Chandra Bhan Prasad

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chandrabhanprasad2Unos 165 millones de Indios conservan todavía el milenario estatus de “dalits” o intocables, fuera del rígido y jerarquizado sistema hindú de castas. Durante siglos, se han ocupado en las tareas que nadie más quiere y han sufrido una bárbara discriminación por parte del resto de la sociedad. Todavía hoy, tienen prohibida la entrada en algunos templos rurales, no pueden sacar agua del mismo pozo que emplea el resto de la población y, en algunas zonas apartadas, tienen que avisar de su presencia para que su sombra impura no roce a los brahmanes. Una de sus voces más significativas es la de Chandra Bhan Prasad, el primer “dalit” con una columna de opinión en un periódico. Prasad ha llevado a cabo un estudio, apoyado por la Universidad de Pensilvania, para detectar si se está produciendo un cambio en las pautas de comportamiento de los “dalits” en las últimas décadas. Y, según cuenta, ese cambio llega por la vía menos pensada: el liberalismo económico, el capitalismo.

– Dice usted que hay indicios de un cambio en la situación de los “dalits”. ¿Por qué ha tardado tanto en llegar? La India adquirió su independencia hace seis décadas…

Nosotros queríamos estudiar los cambios tras la reformas económicas de 1991. Así que los años 90 son nuestra referencia, comenzando por el año 91 y terminando, más o menos, en el 2007. Creo que la causa del cambio es la masiva expansión económica. Los dalits empezaron a ocupar los puestos más bajos de los trabajos industriales: mecánicos, técnicos… Pero empezaron a enviar dinero a sus casas en el pueblo; y también los mensajes: “por favor, papá, mamá, hermana, dejad de trabajar en las tierras del terrateniente. Y haced otra cosa, porque os envío dinero“. Digamos, 1.000 rupias al mes (unos 20 euros). Eso creó una especie crisis de trabajo en el campo, porque cada pueblo está perdiendo brazos de trabajo hacia posiciones no agrícolas.

Cuando hay una crisis alimentaria, hay quien culpa de ello a los dalits. Dicen que ya no cultivan la tierra como antes, y que por eso hay menos grano. Y los dalits decimos que sí, qué pasa: no queremos cultivar la tierra ni sufrir discriminación.

– En ese punto, el hecho de que los dalits no tengan tierras influye en el proceso.

La gente con tierra no tiene razones para ir a la ciudad a menos que haya alguna oportunidad más lucrativa. En India, también en Europa hace mucho, cada familia busca tener ganado, y el ganado requiere trabajo de cada miembro de la familia, en particular los niños, que cuidan pequeños animales como cerdos, cabras, pollos, ovejas, y eso les impide avanzar en su educación. Muchos dalits no tienen tierra y han dejado de tener animales. No hay nada que les ate al campo. Así que si consiguen un ticket a Delhi, o a Bombay, se van.

Con las inundaciones de Bihar [una región del norte], cuando llegaban los equipos de ayuda para rescatar a la gente de los tejados, la mitad decía: primero el ganado y luego nosotros; entonces se les respondía que no era posible. Y lo que replicaban ellos era que querían un servicio a domicilio: “pues entonces no queremos salir de aquí, estamos bien. Traednos agua y comida”, decían. Tenían miedo de perder su ganado.

Las castas altas tienen tierra, vacas, búfalos… Así que no se enfrentan a ninguna angustia. No hay ninguna razón que les impela a venir a un barrio chabolista y trabajar en alguna fábrica, a menos que les nombren gestores o trabajadores de cuello blanco.

Algunos dalits están empezando a comprar tierra, y eso es muy peligroso. Porque cuando compras tierras, te quedarás pegado a ellas.

chandrabhan_prasad– Pero esa angustia de la que habla…¿cuál es la situación exacta de un dalit en un pueblo hoy en día? ¿Qué tipo de discriminación sufre actualmente?

La estructura rural es tal que en ningún punto de este país la aldea dalit se encuentra en el centro urbano. Estará alejada, en las afueras. Cualquier infraestructura de comunicación llega al centro de la ciudad, donde no hay dalits, y se para allí. Así que los dalits no pueden ir en moto a su localidad directamente, sino tienen que pasar por el pueblo. Cuestión de tradición. Además, las fuentes de agua son distintas para los dalits. Otro ejemplo: en Haryana [una región del noroeste], cuando hay bodas y el novio dalit va con su banda, a caballo, los demás les atacan.

Mi propia familia tiene en el recuerdo a un terrateniente, a lomos de un caballo negro. Estábamos construyendo la casa y vino para decir que el techo de nuestra vivienda (en parte de barro, en parte de ladrillo), no debía ser más alto que su casa. Esto era una amenaza sutil. Y ellos no podían actuar de forma que hiriesen el orgullo del terrateniente. Así que fueron listos: pusieron una plataforma de barro sobre el suelo y construyeron la casa sobre ella, para que la altura de las casas fuera menor que la del terrateniente. Pero la apariencia, a lo lejos, seguía siendo era la de una casa enorme. Y los dalits de otras localidades venían a ver la casa.

– Pero estas situaciones de discriminación no ocurren en las ciudades…

El sistema de castas comenzó en un medio rural. No puede operar en una ciudad con el mismo nivel de autoridad. Porque aquí en la ciudad nadie se conoce. En un restaurante, es un desconocido quien te sirve la comida. Así que en gran manera, la casta se convierte en algo ineficaz en el marco de la ciudad.

– ¿Y existe alguna marca, algún signo de distinción para los dalits?

En el norte de la India, esa marca es el nombre y el apellido. Por ejemplo, si sólo me llamo Chandra Bhan, entonces no tengo apellido y eso es causa de duda. Y hay marca en el apellido: Sharma, Singh, Pandey, son apellidos que denotan una casta mayor que, digamos, Ram, o que aquellos sin apellido. En la India, si no eres dalit, tienes un apellido.

chandrabhan– Además hay trabajos propios, como los limpiadores…

Sí, a ellos puedes verlos y decir que son dalits. Sin necesidad de preguntar. Pero hay dalits que intentan evadirse de su condición y esconder su casta [el avance de la comida vegetariana en la India esconde en parte el afán de los castibajos por parecerse a los ‘brahmanes’]. A veces, hay dalits que en sus oficinas intentan no pasar por tales. Pero en la India, la gente tiene el hábito de preguntar por tus padres, tus antepasados: quiénes eran, qué hacían. Los dalits no tienen recuerdo de ese linaje, porque siempre fueron trabajadores. Así que por la ocupación de los padres, también se sabría.

En cuanto a trabajos, en el campo los dalits se dedicaban al trabajo del campo, los empleos más duros. Un ejemplo: en el pasado, no había maquinaria y los dalits debían separar el grano de la paja del trigo; así que cuando traían la cosecha a la casa del terrateniente, dos bueyes caminaban sobre la cosecha durante dos o tres días, y comían la paja. Como también se alimentaban de grano, los dalit debían llevarse los excrementos a su casa. Allí los lavaban y separaban el grano; el terrateniente se quedaba con el grano y ellos se quedaban con los excrementos para usarlos como combustible. Hasta ese punto llegaba su pobreza.  En la cultura de los campesinos no estaba el concepto “comer algo” antes de ir a trabajar. Se tiraban todo el día en los campos sin comer, mientras el terrateniente empezaba la jornada con un té o leche.

– ¿Tienen ahora los dalit un mejor acceso a la educación?

En general, la gente ha comenzado a invertir en educación. Tome el ejemplo de un pueblo considerado tradicionalmente como “muy atrasado” llamado Bara Kotta: hay 47 niños dalits que han elegido la enseñanza privada; y sólo 13 ó 14 estudian en escuelas públicas, donde les dan comida gratis, entre otras cosas. En la privada, deben pagar unas 25 rupias al mes [apenas medio euro], pero la mayoría lo prefiere.

En mi propio caso, mi familia quería que yo tuviera la máxima educación posible. Como mi hermano, que trabajaba con un empleo reservado: al retirarse no tenía casa, ni televisión ni frigorífico, pero logró dar educación a sus cuatro hijos varones. Ahora en mi familia no buscamos la ayuda del Estado, porque podemos valernos por nosotros mismos.

– ¿Y qué papel han tenido las cuotas y las reservas de empleo público en el avance de los dalits? Parece que hay muchos puestos que no son ocupados.

No, no. La mayoría de los puestos sí son ocupados por los dalits, excepto algunas áreas del campo científico. Y lo más importante es que se ha creado una clase media dalit. Así que las cuotas han funcionado. Pero es cierto que las cuotas no pueden alcanzar a todos los dalits. Sólo llegan a un 6 ó 7 por ciento de los dalits. Porque los trabajos estatales eran menos de 20 millones. Y de ellos tienes tu cuota: un 16 por ciento para dalits y 8 para tribus. Eso nos deja cinco millones de trabajos, así que incluso si todos quedaran ocupados, sólo unos pocos millones de dalits tendrían esos trabajos.

diosadalit-En todo caso, ¿cuál es la razón de que haya puestos sin cubrir?

Es que la mayoría de los dalits están en una situación de atraso. No estaban avisados y no recibían información suficiente. Ahora al menos, cuando hay una vacante en el Gobierno, se cubre, salvo en los campos académico, la justicia, el Ejército y algunas áreas científicas.

– Con este beneficio educativo, ¿ve usted un futuro en el que la casta para los dalits no sea determinante?

Hasta ahora, en el orden de casta, tu posición es fija. Me refiero a la jerarquía ritual. Eso no es negociable ni susceptible de compra. Ha habido grandes momentos históricos en los que gente importante trató de superarlo y no lo logró. Por ejemplo Shivaji, el emperador de Maharashtra, que procedía de la casta sudra pero reivindicó el estatuto de kshatriya [guerrero]; él tomó el trono por la fuerza, pero necesitaba un brahmán que lo ritualizara. Así que recurrió a un mendigo brahmán de Benarés. Y aun así hay dudas sobre su estatus.

Hay quien dice que los dalits estaban en la India antes de que los demás llegaran, pero no existen pruebas. Y en todo caso, esa reivindicación de un supuesto pasado nobiliario, ¿de qué sirve? ¿De qué sirve decir: fuimos reyes? Los dalits no tienen ninguna nostalgia del pasado. No están nostálgicos: precisamente lo que quieren es olvidar su pasado.

El ritual sigue siendo el punto de referencia en la marca social: los dalits no pueden moverse. Lo que yo argumento es que si los bienes de consumo sustituyen al ritual como marca de la posición social, entonces habremos roto con el pasado. Porque los bienes de consumo son negociables y susceptibles de compra. Un dalit puede comprar una televisión. Antes, un brahmán pobre podría no tener nada que llevarse a la boca, pero caminaba como un brahmán y la gente tendría que inclinarse. Pero ahora, lo que pasa en el campo, es que si eres brahmán pero no tienes comida, ni moto, ni una antena de televisión asomando de tu casa, ni teléfono móvil, ni frigorífico, entonces, ¿quién eres? ¿Brahmán? ¿Y qué? ¡Piérdete!

– Entonces, lo que usted mantiene es que el capitalismo está trayendo un cambio para los dalits.

Sí. Porque el sistema de casta nació en un sistema rural. Con gente que sobrevivía con mínimas necesidades. La casta era su solaz. Un dalit rico debía saludar subyugado a un kshatriya. Pero ahora las marcas están cambiando. Así que con este sistema, a largo plazo, la casta se convertirá en algo irrelevante. Pero seguirá ahí, como pasa en Estados Unidos: cuando un amigo blanco, ya con confianza, te dice que su origen es irlandés, o británico, o que sus antepasados vinieron de Francia. Así que ese aspecto continúa existiendo, pero no tiene un papel importante en la vida pública.

prasadencnn– Y en este avance, supongo que la India urbana está teniendo un papel muy importante. Los dalits vienen, según le entiendo, porque no tienen posesiones importantes en el campo.

Vienen más fácilmente. Pero esta no es la corriente principal de pensamiento. Los intelectuales dalit no creen que el capitalismo vaya a suponer ningún alivio.

– Eso mismo pensaba usted antes. ¡Vi que militó en la guerrilla naxalita [el nombre que reciben los maoístas de la India]! ¿Ha cambiado de opinión?

Sí [ríe]. En realidad, era joven. Vine a estudiar a JNU, con un pasado en el que había visto el sufrimiento y la humillación. Así que pensé: si el naxalismo supone un cambio, déjame ser parte de él. Y pasé tres años consagrado a tiempo completo, paseándome con una pistola. Pero luego me di cuenta de que aquello no iba a funcionar. Sentía que lo que combate el naxalismo es la modernidad. Y están contra los ricos. Imagina que no tengo dinero para comprar un helado a mis hijos. Y veo a los hijos de otro comiendo helado. ¿Por qué debería ir contra ellos? Al menos un vendedor de helados tiene un trabajo. En mi localidad hay 36 vendedores de helados. Sus hijos no podrán pagarse helados, pero como los niños ricos comen helados, sus padres llevan a casa 200 rupias al día. Así que tendrán comida. Mejores ropas; y podrán ir a la escuela. La forma de analizar el cambio de algunos dalits y naxalitas es el pensar que cada vez hay más diferencia entre ricos y pobres.

-Se le critica al capitalismo que incrementa las desigualdades.

Tengo un debate al respecto con mis oponentes. Los dalits no tenían elefantes, ni caballos. Empezaron a tener bicicletas hace 20 ó 30 años. Yo, que no tenía nada, me compré una bicicleta. No había visto bicicletas, ni gente montando en bicicleta. Me compré una, pero resulta que mi terrateniente se compró una moto, y un coche. Cuando yo no tenía nada, mi terrateniente tenía un elefante. La desigualdad creció, sí. Pero ahora al menos yo tenía una bicicleta.

La cuestión es que si Bill Gates tiene 1.000 millones de dólares más en su cuenta, eso no impactará mucho en su estilo de vida. ¡Ya lo tiene todo! Pero para un conductor negro de un taxi de Harlem, 10 dólares extra al día le suponen un cambio en la alimentación. Pasará de comer carne roja a carne blanca. Y un dalit se compra un “Maruti” y la reacción es: “Wow, un dalit con coche“.

– Pero si los dalits siguen aislados y sin infraestructura de acceso, ¿cómo reciben los consumibles?

Hay una frontera tradicional que va a romperse. Porque cuando un dalit viene a la ciudad, nadie puede controlarlo.  Aquí ha visto cosas, ha abierto su mentalidad. Y empieza a pensar, “¿quién demonios es el terrateniente?”. Hay muchos casos de dalits que vinieron a las ciudades y luego volvieron un año después, vistiendo vaqueros, camisetas o gafas de sol. Y resulta que el hijo del terrateniente se preocupa. “Eh”, le dice, “estoy aquí de pie y no me dices ‘hola”. Y el dalit le dice: “¿quién te crees que eres? ¿por qué soy yo quien debe decirte ‘hola’ y no al revés? Eres más joven que yo”. Así que se producen disturbios y enfrentamientos. En la mayoría de los casos, porque los dalits pueden mirar a la sociedad directamente a los ojos. Antes era un “sí, señor”, “namasté, sir”. Ahora miran de frente. Y hay disturbios. ¿Por qué mataría alguien a su oponente, si no es porque que se siente amenazado? Como antes no había asesinatos, muchos me dicen que las reformas han traído matanzas. Que cuando no había capitalismo, no se les mataba. Pero esas muertes vienen por una percepción de amenaza contra la cultura, la tradición o el dominio. Aun así, me dicen: antes no nos mataban y ahora sí, con el capitalismo. Es un hecho. Pero la razón no es el capitalismo, sino el intento por liberarse de la dominación y la esclavitud.

– ¿Usted aprecia cambios concretos en ese intento por librarse de la dominación? Los pueblos siguen incomunicados.

¡Esa es la razón de la tensión! La tensión llega porque los dalits están accediendo al mercado. Antes no había tensión porque el dominio era absoluto. Quienes continúan en los campos siguen sufriendo esa dominación. Pero quienes han salido disfrutan ya cierta libertad.

El capitalismo está sirviendo para marcar el paso de un sistema basado en la casta, hacia otro sistema que ya no está basado en la casta. Ahora, voy a mi pueblo, y hay dos centros de belleza en las áreas dalit. ¿Quién podría imaginar esto hace 20 años?

dalit-limpiando– Y en su informe, ¿hay alguna averiguación de la que se sienta usted sorprendido?

No exactamente. Mire, mi abuelo trabajaba como guarda y mi hermano logró un empleo reservado. Yo crecí en un pueblo hasta llegar a la universidad, a los 20 años. Llegué a JNU, estudié tres años y luego me uní a los naxalitas otros tres años en el campo. Regresé a la universidad para seguir estudiando un PhD en ciencias chinas. Pero volví a dejarlo porque no me sentía interesado. Y fui a mi pueblo, donde pasé cuatro o cinco años con el mensaje de B. Ambedkar, organizando a la gente, promoviendo la educación. Así que estaba en contacto con la sociedad; y cuando propuse este estudio a la Universidad de Pensilvania, enseguida aceptaron.

– Luego está la cuestión de los símbolos. Cuando llegué a India, una de las primeras noticias fue el destrozo de una estatua de Ambedkar. ¿Por qué sigue viva esa oposición contra él?

Porque Ambedkar es un icono. Si quieres atacar a un individuo particular, vas y le golpeas. Pero si lo que quieres es atacar a toda la comunidad dalit, lo que haces es golpear su símbolo. Lo que la Biblia es para los cristianos o el Corán para los musulmanes, Ambedkar lo es para los dalits. Las estatuas de Ambedkar suelen tener alzado el dedo índice de la mano, y a menudo es ese dedo lo que atacan. Porque la sociedad entiende que lo que hace Ambedkar es señalarla con el dedo. Los dalits se sienten dañados ante un ataque contra Ambedkar. No lo toleran: porque atacar a Ambedkar es atacar a los dalits.

– ¿Quién promueve estos ataques?

No necesitas tener un ataque organizado. Cualquiera puede hacerlo. A veces también puede estar organizado, quizá el RSS.

– Los dalits están ahora en el poder en Uttar Pradesh [en el norte, la región más poblada del país]. ¿Trae esto un cambio real, o es puramente palabrería?

Las discusiones van en la línea de si es Mayawati quien ha espoleado a los dalit en Uttar Pradesh o son los dalit quienes han espoleado a Mayawati.

mayawati– ¿A qué se refiere?

Al ser la jefa del Gobierno, eso ha disparado la autoestima de los dalit; la sociedad está recibiendo una especie de “daliterapia”: oh, estamos gobernados por dalits. Así que el odio hacia los dalit queda en parte aliviado, porque ella ha sido democráticamente elegida. Y los dalits ya no pueden ser el chivo expiatorio de todo.

– ¿Y tiene ya Mayawati un estatus comparable al de Ambedkar en el movimiento “dalit”?

Como política, es como cualquier político. Cada político en India tiene casos abiertos y acusaciones de corrupción. Los políticos hacen dinero y esa es su única razón para entrar en política. Hay apenas unas cuantas excepciones de políticos que no han llegado para lucrarse, como Manmohan Singh. Aparte de esto, Mayawati es un símbolo del orgullo dalit hoy en día.

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El noreste indio, un enconado conflicto que causó millar de muertos en 2007

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Nueva Delhi, 25 abr 2008.- Aunque el mundo conoce Cachemira como el principal conflicto que amenaza a la India, es en el nordeste de su territorio donde se está produciendo una verdadera sangría por la acción de una treintena de grupos separatistas, que el año pasado causó la muerte de 1.091 personas.
Los pequeños estados del noreste de la India, un rincón subdesarrollado y apenas conectado por un brazo de tierra con el resto del país, han visto cómo sus grupos armados optaban por el terrorismo contra población civil, muchas veces inmigrantes de otras regiones indias en busca de trabajo.
“La situación ha mejorado en Cachemira. Ahora el noreste es el principal reto. Hay grupos como el Frente Unido de Liberación de Assam (ULFA) que atacan a la gente de diferente etnia”, dijo a Efe una fuente del Ministerio indio del Interior.
Los conflictos del noreste se han situado como los más sangrientos, por delante de la rebelión de los maoístas (837 muertos) y de Cachemira, donde murieron 740 personas entre civiles, insurgentes y miembros de las fuerzas de seguridad, según dos informes Interior publicados esta semana.
Casi 1.500 acciones violentas registradas en 2007 en el noreste acabaron con la vida de 498 civiles, 79 agentes de seguridad y 514 insurgentes, lo que en total supone un incremento del 39 por ciento respecto al año anterior.
El estado de Assam, el mayor y más importante de los territorios, donde tiene su feudo el ULFA, que en los últimos meses ha perpetrado una ola de ataques contra civiles inmigrantes que se ha cobrado la vida de 287 personas.
“Hay más muertos porque los grupos se enfrentan unos a otros y además atacan objetivos civiles con más frecuencia. Y además, ponen bombas en lugares donde se concentra la población”, dijo a Efe el coordinador del departamento de Estudios de Paz y Conflicto de la Universidad de Guwahati, Nani Gopal Mahanta.
En Assam se registraron más de 100 explosiones el año pasado, muchas de ellas en abarrotados mercados, además de ataques contra miembros de las minorías de procedencia no asamesa, como los inmigrantes de habla hindi de las planicies del Ganges.
Aunque el ULFA, que lucha por la independencia desde el año 1979, es el culpable señalado por la Policía en gran parte de los casos, en el noreste operan unos 30 grupos desparramados por las regiones de Assam, Arunachal, Manipur, Nagaland, Meghalaya y Tripura.
Sus demandas van desde la independencia y meras reclamaciones de derechos tribales.
La cuestión del encaje de los pueblos del noreste -una amalgama de distintas tribus, etnias y religiones, con una importante presencia cristiana- ha sido constante desde la independencia de la India.
Las guerrillas han aprovechado las largas y porosas fronteras de jungla que la India comparte con Bangladesh (4.095 kilómetros) y Myanmar (1.600 kilómetros) para proveerse de armas u hostigar a las tropas desde refugios seguros.
El Ejército indio se encuentra desplegado en varias de las regiones con carácter permanente y tanto los enfrentamientos de baja intensidad contra los insurgentes como las denuncias de torturas son constantes.
La región de Assam es la cuarta de la India por número de detenidos muertos bajo custodia policial, con 14 fallecidos el año pasado, lo que demuestra que hay “serios” problemas en materia de derechos humanos, según Mahanta.
Pero además, la efervescencia de la actividad armada ha agravado la crisis económica de estas regiones, que se encuentran unidas al resto de la India por un brazo conocido como el “Cuello de Pollo” y sufren un éxodo empresarial constante.
“La seguridad es el asunto más importante para los inversores, además de las malas infraestructuras del noreste”, dijo recientemente el viceministro indio de Comercio, Jairam Ramesh.
“Cualquier inversor desea un ambiente seguro, sin tener que preocuparse de explosiones de bombas y cosas por el estilo”, añadió.
Lejos de los pujantes centros del desarrollo indio, el noreste se encuentra encerrado en una “lógica de conflicto”, con grupos armados que se enfrentan a civiles, al Gobierno, al Ejército y hasta luchan entre sí.
“La configuración política definitiva de la región está aún pendiente. Hacen falta reformas para dar más protagonismo a la gente”, corrobora Mahanta.

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El ataque maoísta más poderoso de los últimos años revela una tragedia civil

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Nueva Delhi, 16 mar 2007.- El ataque maoísta que dejó 55 efectivos policiales en un puesto policial del distrito de Dantewada, en la región india de Chatisgarh (centro), ha mostrado el poder de la guerrilla, pero sobre todo la desoladora situación de una población civil atrapada entre dos fuegos.
El ataque se produjo en la madrugada del jueves, cuando unos 500 naxalitas (insurgentes maoístas) atacaron con granadas y cócteles molotov un puesto en el que dormían 80 agentes de seguridad, en un área de difícil acceso dentro del “Corredor Rojo”, unos 100.000 kilómetros cuadrados controlados en parte por la guerrilla.
Aunque los orígenes de los naxalitas, que tomaron su nombre de una rebelión de 1967 en la aldea bengalí de Naxalbari, aparecen ligados a la universidad, más tarde su mensaje adquirió popularidad en las áreas rurales y empobrecidas, donde suelen lanzar pequeños ataques escondidos en áreas boscosas.
Pero el poder de los maoístas no radica sólo en su buena organización, sino también en su fuerza de atracción para los jóvenes de las regiones más pobres del país, quienes, frustrados por la falta de empleo y oportunidades, se animan a engrosar las filas de los grupos guerrilleros.
Preocupado por el auge de los rebeldes, el Gobierno había contribuido en 2005 al establecimiento en Chatisgarh de un movimiento antimaoísta llamado “Campaña por la Paz” (Salwa Judum), en el que se enrolaron unos 50.000 aldeanos.
Y, de hecho, la mayoría -39- de los 55 agentes muertos pertenecen a la “Policia especial” (SPO, siglas en inglés), en realidad un cuerpo formado por aldeanos que colaboran por las fuerzas de seguridad con un rifle, una paga mensual del equivalente de 25 euros o 33 dólares y un uniforme consistente en una pegatina con las siglas escritas a mano.
“Los maoístas no son más fuertes que antes, lo que ocurre es que se defienden del cerco al que les sometemos, que es cada vez más estrecho”, declaró a Efe desde Dantewada el portavoz de ese cuerpo policial, M. Mishra.
Con este panorama, los empobrecidos jóvenes del distrito de Dantewada, en su mayoría “adivasis” (población tribal), apenas tienen tres opciones de futuro: echarse al monte con la guerrilla, colaborar con las fuerzas de contrainsurgencia organizada por el Gobierno o tratar de sobrevivir en el fuego cruzado de ambos bandos.
En Dantewada no hay nadie libre de peligro, pues los maoístas atacan a quienes participan en las actividades y mítines de la “Campaña por la Paz”, mientras quienes se niegan a ello son atacados por las fuerzas paramilitares, denunció a Efe Amnistía Internacional.
“Nos preocupa la seguridad de los “adivasis”, la gente normal en medio del conflicto. Pedimos al Gobierno que investigue los asesinatos cometidos por paramilitares y revise sus leyes de seguridad. Y los maoístas deben saber que la violencia no soluciona nada”, declaró a Efe Soumya Bhaumik, delegado de la organización.
Sólo el año pasado, la huida fue el único camino para más de 100.000 civiles del “Corredor Rojo”, resistentes a la presión de los dos bandos.
Pero como hasta en la mayor desesperanza brillan luces, un director adjunto de la Policía, Abhyanand, de la más pobre región india, Bihar, ha recurrido a la imaginación con una iniciativa que pueda romper la espiral de violencia que ha dejado cientos de miles de desplazados y miles de muertos en las últimas décadas.
Su idea es poner en marcha un circuito turístico en las zonas dominadas por los maoístas, para crear “oportunidades de trabajo y desarrollo” y “sacar algo positivo de un hecho malo”.
“Si los simpatizantes y partidarios desempleados de la guerrilla prueban las mieles del desarrollo, abandonarán a sus temibles dirigentes”, dice Abhyanand.
El “turismo maoísta” consiste en establecer puntos turísticos en las áreas golpeadas por la violencia de la guerrilla.
“Incluiremos algunos de los escondites de los rebeldes y lugares donde se cometieron masacres, siempre con la Policía garantizando la seguridad de los turistas”, declaró el agente.
Pero, con ataques a gran escala como el de esta semana, lo cierto es que los turistas deberán tener un desarrollado sentido del peligro en el “Corredor rojo”, el violento feudo de maoístas, contrainsurgentes y los sufridos “adivasis”, la gente corriente.

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Guerrilla maoísta asesina a 49 agentes policiales en el mayor ataque del año

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Nueva Delhi, 15 mar 2007.- La guerrilla maoísta de la India acabó hoy con la vida de 49 efectivos policiales en un violento asalto contra un destacamento en la región central de Chatisgarh, en el que supone el mayor ataque de los rebeldes en lo que va de año.
El ataque tuvo lugar a las 02.15 de la madrugada hora local (20.45 GMT del miércoles) a unos 525 kilómetros de la capital de la región, Raipur, en el puesto de Rani Bodli, donde había 24 efectivos del Cuerpo Armado de la región y otros 55 miembros de la Policía Especial, que son en realidad aldeanos en tareas de apoyo.
Un total de 15 miembros del Cuerpo Armado y 34 oficiales de la Policía Especial murieron y otros 12 efectivos de las fuerzas de seguridad resultaron heridos, según informó en el Parlamento regional el gobernador de Chatisgarh, Ram Vichar.
El puesto de las fuerzas de seguridad se encontraba en una zona selvática de difícil acceso dentro de un distrito, Dantewada, muy golpeado por los maoístas, conocidos en la India como “naxalitas” porque se inspiran en el movimiento estudiantil “Naxalbari”, de los años 70.
“Unos 500 naxalitas armados atacaron el puesto policial con granadas y cócteles molotov, y abrieron fuego indiscriminadamente”, informó a Efe por teléfono el inspector general de Policía del área de Bastar, R.K. Vij.
Tras rodear el puesto y matar a sus defensores aprovechando que la mayoría de ellos dormía, los guerrilleros se apoderaron de sus armas y minaron el área circundante, lo cual ha dificultado las tareas de rescate de los cuerpos.
“Había unos 80 policías en el puesto, y 13 de ellos han sido trasladados al hospital”, dijo Vij.
Dantewada, en el sur del distrito, se ha convertido en el epicentro de la violencia de la guerrilla desde que el Gobierno regional contribuyó al establecimiento de un movimiento antimaoísta llamado “Campaña por la Paz” (Salwa Judum), en el que se enrolaron unos 50.000 aldeanos.
De hecho, al hablar de los “oficiales de la Policía Especial”, en realidad las autoridades hacen referencia a los jóvenes de las tribus locales, incluidas muchachas, que reciben un salario mensual de 1.500 rupias (unos 25 euros) como pago por ayudar a las fuerzas de seguridad en las operaciones contra los rebeldes.
Aunque la guerrilla maoísta opera con frecuencia en doce regiones indias, sus ataques suelen tener lugar a pequeña escala, como lo demuestra el asesinato el pasado 5 de marzo del diputado nacional Sunil Mahato junto a dos de sus guardaespaldas en la vecina región de Jharkhand.
En Chatisgarh, los naxalitas han cometido en los dos últimos años 1.187 actos de violencia, pero sólo el ataque cometido el 17 de julio de 2006 contra el campo de refugiados de Errabore, en el que murieron 60 personas, había tenido la entidad del ataque de hoy, informó la agencia india PTI.
La región de Chatisgarh, poco desarrollada, tiene en la pobreza una de las razones por las que muchos jóvenes de las áreas rurales abrazan la actividad guerrillera, cuyos orígenes están ligados sin embargo al movimiento universitario.
Al inicio, el movimiento guerrillero maoísta tuvo un amplio predicamento entre los estudiantes del estado indio de Bengala, y sólo posteriormente se desarrolló en las áreas rurales y empobrecidas de los estados del centro y este de la India, donde unas 6.000 personas han muerto debido a la violencia.
La guerrilla, agrupada en el Partido Comunista de la India (Maoísta), tomó su nombre de la aldea bengalí de “Naxalbari”, donde en 1967 tuvo lugar una violenta rebelión basada en el ideario de Mao.
Considerados por el Estado indio como “terroristas”, los guerrilleros naxalitas mantienen un ideario que va desde la lucha por establecer un estado maoísta independiente en el este y centro del país, hasta una presunta colaboración con movimientos armados internacionales y los servicios secretos de Pakistán.
“La noción de que un naxalita odia su país es idiota. Él es alguien que ama su país más que el resto de nosotros, y por eso se siente más molesto que los demás cuando lo ve corrompido. No es un mal ciudadano que comete crímenes. Es un buen ciudadano conducido a la desesperación”, dice el naxalita Abhay en su bitácora.

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