los medios estaban muy lejos, más ocupados de los hechos consuetudinarios que acontecen en la rúa: ayer ganamos el mundial de críquet, hoy llegamos a la luna, todo el mundo admira el poder de la India, la pobreza –les falta decir- es un invento de Pakistán para desestabilizar al país. Luego comprendí el truco: para muchos lectores (los lectores de élite, que son los que se expresan en inglés), la pobreza ha pasado a formar parte del atrezzo, es un elemento del paisaje con la que uno lleva conviviendo (“estrechamente conectados”) desde el nacimiento, y por lo mismo, en general no es material-noticia. Lo que hay que contar -vienen a decir- es que la India ya es una historia de éxito.
La gran paradoja de las élites indias a este respecto es que, mientras practican un salvaje dumping social dentro de sus fronteras y aprovechan los bajos costes de la sirvienta de la cocina y del botones de la empresa, intentan a la vez silenciar o bajar el ruido de su existencia y de la de los cientos de millones de pobres que todavía hay en el país. El propio ministro de Interior –antes de Finanzas-, Palaniappan Chidambaram, llegó al malabarismo de decir que la India no es un país pobre, sino un país en el que “el grueso de la población es pobre”. También dijo –le doy la razón- en que si la administración añade a 200 ó 300 millones de personas al mercado productivo, el producto interior bruto del país saldrá disparado. El dilema está en si para ello las autoridades empezarán a enviar tickets a los tigres blancos para la próxima función teatral. Porque hasta ahora, la mejor forma que tienen todavía los sirvientes de disfrutar la fiesta es tirando los petardos del Diwali comprados por el amo, para que su heredero se divierta sin peligro.
Playa de Puri
October 13, 2009
Puri, ciudad sagrada para el hinduismo, alberga un avatar de Vishnú en el templo de Jagannath, de entrada prohibida para los visitantes occidentales. La ciudad desemboca en una larguísima playa de fina arena pero oleaje sin tregua y achicharrante sol. Hasta que cae el atardecer, y entonces los veraneantes bengalíes se aprestan para salir al paseo, pies descalzos, sobre la fina capa de agua que dejan las olas en su retirada y que refleja, apenas unos minutos de agonía, los últimos tonos rosados del sol en su impresión moribunda y su deshacerse entre las nubes.
El río Ganges
September 30, 2009
De todos los ríos del subcontinente indio, el Ganges, por cultura y tradición, es el más significativo. Fluye por las llanuras gangáticas del norte de la India hacia Bangladesh, desde su nacimiento en los Himalayas occidentales, en la región política india de Uttarakhand. Culmina un largo viaje de 2.510 kilómetros hasta llegar al delta de Sundarbans, en la bahía de Bengala. Durante mucho tiempo ha sido considerado un río sagrado por los hindúes, y ha sido objeto de culto, entendido como una encarnación de la diosa Ganga. También ha sido importante históricamente: muchas antiguas capitales provinciales o imperiales (como Pataliputra, Kannauj, Kara, Allahabad, Murshidabad o Calcuta) fueron edificadas en sus bancos. El Ganges y sus ríos afluentes riegan una cuenca de un millón de kilómetros cuadrados que sirve como base alimenticia a millones de personas, con una de las mayores densidades de población del mundo.
Los significados simbólicos del río para el subcontinente indio fueron referenciados en el año 1946 por el padre de la independencia india, Jawaharlal Nehru, en su Discovery of India.
“El Ganges es sobre todo el río de la India, el que ha mantenido cautivo el corazón de la India y atraído a incontables millones a sus bancos desde el amanecer de la historia. La historia del Ganges, desde su fuente al mar, desde los viejos tiempos a los nuevos, es la historia de la civilización y la cultura de la India, del auge y caída de imperios, de magníficas y orgullosas ciudades, de aventuras del hombre…”
Actualmente, la contaminación extrema que sufre el río afecta a unos 400 millones de personas que viven en las proximidades.
Curso. La fuente del Ganges está en los Himalayas, en la zona geográfica del pequeño estado de Uttarakhand, en el norte de la India. Está formado a su inicio por muchas corrientes y confluencias de fuentes, aunque los riachuelos más importantes son el Alaknanda, el Nandakini, el Pindar, el Mandakini y el Bhagirathi. Este último es la verdadera fuente: nace a los pies del glaciar Gangotri, a una altura de 3.892 metros.
Tras fluir 200 kilómetros por estrechos valles del Himalaya, el Ganges desemboca en la llanura gangática a la altura de la ciudad de peregrinación de Haridwar. Allí, un pantano desvía parte de sus aguas al canal del Ganges, que irriga la región del Doab, en el estado indio de Uttar Pradesh. El Ganges, que hasta ese momento viaja hacia el suroeste, da un giro y se dirige rumbo sureste, por las llanuras del norte de la India.
Traza una curva de 800 kilómetros y visita la ciudad de Kanpur antes de unirse con el río Yamuna, a la altura de la ciudad de Allahabad. Este punto es conocido como el Sangam de Allahabad. El Sangam es un lugar sagrado en el Hinduismo. De acuerdo con textos hindúes antiguos, un tercer río, el Sarasvati, se unía en este punto con los otros dos.
A partir de Allahabad, varios importantes ríos corren al encuentro del Ganges -el Kosi, el Son, el Gandaki o el Ghaghra- con lo que se forma una corriente formidable entre aquella ciudad y Malda, ya en Bengala. Entre ambas se encuentra la ciudad de Benarés. Ya cerca de Bengala Oriental (Bangladesh), la India levantó en 1974 el pantano de Farakka, que controla el flujo del río.
La entrada del río en Bangladesh marca una maraña de relaciones con algunos grandes ríos, como el Jamuna o el Meghna, los dos mayores afluentes del Brahmaputra. El Ganges se desparrama en un gran delta de 350 kilómetros de ancho, y muere finalmente en la Bahía de Bengala. Sólo dos ríos, el Amazonas y el Congo, transportan un flujo acuático mayor que el sistema de los ríos Ganges, Brahmaputra y Surma-Meghna.

Significado religioso. Situada en los bancos del río Ganges, la ciudad de Varanasi está considerada por algunos como la más sagrada del hinduismo y hay quien esparce en sus aguas las cenizas de los seres queridos muertos. El Ganges es mencionado por el Rig Veda, la más temprana de las escrituras hindúes. Aparece en el Nadistuti sukta (Rig Veda 10.75), que lista los ríos desde el este al oeste. Hay otra referencia a la palabra “Ganga” (RV 6.45.31) en el texto, pero no está claro si se refiere al río.
De acuerdo con la religión hindú, el famoso rey Bhagiratha llevó a cabo constantes períodos de sacrificio durante muchos años para lograr que el río Ganges -entonces en el cielo- bajara a la tierra, y con ello diera salvación a sus antepasados, afectados por una maldición. Ganga bajó a la tierra utilizando el moño de Shiva, para hacer que la tierra se volviera fértil y pía, y sin pecados humanos. Para los hindúes de la India, el Ganges es más que un río: es una madre, una diosa, una tradición, una cultura.
Algunos hindúes creen además que la vida está incompleta si no se bañan en el Ganges al menos una vez en la vida. Muchas familias hindúes mantienen una urna de agua del Ganges en su vivienda. Esto se hace porque da prestigio mantener en casa agua del sagrado Ganges, de forma que si alguien muere, pueda beber un poco de esa agua. Para muchos hindúes, beber del Ganges puede limpiar el alma de la persona de todos los pecados pasados, y también puede curar la enfermedad. Las viejas escrituras afirman que el agua del Ganges lleva la bendición de los pies de Vishnú; por eso la madre Ganges es conocida como Vishnupadi, que significa “emanante de los pies de loto del dios supermo Sri Vishnu“.
El Ganges acoge algunos de los festivales hindúes y congregaciones religiosas más importantes. Destaca especialmente la Kumbh Mela, que se celebra cada doce años en Allahabad. Benarés -conocida en la India como Varanasi- tiene cientos de templos a lo largo de los bancos del Ganges; a menudo se inundan en la estación de lluvia. La ciudad es también un punto de oración y de cremación para los fallecidos.

Pantanos. Hay dos grandes pantanos en el Ganges. Uno, cerca del nacimiento, en la ciudad de Haridwar, desvía gran parte de la nieve derretida de los Himalayas al Canal del Alto Ganges, construido por los británicos en el año 1854 para irrigar las tierras cercanas. Esto causó un grave deterioro del flujo de agua, y es una de las causas principales de la inadaptación del río para usos fluviales.
El otro gran pantano está en Farakka, cerca de del punto en el que el flujo principal del río entra en Bangladesh. La barrera alimenta la rama del río conocida como Hooghly a través de un canal de 26 millas, que ha sido motivo de constantes disputas con Bangladesh. Aunque el conflicto parece en vías de solución, el fracaso de las negociaciones ha perjudicado a ambos países durante dos décadas. Bangladesh protesta porque la falta de corriente en verano ha causado un aumento de la sedimentación y ha expuesto al país a las inundaciones. De la misma forma, es objeto de polémica el plan para mejorar el flujo de agua en el Ganges. El problema de gestión de agua puede de hecho afectar a otros países de la cuenca, como Nepal, donde se ha producido una masiva desforestación y un aumento del cieno.
Es probable que el Ganges transportara más agua en tiempos del Imperio Romano, cuando la actual Patna era la gran ciudad portuaria de Pataliputra. Todavía en el siglo XVIII, los barcos de la Compañía de las Indias orientales llegaban hasta Allahabad. Hoy, el cieno impide este tipo de comunicaciones para embarcaciones profundas.
Historia. Durante el período Védico temprano, el Indo y el río Sarasvati -y no el Ganges- eran los principales. Pero los tres Vedas tardíos parecen dar mucha más importancia al Ganges, si se observan las referencias.
El primer occidental que mencionó la existencia del Ganges fue posiblemente Megástenes. Lo hizo varias veces en su trabajo “Indika”.
“La India, de nuevo, posee muchos ríos largos y navegables, que tienen sus fuentes en las montañas de la frontera septentrional y atraviesan el país plano; y no pocos de ellos, tras unirse unos con otros, desembocan en el río llamado Ganges. Este río, que en su fuente tiene 30 estadios de ancho, discurre de norte a sur, y vacía sus aguas en el océano, con lo que forma la frontera oriental del Gangaridai, una nación que posee una vasta fuerza de grandes elefantes”.
En la emblemática Plaza Navona de Roma, una famosa escultura, la Fontana dei Quattro Fiumi (fuente de los cuatro ríos), diseñada por Gian Lorenzo Bernini, consagra la importancia del Ganges. Construida en el año 1651, simboliza cuatro de los grandes ríos del mundo (aparte del Ganges, el Nilo, el Danubio y el Río de la Plata).

Economía. La cuenca del Ganges, con su fértil suelo, es clave para la producción agrícola de la India y Bangladesh. El Ganges y sus afluentes proporcionan una perenne fuente de irrigación a una gran zona. Los principales cultivos de la zona incluyen el arroz, la caña de azúcar, las lentejas, las semillas de aceite, las patatas y el trigo. En los bancos del río, la presencia de pantanos y lagos favorecen una zona de cultivos como legumbres, pimienta, mostaza, sésamo, caña de azúcar y yute. El río ofrece zonas de pesca, aunque está muy contaminado.
El turismo es otra actividad relacionada. Tres ciudades sagradas -Haridwar, Allahabad y Benarés atraen a miles de peregrinos cada año a sus aguas. Miles de hindúes llegan para darse un baño en el Ganges, porque piensan que el río les limpiará los pecados y los ayudará a alcanzar la salvación. Los rápidos del Ganges son populares para hacer rafting y atraer a cientos de aventureros en los meses de verano. Los musulmanes de la India y Bangladesh recurren al wudu, una limpieza religiosa del cuerpo para el rezo en el río Ganges.
Gente. Los sedimentos del Ganges forman islotes temporales en la zona de Bengala. Cada uno proporciona terreno para unas 20.000 personas. Su terreno es muy fértil y proporcionan una buena alimentación al ganado, pero pueden desaparecer en cuestión de horas, según subidas de nivel del río, como ocurre durante el monzón. Los habitantes de estas islas sedimentarias (“chars”) suelen ser refugiados bangladeshíes, de forma que el Gobierno indio no reconoce su existencia de hecho ni emite tarjetas de identidad. La higiene en estos sedimentos es nula y no existen servicios sanitarios ni escuelas, de forma que el analfabetismo es rampante. Estos habitantes deben pagar impuestos.
Contaminación y ecología. El río Ganges ha sido considerado uno de los más sucios del mundo. Las aguas del río comienzan a sufrir contaminación desde la fuente. La explotación comercial del río fue en proporción al aumento de la población, como sucede en las ciudades de Gangotri y Uttarkashi: Gangotri tenía sólo unas pocas chozas de sadhus hasta los años 70, y la población de Uttarkashi se ha multiplicado en los últimos años. En su discurrir por áreas densamente pobladas, el Ganges sufre la contaminación humana -bacteriológica, fecal-, por lo que el consumo de sus aguas presenta un alto riesgo de infecciones. Se han hecho propuestas para remediar la situación, sin éxito. En Benarés, es evidente la contaminación del río, sometido a vertidos industriales. A su paso por la ciudad, el río contiene 60.000 bacterias fecales por cada 100 mililitros, 120 veces más del límite considerado seguro para el baño.
Cambio climático. El aumento global de las temperaturas está dejando sentir sus efectos sobre los glaciares tibetanos, y con ello sobre el Ganges. Se cree que la desaparición progresiva de los glaciares pondrá en peligro el suministro acuático de los ríos Indo y Ganges. Según un informe del clima de la ONU publicado en el año 2007, los glaciares del Himalaya que alimentan el Ganges podrían desaparecer en el año 2030. A partir de ese momento, la corriente del río sería estacional y fruto puramente del monzón.
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