032 Botella de agua con gas intenso

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Todas las tardes, hacia el fin de la jornada laboral
tengo sed. Una sed algo molesta.

Bebería de grifo, pero pienso en los compuestos químicos para tratar el agua,
pienso en el óxido de las cañerías,
pienso en bichos ciscando por ellas como si fueran toboganes.

Así que quiero beber agua de marca:
agua de botella con gas intenso,
y cuesta 70 céntimos en la máquina expendedora de la entrada.

Cuando bebo de grifo, me siento culpable de algo.
No sé cómo he llegado a esta situación de dependencia
del agua de botella con gas intenso,
pero es algo molesta.

Echas tus 70 céntimos y a la máquina expendedora le crujen los huesos.
Metes la mano en un agujero y ahí sale la botella,
curvada y elegante, fría como un filo de plata,
rojo el tapón y las etiquetas que habrán sido preparadas
por diseñadores de algún barrio de mediana categoría.

La botella tiene forma de modelo desfilando,
algunas gotas húmedas la hacen agradable al tacto,
y a la vez sus ingredientes bien descritos y los avisos de las etiquetas
la convierten en una conocida de toda la vida.

Y sabes,
cuando me llevo a los labios este agua con gas intenso
a 70 céntimos la botella
es como si le estuviera dando un trago a toda la naturaleza
perfectamente etiquetada en un oasis de civilización.

Es tan fácil saciar las ansias de felicidad,
ahora que me está entrando sed
y tengo ahí los 70 céntimos sobre la mesa.

Ya está, la civilización soy yo sentado ante esta mesa
y voy a beberme un regato que corre por el bosque.
Que el mundo se entere de quién manda aquí.

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Miles de animales sacrificados para aplacar a los dioses hindúes

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Nueva Delhi, 18 oct 2006.- Miles de cabras, patos, búfalos y palomas son sacrificados estos días en la India por devotos fieles en ceremonias organizadas para aplacar a los dioses hindúes, según denunciaron a Efe activistas del ecologismo.
Este año, sólo en la región de Orissa, en el este del país, fueron sacrificados durante las fiestas hindúes de la “Durga Puja” unos 10.000 animales, afirmó la ONG “People for Animals” (PFA).
“El problema es que la gente todavía cree que sacrificar animales les conducirá a una vida mejor en la que se cumplirán sus deseos”, declaró a Efe Jiban Das, delegado para Orissa de PFA.
En áreas tribales existe la costumbre de consagrar sobre todo cabras, patos y palomas, pero también algunos búfalos.
Jiban Das concentra ahora sus esfuerzos en que la venidera fiesta de “Diwali“, una especie de Navidad hindú, no se convierta en otra “masacre” como la que su organización denuncia en el estado nororiental de Assam, en el templo de Kamakhya, también durante la “Durga Puja“.
La versión de la PFA, que cuantifica los sacrificios de Kamakhya en unos 20 búfalos, 3.000 cabras y miles de palomas, contrasta con la posición de las autoridades del templo, para quienes dichas cantidades son una “exageración”.
“Sabemos que 20 búfalos y algunas cabras fueron sacrificadas este año, pero, ¿cómo puede alguien sacrificar en un templo 3.000 cabras en tres días?. Es imposible”, ha declarado el secretario del templo, Nabakanta Sarma.
Con fecha de 1960, la ley india de Prevención de la Crueldad Animal no prohibía el sacrificio de animales en lugares religiosos, lo que ha llevado recientemente a algunas regiones, entre las que se cuenta Orissa, a desarrollar normativas más restrictivas.
Aunque Das afirma que los políticos de Orissa están comprometidos con la prohibición de este ceremonial, ello no impidió que el consejero de Desarrollo Urbano, K. V. Singhdeo, celebrara hace tiempo un sacrificio dentro del palacio de su propiedad.
El presidente de la región, Naveen Patnaik, se apresuró a condenar el hecho, pero lo cierto, según la prensa local, es que ningún partido se atreve a censurarlo, pues teme perder votos en un país tradicionalmente muy devoto.
En enero pasado, por ejemplo, las autoridades restringieron las visitas a Khairguda, una localidad en la que tiene lugar cada año el sacrificio de 20.000 animales para aplacar la ira de los dioses.
La celebración se mantuvo, pero ni los habitantes de los pueblos vecinos ni los activistas que protestaban cerca del lugar pudieron ver a la “Dehuri“, la joven que representa la encarnación de los dioses y bebe la sangre de los animales sacrificados mientras baila al son de los tambores.
El problema, como reconoce a Efe la activista Sangeeta Goswami, que ha denunciado estas ceremonias del templo de Kamakhya, reside en que los sacrificios están tan extendidos que cuando Amitabh Bachchan, el actor más popular de Bollywood, enfermó en diciembre, se sacrificaron dos búfalos en el templo para lograr que sanara.
El caso Bachchan desencadenó la ira de las entidades ecologistas porque el actor es un destacado miembro de PETA, otra asociación protectora de animales, pero nada pudo impedir que sus fans pusieran en práctica una tradición con más de 3.000 años de antigüedad.
Con todo, la consagración de animales es una anécdota si se compara con otra práctica más cruenta, consistente en el sacrificio de niños, como ocurrió la semana pasada en Benarés, cuando un brujo secuestró y degolló a un pequeño que jugaba junto al Ganges para ofrecérselo a los dioses como “sacrificio”.

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